Transporte

A Santiago en coche

La crisis sacó a la calle los viejos quitrines, rediseñados para el transporte de pasajeros. Hoy son imprescindibles.

Muchos cubanos, al leer el título de esta nota, recordarán el son de Adalberto Álvarez de los años 80, inspirado en la tradición de los quitrines de Bayamo aparcados en su parque central y que sirven de curioso transporte turístico en una ciudad que resguarda sus costumbres. Desde hace dos décadas, el coche también se ha convertido para los santiagueros en una tradición necesaria.

El coche en Santiago era usado habitualmente durante los carnavales: se trataba por lo general de quitrines para cuatro personas, cuyos dueños los engalanaban una vez al año, para formar parte de las mascaradas de las fiestas, al mismo tiempo que se buscaban un dinerito extra; las necesidades perentorias de transporte en el "período especial" convirtieron la tracción animal en motores vivos.

Ante la crisis general de esos años, el Gobierno de la ciudad aprobó oficialmente el coche como transporte regular, lo que trajo la consiguiente importación masiva de animales del campo y la conversión de la turística calesa en una pequeña guagua con capacidad para diez o doce personas. Los herreros y soldadores hicieron su agosto a fines de los 90 adaptando estos nuevos vehículos.

Las guaguas-coches están construidas con una estructura básica de cabillas, alambrones y angulares toscamente soldados, al que se pone un techo de lona para proteger a los usuarios del abusivo sol de la ciudad. Pero no nos engañemos, la rudeza del acabado y su pesadez no le quita su eficiencia para el transporte de carga humana o de cualquier otra clase. Los nuevos coches son lentos, pero aplastantes.

A veinte años de su debut, los coches son imprescindibles. La recuperación del parque automotor estatal no tiene reposiciones seguras, con la mayor parte de las guaguas parqueadas en el gran "cementerio" de la empresa de ómnibus. Así, el sector privado del transporte se fortalece, invadiendo con su eficiencia y disponibilidad no solo la red citadina, sino también la transportación interprovincial.

Los coches, como las camionetas y camiones adaptados a guaguas, son la opción segura de llegar a tiempo a cada destino.

Para Ramón Torres, de 51 años, que se volvió cochero al quedarse sin trabajo y lleva tres años en el ramo, el negocio es lucrativo: "trabajo 21 días al mes y me gano 150 pesos diarios, lo que me da perfectamente para pagar todos los impuestos y la comida del caballo. Con dos sacos de yerbas al día y una lata de miel al mes es suficiente".

Los cocheros tienen que pagar una licencia de 100 pesos, la seguridad social de 87, 50 y el 30 % de la ganancia, lo cual suma unos 300 pesos mensuales. La inversión en la compra del coche y el caballo es de unos 10.000 pesos (7.000 por el animal y 3.000 por el coche), recuperable en un año de trabajo.

El caballo, por supuesto, es su tesoro más preciado: "tuve que hacer una inversión extra en mi casa para construirle un establo, hay que tener cuatro ojos con ellos porque al menor descuido, te lo roban".

Según reportes del semanario Sierra Maestra, el hurto y sacrificio de ganado mayor ha aumentado en la provincia. Y la carne de caballo, junto a la de res, son frutos prohibidos en la mesa del cubano.

Los coches cubren dos rutas fijas de las áreas llanas de la ciudad. Tienen sus piqueras, y aunque los precios se duplicaron en el último año —dos pesos por viaje—, la afluencia de clientes se mantiene.

El mayor problema es que con tantos coches, las piqueras se han convertido en espacios malolientes, con excrementos y ríos de orina que nadie siente la obligación de limpiar. Como siempre, no se previó que tantos motores vivos generarían tales cantidades de desechos, y que las modernas caballerizas en las avenidas necesitan regulaciones sanitarias, sobre todo por ser Santiago una ciudad asediada por enfermedades como el dengue y el cólera.

Al parecer, el "cochear" —como se le llama popularmente—, ha llegado para quedarse. Mientras en el mundo las tecnologías automotrices se sofistican cada vez más, en Cuba retroceder al siglo XIX parece ser la pauta del desarrollo.

Al contrario del son de Adalberto Álvarez, los cocheros no paran, se extienden.

Comentarios [ 5 ]

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Progreso socialista.

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Y sin hablar de la suciedad en las rutas de los caballos. Cuando pega el sol en ese asfalto lleno de orines la peste es insoportable. La evaporación de los efluvios deja un ambiente irrespirable, donde cohabitan los infelices que ya ni se enteran que huele mal.

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Caballos maltratados y explotados, famelicos. No hay una ley ni quien la haga cumplir que proteja a esos animales tan imprescindibles en la ciudad. Son muy pocos los cocheros (destacar a José Ramón) que cuidan y alimentan a sus animales, que además son su fuente de ingreso. 

El pueblo se ha sumido en la barbarie y la falta de recursos los hace ver normales a los barbaros. Lo que ha hecho Fidel con ese pueblo no tiene nombre.

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Alipio, a que altura esta el Mongo con la licencia para fabricar calzoncillos y blumers, para caballos y yeguas?. Ese Mongo es un lince para los negocios.

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como todo en ese país...las regals sanitarias existen. El problema es el de siempre. La desidia y el desinterés. Lo que importa es que le paguen el diezmo al gobierno. También es muy triste la condición física de los "caballos" que nunca llegaron a serlo antes de que le enyugaran el coche y los maltratos de los cocheros. Muchos caballos han muerto en plena calle de infartos masivos porque los dueños los sub arriendan y esos que los trabajan tienen que sacar su ganancia, el diezmo y la ganancia del dueño. Animal no cuida animal y así es como se vive en Cuba...como animales, sólo detrás dek "qué comeremos hoy". Esta situación es diferente en otros lugares de la isla donde también el coche llegó para quedarse