Sábado, 1 de Octubre de 2016
01:17 CEST.
Opinión

¿Transita Cuba hacia la democracia? (II)

En esta segunda parte el análisis se dirige a la clase política en el poder, para explorar los límites de una transición que no rebasaría los marcos de la sucesión dinástico-partidista. He recurrido a la experiencia de transición de la Europa del Este para reafirmar la tesis acerca de que, en la Cuba futura, la mal llamada oposición interna no accederá a ningún cargo o puesto gubernamental realmente significativo ni protagonizará transición alguna a la democracia.

De la renovación de las elites partidistas

Tal vez el problema más interesante que ha generado la llamada oposición leal ―desde el punto de vista conceptual― es el del realismo político, posicionamiento que transnacionaliza el tema de la lealtad, lo desarraiga y despoja, en consecuencia, de su naturaleza disidente. Bajo este desideologizado ropaje las reformas raulistas resultan atractivas para algún que otro empresario de la diáspora y para potenciales inversionistas extranjeros.

El supuesto de los realistas es el reconocimiento de que el único marco jurídico para realizar los cambios es el revolucionario, dado que es el vigente y carece de oposición. En un escenario semejante, según esta perspectiva  de análisis, parece poco realista apelar a una transición sin sujeto político. ¿Quién la llevaría a cabo y dentro de qué marco legal? Cabe destacar en este posicionamiento al lobby empresarial estadounidense, conformado por sectores de la izquierda (liberal) y segmentos de la comunidad cubana (mayormente empresarios, además de buena parte de la llamada emigración económica). Lógicamente, por esta vía se va directo a la flexibilización/derogación del embargo. Lo que vale puntualizar aquí, desde el ángulo opositor, es que ni un solo argumento promovido por la campaña antiembargo es sostenible. Del otro lado se dirá lo mismo, pero dejemos a un lado lo de disidente/opositor y concentrémonos en los hechos.

No se puede negar que algunos cambios interesantes van teniendo lugar en Cuba. Sin embargo, se podría cambiar para peor. Hasta ahora los Lineamientos no han tenido éxito y la situación del cubano ha empeorado en todos los sentidos. Mucha gente no entiende la mentalidad revolucionaria. Cuando Fidel definió la Revolución como el acto de "cambiar todo lo que debe ser cambiado" el cubano de adentro sabía que debía agregar la coletilla: "menos la Revolución misma".  Fuera de Cuba no acaban de entender con quiénes están tratando. Así pues, no son los cambios per se, sino la naturaleza y el propósito de esas reformas lo que está en cuestión.

Lo que Cuba busca con su campaña antiembargo es acceder no a los productos norteamericanos (alimentos, medicina, etc.) porque eso ya lo viene haciendo sin ninguna dificultad, siempre que pague en efectivo. Lo que el Gobierno quiere —y esto lo han sabido ver claramente los foristas en el debate on line sobre el tema— es acceder a los créditos que le permitirían conseguir esos productos, para luego saldar dichos créditos con el dinero del propio turismo "antropológico" norteamericano que inundaría la Isla. Pero si Cuba accede sin capacidad financiera a estos créditos —y está claro que no tiene ninguna― no solo sería discriminatoria hacia millones de norteamericanos que tienen su historial de créditos afectados, sino que el contribuyente norteamericano terminaría pagando por la incapacidad económica del régimen de La Habana. Y no se olvide aquí que nadie cuida más el bolsillo del contribuyente norteamericano que el régimen de Castro en su permanente campaña de descredito del exilio y de la oposición interna.

Así, pues, es lícito suponer que la situación de miseria del cubano de a pie permanecerá, porque no guarda relación con el embargo. Ahí está China con inversiones y sistema crediticio a todo tren, pero con millones de chinos en la pobreza. Ahí está Venezuela para recordárnoslo todos los días. El país con las mayores reservas petroleras del mundo sin leche, sin papel sanitario y, lo que es inaudito, importando petróleo.

Mirando el asunto del lado de las empresas norteamericanas cabría la pregunta: ¿cómo es posible que se estén yendo de Venezuela ―donde, mal que bien, todavía hay oposición, todavía hay libertad de expresión, todavía hay derechos y legalidad― y se quieran establecer en Cuba, causante directa de los males venezolanos? Al Gobierno cubano cabría puntualizarle que si las propiedades de las empresas norteamericanas se expropiaron con el argumento que eran capitalistas y foráneas, no debían pretender ahora que le levanten el embargo para fundar empresas capitalistas y con dinero extranjero en el territorio nacional. ¿Qué clase de juego este? ¿Salvar al pueblo o salvar el monopolio del partido único?

Si fuera lo primero, no habría necesidad de campaña antiembargo ni de guiños cómplices. Simplemente se sentarían ambas partes, como primer paso, a negociar la indemnización de las propiedades norteamericanas expropiadas ilegalmente. Eso es, tanto para Obama como para Raúl Castro, lo único realista y lo único moral, pero también ―para el segundo― lo que no necesita de ideologías ni de disidencia alguna, sino de un poco de humildad, sentido de justicia y respeto por el otro. 

Justo hoy, cuando el embargo ha tenido la posibilidad de influir decisivamente en la política gubernamental —debido a la falta de liquidez ya insalvable del Gobierno cubano─ empresas, individuos y algunos gobiernos deciden tenderle una mano a la dictadura comunista para que pueda ver la luz al final del túnel. Con quien negociarían? En un artículo reciente publicado en este diario, Boris González Arenas, quien vive en La Habana, nos da la clave cuando descubre la oscura clase de: "los grandes contrabandistas cubanos que se asocian con las autoridades necesarias para sacar o entrar al país grandes volúmenes de mercancías. De esos que desde hace años venimos recibiendo fuertes evidencias de que se han entremezclado con las autoridades políticas y los clanes familiares agrupados tras décadas de detentar el poder. Y que son los mismos que administran sin rendir cuentas las fabulosas inversiones brasileñas en el puerto del Mariel y los recursos interminables robados a los médicos cubanos contratados en el exterior".

No tengo la impresión que coquetear con el Gobierno cubano en fase terminal sea muestra de realismo político. Todos los pasos de acercamiento hacia Cuba están sujetos a reversión por la elite político-militar, de otro modo ni siquiera dialogarían con los que siguen y seguirán viendo como sus enemigos. Quien piense otra cosa es, cuando menos, ingenuo. Los que pretenden hacer un favor a la democracia mediante espaldarazos al Gobierno cubano deben tener presente ese punto de inflexión que coincidió con el retiro de Fidel Castro: lo que anima a los controversiales cambios que se vienen produciendo en la Isla no es la democratización del país, sino la conservación del poder en un escenario postchavista.

Por otra parte, hay que acabar de entender que la democracia se abre paso en Cuba no gracias a, sino a pesar de las reformas de Raúl. Conviene no olvidar que los Lineamientos (la Biblia de las reformas raulistas) fueron concebidos con el firme propósito de salvar el socialismo revolucionario.

Veamos, a fin de cuentas, si tiene consistencia tanto la teoría de la acumulación de cambios modestos y paulatinos —que, supuestamente, deben llevar a un cambio estructural al mejor estilo de la ley marxista del tránsito de los cambios cuantitativos en cualitativos— como la que deposita la esperanza de la transición en la buena voluntad de la casta dirigente, toda vez que así sucedió en los países exsocialistas. En el fondo, se trata de un mismo posicionamiento, la diferencia solo estriba en donde se pone el acento, si en lo económico o en lo político. Sin embargo, como se sabe, la verdad no suele estar en los extremos.

El pasado año publiqué en este diario un artículo sobre la renovación de las elites postcomunistas que conserva todo su valor. En lo que sigue me apoyo en dicho texto no sin antes hacer una salvedad. Por aquella época vi el obstáculo principal de la transición cubana en el artículo 5 de la Constitución y tras reproducirlo literalmente comente: "Queda claro que no se trata de una fuerza política, sino de una estructura jerárquica de control. De modo que Cuba no está gobernada políticamente, sino administrada por una cofradía endogámica y nepotista que se vale de una suerte de sociedad fraternal (el Partido único), la cual ejerce las funciones de control nacional, social e individual. Cuando se dice que el Partido es la 'fuerza dirigente superior de la sociedad' se indica al hecho de estar por encima de la ley y, como 'vanguardia organizada de la nación', por encima de la nación misma. Por otra parte, si se tiene —teleológicamente― un objetivo supremo (la construcción del socialismo y el avance hacia la sociedad comunista) al cual obviamente no responden ya las políticas gubernamentales, estamos ante un caso de violación flagrante de esta, de por sí tendenciosa, Constitución".

La solución al problema de la transición y de la propia actividad opositora la vi, en aquel entonces, en la sociedad civil: "es a través de la potenciación de la sociedad civil que se puede llegar a cambios políticos. Recuerdo que el contenido de la sociedad civil, desde el punto de vista de la filosofía política, son las asociaciones voluntarias, el mercado y la esfera pública […] Así, pues, todo depende de la expansión de la sociedad civil y del apoyo que la misma reciba desde el exterior, principalmente en lo que toca al fomento de los proyectos independientes de orientación opositora, cívica y contestataria (que no deben confundirse con la oposición tradicional ni con la disidencia, las cuales, por supuesto, también necesitan atención). Es muy necesario, en este sentido, que el intercambio académico-cultural desde el exterior se concentre en esos proyectos y no en las instituciones del Estado. […] Pero, mientras ello va tomando cuerpo, hay que ir trabajando ya ―como una manera más de potenciar ese desarrollo― en la práctica pluripartidista, a la par que en el desmontaje conceptual del sistema político unipartidista, tarea esta última que es menester emprender a partir de los propios fundamentos legales, a saber: la Constitución y, particularmente, su artículo 5".

Con respecto a la sociedad civil, en cambio, creo haber albergado demasiadas esperanzas. Es realmente el más importante elemento de presión, pero la sociedad civil no puede evolucionar por sí misma hacia objetivos claramente políticos y opositores, sin reparar ya en que la misma apenas puede crecer y desarrollarse dentro de un marco totalitario. Las posibilidades de que surja una vanguardia política en el seno de la disidencia, como ya vimos, son remotas. Así, pues, llegamos a este punto: o la transición a la democracia la protagoniza el propio régimen bajo la presión de la sociedad civil o lo hace una verdadera oposición política con el apoyo de la sociedad civil. De manera que se combinan los dos vectores del cambio con una presión social de baja intensidad que conlleva a una situación más bien estacionaria. Veamos de cerca la primera de estas dos posibilidades

La nomenklatura

Desde el ascenso de Raúl Castro a la presidencia de la República se viene prestando atención al modelo chino cuando se habla del futuro de Cuba. Se sabe que lo más característico del viraje de Pekín fue la total continuidad en el poder de la cúpula partidista. Veamos qué sucedió en la Europa del Este.

En una documentada investigación sobre las elites políticas postcomunistas de la Europa Oriental, Jacques Coenen-Huther, apoyándose en la tesis del economista, sociólogo y filósofo Wilfredo Pareto (1848-1923) acerca de lo difícil que resulta "desposeer a una clase gobernante que sabe servirse de la astucia, el fraude, la corrupción, de una manera avisada", brinda datos como estos: "El análisis de tres generaciones de dirigentes políticos —la generación Brézhnev, la generación Gorbachov y la generación Yeltsin— indica que en medio de los años 90, alrededor del 75% de la administración-presidencia, cerca del 75% de los miembros del Gobierno y más del 80% de las élites regionales estaban constituidas por miembros de la nomenklatura soviética".

Las cifras reflejan el incontestable hecho, revelado ya por otros autores (Mink y Szurek) que la nomenklatura comunista fue el grupo más beneficiado con el cambio de régimen. Quizás lo más interesante del análisis de Coenen-Huther son las fases que distingue en esa peculiar trasmutación de la cúpula gobernante: "Se está tratando, pues, con un proceso que se ha desenvuelto en dos tiempos; la tesis de la renovación de la elite dirigente es aplicable a la fase de degradación de la economía socialista, mientras que la tesis de la supervivencia de la elite es aplicable a la fase siguiente: la de la transición".

El contraste con la situación cubana resulta revelador: en medio de la degradación de la economía socialista no se ha producido la renovación de la elite. Hemos saltado directamente a la supervivencia de la casta gobernante, correspondiente a la fase de transición, mientras nos mantenemos en la fase anterior: la degradación. La junta político-militar que gobierna en Cuba evitó con éxito la necesidad de renovación. Esto significa que aún no se ha salido de la etapa de degradación de la economía y que ―considerando el factor biológico― la fase de transición podría ser abrupta. Sin embargo, cabe también la posibilidad de una acelerada renovación de cuadros a fin de contar con el capital humano necesario para encarar la "transición"  desde el poder.

En mi artículo sostuve que esta sería la salida por la que apostaría el Gobierno cubano y cité como ejemplo la "apertura estratégica"  —el término es del vicepresidente Miguel Díaz-Canel— de la Escuela Superior de Cuadros del Estado y del Gobierno. ¿Qué se estudia allí? Gestión empresarial, Administración pública y Dirección.

El sector privado

A juzgar por las reflexiones de Coenen-Huther relativas a los socialismos de la Europa del Este, la economía cubana apenas comienza la fase de erosión, toda vez que el factor fundamental de cambio parece ser el sector privado, incipiente en nuestro caso. Sin embargo, también aquí hay peculiaridades que no se pueden pasar por alto.

Se sabe que en Cuba las licencias de los cuentapropistas se entregan y retiran según consideraciones ideológicas y el sistema de impuestos obliga a las microempresas a comportarse de manera leal con el régimen. Como un ejemplo de todo ello, los llamados cuentapropistas desfilan en la Plaza de la Revolución —junto a la Central de Trabajadores Cubanos (CTC)― durante las celebraciones del Primero de Mayo. El mismo sistema de chantaje y vigilancia (CDR) a que está sometida la población casa por casa se extiende ahora a las microempresas privadas.

Lo curioso de todo esto es que, como en el caso de los socialismos de la Europa del Este, a la elite comunista cubana no le simpatiza el desarrollo del sector privado. Con el propósito de contenerlo y marginarlo, desestimula el interés que pueda tener hacia él el sector estatal en términos de intercambio. El marasmo de la sociedad cubana reside en buena medida en los mecanismos de freno (tormozshénie) que el sistema socialista necesita imponer al sector privado y levantarle, a su vez, al sector estatal. Se trata de un imposible porque las potencialidades del uno no se liberan sino mediante el otro. No por gusto los soviéticos caracterizaron una situación semejante con la palabra zastói (inmovilismo).

Retomemos a Coenen-Huther, el paso siguiente lo describe así: "La entrada en la fase de transición propiamente dicha creó una situación nueva. El Estado [...] dio a conocer su voluntad de establecer las condiciones legales e institucionales del funcionamiento normal de una economía de mercado. La barrera que separaba al sector privado del sector público, desapareció entonces. El sector privado pudo emprender actividades que habían seguido siendo antes el privilegio del sector público".

Es en este punto donde ocurre la bifurcación del sector privado por cuanto se desgaja uno nuevo, distinto del tradicional (este último, que alguna vez llamé economía de kiosco, es el que aún existe en Cuba). Justo aquí nos encontramos detenidos, ya que el nuevo sector en expansión supone la privatización de propiedades estatales y "nuevas disposiciones legislativas que permitan la acumulación de capital". Todo ello se llevó a cabo en los antiguos países socialistas y, como saldo, la nomenklatura partidista de segunda generación ―que aprovechó sus ventajas posicionales, su nivel de instrucción y hasta su "aptitud para transformar el poder político en carta de triunfo económica"― fue la beneficiaria de los cambios. Así, se puede asegurar con Coenen-Huther, siguiendo también las investigaciones de Grabher y Stark en este punto, que la nueva elite económica de la Europa del Este no emergió del sector privado tradicional, marginado durante décadas, sino de las filas de los cuadros socialistas.

En nuestro contexto, Raúl Castro habla de actualización del modelo socialista y fuera de Cuba se interpreta el proceso en términos de reformas democráticas y, en general, de transición al capitalismo. Gente tan optimista podría explicar ¿por qué el consejero de Estado de China se encuentra ahora en La Habana firmando un acuerdo bilateral para la capacitación de cuadros del Estado y del Gobierno?

Comentarios [ 20 ]

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“(La sociedad civil) Es realmente el más importante elemento de presión, pero la sociedad civil no puede evolucionar por sí misma hacia objetivos claramente políticos y opositores, sin reparar ya en que la misma apenas puede crecer y desarrollarse dentro de un marco totalitario. Las posibilidades de que surja una vanguardia política en el seno de la disidencia, como ya vimos, son remotas”.

 Sí, va a ser difícil que encontremos un Mahatma Gandi o un Nelson Mandela que beba cerveza y le gusten los chicharrones. Pero al margen de esto que no deja de ser una ocurrencia probablemente sin fundamento, es cierto que la disidencia cubana, en general, adolece de una indigencia intelectual inapropiada para los objetivos que muchas veces se propone. Con todos mis respetos para ellas, incluso contando con mi admiración, no creo que haya una sola Dama de Blanco que lea este artículo.

 

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“Todos los pasos de acercamiento hacia Cuba están sujetos a reversión por la elite político-militar, de otro modo ni siquiera dialogarían con los que siguen y seguirán viendo como sus enemigos”.

 Y aún a mayor peligro de reversión por parte de los inversionistas. No olvidemos que el auténtico capital es raro que emprenda negocios con generales..

 

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No sé hacia donde transite Cuba, solo el tiempo lo dirá, pero mientras tanto, la revista británica The Economist, ha unido su voz a aquellos que piden el fin del embargo y estos son sus argumentos/razones:

http://www.economist.com/news/americas/21635523-barack-obama-could-ease-embargo-congress-may-slap-sanctions-venezuela-cuban

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Anonimo 4 dic. 9:21 pm.

Es sobervia tu perreta, pero se te olvida algo: estos escritos no son para ti. Estan más allá de tu capacitación y de tu capacidad neuronal. No has comentado una sola idea de las tantas que hay en él porque careces de argumentos. Se ve que lo tuyo no son los libros ni la escritura. Antres bien parece que te han dado una misión. No serás una ciberclaria?

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Anónimo - 4 Dic 2014 - 9:21 pm.

Muy de acuerdo con tu comentario, realista y directo.

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Anonimo 10:30 pm

Si, como no, lei la entrega I en su totalidad.

Si con estos mamotretos Jardines pretende darle legitimidad a la disidencia, no por los logros hasta ahora obtenidos (cero, nulo y ninguno), sino por su luminoso y aglutinador liderazgo intelectual, ha fracasado completamente (aunque siempre habra quien lo juzgue de otra manera).

En la entrega I, Jardines cava la fosa; en la II se mete el y, por extension, mete a la disidencia entera.  Anticipo que en la III, a pesar de la dificultad fisica para lograrlo, el mismo se eche tierra arriba y... colorin, colorao.

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Cuba no transita hacia la democracia y muy probablemente no lo haga, es algo asi como pretender que el rio corra de la desembocadura a los cabezales.

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4 Dic. 9:21 pm.

Llegaste tarde. Empieza desde el principio  para que entiendas. Comienza por la parte I. Estas leyendo la II. No te diste cuenta?

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Este resulta un bodrio practicamente impenetrable.  Lo leo y releo, pero no acabo de entender que tesis pretende el autor demostrar con el.

La cuestio de si Cuba transita hacia la democracia no necesita tanta verborrea inutil para darle respuesta. Y la respuesta es "NO, absolutamente NO."

Pero es posible que SI transite hacia un futuro cercano economicamente mas holgado para el cubano de a pie, y, como bien enseña el "modelo chino", con un aumento en el nivel de felicidad y satisfaccion de la poblacion, aun sin que esta acabe de recibir el beneficio de ciertos derechos politicos y humanos que se normalmente se le otorgan en las democracias.

Por el momento, y dada la desesperada situacion economica en la Isla que urge de mejoria inmediata, con eso basta.

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Bienvenido este encuentro por la democracia me ha llamado la atención la participación Vladimiro Roca y René Gómez Manzano, junto a Fariñas, Antúnez, Cuesta Morúa y otros, particularmente Vladimiro porque hacía mucho tiempo que no tenía noticias de él y pienso que su participación es una buena señal porque Vladimiro es un veterano de la disidencia interna que merece y se necita que participe en estos foros por su experiencia y porque puede aglutinar otros veteranos de su entorno “para identificar los puntos mínimos de consenso para avanzar, si no en la ansiada unidad, al menos, en la concertación de propósitos”, COMENTARIO de Esopo 2.