Martes, 12 de Diciembre de 2017
01:53 CET.
Sociedad

La ancianidad indigente

Cada vez es más evidente que Cuba es un país de ancianos. La baja natalidad y el alto promedio de vida colocan las estadísticas de la Isla entre los países desarrollados, pero es una ilusión. El país no cuenta con una infraestructura social y de salubridad para hacer frente al creciente envejecimiento de su población. Ante esta realidad los adultos mayores se ven obligados a buscar suplementos económicos para sobrevivir.

Los ancianos son muy activos, en Santiago de Cuba se les ve desde tempranas horas de la mañana. Son los que hacen los mandados en las bodegas, saben las fechas de llegada de los escasos productos cárnicos que quedan en la libreta, organizan las colas y son los primeros para las compras y también discuten duramente ante cualquier colado, sobre todo con la llegada del ansiado pollo. Y una vez al mes abarrotan los bancos para el cobro de sus míseras pensiones.

El recrudecimiento de la crisis económica cubana incide seriamente en esta capa poblacional, como puede verse en la creciente cantidad de ancianos que se buscan la vida en las calles. Vivir con una pensión que no puede cubrir las necesidades básicas es una tortura, por eso en su afán de buscarse un dinero extra se vuelven vendedores ambulantes. Sus mercancías son sencillas y no muy lucrativas: caramelos, jabas, periódicos y revistas, fósforos y cigarros (de este último negocio se han apropiado casi completamente).

Encuentran en los parques de los barrios de la ciudad sus zonas de negocio, con sus cajas de Popular, Criollos y Aroma abiertas en una mano, mientras que en la otra cargan una jaba con las cajas cerradas. Aprovechan uno de los muchos problemas de abastecimiento de que padece el país, que los cigarros en moneda nacional escasean y las cafeterías estatales que los venden han ido desapareciendo ante el empuje del cuentapropismo, al que no les está permitido incluirlos en sus ofertas.  

No necesitan anunciarse; pararse en un lugar visible es la táctica común. No se habla, todos conocen las normas, se piden los cigarrillos y se paga. Es un negocio simple, no deja grandes ganancias. Compran las caja en 7 pesos moneda nacional y venden cada cigarro a 50 centavos. La ganancia es de 3 pesos por caja; si quieres una caja entera te la venden a 12 pesos. Para ganar algo tienen que vender mucho, por eso su estratégica posición en lugares concurridos. Nadie los molesta, para la policía son inofensivos, dignos de lástima.

Rafael Villalón, es uno de ellos,  tiene 75 años, y está jubilado de barbero, de hecho cuando se retiró, hace unos 15 años, muchos de sus clientes lo siguieron en su etapa de trabajador privado sin licencia. Los años y su deteriorada salud ya no le permiten pelar, su vista dañada y la artritis se lo impiden. Sin embargo, debe buscarse el dinero; con su irrisoria pensión de menos de 200 pesos moneda nacional no le alcanza ni para una semana de comidas, a pesar de la libreta.

"Mis hijos me dan un plato de arroz", comenta, "pero tengo que bajarlo con algo, con los pesitos que saco puedo comprar leche, huevos o una patica de macho (cerdo) para no comer pelao". En sus mejores días vende hasta 10 cajas y las ganancias solo las utiliza en comida. Va con sus cigarros a todas partes. Nada le inhibe, a su edad debe alimentarse lo mejor posible si quiere alargar sus años de vida.

Otros aprovechan la ubicación privilegiada de sus viviendas. Es el caso de Ramón, de 81 años, que vive con sus hijos, se pasa la mayor parte del día sentado en el pequeño balcón de su casa, cercana al parque de Chicharrones. Allí todos conocen el punto de venta. Desde hace más de dos años es el sostén de la comida de su hogar, expone su mercancía en una pequeña mesa, completando los cigarros con los también escasos tabacos y fósforos.

Ramón no deambula, sus hijos se encargan de suministrarle la mercancía. Tiene problemas en las piernas lo que no le permite desplazarse, pero su aporte a la economía familiar es lo que hace que el sustento alimenticio mejore.

Pero el negocio de cigarros al menudeo no es privativo de los barrios residenciales: en la céntrica Avenida Garzón, casi frente al encristalado edificio del Comité Povincial del Partido Comunista, hay un pequeño parque que se ha convertido en el centro del negocio de estos jubilados desahuciados. Sin ningún recato exhiben sobre los  bancos su variada mercadería. Lo irónico es que el Gobierno de la ciudad no se conduela del creciente abandono de personas que dieron los mejores años de su vida a la revolución.

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Comentarios [ 2 ]

Imagen de Anónimo

Hay muchas especies que en cautividad sencillamente no se reproducen.  El ser humano no es excepcion. La ancianidad en Cuba ya no cuenta.  El gobierno quiere que se mueran.  Es triste decirlo, mas aun me horrorizo de escribirlo, pero es asi.  Les  cuesta caro  al gobierno importar de china las pastillas que tiene que subsidiarle  a los ancianos  que logicamente necesitan por el proceso logico de envejecer.  Los asilos y hogares de ancianos parten el alma... DDCuba pudiera abundar lo que digo con fotos ilustrativas... Que decir que no hay asilos para todos los que lo requieren y la familia asume con responsabilidad y diligencia el cuidado de sus adultos pero a que precio que el cuidador tampoco tiene mecanismos de respaldo y termina exhausto.  Merita este tema cientos de articulos.  De lo que planeo el sistema a la realidad que se vive cada vez mas distante y lejana.  Hipocresia, mentira y falsedad.

Imagen de Anónimo

No es solo un problema de natalidad reducida, porque tener un hijo en Cuba es un lujo y una gran carga económica para la familia, es que hay una fuga masiva de jóvenes hacia el exterior y cuando un pais pierde su juventud pierde la esperanza y el futuro, pero para la gerontocracia que gobierna el país eso no es un problema, como decía LUIS  XV , " Después de mi el diluvio "