Sábado, 1 de Octubre de 2016
20:32 CEST.
Opinión

El extraño síndrome de la 'benevolente simpatía superficial'

La batalla cubana se ha trasladado a la prensa. Se trata de una contracarta. Responde, sin decirlo, a un documento aparecido en The New York Times en sentido contrario.

Un grupo de 40 prominentes personajes norteamericanos y cubanoamericanos, muy prestigiosos y con una larga tradición de servicio público o de relevancia en el mundo empresarial, de alguna forma vinculados al destino de Cuba, publicará una lúcida página en The Washington Post. La he leído y es muy persuasiva.

Los firmantes se oponen a la nueva política cubana de Barack Obama. Les parece un peligroso error hacerle concesiones a la dictadura sin que Raúl Castro dé pasos hacia la apertura y la democracia.

Son partidarios de lo que dicta la ley de la nación, la "Cuban Liberty and Democratic Solidarity Act" de 1996, y de lo que supuestamente defendía el propio Obama hasta la víspera del 17 de diciembre pasado, cuando anunció los cambios.

Obama llevaba 18 meses conversando en secreto. ¿Qué ha conducido al Presidente, con la entusiasta colaboración de su canciller John Kerry, a engañar a propios y extraños con tal de modificar la política cubana y hacer las paces con la dictadura?

En Estados Unidos hay por lo menos cinco categorías de personas que se oponen al embargo o la prohibición a los ciudadanos norteamericanos de visitar la isla vecina.

1. Las personas convencidas de que, tras más de medio siglo, la política de hostilidad ha fracasado y es preferible pasar la página, como en Vietnam o China, y suscribir la estrategia del acercamiento. O sea, declarar la paz y olvidar el pasado.

2. Los exportadores y negociantes que ven en Cuba un mercado pequeño y pobre, pero potencialmente interesante.

3. Los libertarios que piensan, basados en sus principios, que ningún gobierno debe interferir en la libertad de los norteamericanos para viajar a donde deseen y hacer negocios con quienes quieran.

4. Los simpatizantes procomunistas —pocos, pero muy activos—presentes en publicaciones como The Nation o en numerosas universidades, generalmente antigobierno norteamericano.

5. Las víctimas del muy extendido fenómeno de la "Benevolente Simpatía Superficial" (BSS).

Estos últimos, sin ser comunistas, ven a la revolución cubana con una vaga y epidérmica simpatía, surgida del poderoso imprinting que dejó ese episodio en la memoria de medio planeta desde 1959.

Les resultan "fascinantes" aquellos jóvenes barbudos que derrotaron al ejército del dictador Batista, dirigidos por un personaje singularísimo, que hablaba ocho horas consecutivas en Naciones Unidas, se enfrentaba paladinamente a Washington, y estaba decidido a construir un mundo más justo entre los escombros de una sociedad poblada de prostitutas y dominada por los gángsters.

Ven con simpatía la figura del Che Guevara, eligiendo la imagen del rebelde que da su vida por una causa, olvidando que esa causa era crear dictaduras colectivistas sin el menor espacio para las libertades, e ignorando la monstruosa dimensión de una persona que era capaz de declarar que un buen revolucionario debía ser una implacable máquina de matar, o que le confesaba a su mujer que estaba en la selva cubana "sediento de sangre".

En esta última categoría, la de la "benevolente simpatía superficial", a mi juicio, sustentada en una lectura romántica, falaz y tonta de la realidad cubana, pero muy arraigada, se inscriben personas como Obama y Kerry. No son comunistas, y no desearían para su país un sistema como el que padecen los cubanos, pero observan a los Castro y a la revolución con una benevolente y superficial simpatía.

He visto a muchas personas afectadas por el síndrome de la BSS. Tal vez Manuel Fraga Iribarne, el político conservador español, lo padecía. Era visceralmente anticomunista, pero sentía una difusa atracción por Fidel. Le parecía un gallego valiente que le había plantado cara a los yanquis. 

A principios de los años 90, el presidente Carlos Salinas de Gortari convocó a una isla mexicana del Caribe a Felipe González, a César Gaviria y a Carlos Andrés Pérez —todos entonces gobernantes en sus respectivos países— a una discreta reunión con Fidel Castro.

La URSS acababa de desaparecer y con ese cataclismo se había esfumado el subsidio a la Isla. El propósito del pequeño y distendido cónclave —probablemente alentado por González— era tratar de ayudar al dictador cubano a sortear las dificultades y facilitarle el tránsito hacia otro modo de organizar la sociedad cubana.

Fidel era un enemigo ideológico del neoliberal Salinas, privatizador y cercano a Estados Unidos. Era un aliado de la ETA española a la que González se había enfrentado a tiros. Era un cómplice de las narcoguerrillas colombianas a las que Gaviria intentaba derrotar. Y nunca se había alejado de los conspiradores antidemocráticos venezolanos, como se demostró cuando Chávez apareció en el horizonte. Pero los cuatro estadistas reunidos con Castro querían salvarlo. Los dominaba la Benevolente Simpatía Superficial. Habían perdido la facultad de entender quiénes eran sus enemigos objetivos. Gravísima limitación.

Muchos años más tarde, en su exilio miamense, provocado por la persecución de Hugo Chávez, Carlos Andrés Pérez me confesó que había sido tan ingenuo que llegó a pensar que Fidel Castro era su amigo. En sus palabras había un profundo desengaño. Me dijo, en abono de su inocencia, que cuando su segunda toma de posesión, en 1989, un millar de venezolanos ilustres habían firmado una carta saludando la presencia de Castro en Caracas. Casi todos estaban hoy en la oposición o en el exilio. Sufrían, sin saberlo, de BSS.   

¿Padecen Obama y Kerry del mismo mal? Sospecho que sí, aunque no hay nada más opaco y contradictorio que las motivaciones. En todo caso, parece que la BSS acompaña hasta la muerte a muchos enfermos. Solo se curan los que chocan con la realidad.

Comentarios [ 32 ]

Imagen de Anónimo

Camarada de las 6:05 am: Corin Tellado vendió cerca de 400 millones de ejemplares de sus 4000 novelas. No es tan difícil reconocer que 400 millones de idiotas leyeron sus porquerias de novelas. Yo no, jamás. Tome con humor lo de "porecito" y si no le gusta endulcelo con Splenda.

Por otra parte, ud festinadamente me "acusa" de lo mismo que hace su merced. Tampoco firma con su nombre. No sea cretino ni tan tracatán y limítese a comentar sobre el escrito de CAM y no sobre mis opiniones. Me da mi reverendísima gana americana de escribirlas. Aqui en USA se llama a eso "libertad de expresión"

Imagen de Anónimo

Individuo de las 8.13 am: Carlos Alberto Montaner está en plenitud de sus facultades intelectuales y es leído por millones de lectores en todo el mundo. Y fíjese si es así que él firma con su nombre sus opiniones y usted, cobardemente, no. "Porecito" usted.

Imagen de Anónimo

Le recomiendo que estudie Historia, Anónimo de las 9.52 am... Las elecciones de 1958 se realizaron bajo el marco de la Constitución de 1940. Y las de 1954 también. Lea, que no hace daño.

Imagen de Anónimo

Anónimo de las 10:05 pm...Batista había borrado la Constitución del 40. De que usted está hablando? 

Imagen de Anónimo

CAM está viejito, porecito, no le tiren tan duro. Ya se equivocó cuando dijo que la tirania castrista caeria con el desmerengamiento del campo socialista y lo reconocio. Ahora también, en mi opinión, se equivoca. Su primera novela no me gustó por predecible y no pienso leer ninguna otra. En sus analisis ya ha perdido el rumbo. Un liberal no se expresa con tanta "cerrazón" ideológica en contra del cambio, pero es lo "politicamente correcto": alinearse ahora con la ultraderecha republicana cubiche congresual, para no perder la popularidad ganada con su talento y ayudarlos así a mantener el status quo que los ha hecho millonarios lucrando con los sentimientos del exilio.

Un ejemplo CAM: Nada de un millar de venezolanos ilustres, fueron 911 y entre ellos muchos ilusos, gente de poca monta, revise la lista que está en google y déjese de exageraciones.

Preguntese de paso, cuantos son los "cubanos ilustres" que hace mucho tiempo han dado el bandazo al otro extremo, después de ser unos comecandelas. Zoé Valdés es solo un ejemplo. Detrás de todo extremista se oculta un oportunista y estoy por creer que esa "admirable condición" es intrinseca a la idiosincracia cubiche de una gran parte del exilio histórico, que chilla y se opone a todo, en buena parte, porque no tienen conección con la realidad actual.

En facebook hace poco Garrincha escribio:

A Cuba la hemos despingado entre todos.

¿Ok?

Pa que no se hagan.

Imagen de Amadeus

PARA Anónimo - 8 Feb 2015 - 10:09 pm.

Usted me ha retratado.

Imagen de Anónimo

Montaner no reconoce algo evidente y es que existimos muchos que estamos contra el embargo y a favor de la democracia en Cuba. Esa combinación no la cree posible porque mide a todas las personas a partir de sus propios prejuicios.

Imagen de Anónimo

En Estados Unidos hay por lo menos cinco categorías de personas que FAVORECEN el embargo y la prohibición a los ciudadanos norteamericanos de visitar la isla vecina:

1. Las personas convencidas que mas de medio siglo de politicas fallidas no es suficiente. Hay que mantener la candela al jarro porque el pueblo esta a punto de rebelarse y cuando esto ocurra por fin, por las calles correran los rios de sangre que anhelan.

2. Los chupasangres que desde el principio han vivido del cuento del anticastrismo, porque saben perderan su sustento en cuanto cambie la situacion.

3. Los libertadores militaristas que piensan que la solucion del problema no esta en la distension, sino en la guerra -- mientras que sean los Marines los que disparen los tiros.

4. Los fanaticos untraderechosos -- muchos y muy activos -- que toman aliento cuando leen publicaciones de la blogosfera cubiche dirigidas a ellos (me abstengo de nombrarlas) repletas de la usual (y muy efectiva) demagogia.

5. Las victimas del muy extendido fenomeno de "Reaccion Visceral e Irracional" (RVI) a cualquier reto que se les presente.

Imagen de Anónimo

Sí se realizaron las elecciones en 1958 y con la participación de varios partidos políticos de oposición. El Dr. Rivero Agüero debía tomar posesión el 24 de febrero de 1959. Ante la imposibilidad de llegar a esa fecha (por la traición de numerosos militares del Ejército Nacional que se vendieron a Castro) Batista, después de consultar con las fuerzas vivas, aplicó lo que correspondía de acuerdo con la Constitución de 1940: traspasar el poder al miembro más antiguo del Tribunal Superior de la República, el Magistrado Piedra. Así, pues, Castro no derrocó a Batista, sino a Piedra, y se negó a acatar lo que procedía constitucionalmente y, como es muy de su estilo, calificó todo como "un golpe de estado". ¡Él, hablando de golpe de estado!

Imagen de Anónimo

Ya es hora y resulta muy necesario reevaluar con seriedad y con precisión documentada la acción y el pensamiento de Fulgencio Batista. Hemos comprado y aceptado con ingenua facilidad todo lo que nos quisieron "grabar" sobre él como un dictador sangriento y brutal. Fue todo lo contrario: si no hubiera predominado el odio contra Batista, esta situación terrible que venimos padeciendo hace 56 años nunca hubiera ocurrido. Los famosos "20 mil muertos" fueron la primera mentira: en realidad, de ambos bandos, fueron 879 (y la mayor parte, ocasionados por los castristas).