Viernes, 30 de Septiembre de 2016
23:11 CEST.
Opinión

¿Transita Cuba hacia la democracia? (I)

En este primer artículo (de una serie de tres) sobre la cuestión que aparece en el título pretendo examinar las ideologías revitalizadas al calor de las reformas raulistas. Los criterios a seguir aquí para diferenciar disidencia y oposición serán: la posesión de un programa de gobierno y el interés explícito en la toma del poder político.

Solo la oposición está interesada en conquistar el poder y hace de ello su objetivo supremo. La disidencia, en cambio, pretende que las cosas se hagan de otro modo y, en consecuencia, se desmarca de la ideología oficial para mostrar, desde sus tantos desvíos o afluentes, cuál deben ser la vía y las metas a considerar sin que constituyan alternativas de gobierno. Por lo tanto ―y aquí va otro criterio diferenciador― la disidencia es esencialmente reformista.

La Nueva Izquierda

Dentro de la Nueva Izquierda, que abraza obviamente la ideología marxista, la vanguardia es el proyecto Observatorio Crítico, liderado por Mario Castillo y que tiene como gurú al señor Pedro Campos. Sin embargo, todo lo que Campos escribe y sostiene se puede condensar en cuatro o cinco oraciones, pero baste un par: el socialismo es un mundo de cuentapropistas; la democracia: la expansión del cuentapropismo a nivel planetario.

Generalmente, los escritos de Pedro Campos revelan una vaga precisión conceptual. Sus reclamos solo podrían entrar a considerarse si él definiera y desarrollara el aparato categorial del cual hace uso y que, en esencia, se reduce a los conceptos de trabajadores libres, formas cooperativas, formas autogestionarias, trabajo asalariado (la bestia negra del capitalismo, según sus escritos) y el concepto premoderno de mercado como mero intercambio.

Toda la argumentación viene a parar, en definitiva, en la exaltación de un nebuloso conjunto de formas cooperativas autogestionarias que deberían suplantar el trabajo asalariado ―responsable de la opresión de los trabajadores tanto en el capitalismo como en socialismo de corte estalinista― a escala planetaria. En ello ve Campos el triunfo definitivo del socialismo sobre el capitalismo. Hasta aquí el contenido de su propuesta.

Particularizando en algunos aspectos doctrinales, es lamentable que Campos identifique el marxismo soviético con el estalinismo. En todos los casos Campos habla de cómo el estalinismo distorsionó la doctrina de Marx, pero se salta a la torera todo el período postestalinista, que solo concluyó con la perestroika y donde se ventilaron y desarrollaron todos y cada uno de los asuntos tratados por Campos en sus escritos y muchos otros de los que él parece no tener la más remota idea.

En su evolución marxista, Pedro Campos, sin saberlo, reedita temas y debates sobrepasados por el pensamiento postestalinista, que los llevó a un nivel de complejidad para Campos inaccesible. En cuanto a Lenin, sorprende la manera tan distante ―negativa a veces― en que Campos lo trata. Sobre todo si se tiene en cuenta que, probablemente, Campos sea su más fiel discípulo vivo. Ya Roberto Álvarez Quiñones le había recordado a nuestro socialista libertario la siguiente cita de Lenin, que contiene palabra por palabra lo que Campos asume como novedosa panacea para los males cubanos y del resto del mundo: "siendo la clase obrera ya dueña del poder […] en realidad solo nos queda la tarea de organizar a la población en cooperativas. Consiguiendo la máxima organización de los trabajadores en cooperativas, llega por sí mismo a su objetivo el socialismo" (Pravda, enero de1923).   

En cambio, a Marx lo trata Campos con una devoción casi fanática. En uno de sus escritos cita un párrafo del conocido texto marxiano Contribución a la crítica de la economía política que contiene, según él, las ideas o ―y estas son sus palabras― conclusiones fundamentales de la filosofía de Marx. Ciertamente es un pasaje vital para el marxismo y Campos lo asume en calidad de axioma o, lo que es peor, como un dogma.

No es lugar aquí para refutar, como quisiera, cada frase contenida en ese párrafo definitorio y fundacional que de tantos es conocido porque, entre otras cosas, contiene la famosa inversión materialista de los supuestos del idealismo filosófico que Marx situara en la base de su concepción materialista de la historia. Quien importa ahora es Campos, no Marx. Y el primero olvida que Max Weber se alzó posteriormente con una interpretación del origen del capitalismo que invirtió a su vez el esquema marxista y devolvió las cosas a su sitio: la religión, particularmente el protestantismo, se encuentra en la génesis del capitalismo. Y aquí no vale la inversa.

Hay que recomendarle en este punto a Campos la lectura de La ética protestante y el espíritu del capitalismo, porque no fue la versión marxista la que en lo adelante predominó en la cultura, ni en las universidades ni en la cabeza de los sociólogos, politólogos y economistas, sino la weberiana. Si hoy es posible una sociología de la religión es porque la religión dejó de considerarse como mero reflejo de las relaciones sociales; si hoy es posible una antropología filosófica, es porque sabemos que lo que Marx minimizó bajo el concepto de formas de conciencia es lo determinante.

El hombre común y no pocos doctos gustan de repetir aquello de que la gente piensa como vive, en lo que ven un sólido argumento materialista. En efecto, el hombre piensa como vive, solo que vive bajo el imperio de los símbolos, inserto ─desde el lenguaje que usa y que lo posee a él mismo, hasta la más remota estrella─ en un entramado de signos y valores que es la Cultura (con mayúscula) a la cual ―y no a la naturaleza― pertenece cualquier forma de organización de la economía. A todo ello Hegel lo llamó Espíritu Absoluto y supo ver en el Arte, la Religión y la Ciencia las formas particulares en que el mismo se manifiesta; formas estas que deciden en todo momento el tipo de relaciones ─incluyendo las sociales─ que habrán de establecerse entre los hombres, pero también el sentido de la vida y del universo que habitan.

Cabe recordar aquí que el primer tomo de El Capital es el más logrado y que su capítulo primero es el que alcanza las cotas teóricas más altas. ¿Por qué esto es así? Marx se valió de la lógica hegeliana en el proceso de investigación y exposición hasta donde pudo y como pudo. En la medida que el movimiento lógico de los conceptos, típicamente hegeliano, fue languideciendo El Capital se fue yendo a menos. En rigor, la única parte filosóficamente lograda es su primer capítulo ("Mercancía y Dinero") que sin Hegel nunca hubiera podido ser escrito. Pero Marx mutiló el método de Hegel, no se atrevió a seguirlo hasta sus últimas consecuencias, se le escapó de las manos y decidió ocultar el tremendo misterio que le estaba abriendo las puertas de la forma dinero, así como de la naturaleza de la mercancía y su fetichismo. De haber sido consecuente, Marx se hubiera reencontrado con Hegel al final del camino.

La involución de Pedro Campos

Pudiera pensarse a la ligera que la no aceptación del sistema político vigente en Cuba es un rasgo que separa a la Nueva Izquierda del neonacionalismo revolucionario, progobierno. Sin embargo, la evolución política de Pedro Campos desmiente tal perspectiva de análisis.

Por momentos me pareció percibir en sus escritos una clara posición no ya antiestatista, sino antigobierno. Esta postura la fue matizando con una andanada de artículos que ha ido publicando en DIARIO DE CUBA. Sus dos últimas jugadas dignas de mencionar son las siguientes: primero se inventó lo que llamó la Izquierda diversa, en la que delirantemente incluyó a la derecha disidente.

En la imaginación de Campos esta izquierda diversa aglutina a todas las fuerzas antigobierno, porque en la nueva distribución que establece es el Gobierno el único que debe ser de derecha: "Hoy en Cuba, la derecha […] estaría claramente representada en quienes se aferran al poder político y económico centralizado y monopolizado por la elite que se considera ella misma única heredera de la revolución popular y democrática de 1959 […] la Nueva Derecha en el poder que, por mucho camuflaje, se identifica con la elite minoritaria que todo decide, poseedora del poder político y económico, el cual no está dispuesto a compartir con las mayorías."

Yo me pregunto: ¿Raúl Castro se incluye en esa derecha? Y me pregunto también si en lo que sigue está hablando del gobierno actual o de los tiempos de Fidel: "las políticas económicas de corte neoliberal aplicadas por el Gobierno como el cierre de empresas y fábricas, la racionalización de miles de empleos, el estímulo a la explotación asalariada por privados y la apertura amplia al capital internacional, en quien cifra las esperanzas para salir de la crisis, marginando y limitando las posibilidades de las fuerzas productivas de los propios cubanos".

Todos dirán que aquí obviamente se refiere al gobierno de Raúl Castro ―nuevo derechista, según la cita anterior― y a sus reformas. Pues bien, en uno de sus últimos artículos publicado en este diario Pedro Campos defiende resueltamente las reformas raulistas de actualización del modelo económico, que no implican libertades políticas. Se pronuncia enérgicamente en favor del levantamiento del embargo norteamericano, no ya del interno que es mucho más doloroso y real. Pero ahí no acaba la cosa: también sugiere eliminar a Cuba de la lista de países patrocinadores del terrorismo. Y, por si todo ello fuera poco, reprende al presidente Obama por no apoyar a Raúl Castro y sus reformas del modelo económico.

Dicho texto fue, al parecer, motivado por el editorial del 12 de octubre de The New York Times. La pregunta cae por su propio peso: ¿es esto oposición o disidencia?

El neonacionalismo revolucionario

El neonacionalismo se puede encontrar en tres variantes que se retroalimentan y complementan en sus marcadas diferencias: el nacionalismo oficialista, el católico y el diaspórico o diasporal. Los tres (de cada uno de ellos me ocupo a continuación) pueden reunirse bajo la denominación común de neonacionalismo revolucionario. Es este el contexto donde brota lo que se ha dado en llamar oposición leal.

1) Nacionalismo oficialista

El nacionalismo oficialista descansa en una sólida tradición revolucionaria. Después del triunfo de 1959, en Cuba comenzó a desarrollarse una interpretación del marxismo que no comulgaba con la estalinista del Partido Socialista Popular (PSP). El Che Guevara fue su iniciador y dejó toda una serie de seguidores entre la generación de los 60 (por su debut intelectual). En ese contexto surge un grupo formado mediante un curso intensivo de 6 meses que tenía la misión de reabrir el Departamento de Filosofía de la Universidad de La Habana. Fernando Martínez Heredia fue su director y continúa siendo el gurú de aquel team que posteriormente se reencontró en el Centro de Estudios sobre América (CEA) y que con la revista Pensamiento Crítico había llegado a ser el verdadero think tank del nacionalismo revolucionario.

Resulta cuando menos curiosa esta situación: ¿Quién reinició la carrera de Filosofía con la  nueva hornada nacionalista de marxistas leales? Raúl Castro. ¿Quién la volvió a cerrar, expulsando y hasta encarcelando a algunos de estos marxistas revolucionarios? Raúl Castro. ¿Quién la volvió a abrir, esta vez con un teniente coronel del ejército como decano de la Facultad de Filosofía? Raúl Castro. ¿Quién clausuró la revista Pensamiento Crítico?  Raúl Castro. ¿Quién persiguió a aquellos marxistas revolucionarios hasta su nuevo refugio en el CEA, expulsándolos nuevamente? Raúl Castro, el mismo que inventó las UMAP, que desmanteló el MININT, que promovió el fusilamiento del general Ochoa y, curiosamente, el único que se benefició con las muertes de Camilo Cienfuegos y de José Abrantes Fernández. Ante ese individuo, que desde los días de la Sierra Maestra ganó fama de verdugo y no de guerrillero, hoy se postran no pocos ofreciendo lealtad, mientras otros lo ven como el interlocutor perfecto para negociar el levantamiento del embargo.

El hostigamiento a los académicos, artistas e intelectuales leales no fue una invención de Raúl, sino la continuación de la obra iniciada por su hermano en aquellas históricas reuniones de 1961 en la Biblioteca Nacional. Vale la pena releer el discurso de clausura pronunciado por el Comandante en Jefe, porque ayuda a comprender uno de los problemas básicos de la oposición cubana: la carencia del factor intelectual. En todas partes del mundo disidencia y oposición son movimientos animados por intelectuales. Dentro de Cuba sucede todo lo contrario.

Las reuniones en la Biblioteca Nacional, signadas por aquel acontecimiento reciente del mes de abril, cuando se declaró el carácter socialista de la Revolución cubana, fueron derivando hacia el tema de la naturaleza del socialismo y su posterior desempeño dentro del nuevo marco abierto por el proceso revolucionario. Las alternativas eran: socialismo nacionalista o socialismo soviético. Fidel priorizó la Revolución, a la que consideraba capaz de asimilar ambas tendencias.

En consecuencia, del teatro de la Biblioteca Nacional también salió el mandamiento que regiría en lo adelante las políticas gubernamentales y, muy especialmente, la cultural: "Dentro de la Revolución, todo; contra la Revolución, ningún derecho".

Transcurrido medio siglo de política exclusionista —como cabía esperar del precepto anterior— varias generaciones de intelectuales comprometidos se encuentran varados en el mismo punto: especulando dentro de la Revolución y conminados por el propio presidente Raúl Castro, a "debatir" sobre la forma y el rumbo que tomará el socialismo en Cuba. Palabras a los intelectuales pesa sobre nuestras cabezas como una maldición.

Una intelectualidad humillada en masa, responsable directa del secuestro castrista de la libertad de expresión que se estaba consumando en aquel teatro de la Biblioteca Nacional, canalizó su disidencia mediante la débil exclamación de Virgilio Piñera: "Tengo miedo". No sorprende entonces que hoy lo hagan ofreciendo lealtad.

El neonacionalismo oficialista tiene entre sus principales figuras al histórico Rafael Hernández, Julio César Guanche, Pavel Vidal, Esteban Morales, algunos miembros de la UNEAC y del Centro de Estudio de la Economía Cubana, así como los sobrevivientes, junto a Rafael Hernández, del Centro de Estudios sobre América.

2) Nacionalismo católico

Una fundamentación detallada de la llamada oposición leal puede encontrarse en el artículo de Roberto Veiga "Oposición leal: construyendo caminos de estabilidad y progreso", aparecido en el primer número de Espacio Laical, correspondiente a 2014. En síntesis y apegado a la descripción del autor, tenemos que la oposición leal:

  • Acepta la Constitución actual.
  • Acepta el socialismo cubano.
  • Apoya al Gobierno ―del cual pretende ser un complemento― y sus reformas.
  • Cuestiona el embargo.
  • Cuestiona a la oposición interna y externa.
  • Cuestiona y rechaza el pluripartidismo.
  • Defiende una sociedad civil diseñada y controlada por el Estado.

De manera que esta variante supuestamente opositora tiene todo el espacio que necesita para ser leal, pero bien poco para disidir. Su actividad y objetivos están condicionados por la vigencia del mandamiento totalitario "Dentro de la Revolución, todo; contra la Revolución, nada", que suscriben sin dificultad.

También figura como una condición de su posibilidad el artículo 5 de la Constitución que pone al PCC por encima de la sociedad y de la ley misma. Los leales suscriben ese artículo 5 ―junto a la Constitución toda― fuente de legitimación del unipartidismo. Sin embargo, justo tres semanas después que yo presentara las ideas que manejo aquí sobre el nacionalismo católico en el Cuban Research Institute de Florida International University (FIU), dichos autores hacen pública su adhesión al pluripartidismo, sin renunciar al modelo castrosocialista vigente ni al exclusionismo (¿?).

Varias son las definiciones que sobre el concepto de oposición leal han dado sus seguidores. Adelantaré tan solo dos de sus más destacados partidarios:

Lenier González: "[…] la necesidad de ser leales a un conjunto de actitudes que favorezcan la despolarización del campo político cubano". "Ser leales al núcleo de ideas que dan fundamento al nacionalismo revolucionario cubano".

Roberto Veiga: "Algunos analistas han acuñado la frase 'oposición leal' para referirse a un presunto desempeño político, diferente del Partido Comunista de Cuba, que pudiera ser legalizado en la Isla para realizar, de alguna manera, un quehacer dentro del actual sistema político".

Para la alta dirección del Partido la oposición leal es algo más que una idea y algo menos que una realidad. Al parecer es por ahora un proyecto que se experimentará con gente de probada confianza y no con los autoproclamados leales.

3) Nacionalismo diasporal

Desde la perspectiva de la diáspora, la oposición leal es una idea que convoca a individuos que no necesariamente coinciden en todas sus apreciaciones relacionadas con el tema cubano. Los casos de Armando Chaguaceda y Arturo López-Levy son un buen ejemplo, pues difieren en más de lo que coinciden.

El propio Chaguaceda se ha desmarcado de la posición de López-Levy en los siguientes términos: "La suya, defensora de un 'nacionalismo' elitista donde se presenta la defensa del statu quo como inapelable 'realismo político' y se caricaturiza como 'plattista' a todo aquel que no coincida con sus ideas. La mía, desde una identificación con un socialismo democrático que no subordine la soberanía popular ―el goce y el ejercicio de todos los derechos por todos los ciudadanos― a una noción de soberanía nacional administrada por el Estado Nación".

Como puede apreciarse, se trata de polos opuestos de la autotitulada oposición leal. Las divergentes posturas obedecen a diferentes orígenes y mentalidades. López-Levy es, para un socialista libertario de Observatorio Crítico como Chaguaceda, lo que se llama un burgués de clase media alta. Otra diferencia palpable es que Chaguaceda es inclusivo (como Pedro Campos) y López-Levy excluyente (como Veiga y Lenier).

Siguiendo la línea argumental de López-Levy cabría decir que los nuevos aliados del régimen de La Habana, bajo las condiciones actuales de reforma, ya no son los que asumen o aceptan la ideología marxista, sino los nacionalistas de todos los credos, los que repudian el embargo y el plattismo. En esencia, esto es lo que él entiende por oposición leal.  

Comentarios [ 28 ]

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Según nos atenemos a la definición del articulista, lo de "oposición leal" es un oximoron, pues  sólo cabría calificar de oposición a la “artera”, a la interesada en conquistar el poder y haciendo de ello su objetivo supremo. "Oposición leal" podría ser la de aquellas antiguas comisiones de control y ayuda que se hacían a las empresas en Cuba y que invariablemente avisaban antes de presentarse "sorpresivamente". 

Imagen de Anónimo

Es como todo en esta vida... existen los opositores leales y también existen los opositores desleales (como Jardines) que se asquean de todo sentimiento nacionalista por creerlo cursi y propio del subdesarrollo.  Pero este señor olvida q ninguna gran nación pudo prescindir de los sentimientos.  Ah, pero es verdad que Jardines también desecha el concepto de nación. También es la cultura la implicada en el surgimiento del capitalismo,  Jardines,  ya eso se sabe.  Y que? Sigue habiendo desigualdades infames en este mundo,  y tus ideas tienen mucha culpa en eso. Propone algo útil,  por favor. 

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El anónimo 4 Dic 2014 de las 2:38 am, puede ser uno de tres: Iroel Sánchez, Zoe Valdés o Tania Quintero. Cualquiera de los tres, entre otros "profundos politólogos, conocedores del sistema" -o sus fanáticos seguidores- cuando se quedan sin argumentos racionales y se dan cuenta que metieron la pata hasta el muslo, se ponen chancleteros, da igual que estén en Cuba, en París o en Suiza. Risible.

Cito:"....si el Ché Guevara jamás hubiera nacido ni los comunistas hubieran tomado el poder en Rusia..." bla bla y bla. Y si me abuela hubiera nacido con ruedas hubiera sido una bicicleta y yo, quizás un Lexus. Lo del 'yo' es una ironía, recordando sonriente el artículo de Prats Sariol sobre los intelectuales Mimís Yoyós.

10:36 pm Me gustó mucho su comentario. A mi, I me and myself.

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Cuanta palabreria inutil, por Dios!  A quien ca---jo importa si el "nacionalismo revolucionario" lo invento Aristofanes o San Tomas de Aquino?

Dice Jardines:  "La disidencia, en cambio, pretende que las cosas se hagan de otro modo y, en consecuencia, se desmarca de la ideología oficial para mostrar, desde sus tantos desvíos o afluentes, cuál deben ser la vía y las metas a considerar sin que constituyan alternativas de gobierno".

Muy bien.  Ahora, para que podamos juzgar si Jardines habla en serio, que nos diga exactamene de que manera pretende realizar esos cambios que la disidencia exige en el sistema cubano.

Si no lo hace habra que concluir que la UNPACU no es mas que otra fuente inagotable de... palabreria inutil.

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Hey! Y este ultimo quien es? Otro izquierdoso perretoso? Acaso un revolucionario? Por eso Cuba no avanza. Cualquier cubano se cree capaz de dicutirle a Einstein de Fisica con la misma naturalidad que le discute al carniero el picadillo de zoya. Zapatero, a tu zapato!

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Anónimo - 4 Dic 2014 - 1:11 am.

No me importa el Ché ni quien sea Martínez Heredai ni la adaptación del marxismo al nacionalismo a esto o aquello o lo que siga recomendando. El nacionalismo revolucionario, similar a lo que vemos hoy en países de AL, estuvo presente en Cuba siempre a partir de los años 30 de siglo pasado. Nacionalismo revolucionario y antiimperialismo. Así lo entendió Guiteras, esos conceptos los manejó Grau y pasaron a Chibás y otros. La cosa es que casi siempre se quedó en retórica electoral y el cubano siempre esperaba aquello que le prometieron. Solo puso algo de eso en práctica Guiteras Holmes.  No veo nada malo en eso y si el Ché Guevara jamás hubiera nacido ni los comunistas hubieran tomado el poder en Rusia, ese nacionalismo revolucionario y anti imperialista habría existido igual.  Antes de los 30, en Cuba, a veces, hubo un nacionalismo convencional, pero sin nada social ni revolucionario. 

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El nacionalismo es una cosa y el nacionalismo revolucionario es otra. Los miembros del antiguo departamento de filosofia y, posteriormente, del CEA estaban vinculados al ideario del Che. El que conoce a Fernando Martinez Heredia sabe de que se habla cuando se habla de marxismo revolucionario. Su sello era la lectura nacionalista del marxismo, su adaptacion a las condiciones de Cuba y de America Latina con cierto anclaje en la Escuela de frankfurt y en oposición al marxismo internacionalista de los sovieticos. Si hay dudas con respecto a lo que significó la vision marxista del Che para los marxistas revolucionarios opuestos a la linea de PSP pregúntenle a Fernanado martinez Heredia que, como dice el autor del articulo, es el líder de ese grupo. Qué tiene que ver Chivás con Herbert Marcuse? el anónimo anterior mezcla nacionalismo y revolución. Tengo entendido que Martinez Heredia sigue publicando y alabando la version marxista del Che como la verdadera y recomendable para Cuba.

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Anónimo - 3 Dic 2014 - 10:38 pm.

"Entre varios errores bastante elementales, uno que me llama la atención es que el Che Guevara no es, como dice Jardines, el creador del "nacionalismo revolucionario". El nacionalismo revolucionario existía en Cuba antes de la llegada de Guevara en el Granma. Guevara sería, en todo caso, defensor de un marxismo no prosoviético después de 1962."

Así mismo es, y no solo eso, el nacionalismo revolucionario fué una constante en la mayoría de los políticos cubanos a partir de la década de 1930. Lo predicó y puso en práctica Guiteras Holmes, se alzó con él Grau San Martín y fué una de las bases fundacionales del PRC (Auténtico), lo continúo Chibás en los Ortodoxos y hasta Batista lo utilizó alguna vez. No eran los comunistas propiamente dichos los abanderados de esta corriente. Fueron muchos cubanos los que la hicieron suya. Meter al Ché Guevara y decir que fué algo que salió de él es un disparate.

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Anónimo 9:54 pm, ¿dónde está el ataque personal contra Pedro Campos? Hay que ser ignorante para confundir la discusión sobre ideas, sin referencias a lo personal, como el que hace Jardines aquí, con ataques personales.

Y hay que ser totalitarista para hablar, como haces, en nombre de Cuba y decir lo que Cuba necesita o no necesita. Sácate el burro que tienes dentro, y sácate también el Fidel Castro que tienes adentro.

Y espero que Pedro Campos responda a las graves objeciones que Alexis Jardines le hace aquí. Para eso existe un diario como éste, para la discusión respetuosa y la democracia.

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 Para Anonimo 9:54 pm:

Estas preparado para vivir en democracia? El de Jardines es solo un punto de vista, no te lo tomes tan a pecho que pareces una fiera herida cuando solo tienes que expresar tus ideas como hace Jardines y, si son diferentes, tanto mejor.