Martes, 27 de Septiembre de 2016
16:54 CEST.
Opinión

El susurro de Stalin

Desde que estábamos en el calabozo al que habíamos llegado el pasado martes 30 de diciembre de 2014, donde coincidimos varios periodistas, sabíamos que nombrar el primer artículo que haríamos sobre nuestro secuestro sería difícil. Habíamos llegado a "el Vivac", que es como nos decían algunos de los detenidos que se llamaba la unidad policial, después de presentarnos en la Plaza de la Revolución para participar en la performance El susurro de Tatlin, ingeniado por la artista cubana Tania Bruguera. Pero ella no llegó nunca y allí supimos que estaba incomunicada desde la madrugada anterior.

La convocatoria era para las tres de la tarde. Sobre las cuatro nos íbamos un pequeño grupo compuesto por Luis Trápaga, Ernesto Santana, Waldo Fernández, Pablo Pascual, Yania Suárez y yo. Todos fuimos detenidos allí y a los hombres nos trasladaron al Vivac en una pequeña camioneta cerrada.

Podría describir con el título la naturaleza de un distanciamiento inesperado de nuestras familias que nos haría pasar lejos las fiestas del año nuevo. Para Pablo Pascual, Don Sayú, Pavel Herrera y Ernesto Santana, la distancia tenía además el agravamiento del hambre. El Vivac fue la cárcel que se dispuso para nuestro encierro y ellos se abstuvieron de alimentarse allí.

Pero también podría referirme al acercamiento que se constató en tan poco tiempo entre personas desconocidas, con oficios y orígenes sociales tan distintos. Verifiqué en estos días que la oposición cubana sufre más mientras más humilde es el opositor, más oscuro es su color de piel y más lejos vive de la Habana.

Duviel Blanco, que maneja un bicitaxi en La Habana Vieja, fue amenazado por el oficial de la Seguridad del Estado que nos recibió en el Vivac. Para hacerle entender el peligro que corría de perder su trabajo si continuaba militando en la oposición política, el oficial le dijo que debía definirse entre el modo cómo se busca la vida y su militancia humana, pues la conservación de uno implicaría la pérdida del otro.

Miguel Campanioni vende granizado y ya le confiscaron en una ocasión el carro que usa en su trabajo, también en una ocasión la Seguridad del Estado le robó sus zapatos y su teléfono móvil.

Don Sayú, miembro de la Unión Patriótica Cubana (UNPACU), que vive en Santiago de Cuba, nos contaba los métodos que usa allí la policía política para reducir las manifestaciones de la oposición. Nos contaba cómo desnudan a los opositores y los dejan a kilómetros de su casa descalzos, y cómo las golpizas son mucho más cotidianas, pero también nos contaba el respeto que merece la UNPACU en Santiago de Cuba y no se podía, al escucharlo hablar y sentir su extraordinaria ansiedad de justicia, dejar de evocar la figura misteriosa de los héroes santiagueros, desde Antonio Maceo, Flor Crombet o Donato Mármol, hasta José Daniel Ferrer, jefe nacional de la UNPACU.

También estaban con nosotros en el penal Andrés Pérez, presidente de la Comisión de Atención a los Presos Políticos y sus Familiares (CAPPF) y los miembros de esta comisión Carlos Manuel Hernández (Atos), Delio Francisco Rodríguez y Ariobel Castillo.

Fue Ariobel Castillo quien escuchó al oficial de guardia que entró el día 2 de enero, poco antes de la salida del último grupo, decirle al Jefe de la Unidad que "el negro" —refiriéndose a DonSayut, al que había ayudado a sacar por la fuerza para conducirlo a una guagua y deportarlo a Santiago de Cuba— le había dejado su peste encima. La actitud de los oficiales de guardia varió ostensiblemente durante aquellos cuatro días, pero aquel oficial  añadió que para terminar nuestras manifestaciones en el penal lo que había que hacer era fusilar a uno de nosotros.  

El Jefe  de la Unidad —en estos días de tantas mentiras debo aclarar: el que se presentó siempre como el Jefe de la Unidad—, con dos estrellas blancas en el cuello de su camisa de policía, lo escuchó y se retiró sin llamarle la atención por aquella estúpida manifestación de racismo y odio.

Pero el título del artículo podría estar marcado también por los momentos de comunión. Aquellos en los que todos coincidíamos encantados y se olvidaban las incomodidades, espirituales y físicas.

Una de ellas fue la llegada el segundo día del encierro, el día 31, de Claudio Fuentes, que apenas siete días antes había llegado de Nueva York, donde estuvo seis meses. Tan solo esta condición manifiesta un contraste gracioso. Pero Claudio se pasó toda esa noche conversando, hablando de Nueva York frente a un público que le prestó gustoso el protagonismo, lo que para él tiene un placer añadido y estimulante.

La llegada de alguien nuevo al calabozo —el segundo día llegó, junto a Claudio y Campanioni, Miguel Borroto— daba aire al grupo, del mismo modo que la salida dejaba sensación de vacío y zozobra. Esa es la razón de que la policía política instrumente las salidas escalonadas, pues la expectativa de la libertad funciona sobre mecanismos que están más allá de la razón y siempre producen inquietud.

Pero hablando de la comunión del grupo hubo un evento que no olvidará ninguno de los que estaba allí. Ni siquiera los presos comunes que estaban separados de nosotros y nos escuchaban. Quizás tampoco El Sexto y Sonia —una miembro de la UNPACU en huelga de hambre desde días atrás y cuyo apellido no conozco— que estaban allí en calabozos de presos comunes, la estrategia con que el régimen encubre el móvil político de no pocas detenciones.

El 31 de diciembre, a las 12 de la noche, cantamos el Himno Nacional y gritamos, tanto como nos lo permitieron nuestras gargantas, pues ya habían gritado bastante durante el día "Abajo los Castro", "Viva Cuba Libre", "Abajo la miseria", "Abajo los secuestradores de la Seguridad del Estado". Después de aquella catarsis encantadora, olvidaban el hambre los que no habían comido, olvidábamos que estábamos sucios y que no teníamos pasta de dientes, olvidábamos las incomodidades del confinamiento y parecíamos individuos libres que borrábamos de un grito 60 años de tiranía.

Hubo a lo largo de estos cuatro días una acción de refinada perfidia, lo que le da a una detención el carácter de secuestro y convierte en paramilitares a las tropas que lo ejecutan. Todo detenido tiene en Cuba el derecho de hacer una llamada telefónica en cuanto llega a la estación de policía. La llamada es el procedimiento más elemental para enterar a la familia. La reclusión, legal o no, es pena suficiente y no es necesario ofender al recluso negándole el más elemental de los procederes. La negación de la comunicación con la familia, unida a la ausencia de toda información sobre nosotros, acentúa el crimen que rodeó nuestro confinamiento.

Mientras estaba en aquella celda, yo era consciente de mi estado, de la angustia que sentía, y aunque sin noción de qué pasaría con nosotros, era consciente de lo que estaba pasando: mi familia no. El testimonio de su tristeza, su conmoción, su movilización indignada a favor de mi libertad, solo me ha permitido saber que, a la par de mí, mis familiares más allegados sufrían, e incluso que por momentos sufrían más ellos que yo. Y eso por la imposibilidad que tuve de calmarlos con mi voz.

Incluso pedí a los numerosos oficiales que instrumentaron nuestro secuestro que llamaran ellos y en algunos momentos aspiré a que ya lo hubieran hecho. Vana ilusión.

A los agentes de la Seguridad del Estado les comuniqué que jamás, como miembro de la oposición cubana, consentiría que cayeran en un espacio sin ley, y que aún menos aprobaría que se sumaran agravios dirigidos contra la familia y los amigos durante el cumplimiento de las penas que pudieran caberles por sus delitos presentes.

Pero para nombrar este artículo sería insuficiente referirme tan solo a nuestra experiencia y no aludir a la obra de arte que nos convocó y su suerte a manos de Tania Bruguera.

Tania no se limitó a desatar nuestra pasión para desentenderse luego de sus consecuencias. Algo que podría haber hecho aludiendo a que ella era solo la artista y que había llevado hasta bien lejos su obra, pues fue detenida desde mucho antes de las tres de la tarde del 30 de diciembre, cuando había dispuesto la realización de su performance.

Ya libre y conociendo la condición en que estábamos, se personó en el Vivac junto a Antonio Rodiles y otros activistas democráticos. La acción les costó un nuevo aprisionamiento —Antonio Rodiles también había sido detenido y excarcelado algún tiempo después— y, una vez en prisión, la artista demandó que no la liberaran hasta que estuviéramos en libertad todos los detenidos. Cosa que, al parecer, se cumplió como ella quiso.

Con semejante actitud Tania Bruguera comenzó una obra y concluyó otra, un tipo de arte que es lanzado al espacio y que toma su forma de manera independiente sin que la artista deje de ser protagonista del resultado.

Ella demostró que es posible ser artista y mantener la coherencia cívica que muchos pretenden diluir en las exigencias del oficio. Se sumó con su acción a las mujeres que nos dan el pie para enorgullecernos de nuestra militancia, tales son Sonia Garro, Yoani Sánchez, Berta Soler, Ofelia Acevedo y tantas otras.

Tania Bruguera pretendió invertir la lógica del régimen y, por primera vez durante el castrismo, hablar desde el pueblo reunido a la tribuna.

Si El susurro de Tatlin tuvo en esta versión un acabado tan diferente del esperado, el grosero procedimiento de los paramilitares cubanos fue el habitual. Su encubrimiento en seudónimos o la omisión de sus nombres en sus presentaciones y la búsqueda de la sombra como sitio dispuesto para sus operaciones, expone involuntariamente su falta de vergüenza.

El susurro de Tatlin recuerda a Vladimir Tatlin, el gran artista soviético que promovió un arte involucrado en la sociedad, y en ello veo también el homenaje formidable a una generación de soviéticos que creyó poder realizar el paraíso sin saber lo cerca que estaba el infierno. La actitud de las fuerzas paramilitares cubanas recuerda más bien a la traición inmoral que le propinaron al gran movimiento vivificador Vladímir Ilich Lenin y su genocida descendencia ideológica encabezada por Iósif Stalin.

Comentarios [ 13 ]

Imagen de Anónimo

Boris:

he leido con gran detenimiento tus palabras. un sentimiento de injusticia enorme ya recorre en la sangre del pueblo de cuba frente a la cinica y cruel opresion de un gobierno despota y tiranico! he vuelto a leer la historia me absolvera de fidel castro y es curioso encontrar en ese libro que los argumentos y los hechos que utilizo fidel castro para defenderse en aquel momento podrian ser hoy los mismos con los que pedirle cuentas al regimen feudal que gobierna la isla.

No hace falta desaparecer o pulverizar a un ser humano fisicamente para quitarle su derecho a vivir con decoro y dignidad, la muerte resolveria todo de un golpe y su efecto no seria duradero ni hundiria al pueblo en el terror. El castrismo aprendio muy bien las lecciones y no necista para nada hacer ese tipo de actos, como los de Pinochet o Videla. Peor aun, dejar en vida y torturar psicologicamente a aquellos que reclaman los derechos y libertades fundamentales es el peor tratamiento que se le puede hacer a un ser humano, la muerte es fugaz y no produce la misma agonia y sufrimiento! Si hoy Marti renaciera se moriria al ver como su pensamiento y su obra son utilizadas para cosechar terror y opresion!

“El amor, madre, a la patriano es el amor ridículo a la tierra,ni a la yerba que pisan nuestras plantas;Es el odio invencible a quien la oprime,es el rencor eterno a quien la ataca”Jose Marti

Imagen de Anónimo

Cuándo tendrás, Cuba Nueva,

motivo de regocijo,

sin ese grito de un hijo

ahogado desde una cueva?

La tiranía más longeva

te aplasta, te pisotea

los derechos, y la fea

cara de la represión

contra el arte es la razón

que a los Castro les chorrea.

Imagen de Anónimo

Boris:

Mas que bueno, espectacular testimonio. Todo mi apoyo y un abrazo para ti.

Keep in touch,

A. J.

Imagen de Anónimo

Nadie por lo menos en el interior de la isla esclava se entero de lo que estqba pasando, en pinar del rio nadie y en la habana por lo menos narie a los que llwme sabian nada

             NADIE TIENE FOMO ENTERARSE ESQ ES LA MEJOR ARMA DE LA DICTADURA    LA REPRESION   Y   LA   DESINFORMACION

                     INTERNET    YA

Imagen de Anónimo

Una narración que ayudaría mucho a quienes deben leer, en vez de opinar usando berracadas para defender lo indefensible. El anónimo de 6:03 pm, da la estocada magistral.

Arnaldo de armas

Imagen de Anónimo

Tocante!

Imagen de Anónimo

Excelente artículo que hace un retrato real del "MONSTRUO" con sus entrañas desplegadas.

Por eso cuando se habla de negociar con la Dictadura cubana planteo que lo único de lo que se podría negociar con ellos sería la entrega incondicional del país; Y COMO PRIMER PASO, DE URGENCIA; el desmantelamiento isofacto del tenebroso aparato de la Seguridad del Estado Cubana; ... este sería el paso preliminar y poner a buen recaudo, en espera de juicio ante los tribunales en el nuevo Estado de Derecho, a aquellos actores que mediante denuncia, se conozca que estén implicado en represiones, torturas, asesinatos y cualquier otro tipo de hechos deleznables contra la población cubana.

Si toda esta gente que reprime, tortura, asesina y se presta para todo lo que se les ordena, piensa que el brazo de la justicia nunca les llegará y seguirán gozando DE ESA IMPUNIDAD VERGONSOZA, solo les digo que lean un poco la historia y que se percaten que tarde o temprano todo el que se presta para vilezas, todo el que se presta para actos horribles como los que suceden en Cuba hoy mismo, serán sentados en el banquillo y serán juzgados y sobre ellos caerá todo el peso de la ley; aún están a tiempo al menos de ESCURRIRSE e intentar al menos no participar en estos hechos que, CON LAS NUEVAS TECNOLOGÍAS, se van conociendo y saliendo a la luz; YA NO SON LOS TIEMPOS que hacían cosas horribles y nadie lo sabía.

Imagen de javier monzon velazques

Anonimo3:14 . En este caso lo malo es Pinochet y lo peor Castro. 

Imagen de Anónimo

Magnifico testimonio Boris toda mi solidaridad frente a tu despido de la Escuela de Cine.

Los intelectuales que se involucraron ya se quitaron la careta y se mostraron en lo que son: oportunistas y cómplices de la represión.

Imagen de Anónimo

Sería interesante que alguno de los cubanos (y no cubanos) que escriben en estos sitios para defender al regimen de La Habana expusieran aquí sus argumentos para tratar de justificar los hechos injustificables expuestos en este artículo. Probablemente algún fanático (o asalariado), o quizás un débil mental, saldría con aquello de que "si eso hubiera ocurrido en la Argentina de Videla o el Chile de Pinochet los hubieran pulverizado en vez de encarcelarlos". Esos, tontos o cínicos, solo saben justificar lo malo a base de hacer comparaciones con lo peor.