Domingo, 25 de Septiembre de 2016
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Opinión

A los cubanos no les gusta el campo

El título es una frase del exdiplomático español Carlos Alonso Zaldívar —que fuera embajador en Cuba entre 2004 y 2009— en una reciente entrevista (Estudios de Política Exterior, no.161, sep-oct., 2014). La generalización —repetida por otros— merece un diálogo.

¿Será verdad que a los cubanos no nos gusta el campo? Y de serlo, ¿cuáles son las causas? ¿Qué ha ocurrido?

Aquí entra Fidel Castro, aunque por razones nada rurales. Mediante su "de cara al campo" quiso y logró controlar mejor a la población, sobre todo a los jóvenes, con mayores posibilidades de convertirse en disidentes, escurrirse, protestar, burlar... Por esa causa detuvo la tendencia urbana, fenómeno irreversible de la modernidad, donde ya Cuba exhibía índices envidiables por España en 1959.

Pero sobre todo quería controlar La Habana —con odio de pastor que ve cómo se le escapan las ovejas—, ciudad que por sus dimensiones demográficas y físicas es menos atrapable, lo que sabía por sus años en ella antes del triunfo revolucionario y sabe cualquier policía del planeta; y en menor medida las ciudades más grandes del país: Santiago de Cuba, Holguín, Camagüey, Cienfuegos, Santa Clara, Matanzas... Cualquier sitio donde un ser humano normal pudiera refugiarse, pasar inadvertido, ser anónimo. Y en consecuencia hacer un poquito menos difícil librarse de presiones, opinar, conspirar.

Nada de elogio gratuito a la vida campestre, al modo de un poeta latino que apenas salió de Roma. Nada de ecologismo o movimiento verde o amor a palmas y cañas, guateques, canturías y citas martianas. Amor a sí mismo, a los mecanismos de control totalitario.

De ahí la perversidad verde olivo. Las leyes de Reforma Agraria, sobre todo la segunda, para que las Granjas del Pueblo fueran jaulas estatales; cooperativas para que la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños (ANAP) evitara cualquier oveja descarriada en el tabaco pinareño —inevitablemente privado—, por ejemplo. Hasta el traslado forzoso —aprendido de la Unión Soviética— de los campesinos del Escambray para Pinar del Río, y así evitar los apoyos a los nuevos guerrilleros anticomunistas.

Obreros agrícolas, no campesinos. Y el arma perfecta para inculcar sujeción, servilismo y sobre todo miedo: el trabajo voluntario como mérito y a la vez como castigo a los que deseaban abandonar el país. De las zafras al aparente disparate de El Cordón de La Habana, que destrozó el cordón de pequeños propietarios rurales en torno al monstruo habanero, sin lograr café o que a las vacas les gustara el gandul. Mucho campo, mucho domingo rojo, mucho agotamiento y asambleas de méritos y deméritos, donde no ir al campo era pecado mortal. 

De ahí que instrumentara para los jóvenes, con aceitada perversidad, primero el plan de escuelas al campo y luego, hasta donde pudo, las escuelas en el campo... Rebautizó Isla de Pinos como Isla de la Juventud, ordenó un plan de cítricos lleno de monótonos edificios del sistema Girón para becarios, culminó con la enseñanza preuniversitaria del país en escuelas internas alejadas de las ciudades. Disciplina, Jóvenes Comunistas, permisibilidad sexual a cambio de docilidad política... La lista armaría una novela gótica.

¿Disparate? Claro, económico y sobre todo pedagógico y familiar. Pero para el Poder no: otro acierto del sistema para sujetar las riendas. Así se explica la resistencia del viejo líder y sus adeptos a cerrar —ya no había con qué sostenerla— esa estructura agrícola, calzada con el Ministerio de Agricultura, el del Azúcar, las escuelas al campo y en el campo.

La ruina obligó a abrir el puño agrícola. Pero a la vez, como siempre, dejó una salobre secuela: resulta muy difícil incentivar la producción agrícola, mucho menos convencer a citadinos para que cultiven parcelas arrendadas, se intrinquen entre matas de café y cacao, cuyos sacos pagan a precios de esclavistas franceses. Tan difícil como convencer a inversionistas en la industria azucarera de que la contraparte cubana no querrá timarlos o será competente y no impuesta desde la camarilla político-militar.

O tan difícil como ocultar la vergüenza de que el 80% de la comida viene del extranjero, incluyendo las frutas y legumbres y carnes para turistas; en un país donde una de cada cuatro personas —según datos oficiales— se halla por debajo de la pobreza, sobre todo en zonas rurales y suburbanas. Lo que pone al hambre como látigo para labrar la tierra.  

Pero la vida, como la agricultura, se les está yendo de los puños a los exguerrilleros. Tal vez a un ritmo donde cada apertura ha dejado de verse como un signo de inteligencia flexible —Lineamientos—, para observarse como un desesperado modo de sobrevivir en el poder y dejar algo —una mata de aguacate para flatulencias— a hijos y nietos.      

¿Y entonces en el 2014?

Es el campo de los Castro el que no nos gusta a los cubanos, casi un camposanto donde los fantasmas son las viejas promesas, los aullidos de los crédulos militantes, el espejismo de un futuro siempre por naturaleza pospuesto.

Un campo donde hoy el marabú decide las cosechas, quizás para precipitar el fin de una pesadilla más larga y cruel que la de Franco, con más desempleados, funcionarios ineptos y políticos corruptos que en la España actual, lo que es mucho decir. 

Comentarios [ 23 ]

Imagen de AdelaCuba

Debo confesar que me ha divertido muchísimo tanta acusación. Continuando con la tradición cubana “si le sirve el saco que se lo ajuste”. En ningún momento yo he hablado de la orientación sexual de nadie. Generalmente en el campo se necesita ser de una composición fuerte y aquellos que no la poseen se les llama blandengues o amanerados por no poder con las demandas del labor diario. Ahora con tal reacción no me cabe duda debe ser tremendo pájaro y tapiñado. Que cómico todo.       

Imagen de Anónimo

A los cubanos de hoy el campo les produce diarrea, vividores como los ha vuelto el sistema de los Castro, el hombre nuevo cubano no quiere saber nada del monte adentro.

A no ser que sea para tomarse el buen ron, comer arroz con gris, lechoncito asado y su yuquita con mojo. El campo de Fidel Castro, pa' su madre!!! 

Imagen de Anónimo

Cómo se ve que los que comentan no tienen ni puta idea de lo que es levantarse a las 5 de la mañana a desyerbar interminables surcos de caña “con la fresca” antes de que te coja el “hermoso sol radiante” y luego a correr a ordeñar la vaca y darle comida a las gallinas para luego partirse el lomo sacando cangres de yuca para comer… y todo esto antes del mediodía y luego de "disfrutar" la magnífica puesta de sol, encender el quinqué de luz brillante y al rato acostarse “como las gallinas” para empezar todo de nuevo al día siguiente.

Imagen de Anónimo

8 horas en una factoria apretando un tornillo es peor que 8 horas recogiendo malanga. Por lo menos en el campo ve el cielo y coge un 10 debajo de una guasima

Imagen de Anónimo

Mira AdeladeCuba me ha indignado tanto su comentario que, aunque casi nunca comento, tengo que contestarle porque o ud es totalmente estupida o analfabeta o sencillamente no le queda una sola celula viva en su crebro. Porque insinua que el que escribio el articulo es homosexual? Solamente porque no le gusta el campo? Y ademas en que parte del articulo esta escrito que el lo esta escribiendo para buscar antagonismo entre el campo y la ciudad? Lo que digo a ud no el queda una sola celula viva en su cerebro mezquino y anticuado. O simplemente su nombre es falso y ud no es mas que un agente de los Castro, de los tanto que abundan en el ciberespacio. Aprenda a leer o mejor aprenda a discernir lo que esta leyendo y si vive en San Francisco su comentario de ser amanerado no le va muy bien ya que ud vive en la ciudad donde viven mas homsexuales en los EU. Asi que si no le gustan me imagino que estara todo el dia comiendose el higado viendo como viven en libertad sus "amanerados". 

Imagen de Anónimo

Pero una cosa es el campo, los pueblos de provincias, antes de 1959 y ahora. En el siglo XXI están dejados de la mano de Dios, como dicen los buenos guajiros y se ha destruído todo aquello que hacían de la vida bucólica un placer. Pobre Julián del Casal: las puestas de sol en La Habana se ensombrecen con el humo negro de la Ñico López y para ir al campo a verlas tendría que salir a resolver transporte.

Imagen de Anónimo

Falso, a los cubanos les gusta mucho el campo, el campo de golf, preguntenle al hijo de Fidel Castro, campeón en Varadero.

Imagen de Anónimo

El campo es lo mejor de Cuba. Aire fresco, paisajes hermosos, menos calor pues no hay aglomeración de casas ni pavimento y muchos árboles alrededor de las casas. Se oye el cantar de los pájaros, se ven las estrellas sin dificultad y es una vida saludable en principio. Siempre y cuando no se esté muy aislado y haya acceso a servicios de emergencia. Aunque esta parte en Cuba es lo más difícil, pues el servicio de ambulancias y paramédicos es casi nulo en muchos lugares. Si aún en las ciudades es probable que te mueras si te da un ataque cardíaco, antes de que llegue la ambulancia o consigas quien te lleve, pienso que mucho más en el campo. Pero eso siempre fué así. En el campo, los que peor viven son lo que no tienen tierra propia. Pero, así y todo, tienen frutas, cerdos, gallinas etc. Los que tienen tierra se las arreglan mejor. Algunos son prósperos y viven muy bien. Dije algunos solamente, pero de que los hay, los hay.

La Habana hoy en dia es una jungla, mucho calor, pobreza y fealdad en muchas áreas. Solo algunos lugares son todavía placenteros.  En el interior hay ciudades más 'vivibles' y limpias, en algunos casos.

Imagen de andrés pascual

Para bloquear el abastecimiento a las guerrillas anti-castristas en Pinar del Rio y Las Villas, el tirano descampesinó las montañas y creó pueblitos de mala muerte donde reconcentro a los guajiros: López Peña, Los Pinos, Sandino…con el resultado de que la descendencia jamás regresó al trabajo del campo. Mírese en el espejo de la Cuba castrocomunista con respecto a la agricultura: ni tomate, ni naranjas, ni mangos, ni frutabomba…y, después, si quiere, apoye la reforma migratoria…para colmo, si usted es de Oriente, es ilegal en La Habana y nadie marcha con sus niños en contra y, si abre la boca y le escuchan el acento oriental, no hay algo más que hacer, ya esta deportado.Pero que nadie se queje, aquí si legalizan a esta gente y se pierden de la mesa de verdad las hortalizas, las frutas y los vegetales, porque a más del 70 % de los que trabajen en labores agrícolas no los ve de vuelta al campo nunca más ni Superman con su vista de rayos X. Si no al tiempo.

Imagen de AdelaCuba

Este artículo es estúpido y quien lo escribió debe ser una persona “amanerada” y llena de perjuicios. Claro que el campo no es para todos y no es menos cierto que estar en el campo en contra de una propia decisión no le gusta a nadie. La vida de pueblos pequeños puede ser my sana y simple. Yo nací en una finca en Camagüey y viví allí hasta  ser muy joven entonces lo odie y me mude a la ciudad pues mi familia tenía casa en las dos partes. Desde entonces he vivido en ciudades, hace más de 30 años que vivo en San Francisco que es maravillosa urbe. Pero en secreto y muy dentro de mi añoro el campo con pasión. Sus olores y su gente simple las tardes bajo la sombra de un árbol. Caminar al rio, los animales domésticos y un montón de otras cosas más. Está bien que haya personas de la ciudad y otras de campo pero escribir un artículo para poner la campiña por debajo de la ciudad me parece un acto bien guajiro.