Viernes, 30 de Septiembre de 2016
18:55 CEST.
Festival de Cine Francés (II)

Confesiones a medias de Padura y la saga de Costa-Gavras

Regreso a Ítaca, la película más buscada (y esperada) del 18 Festival de Cine Francés  en La Habana, llegaba a su proyección final en un Chaplin repleto de los fieles espectadores  de esa cinematografía, más los "movilizados ideológicos", esos encargados de evitar, suavizar o neutralizar cualquier reacción contraria al Gobierno que pudiera suscitar el filme.

Del libro La novela de mi vida, del escritor Leonardo Padura, en la que dice estar basado el filme del director Laurent Cantet, solo queda la angustia del desterrado: el guion, del propio escritor, se dedica a actualizar la historia de una generación, la de Padura y sus amigos, aquellos que soñaron con la épica revolucionaria hasta los malhadados años 90. Y que, en su gran mayoría, aún no despiertan, viven simulando, de espaldas a la realidad que enmascaran lo mejor que pueden.

Cinco actores —cuatro de ellos de primera línea y muy amados por los cinéfilos cubanos: Isabel Santos, Jorge Perugorría, Fernando Hechavarría, Néstor Jímenez y Pedro Julio Díaz Ferrán— encarnan las frustraciones, esperanzas y fracasos de los aguerridos combatientes por el socialismo, en diálogo acerado, preciso, brillante en no pocas ocasiones, que delinean anécdotas personales que son patrimonio común de cinco generaciones: las que empezaron la aventura y las que aparentemente la están llevando a su fin.

Toda la acción transcurre en una azotea  habanera digna del mejor Pedro Juan Gutiérrez, nuestro Bukosvki  tropical, donde los cinco profesionales —una doctora, un ingeniero, un artista plástico, un cuadro dirigente y un escritor celebran el regreso de Amadeo, quien hace 16 años abandonó Cuba ("se quedó fuera, pasó a mejor vida"), y ahora sorprende a sus amigos al decidir  no volver a España, nación que le ha dado ciudadanía y trabajo bien remunerado.

"Este no es el país en que crecimos", le advierte el pintor, ahora devenido en artesano dedicado a colorear para el turismo. "Esto no sabemos qué es ni para dónde va." Aplausos prolongados.

Hay su poquito de suspense (no faltaría más, Padura escribe policíacos), alrededor de Amadeo y su partida, así como su ausencia cuando fallece de cáncer su esposa: "No me atreví: pensaba que o no me dejaban entrar o no me dejarían salir", explica, al principio, hasta hacer, finalmente, la revelación-sorpresa de su conducta: tenía mucho miedo (ese miedo antológico declarado por Virgilio Piñera en su momento). Velada traición. Doble moral. Corrupción. Y muchas ganas de "vivir bien, lo mejor que se pueda". En realidad, todos sobrevivientes.

Sin grandes alardes escenográficos, con gran modestia —este es un filme hecho con muy pocos recursos—, Cantet (y los diálogos de Padura) logran mantener la atención hasta el final. "Son historias de cubanos", dice el director francés, "pero también son temas universales".

En las actuaciones sobresalen Isabel Santos y Fernando Hechavarría, sin gran esfuerzo histriónico, solo se limitan a revivir experiencias cercanas, íntimas. Hierático, opaco el Amadeo de Néstor Jiménez, sin transiciones efectivas.  Y un tanto desigual el actor de teatro Pedro Julio Díaz Ferrán, con problemas de articulación  (le cuesta hablar a cámara). Le salva su hermoso, sufrido rostro de negro cubano, la sinceridad que expone.

Para que la realidad del filme sea más  verdadera y creíble, ahí tenemos el problema de la raza: es el ingenuo, fiel creyente ingeniero negro quien peor lleva la vida en lo económico —repara baterías de autos— y en lo afectivo: un hijo problemático, loco por irse del país —como todos los jóvenes de hoy— que ni trabaja ni estudia. Ni respeta a "sus viejos". Verdadero.

La identificación es total: es lo que hablan y piensan todos los cubanos. Si los censores fueran inteligentes, permitirían que este filme pasara por la TV,  se exhibiera en los cines: Padura ha hilado fino para ir lavando de ¿culpas? , justificando, diluyendo responsabilidades.  "¿Quién tira la primera piedra?", parece decir.

Y son estos miedosos profesionales, los que aún no han aprendido a decir no ante las injusticias, los atropellos, retrato parcial de una generación. ¿Cuándo escucharemos a  los "otros", los "ellos", los exiliados y ninguneados?  Esa es otra película.

Costa-Gavras: "Todo cine es político"

La Escuela Internacional de Cine y TV de San Antonio de los Baños, "Escuela de Tres Mundos", recibió por tercera vez al director franco-griego Costa-Gavras, quien durante hora y media respondió con generosa honestidad las preguntas e inquietudes de los estudiantes, futuros cineastas.

Nada dado a los discursos,  "clases magistrales", o a sentencias brillantes, recordaba  en un español fluido y algo apagado (nada de ideas descerebrantes), los talleres llevados a cabo en la Escuela por Gabriel García Márquez y las adaptaciones al cine que él debía hacer de esos guiones: "algo fascinante".

Aunque viene de haber trabajado seis meses en Chiapas, México, no gusta de hablar de sus proyectos, ni de los temas de esos proyectos. Se le pregunta desde la frase de Roland Barthes, "todo cine es político", y sobre esta palabra se remonta a la polis griega para rechazar que le encasillen como director de filmes políticos, porque ha realizado también históricos, policíacos, comedias… "El comportamiento nuestro en la ciudad, como interactuamos con los otros es política. La política es poder. Cada uno de nosotros tiene poder y hay otros que tienen poder sobre nosotros", dijo.

"Una  película nace por varias razones, casi todas las que he hecho han nacido de un pensamiento personal y de los acontecimientos alrededor, no son programadas, llegan de manera muy compleja", agregó.

Sobre su amistad con el escritor Jorge Semprún, guionista de Z y realizador del documental La memoria, sobre la Guerra Civil Española, dijo haber entregado copia subtitulada en español a la Cinemateca de Barcelona. Habló del abandono del proyecto acerca de Argelia: "el guion no nos convencía". Con Semprún tenía varios proyectos interesantes poco antes de que muriera, pero afirma que "a él le interesaba la escritura, los libros mucho más que el cine".

El cine cubano llamó su atención "por su nacimiento, porque podía llegar a ser un cine nacional, como el cine argelino, permitiendo cambiar la mentalidad de sumisión al extranjero".  Costa-Gavras considera a Cuba "un pequeño país con un cine de gran calidad" (se refería a lo realizado en la década del 60) y habló de su amistad con Alfredo Guevara. "Pero hacer una película sobre Cuba, no he encontrado el tema, la historia para decir", convino.

Acerca del estilo de sus películas afirmó: "No hay un estilo permanente, depende de la historia. En Z el fondo, el contenido, salió ganando con la forma (thriller). En La confesión el estilo es muy diferente. Con el digital cambia mucho la concepción de presentación: la película se puede ver en el teléfono, en el coche, en la oficina… surge otra relación con la obra. Para mí, la mejor relación es la que establezco con la pantalla, en la sala de cine. El cine, para mí, es un espectáculo,  siempre dice algo a la sociedad, como las obras de Moliére".

Los estudiantes chilenos le preguntaron sobre su película Missing: "Fui a Chile cuando estaba preparando Estado de sitio, conocí a Allende, y Missing era como una deuda, algo que había que hacer o decir".

Opinó sobre Hollywood: "No me interesaron los temas que me propusieron. Ir era como un sueño que podía convertirse en una pesadilla".

Sobre la Grecia actual: "Tiene un enorme problema, depende de los gobiernos extranjeros como Cuba de los norteamericanos antes de 1959. El Partido Comunista allí es poco numeroso. La deuda externa es colosal y se suceden las dinastías políticas, económicas. Hoy la gente vive muy mal y este joven Tsipras, al cambiar la política, intenta cambiar la mentalidad de sumisión y dependencia. Pienso que va a tener igual destino que Allende —no con sangre, sino económicamente—. Lo van a asfixiar los muchos y fuertes intereses que se le oponen".

Del trabajo de los actores dijo: "El actor debe estar al servicio de la historia, no la historia al servicio del actor. La comunicación con ellos la establezco antes del rodaje. Ives Montand en La traición: sabía de lo que se trataba".

Los estudiantes cubanos le informaron de su batalla por una Ley de Cine, y él contestó: "Sí es necesaria la ley, porque los ministros cambian, los gobiernos cambian, pero si hay una ley que dice que el último corte es del director, no se puede violar esto, porque si no sería el filme de un comité, ya no del director".

Habló también dl documental y de las maneras de afrontarlo. "Es muy difícil contar una historia verdadera. El principio a seguir es respetar la ética de los personajes y de las situaciones. No manipular la historia con nuestra dramaturgia cinematográfica. Se hace una sinopsis para reducir el exceso de información, para que sea entendida por el espectador".

Y sobre el dominio de las pantallas mundiales por el cine norteamericano afirmó: "En Francia es voluntad política ver y hacer cine nacional: no es cuestión de derecha o izquierda: es la voluntad del país. El 50% de los espectadores del orbe solo ven filmes norteamericanos: la gente no tiene hábito de ver películas extranjeras. En Francia se ven las francesas y las norteamericanas y se desconocen, por falta de hábito otras cinematografías. Es importante crear el hábito, la costumbre. No quiero ser pesimista, pero es una realidad".

Hubo muchas más preguntas, algunas no muy bien intencionadas, como esa donde le hablaron de su hijo que reniega del "cine serio" y hace videoclips. Aunque él admitió que "le quedan bien hechos".

'Regreso a Ítaca'

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Tráiler de la película del francés Laurent Cantet, la cual ha sido retirada de una forma inesperada del Festival de Cine de La Habana.

Comentarios [ 14 ]

Imagen de Anónimo

Para mi Padura es como la malmechora si se la......GRITA y si se la ....... LLORA....

Imagen de Anónimo

Es absurdo pensar que uno tiene que leer TODA la obra de un autor o ver TODA la obra de un cineasta para poder opinar sobre ellos. Yo he visto gran parte de las películas de de Costa Gavras, y algunas son aceptables, pero ciertamente no obras cumbres. Me ocurrió cuando vi Betrayed, ya viviendo en EEUU, que comprendí que Costa desconocía absolutamente a este país y lo veía con la óptica de tanto izquierdista tontuelo europeo. Y eso me obligó a repensar mis criterios sobre su obra, incluyendo La confesión -de índole antiestalinista- que me parece de sus peores películas. Ahora va a Cuba a reiterar eufemismos e ideas caducas. Me pasa igual con Leonardo Padura: leí dos de sus novelas policiacas y me llevé la impresión de que sus presuntas críticas a la sociedad cubana actual tenían un envés curioso que legitimaba, por ejemplo, perspectivas sobre los cubanos "de afuera" que coincidían con las falsedades propaladas por el régimen. Sus críticas, además, eran pasadas por agua. Mejor escritor, por ejemplo, me pareció Pedro Juan Gutiérrez, más allá de si vive o no en Cuba. Digo todo esto sin faltas de ortografía ni profiriendo insultos. Pero ya vendrán a acusarme de envidioso, y a exigirme que dedique mi tiempo precioso a leer libros que no me interesan y a ver películas que son densas y aburridas, como ésta que tanto se discute aquí.

Imagen de Anónimo

Anónimo 6.04, tiene usted toda la razón. Puro solar y con faltas de ortografías. Gente que opina y no ha leído a Padura ni visto el cine de Costa-Gavras. El propio comentarista que le precede a usted a las 5.40 habla de alguien que ni siquiera se ha visto por aquí. No creo que Padura personalmente tenga el tiempo ni el interés en comentarle a ese ignorante de las 5.40

Imagen de Anónimo

Qué conste que soy ferviente admirador de su película “Z”.

Dice el artículo: Los estudiantes cubanos le informaron de su batalla por una Ley de Cine (en Cuba), y él contestó: (y aquí evidencia su colosal despiste)

"Sí es necesaria la ley, porque los ministros cambian, los gobiernos cambian, pero si hay una ley que dice que el último corte es del director, no se puede violar esto, porque si no sería el filme de un comité, ya no del director".

(Señor Costa-Gavras, en Cuba, ni los ministros cambian, ni los gobiernos cambian y el director sólo puede hacer lo que no le moleste al MININT. Acábese de enterar)

Imagen de Camilo J Marcos_Weston_FL

Las peliculas de Costa-Gavras son excelentes. No se dejen llevar por la ideologia. 

Imagen de Anónimo

Lamentablemente aquí comentan gente de orilla, no de zona. Esos calificativos a Costa-Gavras son de anormales o de ignorantes en el mundo del cine, lo mismo digo en cuanto a Pádura, al menos él vive en Mantilla y escribe cosas que al régimen no le cuadra, que haya criticado con hechos a Stalin, a la momia no le cuadra, y ahí está. Muchos de los que aquí comentan, ni ortografía tienen, pero eso si, un vocabulario típico de solar.

Imagen de Anónimo

Hay un forista que defiende continuamente a Leonardo Padura, en cualquier espacio que se diga algo sobre él que resulte de su gusto. Salta en su defensa esgrimiendo casi siempre dos argumentos: Uno, el más socorrido, es el de la envidia. Quien le critica es porque le envidia, su dinero, su talento, lo que sea. El segundo es más cómico y consiste esencialmente en preguntar ¿y usted quién ese para criticar a Padura? Porque según este forista, se trata del "mejor escritor cubano vivo". Lo cual me lleva a dos inevitables conclusiones: O se trata del ambia culiñán más grande que Padura pueda tener en esta vida, o es Padura mismo, defendiéndose como gato boca arriba. Algún día se sabrá.

Imagen de Anónimo

Comparto los comentarios del Anónimo 2:06 para no ver la película, a menos que mi tiempo ocioso sea mucho. Y no es una crítica al escritor.

Padura siempre hizo equilibrio entre lo que ve y lo que debe decir. Como pasa con la mayoría de los intelectuales en Cuba, que pese a tener a un micrófono a disposición, terminan acordándose de quien les da algunos litros de gasolina o permiso para ir al extranjero. La diferencia entre uno y otros es que Padura es inteligente (y suena convincente) pero los otros... la intelectualidad masificada, deben enhebrar palabras con loas a FC y RC para seguir nadando en su mediocridad.

Es muy lamentable que así sea, pero no sólo los edificios de La Habana están deteriorados por la dictadura. El arte también refleja años de asfixia mental, sumado al exilio y al obligatorio silencio de los virtuosos.

Imagen de Anónimo

Como cuba antes dl 59dependia de los americanos.el viejo lamebotas vive bien comunista porque no dice que despues dependieron  de los rusos .y ahora de Venezuela.que donde llegan los comunistas todo lo destruyen miren a venezuela.y ahora quieren que los recojan los usa.volvieron improductivo el pais.eso fue lo que paso.

Imagen de Anónimo

Me basta la decisión del que regresa, de quedarse en Cuba, para no ver la película. ¿Con ciudadanía y trabajo bien remunerado en España? Quedarse en Cuba es más que ficción. Ay, Padura, ¡qué miedo tienes compadre! para no decirte pendejo.