Lunes, 18 de Diciembre de 2017
10:04 CET.
Publicaciones

'Identidades', la democracia que viene llegando

Al llevar a los cubanos de a pie, en todas las regiones de la Isla, sus contenidos antirracistas y en general antidiscriminatorios, la revista Identidades marca hoy un sustancial punto de giro entre nosotros. Una publicación con su perfil, especializada por la línea editorial y por la competencia profesional de su equipo, pero pensada y escrita para el lector común, o sea para aquellos estratos donde más corrientemente se ceban y a la vez prosperan las discriminaciones, constituye no solo un suceso editorial sin precedentes para nuestra historia en el último medio siglo. También representa un fenómeno político, la señal de que (gústele a quien le guste y a quien no) baten ya en el país aires democráticos que pujan por descontaminar la plúmbea atmósfera totalitarista.

En este último detalle debiéramos buscar sin duda el motivo de la aceptación popular que observamos en torno a la revista, desde el Oriente hasta Occidente. Sus páginas son un adelanto de la democracia que se nos avecina y que por más que sea enturbiada y demorada mediante todo tipo de artimañas, ha comenzado a emitir señales. Y es claro que las señales no podrían ser más obvias en el caso de Identidades, en tanto nos muestra algo muy elemental pero en lo que no pensamos debidamente durante decenios, a saber que no es posible, ni siquiera serio, proponerse combatir con eficacia las discriminaciones sin haber eliminado antes prejuicios ideológicos y estructuras políticas que son en sí mismas discriminatorias y enemigas de todo tipo de emancipación.

El público cubano, por más que se diga otra cosa, apenas lee ya las publicaciones periódicas. Por un lado, están los diarios de "noticias", que se han pasado toda una vida diciendo lo mismo y aun de la misma forma. De modo que repetir que se han convertido en el sustituto ideal del papel sanitario es ya un lugar común, de dudoso gusto, ciertamente, pero en todo caso la ordinariez no procede de la afirmación ni del hecho que describe, sino de las causas del hecho en sí. Por otro lado, están las revistas especializadas, que se hermanan por un rasgo afín, curiosamente a la medida para dar cumplimiento a aquel dictamen de Nietzsche: "Enturbiar el agua para que parezca más profunda".

Sea por las razones que fueren, las revistas especializadas en temas de discriminación racial o de otras índoles que han estado circulando aquí se limitan a la hora de penetrar con la pertinente hondura en el drama de los discriminados y en la historia que sobre éste pesa. Las prevenciones ideológicas y los compromisos políticos conforman un verdadero yugo con el cual cargan, al parecer sin remedio, desde su propio nacimiento. Igualmente limitan su circulación al ámbito intelectual o de los entendidos y estudiosos, si bien no a través de premeditados planes de mercadeo, sí por la manera premeditadamente densa de enfocar los asuntos y por las exiguas oportunidades que abre para el debate entre lectores al margen del ámbito especializado.

En medio de este panorama (desolador por sus poquedades y desesperanzador quizá como fruto de alguna endiablada estrategia del poder) hemos tenido la suerte de asistir al nacimiento de Identidades, en su variante gráfica, cuyos realizadores, sin encomendarse a nadie y sin sentarse a esperar que les caiga del cielo algún acuerdo formal, decidieron ponerla a prueba haciéndola circular por la Cuba profunda: desde los barrios habaneros hasta las provincias y municipios y pueblos del interior. Y además propiciando el debate de sus contenidos al nivel de la población, la cual, un tanto por la tradición y otro tanto mayor por las malas influencias y por la deficiente educación, arrastra hoy la doble condena de ser discriminada y discriminadora.

Solamente cinco números, los primeros de la revista, han sido distribuidos, pero ya la conocen por igual lectores corrientes de Holguín o de Matanzas, de Pinar del Río o Antilla o Santiago de Cuba, o de los barrios habaneros del Vedado o Alamar… Parece un hecho que Identidades traspasa sin mayores dificultades el difícil umbral de la buena acogida del público en la Isla, anegado durante mucho tiempo por las lagunas de publicaciones oficiales —o alternativas entre comillas—, incapaces de dar libre curso, sin mediatizaciones y coyundas políticas, a las ideas antirracistas y antidiscriminatorias.

Por lo demás, siendo la primera revista gráfica de su tipo que circula aquí, luego de una sequía de varias décadas, y siendo precursora de los nuevos tiempos por la forma en que aborda las realidades discriminatorias que gravitan sobre la cultura, la economía, el discurrir social o la política de Cuba, e incluso de las otras naciones del continente, parece resultar suficiente para que Identidades deje su huella entre nosotros. Pero, por fortuna, todo indica que no es lo único que va a dejarnos, puesto que se trata de un proyecto joven y en plena efervescencia, cuyas credenciales son, a ojos vista, las del que llegó para quedarse.

Solo quedaría por ver si los censores del régimen estarán dispuestos a permitirlo.

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Comentarios [ 3 ]

Imagen de Anónimo

José Hugo, la revista Identidades ustedes la crearon en plena lucha por la democracia de Cuba, en función de la plena igualdad racial, pero a diferencia de otros artículos de esta serie Dossier que se desmarcan de la democratización, tu presente artículo está encuadrado en ese marco, constituyendo el título del articulo un mensaje muy sugerente de cuál es la  cuestión de fondo abordada, lo que muestra que una Cuba democrática es el mejor escenario para la lucha contra los remanentes de ese flagelo que es la discriminación racial de los negros cubanos sea de hechos y\o de palabras, COMENTARIO de Esopo.

Imagen de Joshua Ramir

que lindos los niños de Cuba

Imagen de Anónimo

Yo no soy afrocubana.no soy racista.pero lo que mas gracia me da de todo esto es como la dictadura cubana por anos a  defendido la igualdad .no dejan de decir que en Cuba no hay racismo ni sexismo.pero los altos puestos importantes y con mas beneficios son siempre para los blancos .todos los generales son  blancos.con dos exepciones retirados que son mulatos.las mujeres no ocupan los cargos mas importantes.casi siempre tienen un jefe que en général las molesta sexualmente.si no con gestos con insinuaciones de caracter verbal.en cuanto a lo racial.desde fidel hasta sus hijos estan todos casados con blancas.ymientras mas rubias mejor.lo mismo para el resto de los miembros del clan.de hecho FC heredo de angel castro el dicho de que a los negros no se les puede tener confianza.algo que a sido la politica silente del regimen por anos.los educo.pero no les doy  los puestos claves.no hay que dejarles tener mucho protagonismo.nada que el paraiso proletario es maravilloso.