Lunes, 11 de Diciembre de 2017
22:11 CET.
Agricultura

Vacaciones en La Mota

La Mota es el arroz listo para el trasplante un mes después de sembrado. La llanura de tierras rojas Habana-Matanzas ofrece al sur extensas zonas bajas donde puede cultivarse el cereal básico de los cubanos. Allí abundan pequeños poblados rodeados de charcas y canales, en tales parajes nos encontramos con los chicos de la Mota.

Un rabujo apodado "El Negro" chocó de entrada con la cámara. Lo del color es quizás su piel achicharrada bajo el sol implacable de cada jornada. Él y sus compañeros entran al fango con un pantalón corto como única indumentaria. Deberán doblar una y mil veces la espalda hasta casi tocar el agua con la nariz, arrancando plantas que luego fijarán en otro terreno similar.

"Estas son mis vacaciones, todo para mamá porque papi se fue hace tiempo y, según me dicen, no se sabe cuándo vuelve. Me busco 200, 300 pesos a la semana, también está mi hermanita. Los hombres me tratan bien y yo trabajo de tú a tú, ayudo en todo".

¿Y la escuela?: "Terminé bien el cuarto, tengo una buena maestra, ahora está la Mota y no puedo perder la oportunidad".

Hay otros chicos de entre 14 y 16 años. Los semi-dueños de cada terreno pagan 100 pesos moneda nacional por cada cordel (24/24 metros) finalmente sembrado, listo a cosecharse cuatro meses después si tienen la buena suerte de escaparse de un ciclón tropical.

Estamos en verano, oficialmente de vacaciones escolares, "Pitín" tiene 15 años, una novia en Cruces, Aguada o Jagüey Grande, los pueblos cercanos si valoramos que 20 kilómetros no es mucha distancia en estos parajes. "Estoy ahorrando para un celular; también hay que invitar a las mujeres, si estás flojo de bolsillo no hay jeva, te quedarás solapeado".

Las brigadas de la Mota reúnen entre 10 y 12 trabajadores, siempre aparecen tres o cuatro chicos junto a los mayores. Son pueblos pequeños, tal vez 500 habitantes, entonces todo queda en familia. Padres, hermanos, primos arman una cooperativa eventual porque la resiembra de arroz ocurre dos veces al año durante un mes a lo sumo.

Acudo a un vecino del lugar, uno de los tantos caseríos que salpican la llanura junto a la autopista nacional entre La Habana y Santa Clara: "La variedad arrocera de mayor rendimiento actual es el Proce-15, más-menos 25 quintales para diez cordeles, pagadas las 100 libras a 292 pesos por el Estado y te queda el extra de las cáscaras en calidad de alimento animal. Sumarás con buena suerte 6.000 pesos para una cosecha. Da para sobrevivir, nada más".

Claro, aunque predominan los pequeños productores —no más allá de una hectárea porque el arroz requiere terreno y preparaciones previas especiales—, no faltan cosecheros capaces de abonar 100 hectáreas y más; es decir, bastaría la anterior cifra para alcanzar 60.000 pesos por cada siega y entonces comienza a valer la pena. Aparecen los pagos sin distinciones personales para quienes estén dispuestos a embarrarse en los arrozales.

Durante tres días visité los campos, nunca faltó "El Negro" al desmote o la posterior resiembra. Fue difícil hablarle porque no le parecía bien detener su marcha paciente dentro del inmenso rectángulo acuático. Si por su escaso tamaño cargaba menos, entonces su agilidad infantil suplía la merma con más idas y regresos.

No hay lágrimas a pesar del sacrificio, mejor es pensar que cada sábado  habrá feria en Aguada de Pasajeros y allí irán ellos, tan precoces como en el trabajo, al encuentro de los rones y las chicas.

"Una vez al año no hace daño, periodista", bueno, así dice el refrán aunque sean al menos dos veces, ¿Y el resto del tiempo?: "A luchar, a buscársela a como dé lugar".

¿Luchar? —reflexiono— más de un hombre por estos terruños padece hoy años de cárcel por hurto y sacrificio de ganado mayor. Otros, mujeres incluidas, se arriesgan traficando queso de contrabando hacia La Habana.

Por ahora el arroz se venderá finalmente al precio estatal controlado de cinco pesos la libra en los mercados urbanos, muchos descuentos partirán de esa cifra hasta que finalmente puedan pagarse sus vacaciones los chicos de la Mota.

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Comentarios [ 5 ]

Imagen de Anónimo

Vivo en Europa y mi hja trabajaba los fines de semanas y en vacaciones en un supermercado colocaba mercancias en los estantes y hacia caja, mientras estudiaba, esto le daba para sus gastos pagaba parte de los estudios y hacia su reservita para salir de vacaciones, y nunca se quejo ni suspendio, se graduo en comercio exterior y encontro buen trabajo, ahora sabe lo qu es el sentido de responsabilidad y le va muy bien aprendiendo cada vez mas.

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un chico que gana 200-300 pesos a semana gana poco?

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Y el trauma de los niños del parque gandhi? Y el vasito de leche?

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Excelente reportaje!!!... Un auténtico fresco de la tristísima realidad que supura y vive, la adolescencia allende a "picaresca urbana" de La Habana extramuros... Enhorabuena, Vicente!!!robert c. díaz(Holloway road, London)

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Lo veo normal y lo comento, tanto en Europa como es USA los chicos con edad laboral mayores de 16 años suelen trabajar de reponedores en supermercados, camareros en McDonald, Burger King, pizzerías, canguros… relaciones públicas de discotecas etc. Se buscan su dinerito y no dependen de que mamá y papá le den su paguita para sus cosas en verano y demás. A los críos hay que enseñarles a pescar no darle el pecado. Ahora bien, un crio menor de edad es otra cosa.