Jueves, 14 de Diciembre de 2017
11:03 CET.
Opinión

Cuba y sus juececillos

¿Es el cubano un pueblo cobarde?

Podrá señalársele un montón de otros defectos, pero nunca ese en particular. Somos un pueblo de extremos, que suele poner de cuando en cuando su fantasía adonde muy pocos otros pueblos suelen elevar las suyas, y que, como consecuencia de las desilusiones consecuentes a tan desmesurado salto, recaemos la mayor parte de nuestro tiempo histórico en la apatía.

Somos un pueblo que hereda de su raíz troncal, lo español, un ansia avasalladora de trascendencia, pero que no ha terminado de asimilar la necesaria dosis de realismo que de nuestros vecinos del Norte han intentado una y otra vez inyectarle a lo cubano sus elites progresistas.

¿Cobardes nosotros, que le "jodimos" el negocio de la piratería a británicos, franceses y holandeses en las postrimerías del siglo XVII y los inicios del XVIII? Porque la piratería y el corso desaparecieron de la cara atlántica de las Américas solo cuando sus iniciadores comprobaron que lo que estaban consiguiendo a la larga era estimular a habaneros, remedianos, trinitarios, camagüeyanos, santiagueros y baracoenses a reemplazarlos en el negocio. Los cubanos a la contraofensiva, en piraguas y faluchos, no tardaron en hacer desaparecer del Caribe a esos pintorescos, y hollywoodenses piratas europeos con sus grandes bajeles cargados de cañones.

Su atrevimiento llegó tan lejos que poco antes de la toma de La Habana por los ingleses ya los cubanos, juntos y revueltos con los piratas vizcaínos, se atrevían a asaltar en alta mar y con total descaro fragatas de Su Real Majestad británica. De hecho si los ingleses se decidieron a atacar a la futura capital de todos los cubanos fue en buena medida para sacar del negocio a esos somalíes del Siglo de las Luces: los protocubanos.

¿Cobardes nosotros, que sacamos de aquí a puro machete y sacrificio al ejército más grande que alguna vez haya cruzado el Atlántico de este a oeste, y que era en sí más numeroso que la suma total de todos los que hayan realizado semejante travesía desde el comienzo de los tiempos? Porque aquí no nos independizamos gracias a la sublevación de algún ejército español inconforme con la evolución política peninsular, como es el caso en cierto país latinoamericano, muy "macho", por cierto; ni tampoco nos enorgullecemos de batallas en que 4.000 jinetes masacraron en un llano a 1.700 infantes españoles, como es también el caso de otra de esas "bravas" repúblicas sudamericanas.

Muy por el contrario. En Las Guásimas 1.500 cubanos mal amunicionados casi destrozan a 6.500 soldados de línea ibéricos, que contaban con caballería y artillería, y si no lo consiguieron se debió a que nuestros ancestros se quedaron sin balas. En la Invasión, sin dudas la mayor hazaña militar de este hemisferio, 4.000 cubanos casi desarmados atravesaron más de 500 km por un terreno llano, desarbolado casi y cruzado por completo de líneas férreas, en el que 60.000 soldados españoles los esperaban completamente apertrechados.

¿Cobardes nosotros, que cuando nos cansamos de aquel otro burro y gallero presidente anterior, Gerardo Machado, nos recogimos en nuestras casas, en una huelga general espontánea hasta que se fuera "El Animal"? ¿Que enviamos el con mucho más grande contingente hispanoamericano a luchar por la República Española, y también el que regresó más condecorado o con el mayor número de sus integrantes ascendidos a oficiales? ¿Que hemos sido el único pueblo de este hemisferio que ha desafiado una y otra vez la hegemonía estadounidense en él? ¿Que en Bahía de Cochinos derrochamos heroísmo a raudales de un lado y del otro, unos avanzando por una carreterita estrecha, al asalto de las trincheras del hermano convertido por los avatares de la historia en enemigo, y los otros resistiendo sin apoyo aéreo a fuerzas casi 20 veces superiores durante tres días? ¿Que desestabilizamos a medio mundo en nuestra guerra civil de los 60 y 70, la cual libramos lo mismo en las lomas del Escambray que en las calles de Buenos Aires, las montañas bolivianas o las selvas congoleñas?

¿Cómo puede un cubano pensar que la pasta de que está hecho es la de los cobardes? ¿Será porque ven los tales escépticos que hoy no nos acabamos de sacudir de encima la dictadura de los Castro?

Si se leen los comentarios que sobre los cubanos de antes de las Guerras de Independencia dejaron muchos observadores de la época, se maravilla uno de cómo esos seres tan pocos viriles terminaran poco después convertidos en los más grandes guerreros que haya parido América. Si se lee lo que en 1927 escribió Enrique José Varona sobre nuestra juventud de entonces, desconcierta comprobar que esos mismos muchachos van a protagonizar lo imposible solo un lustro más tarde: la única revolución juvenil que haya llegado al poder. Y es que el cubano, como no han dejado de señalar muchos de quienes nos han conocido bien (el Chino Viejo, por ejemplo), es en esencia un pueblo de extremos: o no llegamos, o nos pasamos… pero de verdad y por unas cuantas paradas.

El cubano de la Isla no derriba a la dictadura más que por miedo porque aún no logra comprender a cabalidad que las glorias de su pasado solo le pertenecen a él, y no a Fidel Castro. Tras el increíble gesto de comienzos de los 60, en que lo cubano desafió a lo americano (y a Dios, la Virgen Santísima y hasta ñeñongo ñongolo), oscilan los cubanos hoy entre la apatía y el respeto a aquel pasado que saben los distingue como al pueblo desmedido de este lado del Atlántico; al parejo de vascos, judíos o irlandeses del lado de allá de ese gran charco.

El día en que el pueblo cubano comprenda con claridad que Fidel Castro solo fue un pícaro que se montó sobre la ola de su nacionalismo expansivo, de su sublime descomedimiento, y que más que conducirlo sabiamente se aprovechó de él para endiosarse, y tiranizarlo, no le valdrán de nada al régimen sus muchos perros, guatacas y chusmas de alquiler.  Como no le bastaron a España un cuarto de millón de soldados para acallar el ansia de libertad de tan solo millón y medio de mujeres, hombres, ancianos y niños cubanos.

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Comentarios [ 7 ]

Imagen de Anónimo

Yo era de los que creía que el pueblo cubano se había vuelto cobarde, porque es verdad que tiene una historia de valentía, pero hasta 1959. Pero comencé a dudar de eso cuando vi a los venezolanos estar en una situación similar y no hacer nada, o hacer muy poco, porque eso si, tenía a los venezolanos como un pueblo bravo, pero muy bravo. Ellos mismos tienen una autoestima por los cielos, pero viven muy mal y cada vez peor y su gobierno es el mismo. Así que no es un asunto de cobardía, es algo peor: conformismo.

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   Yo diria que el pueblo cubano lo que es pansista, esta del lado donde le llenen la barriga.

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....Jamas habia leido un articulo tan realmente genial,,,,loas al autor...

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'El cubano de la Isla no derriba a la dictadura más que por miedo porque aún no logra comprender que las glorias de su pasado ... y porque jamas han querido unirse", si el pueblo se uniera y no lucharan individualmente los cabecillas por sus supremacia, entonces los cagastros solo hubieran durado en el poder lo que un merengue en la puerta de un colegio.

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Buena voluntad de quien? El poder en Cuba está en manos de una familia y su buena voluntad era verde y de la comieron los chivos... Ellos carecen de buena voluntad y nunca le darán al pueblo un ápice de lo que el pueblo necesita... Cuba es un país moribundo, con una familia reinando y robando toda su riqueza hasta el tuétano de la semilla, que salpica a los que tiene cerquita de ellos para que los ayuden en su propio beneficio. El pueblo cubano es una masa dormida, que vive preocupada en como conseguir el pan nuestro de cada día. Los tiranos y sus acólitos aprendieron clarito de los rusos y las demás tiranías! Si los controlas con poca comida y los divides sera muy fácil controlarlos y ahí está el ejemplo: 56 años y pa'lante... Que hizo grande a José Martí? El logro lo impensable: el creo el partido revolucionario cubano y convenció a todos los cubanos de adentro y de afuera que la única vía era juntarse para luchar por el bien común: la libertad de Cuba del yugo español. Los cubanos no necesitamos a nadie de afuera que nos ayude, lo único que tenemos que hacer es leer a Martí y aprender de el que la libertad se conquista no se mendiga. Cuando todos los cubanos de afuera y de adentro nos unamos en un frente común la tiranía tendrá los días contados: ellos lo saben y por eso han estado en el poder y estarán hasta que los demás se lo permitamos   

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Para Amadeus  20 Sep 2015 - 12:32 pm: Opino igual que Usted. En Cuba, tal como ocurrió en la extinta URSS, los cambios vendrán desde el poder. Pero con la diferencia de que en la URSS Gorbachov no mostró interés en perpetuarse en el gobierno ni en dejar bien instalados a sus familiares y acólitos, mienras en Cuba los cambios se hacen y harán solo por necesidad absoluta del grupo gobernante para seguir en sus posiciones de privilegio. No es cuestión de ideologías, sino de secuestro de un país por un grupo con el objetivo principal de gobernar indefinidamente, proclamando en cada momento la ideología que en cada momento sea necesaria para lograr ese objetivo.

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Elias Canetti en su ensayo sobre la masa decía que el individuo era libre, pero insertado en un grupo, el colectivo era tan maleable y manipulable como la arcilla y de eso tenemos ejemplo notables en la historia de la humanidad.El pueblo cubano ni es tan cobarde ni es tan valiente com se cree, y si hoy es apático es sencillamente porque no está estimulado y "manipulado" por condiciones y factores de sobrevivencia que lo puedan hacer mover, incluso en los peores momentos del Período Especial. Los cubanos de los últimos 50 años siempre han tenido el escape hacia el norte. La sueca gorda, el italiano viejo o el pariente en Miami, que lleva y trae, han servido como solución a sus problemas, con toda legitimidad. ¿Quién quiere inmolarse, si tengo la suerte al otro lado?Otro historia en Cuba sería que el país estuviera cerrado a cal y canto, y en eso los catristas han sido inteligentes: Siempre han dejado la válvula de la olla de presión medio abierta para que los frrijoles no exploten. Los cambios en Cuba nunca vendrán de la masa, sino por la buena voluntad, si esa existe, del poder.