Sociedad

Espejo de impaciencia

Una actriz, un médico, maestros, policías, jineteras, jóvenes de la calle G, nuevos ricos, esbirros, exiliados de visita: un retrato coral de la sociedad cubana.

Ella cumplió 50 años y trabaja como actriz en un grupo de teatro infantil. Le faltan 15 para jubilarse. Ya no lee a Molière ni a Virgilio Piñera. Ya no pretende encarnar el rostro o la máscara de la historia. Tampoco le preocupa si cuanto hace es arte o no. Puede tener cuatro o cinco sueldos en moneda nacional, aunque sus ingresos no llegan a 50 CUC. Sueña casarse con un hombre mayor de 70 años, pero eso sí, que tenga dinero. Ella fantasea con una vejez sin penurias económicas cuando dé el portazo del retiro.

Él no rebasa los 40 y se graduó de Medicina. Recuerda la estampida marítima en el verano del 94 y él observando sin entender nada. Formó parte del Contingente Internacional de Médicos Especializados en Situaciones de Desastres y Graves Epidemias que prestó ayuda humanitaria en Pakistán y Haití. Conoce el precio de la lealtad e ignora el valor del riesgo. Envidia a quienes descendieron los cerros bolivarianos del Táchira, para cruzar la frontera colombiana en busca de algo distinto. Él no se perdona tanta cautela. Su recompensa es el obsequio de un paciente agradecido.

Los que eligieron el oficio del magisterio terminan dándose pescozones y reglazos ellos mismos. Harakiri tropical para vulgares suicidas. ¿Qué significa escapar de un aula a otra, si la diferencia es una tiza separando bloques de teoremas matemáticos o familias de plantas en un pizarrón? No hay regalos ni salvoconductos migratorios para quienes se consagran a enseñar en nombre de la piedad revolucionaria.

Muchos que permanecen en Cuba todavía conservan la edad de la ilusión lírica. El tiempo suele aplastarlos como a una cucaracha entre la multitud. Uno de los atascados podría memorizar estrofas del poema dedicado a John Lennon por Ramón Fernández-Larrea: "Hoy degollaron al tonto de la colina/ Seguramente está al venir la guerra". La ciudad y sus habitantes disfrutan el premio cotidiano de amanecer con los ojos abiertos. Es el turno de los ofendidos, nutriéndose de rancios oprobios y falsa paz consigo mismo.

Aquellos que se fueron y visitan la Isla quedan asombrados ante la conservación de fábulas y escombros. Como si la restauración fuera una solución absurda. Miran, sonríen y se despiden como personajes de una novela familiar que no se deja leer. Aquellos que retornan necesitan aparentar que la nostalgia es más severa que el rencor. No hay placer mayor que el autoengaño mediante una embriaguez compartida entre viejos conocidos. "No hay que volver", fue la máxima de un nómada renuente a cursilerías sublimes.

Ellos se trasladan desde zonas intrincadas hasta La Habana para cumplir sus quimeras. El tartamudo se enfunda en un traje militar para imponer la autoridad de su verbo. La diosa de los trapos se desnuda para arrancarle unos cuantos euros a un turista caminante de poca monta. Una insurrecta de expresión dura vende confituras en la rampa de un cine sin licencia de cuentapropista. Otros muestran su apetito de cartografiar la urbe, improvisando refugios en la sombra. La impotencia es el signo que los atrapa. Ellos chupan de su misma sangre como vampiros inocentes.

Ese enjambre humano que frecuenta el parque de la calle G da la impresión de rechazar el hogar, la familia o carecer de ambiciones. Queman las horas jugando ajedrez en el pavimento. Fuman tacos de marihuana dudosa que venden los jíbaros. Detestan la televisión y los periódicos oficiales. Romancean bajo los árboles. Pernoctan en los márgenes del ocio donde la felicidad es una rotunda infelicidad.  

Esa "juventud perdida" que cierra la madrugada habanera está cansada de tanto descansar, a la vista de noches sin estrellas que iluminen su existencia. Nuestras tribus urbanas ignoran las diferencias entre un líder y un jefe, moldeados por la robotización del carisma.

Tanto activismo luchando por abolir la homofobia demuestra que la tolerancia oficial seduce a los bajos instintos de rebeldía. El "momento justo" de la rectificación legaliza el flirteo del gladiolo y la ametralladora. ¿Y si mañana se desatara una cacería de heterosexuales? ¿Qué pasaría si una masa de opositores fuera homosexual? ¿Habría material humano y cerrajería para abrir las puertas de todos los closets?

A los nuevos ricos les preocupa que Nicolás Maduro no llegue a podrirse en la presidencia de Venezuela. Cien mil barriles diarios de petróleo pueden transformarse en un instructor deportivo bajando las escalerillas de un avión. Esos nuevos ricos temen por el regreso de los apagones. Entonces deberán cuidarse de fiestar reinstalando sus plantas eléctricas. Una lluvia de piedras romperían los cristales de puertas y ventanas. Algunos también sospechan que desaparecerían los condones, el papel higiénico o la cerveza.

Carecer de linaje gubernamental es la mayor pobreza de los nuevos ricos. Nadie puede conocer la fuente real de sus ganancias. Hablar poco es una medida de seguridad. De la lujuria a la prisión no hay más que un paso. El silencio personifica la moneda irreversible. Moraleja reincidente: "tenemos que fingir hambre cuando robemos los frutos".

Los guardianes de la "nacionalidad asediada" están en la obligación de fustigar a los "enemigos del pueblo" que revelan sus grietas o mencionan lugares comunes a la vista de los que callan. "La verdad os hará libres" es la "Gran Mentira" del trastornado en camisa de fuerza, lanzándose contra la pared de las palabras.

Nosotros, los infieles del pluripartidismo imaginario, a nadie debemos la sobrevida. Subsistimos del romanticismo de manigua y amor por una cosa nuestra, para defendernos como perros de caza sin esperanza de recuperar el olfato. No es recomendable enrolarse en conspiraciones solitarias e ideas confusas. Detestamos la fermentación política, para luego entregarnos en sus brazos como el ahogado más hermoso del mundo. Quienes anhelamos conversaciones apacibles en los altos manicomios, a nadie debemos la sobrevida. Carlos "El Loco", please brother, toma otro segundo aire y ruega por nosotros.  

Comentarios [ 14 ]

Imagen de Anónimo

Estupenda introducción para un ensayo de Mecánica general( o comandante ) de las nuevas "cubanías"...

Imagen de Anónimo

Para Anónimo - 6 Jul 2014 - 10:50 am: Lo unico que has hecho es manifestar tu frustracion.

Imagen de Anónimo

Pobre Cuba, hace mucho tiempo que "se fueron", TODOS ,  pero no de "alli" sino del mundo de la "CORDURA" !.Execelente, pero seguimos siendo ESO;  "masoquistas de un mundo LOCO". Gracias,..., Rudy

Imagen de Robustianoellibre

Buen articulo sobre el desastre socioantropologico cubano.

Imagen de Anónimo

Para el Anónimo - 5 Jul 2014 - 7:41 pm.

Comemierdas hay en las dos orillas, y yo diría que la decisión de no salir de Cuba se toma en ocasiones, precisamente, porque no se es comemierda, con todas las consecuencias que eso pueda tener. Sin embargo, muchas veces hay quien se marcha de Cuba porque es un comemierda y lo peor es que lo sigue siendo fuera, donde todo el que le rodea se da cuenta de que lo es, menos él.

Imagen de Anónimo

Está por escribirse  la otra cara de la impaciencia…, la de los que salimos pero no llegamos. Los impacientes que quieren solo regresar, no  importa a que ruinas solo regresar al lugar del cual nunca se debió salir.

E A González.

Imagen de Armienne la Puta

Crudo pero de un realismo absoluto al describir la tragedia y la frustración del pueblo cubano.

Imagen de Anónimo

Excelente Hector...

Imagen de Anónimo

Una lucidez  atroz en una prosa cincelada. Quién es este nuevo escritor que dice tantas verdades con tan pocas palabras?

Imagen de Anónimo

"la nostalgia es más severa que el rencor" No brother no, Ud no ha entendido NADA. La nostalgia es menos severa que el morbo de ver lo jodidos que están los comemierdas que decidieron quedarse. es un placer casi orgasmico, creeme.

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