Domingo, 25 de Septiembre de 2016
19:34 CEST.
Lo que deja 2014

Solavayas del año (I)

Aleida Guevara March

Cuando se vive del apellido paterno y se quiere honrar ese apellido, resulta conveniente repetir la conducta del ancestro en cuestión y extender sus logros en el tiempo. Para eso se tienen hijos y para eso se tienen padres notables. Quizás el más prominente ejemplo de ello con el que contamos hoy sea el de Mariela Castro Espín, igual de preocupada por la organización y los derechos de los homosexuales que su padre Raúl Castro.

Hace unas semanas, Ernesto Guevara Jr. dio muestras de enorme respeto filial al abrir con un par de amigos una empresa de viajes por Cuba en Harley-Davidsons. La bautizó con el nombre con que su padre llamaba a la moto en cuyas grupas viajara por el continente americano: La Poderosa.

Cualquiera diría que bajo ese nombre se ampara una bodega habanera o una emisora miamense de hace décadas, pero para que no quepa confusión, la completa razón de la empresa es La Poderosa Tours, operante dentro del conglomerado turístico-militar que manichea un yerno de Raúl Castro. (Lasca Grande Holding podría nombrarse tal conglomerado, aunque es llamado por las siglas GAESA, que parecen las de un grupo terrorista e imponen más respeto.)

En el viaje que Guevara padre hiciera por buena parte del paisaje latinoamericano debió de existir una noche en el único cine de un pueblo perdido en que, parqueada la moto en un galpón cercano, el joven argentino escuchó  a Pedro Infante cantar "La barca de oro" en el filme del mismo nombre.  En la pantalla estaba la barca de oro de la canción. En la platea, la fría máquina de matar del futuro.

Hace unos meses Aleida Guevara March se largó a cantar esa misma canción de Pedro Infante. Fue a la tumba de Hugo Chávez y, como cualquiera que entra a la ducha y, ya sea por el frescor del agua o por la soltura de la encuerez o por lo abovedado del sonido, se suelta a cantar, ella se puso de un humor canoro. Que la hija del Che canta mal no fue secreto para quienes pudieron escucharla, y conste que la ocasión fue televisada. Llegó a confesar Aleida: "Mi madre ponía la radio cuando yo empezaba a cantar (y así) disimuladamente me mandaba a callar".

Por suerte, Hugo Chávez solía cantar en medio de sus discursos y apariciones televisivas sin importarle hacerlo mal, y la ayudó a ser "más libre y espontánea". Y, del mismo modo que Chávez le había cantado al Che en su mausoleo de Santa Clara, ella fue a cantarle a Hugo Chávez en su tumba del Cuartel de la Montaña.

Como puede deducirse de estas confesiones,  Aleida Guevara canta para dejar atrás un trauma infantil en el cual la madre le tira un radio por la cabeza. Es infame su canto, pero dadas las actividades a las que se ha dedicado algún que otro miembro de la familia, lo suyo resulta poco criminoso. No obstante, es posible sospechar que lo peor  está por llegar todavía. Porque si este año que termina le dio por cantar ante una tumba y en 2011 se le vió subida a una carroza con forma de tanque de guerra en los carnavales de Porto Alegre (eso sí, sin dar cintura), lo que viene va a ser de aguántense de la pared más cercana.

Ojalá que el año que viene no tengamos que ocuparnos de ella aquí por un recién aparecido disco de reguetón.

Silvio Rodríguez

Su concierto en el Estadio Latinoamericano lo habría incluido, no en este grupo de personajes, sino entre la Gente del Año. Porque llenar un estadio a estas alturas de su decrépita carrera habría constituido una hazaña. Pero el concierto de Silvio anunciado en el Latino fue, no dentro, sino fuera. Y si acaso algo llenó, llenó el parqueo del estadio.

Es de suponer que interpretara allí muchos de sus viejos éxitos, con la empeorecida voz de quien nunca la tuvo buena. Es de suponer que ahorrara a quienes fueron a escucharlo sus composiciones más recientes, que no se sabe si son malas o son buenas, porque nadie ha conseguido atenderlas. Y, por último, es de suponer que, sentado ante el micrófono, no le entrara uno de esos ataques de grosería contra el respetable a los que tanto ha acostumbrado en su carrera. Si todo marchó según las anteriores conjeturas, el concierto resultó al menos pasable.

Por estos tiempos, Silvio Rodríguez resulta más conocido como bloguero que como músico. Lo que queda en pie de su público latinoamericano lo guataquea de lo lindo en los comentarios de su blog, lo aúpan, lo jalean y preguntan cuándo volverá por Remangaconquinagua, donde aguardan siempre por sus canciones. "¡Ven a Remangaconquinagua, Silvio!", le piden. O le escriben esto otro: "Remangaconquinagua estará siempre contigo y con la Revolución Cubana!".

En junio de este año que termina, el autor e intérprete de las canciones que despiertan tanta babosería continental descubrió la pobreza que hay en Cuba. Un poco tarde, podría argumentarse. Es como si el coronel Aureliano Buendía hubiera conocido el hielo en el propio paredón de fusilamiento. Silvio estuvo de gira por todo el país y al final tuvo la honestidad de reconocer en una entrevista: "He aprendido que la gente está jodida, muy jodida, mucho más jodida de lo que pensaba".

Fue indudablemente un reconocimiento melancólico, pues habían fallado sus viejas letras. Así lo declaró: "Cuando uno cantaba: 'Te convido a creerme cuando digo futuro', realmente uno no pensaba que este era el futuro. Uno pensaba que el futuro iba a ser otro". Pero así estaban las cosas, y ahí estaba él, y estaba en Cuba, y ya había pensado en su "manera de hacer una contribución, de estar comprometido con mi realidad, con mi gente, con mi pueblo".

Cantaría para ellos, no dejaría de perseguirlos hasta el rincón más lejano del país con su mensaje. Ahora sí tendrían que creerle cuando él dijera futuro. Porque se puede perder la voz, se puede perder el pelo, se puede perder el público, se puede perder la vergüenza, hasta el unicornio azul puede perderse, pero lo que sí no puede perderse nunca en la vida es la esperanza.

Randy Alonso

Una jabita desató en agosto de este año las furias de Randy Alonso, director y estelar presentador de la Mesa Redonda de la televisión cubana. Una jabita en una tienda TRD (Tienda de Recuperación de Divisas) del boulevard de San Rafael.

En esas mismas tiendas venden unas figuritas de perro sentado que son un sueño y cuya gracia está en que, al menor movimiento, asienten muchas veces con la cabeza. Son las mascotas más asertivas que pueda encontrarse y, colocadas contra el cristal trasero o delantero de cualquier vehículo, el perrito en cuestión pasa todo el viaje diciéndole que sí a  todo el mundo. Mientras más hondo el bache, mayor es su asentimiento, y a esa figura de perrito la gente, con malicia extremada, la ha bautizado como Randy, por la manía que tiene Randy Alonso de agitar la cabeza asintiendo a cualquier barbaridad que le digan sus amos.

Pero por supuesto que no entró Randy Alonso a la tienda del boulevard de San Rafael en busca de un Randy. Por supuesto que no llegó allí y dijo: "Déme aquel Randy", sino que pidió un litro de aceite. Es de suponer que algún revuelo pudo causar en el establecimiento porque, por feo y antipático que sea, al fin y al cabo es alguien que sale en televisión y estaba allí de cuerpo presente y venía a demostrar que también los de la Mesa Redonda freían en sus casas.

A juzgar por las severas huellas de acné que pasea en su rostro, Randy debió ser en la adolescencia un gran comedor de frituritas o, más precavidamente, estuvo impedido de hacerlo durante todos esos años y ahora toma revancha. Entró Randy a la tienda del boulevard donde vendían Randys, pidió una botella de aceite, se vio obligado a pagar "su significativo precio" (la cita es suya), y le informaron que la jabita se la debían porque allí no tenían jabas.

¿Quién no sabe lo hiriente que puede ser una dependienta habanera? No cuesta nada imaginar la insidia con que la empleada le negara a Randy la jabita. "Así es la vida real mientras tú hablas todas esas boberías en la televisión", le habrá dicho de una sola mirada. Y el rostro de Randy, que no es precisamente de los más tersos con los que cuenta la televisión nacional, adoptaría su aspecto más feroz. Porque no es lo mismo Randy Alonso protestando cada tarde contra los desmanes del imperialismo yanqui que Randy Alonso protestando porque los dedos se le pegan al grasiento pomo y no hay jabita por todos los alrededores. Así que agarró el litro de aceite y salió de allí con la decisión de denunciar aquel atropello.

La falta de jabita era un asunto de suma importancia. Era por errores como esos que el proceso revolucionario… ¡Perpetraría un artículo en Cubadebate denunciando la falta de jabitas en los comercios! ¡Revelaría al mundo cuánto lo habían maltratado como usuario en aquella tienda TRD del boulevard de San Rafael! ¡Atajaría esta nueva campaña del enemigo que tenían dentro del país!

A su caso vinieron a sumarse otros dos de los que tuviera noticia, y no pudo menos que acordarse de aquellos tres episodios al ver la retransmisión de la Mesa Redonda donde una directiva del Ministerio de Industrias informaba que la producción anual de jabitas se había duplicado. El combativo artículo publicado por él, titulado "La jabita se la debo", se cuestiona a dónde va a parar toda esa producción y termina acusando  a los vendedores no autorizados apostados a la entrada de los mercados agropecuarios. Pero no es esa chivatería usual lo que más llama la atención en el artículo, sino el hecho de que, no contento con dirigir y conducir la Mesa Redonda, el autor acostumbre a ver las retransmisiones que se hacen de su programa.

Según se desprende de su artículo, Randy Alonso es un habitante de la Mesa Redonda con alguna que otra salida a un mundo exterior sin jabitas del cual se trae el aceite para las fritangas que devora delante del televisor, viendo la repetición de sus programas. Ahí, como quien espera un tiro definitivo a portería, Randy espera a que el Randy de la pantalla mueva la cabeza para ponerse a asentir él también. Ríe entonces la coincidencia a mandíbula batiente, caen sobre el sofá las esquirlas de chicharritas que escapan de sus muelas y él se siente repleto como nunca de convicciones propias.

Glenhis Hernández

Hay gente hosca como un ogro y bronca como un guerrero y dura como un jiquí que, para demostrar educación y buenas maneras, levanta el meñique al alzar una taza. Beben el café con el dedo tan erguido como si portaran en él un brillante y no lo bajan hasta que devuelven vacía la taza. Es la mayor de las cortesías para ellos, su manera de decir que saben comportarse.

La taekwondoca Glenhis Hernández, con título de nobleza tan apabullante como monarca mundial,  pertenece a ese grupo que extrema la etiqueta y, sin embargo, ha resultado mal juzgada por un gesto. Combatió Glenhis en los Juegos Centroamericanos y del Caribe de Veracruz contra una doble medallista olímpica mexicana, perdió ese combate, se hizo de la plata y no estuvo muy contenta que digamos con el veredicto de los jueces.

Hasta ahí todo bien, pero a la hora de la premiación y un escalón más bajo que la mexicana, al tomarse las manos y alzarlas al unísono, Glenhis Hernández se comportó como si lidiara con una tacita de café, con la diferencia de que, en lugar del meñique, levantó el dedo corazón, también llamado cordial, mayor o medio. Y así fue fotografiada.

Tal señal de cortesía fue apreciada por las autoridades deportivas centroamericanas hasta el punto de favorecerla con un año de suspensión de competencias, con lo cual la taekwondoca cubana podrá ausentarse de los Juegos Panamericanos y quizás de la venidera cita olímpica. Glenhis, sin embargo, no parece haber comprendido los beneficios de esa decisión.

"Me siento muy ofendida ya que yo no soy cualquier competidora exactamente", se quejó.

Por supuesto, Glenhis, tú eres exactamente la competidora que levantó el dedo del medio al ser premiada con la plata. Los voceros de la delegación cubana se apuraron a mostrar su recelo por la medida y alegaron razones médicas: la competidora tenía una lesión en ese dedo y necesitaba levantarlo. O lo levantaba o moría. Y lamentablemente vino a coincidir ese momento de necesidad con el momento de la premiación. ¿Quién no ha estado alguna vez en una situación parecida? ¿Quién no ha estado alguna vez cagándose en los pantalones?

Echaron mano a otra justificación de peso: podía comprobarse que ella llevaba ese dedo vendado por la lesión. El hecho de que la venda estuviera en el mismo dedo pero de la otra mano no resultaba relevante. Ni tampoco el humor mostrado por la luchadora en las entrevistas, donde hizo gala de su refinada educación.

Hay, como todo el mundo habrá escuchado alguna vez, una escuela cubana de ballet con ciertas características que la hacen distinguible en todo el mundo. De igual modo, parece existir una notoria escuela cubana de taekwondo. Rasgos suyos pueden reconocerse en el desempeño en Veracruz de  Glenhis Hernández y en el del campeón olímpico Ángel Valodia Matos en los juegos olímpicos de Pekín. Este último, con mucho más dominio técnico, tuvo tanta necesidad de levantar no uno, sino varios dedos, que golpeó en la cara a un árbitro principal y luego, sintiendo que la imperante necesidad fisiológica se extendía hacia sus extremidades inferiores, la emprendió a patadas contra el juez asistente de la competición.

El episodio llegó a a ser juzgado por un conocedor de las técnicas del taekwondo del calibre de Fidel Castro, quien tuvo la siguiente justificación para el despliegue de Ángel Valodia Matos: "No pudo contenerse".

Después de lo de Pekín, Matos fue expulsado de por vida de las competiciones internacionales y dijo adiós al deporte activo en febrero de este año, ante un estadio holguinero lleno de gente y de autoridades políticas de la provincia que lo aclamaron como el campeón incontenible que es. Glenhis Hernández tiene ahora todo un año por delante para alcanzar el dominio técnico de un maestro de su talla. Habrá que estar atentos a la próxima competición de esta muchacha.

Mariela Castro Espín

Definitivamente, ella no iba en el avión rumbo a Argel que dio su última señal al norte de Mali y se estrelló, sino que a esa misma hora estaba en una fiestecita en el Hotel Nacional. El motivito servía para la presentación de su tesis de doctorado sobre personas transexuales.

"No entiendo cuál es el show", respondió a la prensa con esa simpatía de despistada que la caracteriza.

Una de las pasajeras del avión siniestrado tenía, por casualidad, igual nombre que ella. Pero no era casualidad, aquello había sido un atentado más. Un atentado fallido porque la bomba solamente había conseguido matar a una tocaya suya.

"Estoy vivita y coleando, feliz y saludable", avisó Mariela.

Rodeada de periodistas, desmintió estar muerta y, aunque no tuvo ni una palabra para lamentar el accidente, suplió esa falta de tacto con la hipocresía más grande: "Yo considero que mi muerte no es tan importante como la de tantas personas, como está ocurriendo en tantos lugares del mundo con conflictos bélicos y otras situaciones resultantes de injusticias e inequidad social".

Igualita a su tío: humildad extremada, profundo altruismo y desvelo por aquellos que padecen injusticias.

Mariela tuvo palabras para las "muchas personas que han estado inquietas, llamando, porque pensaron que esto era cierto". Ni siquiera Alicia Alonso se agarraba a la cortina y saludaba tantas veces como lo hacía ella, conmovida por los aplausos. Flores por su doctorado y flores por aquella sobrevivencia que acababa de llegarle. Y, ya que la prensa estaba allí, no convocada antes porque aquello no era más que un motivito sin importancia, ¿por qué no hacían correr por todo el universo la noticia de su feliz doctorado?

Mariela ordenó que sirvieran cake a los periodistas que habían traído la falsa noticia de su muerte. ¿Verdad que está riquísimo el merengue? Hum, lo hicieron en el CENESEX… A mí, es que me encanta... Y no dejen de probar los bocaditos... ¡Ay, qué precioso se ve el mar desde aquí! Qué bonita es la vida, ¿verdad? Lo que importa, a fin de cuentas, es que la gente sea feliz en el cuerpo que quiera. 

 


Y mañana la segunda (y última) tanda de ejemplares...

Comentarios [ 14 ]

Imagen de Anónimo

Gracias al autor del artículo que creo reconocer. Reí a carcajadas. Creo que es el mejor solavayas de las que se publicaron este año. Opino que sería bueno irlas publicando en la medida que estos esperpentos son noticia.

Imagen de Anónimo

Felicitaciones al autor del artículo, pues me hizo reír y saber algunas cosas que no sabía hasta ahora. 

Alberto

Imagen de Anónimo

Al fin y al cabo los veremos a todos ellos  hechos grandes empresarios con todo el dinero que por decadas le quitaron al pueblo cubano  fuera y dentro del pais , metiendole tanta demagogia barata y mentirosas en su cerebro embruteciendolo y no dejando que conociera el desarrollo verdadero con sus  pro y contras pero desarrollo al fin y al cabo.  No le provean paleativos para el cambio merecen uno grande y brutal que caigan todos y sus vastardos.

Imagen de Anónimo

Who wrote this? It's awesome! I laughed my butt off. Kudos for a great piece of humor.

Imagen de Anónimo

Bueno se me pasó en el comentario anterior:

Creo que el Sexto y sus dos puerquitos deben aparecer mañana tambien como el reverso de la medalla,de los que se atreven y denuncian a esta caterva de cochinos testaferros

el bobo alipio*'+

Imagen de Anónimo

FALTA LOS D OS SOLAVAYAS MAYORES: FIDEL Y RAÚL  CASTRO.  Muertos esos dos perros se acabó la rabia. Cuba volverá a ser un país y no una cloaca de clarias comunistas ladrones. Así y todo me he reído mucho leyendo estos solavayas y me alegro que Diario de Cuba los publique.  

Imagen de javier monzon velazques

Muy simpático. Hay que  reirse  de toda esa escoria  qué se menciona  en el artículo.

Imagen de Anónimo

Me rei mucho, muy ocurrente y simpatico, me imagino a la deportista sacandole "el dedo" a este trabajo, a M.Castro, poniendo cara de asco y a S. Rodriguez ofendiendo, como le hace al publico cubano, que no al extranjero...y Randy menear su cabeza de un lado hacia otro negando que el sea tan lamebotas y feo...ja,ja,ja

Imagen de Anónimo

Un articulo digno de DDC.

Imagen de Anónimo

Genial.....jajajajajaja:.........