Domingo, 25 de Septiembre de 2016
10:51 CEST.
Relaciones Cuba-EEUU

¿Veremos los cambios?

Mientras las maltrechas relaciones entre Cuba y Estados Unidos vuelven a instituir lazos, la gente se cuestiona qué pasará en el futuro. Aunque han transcurrido varios días, siguen saliendo trabajos periodísticos al respecto, unos más optimistas, escépticos otros. Por lo general, la gente más joven se siente dentro del primer grupo: confían en que ya pronto podrán habilitar sus pasaportes para viajar sin trabas.

Unos quieren capital para abrir sus negocios, otros, más capital para establecerse y elevar calidad. Vuelve la competencia, ¿se permitirá cualquier negocio? No, por supuesto que eso no será coser y cantar. Hay reglas que deben romperse, iniquidades dentro de la perpetuidad de organismos estatales que funcionan como guillotinas.

Por ejemplo, dejarán constituir editoriales privadas, con su propia política editorial, sin estar sujetas a planes anuales, ni a intromisiones de ediciones políticas a punta de pistola. No pasará, o al menos no tan pronto. La palabra escrita es más peligrosa que cualquier arma. Las restricciones son como rejas de hierro que nos rodean: hay que fundirlas o dejarlas abiertas.

La esperanza es bienvenida, sin embargo la cosa es que la gradualidad debe medir o frenar los impulsos. No vendrán los cambios tan fácilmente si no los hay dentro de nosotros mismos, y sería una utopía tratar de solucionar este entuerto a la ligera.

Alguien comentaba que hay dos trenes en la vida: el de los 30 años, donde se supone que ya tengamos una profesión, una casa, una pareja e hijos; y el de los 50, donde verdaderamente debe existir un punto de giro considerable en la existencia.

¿Y si en realidad no tenemos nada, ni siquiera un lugar para vivir y trabajar? ¿Y si nos han quitado todo lo que poseíamos, excepto las ideas? Hallar este punto de giro es quizás una opción interesante. ¿Qué podemos hacer? ¿Cómo saber cuál será el leimotiv que nos haga despertar?

Alguien hablaba de que hubo terribles borrones de personajes decisivos en nuestra historia como por ejemplo Gustavo Arcos Bergnes, asaltante al Cuartel Moncada, ex diplomático y posteriormente opositor, y Hubert Matos, comandante del Ejército Rebelde que participó en la lucha contra la tiranía de Fulgencio Batista y que luego escogió el camino de alejarse del castrismo.

Ambos, Arcos y Matos, fueron presos políticos por muchos años. Solo por estos hombres se debían comenzar a develar hechos que permanecen en la oscuridad para muchos, o se tratan de tergiversar. Planteamientos oportunos que fueron en su época puntos de giro, y que a pesar de haber sido suprimidos, todavía hay gente que los atesora en su memoria.

Sería bueno comenzar a reescribir la Historia de Cuba. Entonces los niños y jóvenes dejarían de pensar en los libros de texto como panfletos, y acaso establecerían un vínculo vivo y de retroalimentación constante. Dejemos que los pequeños pasos se conviertan en grandes.