Viernes, 30 de Septiembre de 2016
18:55 CEST.
Opinión

La variopinta Cuba de hoy

En el período colonial, los criollos sabían que querían liberar a Cuba de España y por eso iniciaron las guerras independentistas. En la etapa republicana, el pueblo tomó conciencia y con la huelga general del 33 se derrocó a Machado. En la década del 50, la gente sabía que tenía que derribar a un tirano y por eso apoyaron  a los revolucionarios. Hoy, ahora desde ópticas diferentes, todos saben que es inminente que "cambie todo lo que tenga que ser cambiado"; y que la primera oración del concepto de Revolución de Fidel Castro sirva realmente de algo a los cubanos, más que para ser un texto impreso en vallas y carteles colgado en las paredes de hospitales, escuelas, terminales de transporte público o hasta en restaurantes.

Sin embargo, la Isla vive una ambigüedad y un caos ideológico que no tiene precedentes. Coexisten diferentes tendencias. Por un lado, los inquietos, los pronunciados, los comprometidos con el derecho a un futuro mejor (tildados de mercenarios, apátridas, etc.). Están también los aún entusiastas, fervientes defensores de las ideas anquilosadas (los procastristas y los de doble moral). Están también los anticastristas, pero prosocialistas (los de la "nueva izquierda"). Y, finalmente, el indiferente populacho (la mayoría). 

La gente en la Isla quiere que las cosas cambien, pero  muchos ni siquiera tienen claro qué es lo tiene que cambiar. Ni entienden bien de qué van las cosas. Incluso estoy segura que una vez producido el cambio, no sabrían que hacer. Es como el esclavo o el recluso, que después de tantos años de esclavitud o de presidio, una vez libres, no saben qué hacer con la libertad. Y es que esa gran mayoría que vive en un limbo social es es el sector cívico más vulnerable, el más afectado por el daño antropológico que el régimen castrista ha ocasionado a la población del país por más de medio siglo.

Esta especie social surgió en Cuba después de 1959. Fue durante la dictadura batistiana y los gobiernos anteriores, la gran masa desposeída económica y espiritualmente, postergada al más bajo graderío social. Al triunfo de la Revolución estuvieron favorecidos por el Gobierno. Y después de haber experimentado ciertos derechos, creyeron que el ideal socialista-fidelista era la única vía para hacer real la práctica de justicia social y de bienestar colectivo. Siempre acompañado de un discurso hostil hacia el sistema capitalista. Y puesto que el acceso a la información llega solo a través de los medios oficialistas, se les inoculó ese ridículo sentimiento de que a la Revolución se le debía todo. Así se abrieron profundas grietas en la espiritualidad de la sociedad cubana. Y facilitando el igualitarismo en nombre de la igualdad, "desaparecieron" las fronteras entre ricos y pobres, pero también entre intelectuales e intelectualoides, profesionales y mediocres, ciudadanos y entes.

Pero qué pasa 56 años después. Como decía Mercedes Sosa: "cambia, todo cambia". O como decía Marx: "la ley se agota en su cumplimiento". Y todo parece indicar que las leyes de la"Revolución de los humildes, con los humildes y para los humildes" han ido caducando al punto de que Fidel Castro Jr. posa en la fiesta del Festival del Habano junto a Paris Hilton y Naomi Campbell. Y Raúl le hable a Obama en un tono más amistoso que el que utiliza con Maduro, Morales o Correa.

Los grupos

La tropa que logró colocarse en determinados puestos de la sociedad, incluso a veces alcanzando sitios desde los cuales podían determinar el lugar que habrían de ocupar otros más facultados, teme que los cambios drásticos les cueste su cómoda posición de dirigentes, o de cercano al Gobierno, y por eso sigue agitando banderas, gritando consignas y diciendo que son los verdaderos representantes de la sociedad civil.

Hay otra camarilla que solo quiere malls, Wall-Mart e internet a full, y se debate en sí es mejor esperar a que suspendan el embargo y lleguen los yanquis a Cuba con las bolsas llenas de dólares para invertir, y los salve de la miseria. O calculan que si la cosa demora mucho, será mejor ir echando en lancha o por terceros países, antes de quiten la Ley de ajuste.

Otro grupo prefiere autoengañarse y decir que, independientemente de los errores y disparates que hayan cometido los gobernantes, los cambios promovidos por Raúl han mejorado sus vidas. Reconocen que la imprudencia del inmovilismo gubernamental puso en riesgo no solo el sistema, sino a la nación misma, pero "tienen esperanzas en la rectificación". Esos son los que agradecen en el noticiero televisivo que el Estado les entregue viviendas con el piso de cemento pulido, sin azulejos en los baños y cocinas, con serias averías en las instalaciones de  plomería y electricidad. Y los que entienden que no llegue nunca  pechuga de pollo a la carnicería, o de que aunque vivamos en una isla no se pueda comprar un pescado o un marisco porque van para los hoteles de turismo internacional.

Por su parte, los autodenominados analistas sociales, politólogos y observadores críticos no se cansan de filosofar sobre una presunta Cuba sin los Castros, pero sin el tutelaje del Imperio norteamericano. Y proponen un "socialismo de nuevo tipo".

Mientras que la oposición real, sin otros eufemismos, lucha contra el régimen y sus adeptos y también con los desafectos al régimen y a ellos. Sufren agresiones físicas, arrestos, campañas de desprestigio. La disidencia toda, desde sus diferencias, intenta promover la iniciación de procesos de transformación constitucional. Que existan leyes que permitan el derecho de libre asociación, y la protesta pública, y que estas sean concebidas como inherentes al Estado nacional y no solo como una herramienta enemiga para su derrocamiento. Pero esto no se lograra hasta tanto no haya un cambio político radical.

El populacho, sin embargo, ha logrado aclimatarse a la difícil cotidianidad. Ha sido amaestrado, no en la fidelidad a una ideología, sino en el conformismo a una forma de vida. Es una tropa falta de energías, y solo está dispuesta a usarla para sobrevivir. Hacen cola de tres y cuatro horas para comprar unas libras de arroz y algún embutido con un estoicismo increíble. Le echan la culpa a la escasez de agua a la sequía y no a la incapacidad del Gobierno de invertir en tecnologías y sistemas para hacer frente a este tipo de emergencias. Van a las reuniones y levantan la mano para  no buscarse problemas.

Muchos son universitarios, porque cayeron en el paquete de llenar cifras de miles de graduados en nivel superior. Sueñan con una misión para traer pacotilla o si se atreven desertar y pedir asilo en cualquier parte. Y sus frases más habituales son: "No, yo no hablo de política", "A mí, me da lo mismo", "No cojas lucha, mijo tú estás en Cuba", "Eso es lo que está establecido"… Esos son los que jamás se pronuncian, no se enteran de nada, esos son la gran obra de la Revolución. Los que mañana si se produjera una coyuntura abrupta, no sabrían qué lado tomar y resultarán bien peligrosos.

Es la variopinta Cuba de hoy. Diversidad  de la que también se sirve el Estado para que se creen disturbios y enfrentamientos. Para que persistan los actos de repudios y la cultura de la intolerancia y el odio entre cubanos.

Comentarios [ 2 ]

Imagen de Anónimo

Y por qué tendría que vivir con un orden ideológico determinado

Imagen de Anónimo

Pensé que Dariela al final se definiría en algún grupo sociopolítico, pero no lo hizo. Ella esta por encima de todos los cubanos, es un ente hermafrodita politica que lo mismo critica a Miami en Habana Times que fustiga a los Castro en DC.

Llamarle populacho (chusma) al pueblo cubano la ubica automáticamente dentro de su clasificación como una intelectualoide y en la mía como una jinetera cultural.