Sociedad

La callada molienda

Maylan Álvarez Rodríguez ha recogido testimonios de obreros azucareros en Matanzas y de las condiciones materiales y emocionales en que quedaron al cierre de la mayoría de los centrales.

Lo cotidiano no puede ser conmovedor: no puede cortar el aliento, nublar la inteligencia o estimular el llanto de manera continua. Quien no ha visto pasar un carro a gran velocidad por una carretera recién asfaltada puede maravillarse del ingenio humano y permanecer estupefacto por horas, meses o años, hasta que su estupefacción mengua. El soldado que ve morir a su compañero en el comienzo de una experiencia militar sufrirá una conmoción propia de novicios, muy distinta de la que tendrá si consigue seguir guerreando por dos o tres años, sorteando vísceras y miembros de quienes conversaban con él hasta minutos antes.

La conmoción es también una forma de enajenación, el individuo conmovido se centra con obsesión en aquello que lo conmueve, le dedica su tiempo y su energía, hace girar su entendimiento en torno a ello; si viviéramos conmovidos el universo sería un escenario con un solo objeto, el que conmueve, y un solo personaje, el conmovido. La conmoción es necesariamente un sentimiento extraordinario producido por lo que nos hace experimentarla.

El libro La callada molienda (Premio Memoria del Centro Pablo de la Torriente Brau, 2012) recoge testimonios de obreros azucareros cubanos de la provincia de Matanzas, y la condición material y emocional en que quedaron cuando en el año 2002 se cerraron la mayoría de los centrales de Cuba y con ellos se desactivó una estructura productiva que contenía desde el trabajo puramente agrícola hasta las formas más especializadas de comercialización internacional, pasando por la producción industrial, la transportación, las finanzas y las más diversas ingenierías.

Es la lectura de ese libro lo que ha producido la conmoción que motiva este escrito. Su autora, Maylan Álvarez Rodríguez, divide el libro en dos capítulos y un anexo. En la parte segunda del libro se encuentran los testimonios referidos, principalmente de ancianos que midieron su vida por zafras y no por años, cuyos días no estaban compuestos de horas sino de jornadas, el comienzo y final de las cuales era medida por el pito del central.

Maylan Álvarez tiene cuatro porqués para realizar esta empresa, en el tercero de ellos, enunciados en su introducción, dice: "a mi alrededor, demasiada incomprensión, dolor, nostalgia y alcoholismo, desempleo, juegos ilegales, y  una generación como la mía y las venideras bien lejos del trabajo que forja al hombre, lejos del campo, lejos del azúcar, que es decir Cuba pero de otra manera: más hacia la raíz".

Los que somos de las ciudades no sabemos lo que es un pueblo de campo. Si la identidad urbana es difícil de definir es porque en un intenso proceso de mezclas perdemos las referencias originarias en la conformación de su cultura. No pasa así en los pueblos casi siempre aparecidos a propósito de prácticas específicas. Fuera de las ciudades un puerto, un río, un ingenio, un cruce de caminos, determinan el surgimiento de una población y sus hábitos. En ellos la propiedad no es lo que se obtiene por medio de pago en un mercado, sino lo que determina la pericia que siglos de trabajo en una misma función otorgan.

En el modo de sembrar o cortar la caña un campesino están impresas las vivencias de su padre y las esperanzas que porta para su hijo. El trabajo está demasiado enraizado en una cosmovisión a la que no es posible poner punto final de un día para otro sin graves consecuencias. Lo conmovedor del libro de Maylan Álvarez es que muestra, no solo que en nuestro país se implementó diez años atrás, a gran escala, una destrucción semejante, sino que lo hace a través del testimonio de sus principales víctimas, por medio de su dolor y su desesperanza.

Es importante saberlo para entender algunas de las razones por las que Maylan Álvarez habla de alcoholismo y desempleo, de dolor y de lejanía a propósito del cierre de tantos centrales. También pudo haber hablado de  muerte, pero esto lo dicen sus entrevistados:

"Cuando el cierre del central, Gilberto Hernández, un gran amigo mío, se deprimió mucho y eso lo llevó al suicidio. Él era mi compañero de trabajo por 28 años (…) se ahorcó en el taller. Un 13 de mayo, que más nunca se me olvida porque es el día del cumpleaños de su mamá, fui por la mañana al taller y cuando abro la puerta me encuentro aquello" (Manuel Eleuterio Fuentes Torres)

"Con la desaparición de los centrales y casi la totalidad de la caña, mucha gente ha envejecido antes de tiempo. Yo diría que hay gente que podría haber vivido cuatro o cinco años más y han fallecido porque eran cañeros de toda una vida, azucareros" (Reynaldo Castro Yebra)

"… eso fue una cosa mortal. (…) Donde antes había un ingenio hoy es un tiempo muerto perenne, ya no hay resurrección posible. Esto del cierre ha afectado profundamente a la gente (…) Toda la supervivencia dependía de eso. Se han quedado como un batey más. Y tiene que haber afectado sobre todo a las personas más mayores…" (Alberto Perret Ballester)

"En definitiva ya aquí no hay vida. ¡Ah!, y aquí estamos bien porque el batey está cerca del pueblo, a menos de un kilómetro del pueblo, y con to eso aquí no hay vida. Aquí no hay vida pa nadie" (Víctor Hernández Baró)

"Muchos azucareros, lo sé por el testimonio de los que aún viven en esos lugares, enfermaron y murieron por estados depresivos, por estados de desolación, del golpe mortal a su amor por la azúcar" (María Laura Martín Rodríguez)

"Allí tú ves una persona de 40 años y parece que tiene 50 o 60. Una fábrica de hacer viejos." (Yordanis Galindo Rodríguez)

La industria azucarera cubana no fue una excepción en la suerte que corrió el conjunto de nuestra estructura productiva a partir de 1959, cuando el nuevo poder al frente del Estado parecía lleno de iniciativas y la diversidad industrial parecía una prioridad. En febrero de 1961 se creó el Ministerio de Industria y los centrales azucareros quedaron a su cargo, como si de una industria más se tratara; al frente del Ministerio se puso al comandante Ernesto Guevara, adalid por estos años del programa desarrollista.

Los resultados desfavorables no se hicieron esperar y si en 1961 se consiguió producir 6,8 millones de toneladas métricas de azúcar, en 1963 no llegó a 4 millones el monto de la producción. Semejante descenso no lo suplieron los resultados previstos en el programa industrialista, las carencias se hicieron abrumadoras y la liturgia de la industrialización cesó para dar comienzo entonces a una acelerada marcha en sentido contrario, la de restablecer la producción azucarera.

Cuenta Reynaldo Castro Yebra en el testimonio que diera a Maylan Álvarez que en 1963, en la celebración del Primero de Mayo, fue el comandante y ministro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias Raúl Castro el que presidió el acto en la Plaza de la Revolución. La ausencia de Fidel Castro se debía a que se encontraba en la URSS, de donde llegaría con un nuevo plan económico: el incremento de la producción de azúcar hasta llegar, en 1970, a los 10 millones de toneladas.

La alianza con la URSS se convirtió en la opción de sobrevivencia del régimen. Con suspicacias primero, pero con una intensa dependencia después, el azúcar fue la tabla de salvación de la devastada economía cubana. Poco se ha estudiado sobre cómo pudieron sobrevivir nuestras industrias a la enorme carencia de piezas de repuesto, la casi nula renovación tecnológica y la pérdida de los sistemas contables y de control. En ese sentido, La callada molienda da varias pistas.

Los obreros azucareros, mujeres y hombres de todo el país que quedaron al frente de los centrales, ya fueran campesinos, obreros industriales, técnicos o científicos, fueron los responsables de que tantas carencias no destruyeran la capacidad productiva cubana, y esta particularidad no hizo sino ahondar el apego tradicional que en los pueblos cubanos existía por sus fuentes de trabajo, estudio y placer; que todas coincidían en el central azucarero, como se comprueba del siguiente testimonio recogido por Maylan Álvarez:

"Aquí trajeron un día al elenco de Palmas y Cañas, el programa estelar de los campesinos. Maravilloso. Pusieron a la gente que vino a cantar allá arriba, por el basculador. Adornaron todo con cañas y la gente lo disfrutó muchísimo. Se hacían unos bailables en el parque… Aquí hoy cuando cae la noche el central se convierte en un pueblo fantasma. Nadie, nadie en las calles. Y cuando había zafra tú veías los carros, la gente de aquí para allá, las luces, el pito de las máquinas." (Gladys Abreu Cárdenas)

Conmueve saber que muchas de estas personas, sino la mayoría, recibieron la noticia del cierre de los centrales cuando eran mayores de 50 años, dificultados por la edad para emprender un nuevo camino y con oficios demasiado específicos para poder enseñar nada que no fuera lo que pasaba a demolerse delante de sus ojos.

 


Maylan Álvarez Rodríguez, La callada molienda (Premio Memoria, Centro Pablo de la Torriente Brau, La Habana, 2012).

Este artículo es un fragmento de un ensayo dedicado al libro de Maylán Álvarez Rodríguez. El texto completo del ensayo aparecerá próximamente en la revista Identidades.

Comentarios [ 14 ]

Imagen de Anónimo

Querido Raul Gomez, tus elogiosos comentarios demuestran dos cosas; que quieres explicar algo que no sabes , o que que mientes descaradamente.Tu discurso tiene tan poco recoorrido como las vias ferreas que sobreviven al desatre.Yo tenia 120 km solo en mi central y las mantuve soltando el bofe, cortando con mi gente palos en la cienaga de zapata,con jejenes, mosquitos.-¿has tenido esa experiencia revolucionaria?

¿Sabes que el 60% de las tierras cultivables estan llenas de marabú? El absurdo no se sostiene y tu panfleto va y cuela en un barrio de Lawton, El Cotorro o Párraga pero aqui en este sitio hay gente que ha mamado de la musica de la molienda, de los perfumes de la meladura, del vapor de las calderas de la sirena que movía al mundo; hay que respetar campeon a las canas y al derecho al recuerdo, es lo unico que no nos pueden quitar, ni los comunismos ni los capitalismos ni la religion .Ahora tómese su botella y prepare el próximo discurso, estaremos atentos.

Imagen de AdelaCuba

Alguien me habia dicho de este libro "La Callada Molienda' y cuando supe de lo que se trataba decidi ni procurarlo. Yo naci en un central azucarero de Camaguey mi abuelo era ingeniero en azucar y fundador del central. Lo que he leido aqui a pesar de los tantos anos que yo deje atras esa vida de Cuba me ha desgarrado el alma. Me imagino la gente sin tener objetivo de vida. Nada era para los azucareros mas importante que el comienzo de la zafra. Se veia en las personas una felicidad de prosperidad increible. Venian personas de otros lugares a trabajar en el central y era un tiempo increible. Lo que ha hecho ese sistema de tirania con Cuba no tiene perdon de Dios. Ese genocidio se tiene que pagar de alguna manera. Cuanta miseria de poder ante esa injusticia!   

Imagen de Raul Gomez Zacerio

Una hectarea de caña de azucar en las tierras de Cuba, es capaz de producir en valores, el doble,triple, de lo que pudiera hacerlo, una de arroz, trigo, cebada, granos, esta planta necesita de mucho sol, de temperaturas altas, no es muy exigente en cuanto al agua, en los primeros meses del año, los debiles frentes frios, precipitan su madurez y su contenido en azucar, practicamente todas las tierras de esta Isla, son aptas para el cultivo,  el clima en esos meses es ideal para su cosecha, de las muchas infraestructuras con las que cuenta esta industria, la del FFCC, es capaz hoy dia de llegar hasta las mas apartadas colonias, el FFCC principal a lo largo de todo el Pais, y sus ramales a los principales puertos facilitan su exportacion, y algo muy importante, es una industria del futuro, tiene la virtud, que pocas tienen, de retroalimentarse energeticamente con los residuos de su produccion, es mas, que uno de ellos, en si mismo es capaz de producir energia, con ellos se producen rones de la mejor calidad, tableros para muebles, alimentos para vacunos y cerdos, hemos liberado a nuestros obreros del trabajo casi esclavo del alza y corte de la caña manual, con la ayuda de la URSS, somos capaces de producir las calderas en Sagua la Grande, las piezas en Planta Mecanica y con Francia hemos montado, en Jatibonico, una planta de papel que utiliza el bagazo, no necesitamos de USA para nada, la URSS nos compra toda nuestra produccion y a mejores precios, palabras de ??

Imagen de Anónimo

Reynaldo Castro Yedra fue Héroe del Trabajo, por las 2,000 arrobas de caña que cortó un día. Claro que en un campo de caña Jaronú que daba 200,000 arrobas por caballería. Y ven lo que dice el pobre.

Volví hace 3 años al central azucarero de mi niñez, a la puerta de la casa de mis abuelos, practicamente en ruinas y lo que queda del ingenio. Ni siquiera el campanario del siglo XVIII. Lo unico en pié bonito que queda es la iglesia, la cual por ironía de nuestro destino, fue totalmente reparada (se habia caido hasta el techo) por los verdaderos dueños del central, que mandaron el dinero desde Estados Unidos!

Imagen de Anónimo

El Central Romana, en República Dominicana, es propiedad de los hermanos Fanjul, quienes son cubanos-americanos-dominicanos. Y no solo tuvo un gerente cubano, sino que durante muchos años, incluso cuando no eran los dueños los Fanjul, ha tenido gerentes (varios) y personal técnico en general de Cuba. Ese central es una tacita de oro de la industria dominicana.

Imagen de Anónimo

Ya lo dijo Eusebio Leal, La Historia de Cuba es la historia del azucar. Cuando siglos de identidad perdidos. Fue el azucar quien nos abrio al mundo, con sus logros e infortunios. Fue el azucar quien forjó nuestra nacionalidad. Mi abuelo fue colono en la provincia de Matanzas y estuvo apegado a la caña desde la epoca de Machado. Creanme que nunca vi a ningun dirigente hablar con tanto amor sobre el azucar y lo que significo para su vida, la de su familia y todos los cubanos. Verguenza a veces siento el escuchar que un central, la Romana en Rep Dominicana y el cual ademas tuvo por gerente a un cubano, produzca mas azucar en una año que cualquier provincia cuba, alrededor de medio millon de toneladas. De este cargo la historia no los absolverá.

Imagen de Anónimo

La pérdida de los centrales y la industria azucarera no es solo consecuencia del régimen comunista. El azúcar , como industria, ha sufrido mucho desde los 60. Aún países con potencial azucarero hoy día no son ni la sombra de ese tiempo pasado. El azúcar hoy,  ya no mueve molinos.

Imagen de Anónimo

Me conmovió mucho el comentario de las 5:23 pm ! Me hace recordar a un amigo ingeniero, brillante y bella persona que ya murió y dedicó la mayor parte de su vida a un central que amaba, que le dió de comer junto a su familia durante años y que lo vió nacer. El central ya no existe, mi amigo tampoco. Con la pérdida de la industria azucarera hemos perdido parte de nuestras vidas, de nuestra cultura y de nuestra civilización. Gracias Fidel !

Imagen de Anónimo

Una aclaración sobre la foto que ilustra el trabajo y la descripción.

El central Hershey no está ni nunca estuvo en Matanzas, sino en el poblado llamado así, Hershey, por el nombre de su fundador. Este pueblo, con su central-refinería (luego nombrado Camilo Cienfuegos) pertenece a la provincia de La Habana (Ahora Mayabeque) y se encuentra en el actual municipo de Santa Cruz del Norte.

Por cierto, la foto no se parece mucho a las ruinas que  ví en el 2007, última visita que hice a Cuba. Además, el Hershey tiene tres chimeneas y en este se observan solamente dos (esperemos que no hayan demolido la tercera para coger los ladrillos para construir viviendas). De todas formas, las ruinas de todos estos centrales se parecen mucho, así que cualquier foto sirve para ilustrar el desastre creado por la dictadura castrista a la industria azucarera (y todo lo demás) en Cuba.

Reinaldo

Imagen de Anónimo

Para quienes dedicamos la vida a la agricultura cañera y la industria azucarera,esto es un latigazo en el corazon,alrededor de esas chimineas,mas lejos o mas cerca de ellas,se nos fue la juventud y parte de la adultes,hoy cuando pasamos cerca,las vemos como el dedo acusador que apuntando al cielo le señala a dios un punto del gran desastre y engaño,diciendole mira lo que queda de 400 años de trabajo,dedicacion y cultura,nada queda de lo que fué el orgullo cubano.La traicion y el desastre ha sido descomunal.

el bobo alipo*