Miércoles, 13 de Diciembre de 2017
22:57 CET.
Opinión

El nuevo escenario y la ausencia del ciudadano

En Cuba la concurrencia entre el fracaso del modelo totalitario, el envejecimiento de sus gobernantes y el restablecimiento de las relaciones diplomáticas con Estados Unidos tendrá un fuerte impacto en la sociedad. Para que ese impacto resulte positivo se requiere la presencia de un factor ausente: el ciudadano. Si esta tesis remite a la pregunta de cómo es posible que en un país de cultura occidental con una destacada historia de luchas no exista el ciudadano, la respuesta nos conduce a un fenómeno complejo que demanda más atención de la que hasta ahora se le ha brindado.

La causa más inmediata —no la única— está en el desmontaje de la sociedad civil que tuvo lugar en Cuba en los primeros años de poder revolucionario y en su posterior institucionalización. La formación cívica —cimiento del ciudadano— se inició en Cuba en 1821 por el padre Félix Varela[1], quien al asumir la dirección de la Cátedra de Constitución en el seminario San Carlos, la definió como "institución de la libertad y de los derechos del hombre" y la concibió como un medio "para enseñar virtudes cívicas". Su obra fue continuada por José de la Luz y Caballero[2], quien arribó a la conclusión de que "antes de la revolución y la independencia, estaba la educación"y desde esa visión concibió el arte de la educación como premisa de los cambios sociales. Esa misión fue continuada por varias generaciones de educadores y pensadores cubanos hasta la primera mitad del siglo XX.

La sociedad civil cubana, que emergió resultado del Pacto del Zanjón en 1878, desempeñó un importante papel en los problemas político-sociales de la República. La Protesta de los Trece; las luchas campesinas de San Felipe de Uñas, del Realengo 18 y Ventas de Casanova; el movimiento huelguístico que derrocó la dictadura de Gerardo Machado, las luchas estudiantiles por la autonomía universitaria y la derogación de la Enmienda Platt; la Asamblea Constituyente que dio a luz la Constitución de 1940 y las luchas contra el Golpe de Estado de 1952, entre otros así lo demuestran. El desarrollo logrado por la sociedad civil fue expuesto por Fidel Castro durante el juicio por el Asalto al cuartel Moncada, donde dijo: "Había una vez una república. Tenía su Constitución, sus leyes, sus libertades; Presidente, Congreso, Tribunales; todo el mundo podía reunirse, asociarse, hablar y escribir con entera libertad. El gobierno no satisfacía al pueblo, pero el pueblo podía cambiarlo y ya sólo faltaban unos días para hacerlo. Existía una opinión pública respetada y acatada y todos los problemas de interés colectivo eran discutidos libremente. Había partidos políticos, horas doctrinales de radio, programas polémicos de televisión, actos públicos y en el pueblo palpitaba el entusiasmo."

A pesar de esos esfuerzos educativos y de los avances de la sociedad civil no se alcanzó el grado de madurez suficiente para impedir su desmantelamiento. En 1959 la Constitución de 1940 fue suplantada por la Ley Fundamental del Estado Cubano; el poder se concentró en las manos del líder de la revolución y la propiedad pasó a manos del Estado, cuyo punto de remate fue la "Ofensiva Revolucionaria" de 1968, que liquidó los más de 50.000 pequeños establecimientos sobrevivientes. El resultado se refrendó en la Constitución de 1976, con la cual se institucionalizó el control absoluto del Estado sobre la política, la economía, la cultura, los medios de comunicación y sobre las personas.

Si a ello se une el efecto negativo de la pérdida de los valores éticos, la frustración, la desesperanza, el desinterés y el éxodo sostenido, la realidad cubana se nos presenta en su desnudez y nos indica tanto la magnitud del daño sufrido como de la empresa pendiente.

Por su naturaleza, todos los modelos totalitarios están condenados al fracaso. La diferencia entre uno y otro modelo radica en la capacidad para durar un tiempo menor o mayor, lo que a su vez depende del grado en que cada uno sea capaz de limitar la libertad de las personas. En el caso de Cuba, ante el fracaso y la posibilidad de perder el poder, la élite revolucionaria reforzó la represión política, económica y cultural e intensifico el monopolio del sistema educacional y de los medios de comunicación. Una marcha atrás guiada por la política expuesta por Fidel Castro en 1961: "Dentro de la Revolución: todo; contra la Revolución ningún derecho."

Detenidos en este punto, con una sociedad desarmada de instituciones y espacios cívicos, en ausencia de las libertades cívicas y políticas más elementales, la sociedad cubana, condicionada por la creciente brecha entre salario y costo de la vida, se refugió en la sobrevivencia, obligada a realizar actividades suplementarias, casi siempre al margen de la ley, en busca de fuentes alternativas. Esa conducta, al prolongarse durante décadas devino moral admitida socialmente. La respuesta del cubano, desposeído de la condición de ciudadano fue: a los bajos salarios, las actividades alternativas; a la ausencia de sociedad civil, la vida sumergida; a la falta de materiales, el robo al Estado; y al cierre de todas las posibilidades, el escape al exterior.

Ese cuadro, que caracteriza a la Cuba de hoy, requiere de una acción cultural, que al decir de Paulo Freire[3], "es siempre una forma sistematizada y deliberada de acción que incide sobre la estructura social, en el sentido de mantenerla tal como está, de verificar en ella pequeños cambios o transformarla".

¿Por qué? Porque, como acertadamente afirmara el ingeniero López[4], "las propiedades de un sistema resultan determinadas por las propiedades de sus componentes y los vínculos entre ellos, por lo que la calidad del sistema no puede ser mejor que las de sus componentes ni que su diseño, ya que éstas actúan como limitantes a la calidad del sistema en su conjunto". Por tanto, una Cuba mejor no es posible sin cubanos mejores.

Para conformar esa cultura es necesario, parafraseando el concepto de acción afirmativa, una acción educativa, equivalente a las que se efectúan para la inserción y desenvolvimiento de sectores sociales relegados. La concreción de esa cultura incluye dos procesos simultáneos e interrelacionados: 1- el empoderamiento ciudadano, que resultará de las medidas implementadas por la Casa Blanca y las que tendrá que implementar el gobierno cubano como complemento y 2- los cambios al interior de la persona, que a diferencia de los primeros son irrealizables en el corto plazo, pero sin los cuales el resto de los cambios serían de poca utilidad.

Por las razones antes expuestas los cubanos están excluidos del proceso de toma de decisiones, pero la participación en ese proceso no comienza hasta tanto no se tome conciencia de la responsabilidad que corresponde a cada uno en el destino de su país. Y esa responsabilidad nace a partir de que se asume su propio compromiso y se busca, sobre él, la colaboración con otras personas. Se trata de un proceso lento, pero insoslayable, que se mueve de lo interno a lo externo, del individuo a la sociedad, del país al mundo.

La transformación de los cubanos en ciudadanos públicos, en actores políticos, es un reto tan complejo como ineludible; un propósito inalcanzable sin antes sentir el cambio no solo como algo necesario, sino también como posible. Y el único camino para ello está en participar, aprender sobre la marcha, equivocarse y volver nuevamente hasta ser efectivos, hasta devenir en verdaderos ciudadanos.

Por lo anterior, la acción educativa tiene que introducir la educación de la responsabilidad, que comienza en el individuo, pasa por la sociedad y se extiende hasta la comunidad internacional. De tal forma libertad y responsabilidad, derechos y deberes, conforman un todo interrelacionado e indivisible.

Entonces, el efecto de la concurrencia entre el fracaso del modelo totalitario, el envejecimiento de sus gobernantes y el restablecimiento de las relaciones diplomáticas con Estados Unidos, depende, ante todo, de nuestra capacidad de cambiar para recuperar la condición de ciudadano, que a su vez, constituye una necesidad insoslayable para salir del estancamiento en que vivimos.




[1] Félix Francisco José María de la Concepción Varela y Morales (1778-1853) nació en La Habana y murió en San Agustín de la Florida, estudió en el Seminario San Carlos y  la Real y Pontificia Universidad de San Gerónimo de La Habana, fue ordenado diácono en 1810 y sacerdote en 1811. En el Seminario, donde estudió, ejerció las cátedras de Latinidad, de Filosofía y de Constitución.

[2] José de la Luz y Caballero (1800-1862), nació y murió en la Habana, estudió en el Convento de San Francisco, en la Real y Pontificia Universidad de La Habana y en el Seminario San Carlos. Educado en un medio religioso bajo la influencia de su tío materno, el presbítero José Agustín Caballero, el amor a sus semejantes lo inclinó a la vida clerical y al claustro.

[3] Paulo Freire (1921-1997), reconocido pedagogo brasileño. Entre sus obras destacan La educación como práctica de la libertad (1967) y Acción cultural para la libertad (1970).

[4] José Ramón López, Individuo y Sociedad, artículo publicado en la revista digital Consenso No. 5 de 2005

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Comentarios [ 13 ]

Imagen de Pedro Benitez

Interesante.  Si logramos continuar empujando para que una hora de internet no cueste $2 en un pais de $20 al mes; internet sin tener que inhalar el humo de los carros y beber su propio sudor; internet no chino via Huawei technologies, sino Google a 90 millas.  A medida que dejemos de ser uno de los paises mas desconectados del mundo, la sociedad civil se fortalecera. Nace una dinastia dentro de la dictadura militar y hablar entre cubanos es mas importante que nunca. 

Imagen de Anónimo

Si hay sociedad civil en Cuba. No vieron con que histeria defendió la democracia cubana la sicologa de la ONG UJC en la Cumbre de la OEA en Panamá?

Imagen de Anónimo

Dimas, has escrito un artículo no sólo bueno sino importante, sobre el que hay que pensar y construir más.

Imagen de Anónimo

El artículo está muy bueno en cuanto revisa en profunidad la actual situación de Cuba en cuanto a cómo el castrismo destruyó metódica y calculadamente la sociedad ciil desde el 1 de enro de 1959. Es soñar pensar quea la dictadura le interese tender puentes hacia le pueblom empoderándolo, porque eso significaría su fin y con todo el muerto, la sabre, la prisión, el abuso y todo el terrible panorama que ellos crearon en estos años, convencidos estánde que se les va a pedir cuentas por ello si nada más han un pequeño respiro a la sociedad civil para que se recupere. Ni elos ni sus herederos están interesados en cambios reales, en todo caso cuando los hermanos Castro desaparezcan de la palestra pública sus herederos del mismo clan introducirán quizás alguna mejora pafa cubirir las apariencias sin que éstas pongan en peligro su cotrol de la mayor parte del país en todos los aspectos. Pienso que antes de estudiar este artículo en las escuelashabrá que liberarnos delos tiranos y esoserá a cosa de sangre si esque esstamos dispuestos a derramarla. Aquello no admite reformas, Ese mal hay que arrancarlo de raíz.

Imagen de Anónimo

Este excelente trabajo de Dimas debe ser publicado en primera plana de toda la prensa nacional en Cuba para que llegue al ciudadano,que  como plantea el autor es el elemento clave para rescatar una sociedad civil perdida y hacerla participativa,protagónica en los cambios necesarios que acontecen para encaminar el pais hacia un futuro mejor.Una oportunidad única de la dictadura para salir del inmovilismo  y acercarse de nuevo al pueblo  como en 1959,pero con signo cambiado (+) esta vez.

Imagen de Anónimo

Hola Dimas, tu escrito certero como de costumbre. Te estoy leyendo desde Miami y extraño nuestros intercambios  en la "cervecera". Diste como siempre, en el clavo. En Cuba lamentablente se extinguió, al igual que los dinsaurios, la sociedad civil, esencial para cualquier cambio profundo. 

Imagen de Anónimo

 el tema es importante,.. pero la  clave está en el accionar de las fuerzas políticas en el nuevo escenario,.. primero,.. la capacidad del régimen para adactarce al nuevo ambiente y lograr mantener su estatus totalitario que es la clave del socialismo,..tenemos que tener claro que mientras los comunistas mantengan el poder de las instituciones y los medios informativos y de comunicacion,... mantendran la rápida convocatoria, el control ciudadano y su adoctrinamiento y las fuerzas represivas  bien equipadas y activadas..........por otra parte estan los disidentes y el exilio, que no acaban de ser visto por el pueblo en la isla, como una fuerza política que se opone y lucha contra el totalitarismo con proyectos claros que convensan en lo economico, social, político y civil, etc.. todo lo que hacen, el pueblo lo ve con miedo, inseguridad y desconfianza,... el pueblo cubano en el exterior confia y le da un magnifico respaldo a los democratas que luchan dentro de Cuba.... se nota claramente cuando intervinen en  eventos   y medios informativos en otros países,.....pero,.. aun esos líderes que ganan espacios en  el exterior.. no logran ganarlos de forma convincente en la isla, ......cuando eso suceda,.. entonces podremos hablar de la lucha de la ciudadania cubana por el fin del socialismo o..totalitarismo,... por el momento, la version de Cuba la domina el totalitarismo. (CENTRO DERECHA CUBANA)

Imagen de Anónimo

Magnífico artículo que desvela en poca pero precisas palabras la enorme magnitud del daño estructural y antropológico sufrido por el proyecto de nación cubana a manos de la banda de cuatreros asesinos devenidos generales de Castro y sus secuaces. Personalmente pienso que ese daño es irreparable, la nación cubana simplemente fue abortada y no creo que jamás vuelva a nacer como proyecto viable. Cuba debió unirse a la gan Unión Americana mientras le fue posible. Ahora ya es tarde, si acaso podría confederarse con Haití.¡Gracias Fidel!

Imagen de Anónimo

A ver si se animan a comentar los compañeritos de la UCI, que ya empezó el curso escolar !!!

Imagen de Anónimo

Muy de acuerdo con todos los comentarios anteriores. No creo que haya futuro con lo que lograron convertir a ese país después de tantos años de comunismo. Cuba seguirá en retroceso y será un segundo Haití. En ciertos aspesctos Haití ya está mejorando a Cuba si se tiene en cuenta su tamaño, población y sus condiciones históricas.