Jueves, 29 de Septiembre de 2016
17:13 CEST.
Política

Sindicato, negocio y sueldos

Cuando el pasado 20 de septiembre aparecía en las páginas de Juventud Rebelde el artículo El 'negocio' del sindicato del columnista Ricardo Ronquillo Bello, pocos cubanos pudieron sustraerse a la idea de estar presenciando una escena de teatro del absurdo de Slawomir Mrozek.

Entre metáfora y jocosidad reseñaba el periodista: "Los sindicatos cubanos están ahora 'negociando'. […] Y en un país donde la palabra 'negociar' tuvo su toque satánico, parecería que algún diablillo se coló en las entrañas de la representación obrera. Solo que esta es una manera diferente de realizarlo […] porque entre otras particularidades, es la primera vez que lo hacemos tras la aprobación del nuevo Código del trabajo, sobre el cual descansarán las relaciones entre empleados y empleadores en el socialismo cubano de la actualización del modelo económico".

Según los medios de prensa cubanos, "hasta el 30 de septiembre los 17 sindicatos del país realizan los llamados procesos de negociación colectiva con los ministerios o con las Organizaciones Superiores de Dirección Empresarial (OSDE)". Negociaciones donde es posible establecer, a priori, que el tema neurálgico que compete a cada uno de los cubanos de a pie no tendrá la solución inmediata que urge: la política salarial.

Pretende Ronquillo Bello, legitimar estas "negociaciones" desde el supuesto respeto a lo recogido por la Constitución de Cuba cuando agrega que "La Carta Magna cubana establece que el Estado realiza 'la voluntad del pueblo trabajador'. No por gusto Lázaro Peña se empeñó […] en educar a los obreros para asumir el desafío histórico de la protección de sus derechos y condiciones laborales, pero sobre todo, en empoderarlos de lo que luego adquirió una forma jurídica superior: su nueva condición de 'dueños' de los medios de producción y del producto de su trabajo en tiempos de Revolución".

Lo que no resulta posible entender en este circunloquio es si lo establecido por la Constitución es un anhelo de Ronquillo Bello o un incumplimiento a la propia Constitución y que en estas supuestas negociaciones se discutirá su nuevo destino pues el autor se contradice cuando expresa que "la pregunta que sigue es si nos someteremos a la aplicación de un nuevo Código del Trabajo que implica reglas renovadas, en un contexto económico distinto, entre una multiplicidad de formas de propiedad…".

En primer término habría que dilucidar qué se entiende, hoy, por "'dueños' de los medios de producción y del producto de su trabajo". En un país donde es de conocimiento ciudadano que un agente del orden público —un policía— devenga un salario superior al de un médico o al de un maestro, dista muchísimo de esa añoranza de "que el Estado realiza 'la voluntad del pueblo trabajador'" o de los sindicatos donde se agrupan.

Un poco de luces al tema arroja el texto ¿Hacia dónde va la política salarial en Cuba?, del Doctor en Ciencias Económicas Lázaro González Rodríguez, donde se apunta que en principio "El salario, dada su connotación económica, política y social constituye un aspecto relevante de la política laboral en el cual las incongruencias se manifiestan con mayor agudeza, pues su organización nunca ha reflejado adecuadamente el principio de que cada cual reciba un salario en correspondencia con su aporte laboral y sea una realidad que a igual trabajo corresponda igual salario".

Aun cuando las negociaciones ante el OSDE ventilen temas relacionados con  la organización de la jornada laboral, la evaluación del trabajo, las condiciones de vida y protección, higiene y salud —legítimos e imprescindibles en cualquier discusión que implique a obreros y directivos—, el tema del salario tiene prioridad máxima. Mucho más en un país donde al proletariado se le prometió que esta sería "una Revolución de los humildes, con los humildes y para los humildes".

Si después de cinco décadas se acepta discutir sobre ello —al menos frente al OSDE— es porque se asume —al menos frente al OSDE— que esa promesa ha fallado.

No importa que Ronquillo Bello, a la luz de lo que predica, inste a que "ningún obrero se sienta ajeno a los derroteros de su paso por el mundo del trabajo, y que el sindicato que lo representa conozca muy bien de que se trata su 'negocio'". La realidad supera su melancolía, y también la supera el análisis de González Rodríguez cuando advierte que "las disposiciones legales puestas en vigor recientemente no dan solución a la aplicación del principio antes señalado restringiendo el imprescindible papel del Estado socialista en la regulación del salario. Sin lugar a dudas, se mantienen las causas que provocaron graves errores en etapas anteriores. Con las regulaciones promulgadas se pierde aún más la connotación moral del salario al incrementarse la falta de correspondencia de este con la calidad y cantidad de trabajo aportado por el trabajador y tratar de solucionar el bajísimo poder adquisitivo del salario y sus funciones con el invento universal del llamado 'sistema de pago por resultados'".

Queda por ver cómo quedaremos nosotros, los trabajadores, en este negocio.

Comentarios [ 5 ]

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.....en el socialismo cubano de la actualización del modelo económico... ya esa redacción suena a trabalengua, peor imposible

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Y donde estan los famosos Sindicalistas Independientes de la oposicion?

Ah, ya se! Esperando le recarguen sus moviles, denunciando que no los dejan salir de sus casas, mientras esperan las entrevistas y visa como REFUGIADOS POLITICOS.

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  solo una política de gobierno de centro derecha puede darle al pueblo cubano y la nacion las libertades y las máximas aspiraciones economicas y de convivencia pacifica,.. primero tenemos que acabar con el socialismo... después... instaurar las libertades políticas y el estado de derecho....... con la inosencia de la disidencia y el exilio,... la cosa va pa ..largo. CENTRO DERECHA CUBANA

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Existen dos niveles en la fijacion de salarios en una economía. El micro, que en Cuba es inexistente, porque no existe libertad de elección ni la productividad del trabajo es mensurable. Y el nivel macro, que relaciona los salarios con la negociación colectiva, que es inexistente. Déjense de boberías, y haganme caso. Sin reformas institucionales de calado, aquel motor no va a funcionar bien. Y lo que es peor, se puede parar en cualquier momento

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Más de lo mismo. 56 años actualizando el modelo económico de la Revolución para que no haya cambiado nada: que los Castro son dueños de todo, y hacen lo que quieren, cuando quieren, como quieren, y contra quien quieren. Todo lo demás es muela.