Opinión

¿Hay que escoger entre capitales y libertades?

'Parece haber llegado el momento idóneo para abrir la puerta a la derogación del embargo y para concentrar los esfuerzos en una democratización soberana del sistema político de la Isla.'

En los últimos años, como efecto previsible de las reformas económicas en Cuba, se ha acelerado el proceso de normalización de relaciones de la Isla con la comunidad internacional. La concurrida cumbre de la CELAC, la revocación de la Posición Común de la Unión Europea, el acuerdo entre Bruselas y La Habana y la nueva Ley de Inversiones Extranjeras han confirmado, a la vez, la irreversibilidad del desplazamiento de Cuba hacia el mercado global y la contradicción ideológica entre esa cautelosa apertura y un régimen político y un discurso oficial que presentan dichos ajustes como continuidades del viejo modelo comunista.

El Gobierno de la Isla aprovechó la cumbre de la CELAC para apuntalar la legitimidad de su obsoleto sistema político. El fin de la Posición Común, en cambio, fue trabajosamente asimilado desde La Habana, por la tensión que genera el interés europeo en la situación de los derechos humanos y la coyuntura incómoda de la crisis venezolana. Aún así, la apuesta por una integración de la Isla a los canales diplomáticos y a las rutas comerciales y financieras de Europa y América Latina, que tiene su origen en las expectativas de cambio generadas por las reformas de Raúl Castro —reformas que en todas las cancillerías y medios occidentales y hasta en círculos académicos y políticos de la Isla se consideran tardías, limitadas o insuficientes— es promovida, oficialmente, como un estímulo al inmovilismo y no como un incentivo para una transición democrática.

La mayor parte de la oposición interna, de la clase política cubanoamericana y de las organizaciones tradicionales del exilio, interpreta de la misma manera lo que ha sucedido recientemente. Europa y América Latina, dos regiones que juntan unas 60 naciones democráticas, según  ellos, se han "plegado" a la dictadura o, peor, se han vuelto "cómplices" de los Castro. El hecho de que esos gobiernos, democráticamente electos, actúen de acuerdo con las premisas del realismo, la tradición más sólida de las relaciones internacionales desde el siglo XIX, es asumido como "claudicación", cuando no como derroche de cinismo o extemporánea conversión al comunismo ¿Es esta la mejor manera pensar y actuar en la presente coyuntura?

No postergar la democratización

En el choque de percepciones sobre Cuba predominan, con frecuencia, los espejismos. Por debajo de la retórica continuista, Raúl Castro y su gabinete económico están vendiendo una idea del futuro de Cuba, cada vez más instalada en un después de la "Revolución" y más cercana al mercado y al pluralismo, porque saben que el tiempo no opera a su favor. La comunidad internacional se está abriendo a la Isla, no para que el régimen  perpetúe su dimensión totalitaria y represiva, sino para acelerar las reformas de los tres últimos años y crear condiciones para una transición democrática. Lo que parecen haber comprendido América Latina, Europa, algunos empresarios cubanoamericanos como Alfonso Fanjul y Carlos Saladrigas y asociaciones como el Cuba Study Group y el Council of the Americas es que con inversiones y créditos, además de hacer negocios, por supuesto, se generan mayores posibilidades de intervenir en el futuro político de Cuba.

El dilema reta la imaginación de un exilio y una oposición que, de no leer claramente las señales del presente, pueden quedar estancados en una actitud testimonial. Rechazar la integración comercial y diplomática de Cuba implica suscribir ideas antiliberales y nacionalistas, similares a las que por más de medio siglo ha sostenido el Gobierno de la Isla. Prohibir, condenar  o, en el mejor de los casos, descalificar por interesado o egoísta que un empresario cubanoamericano, expropiado por Fidel Castro, decida invertir en Cuba y, como ha dicho uno de ellos, plante allí la "bandera familiar", significa, en la práctica, pensar de manera muy parecida a quienes se propusieron acabar con la inversión nacional o extranjera en la Isla.

Es evidente que la represión en Cuba está anclada en la Constitución, las leyes, el Código Penal y la práctica cotidiana de ese régimen y su cese no depende del mayor o menor comercio sino de la movilización opositora y ciudadana y de una reforma constitucional que despenalice la oposición. Pero mientras se globaliza lentamente la Isla y se flexibilizan en la práctica ciertos derechos civiles y económicos, como consecuencia de las reformas, la represión se vuelve más preventiva. Los viajes frecuentes de los opositores también contribuyen a crear la sensación de que la maquinaria represiva se hace más casuística y astuta. Los actos de repudio, los arrestos de los días de la CELAC y los procesos abiertos contra líderes opositores son, sin embargo, un recordatorio de que los derechos políticos, en Cuba, siguen y seguirán criminalizados.

La penalización de opositores pone al descubierto, además, el uso de la represión para fines de política exterior. Con los arrestos preventivos y los actos de repudio, el Gobierno manda mensajes concretos a América Latina, Europa y Estados Unidos, para que se persuadan de que La Habana entiende la normalización de relaciones como un proceso que debe excluir el tema de los derechos humanos. La represión, además de un mecanismo de terror y control interno, es un desafío moral a la comunidad internacional. Sin embargo, para democracias del siglo XXI, que se construyeron, en muchos casos, luego de largas experiencias autoritarias en el siglo XX, es problemático cerrar los ojos a la represión en Cuba.

Buscar la manera más respetuosa y eficaz de mantener el tema de la democratización dentro de las agendas bilaterales y multilaterales es el mayor reto de la nueva diplomacia global, en relación con Cuba. Cualquier paso que dé la comunidad internacional o Estados Unidos a favor de la integración comercial de la Isla, no tiene que aceptar que la meta de la democratización se postergue, como desea el régimen. Son muchos los actores internacionales que buscan quebrar ese pacto de silencio, sobre la situación de los derechos humanos en Cuba, como garantía de la inserción de la Isla al mercado global y la atracción de créditos e inversiones. La opinión pública de todas las democracias occidentales —incluidas las latinoamericanas— ofrece amplios espacios para presionar en esa dirección. La oposición y el exilio se imaginan más solos de lo que realmente están.

Sí a flexibilizar el embargo

Como con China o Viet Nam, la comunidad internacional no quisiera tener que escoger entre capitales y libertades, inversiones y derechos, comercio y democracia. No hay cancillería de Occidente que desconozca la naturaleza represiva del régimen cubano. Solo en muy pocas —las de los gobiernos del ALBA, por ejemplo— ese conocimiento está puesto en función de perpetuar el totalitarismo. Pero, como se ha visto en los últimos meses, ese bloque está perdiendo prominencia en la política exterior del gobierno de Raúl Castro. El rebajamiento del perfil del ALBA en las relaciones internacionales de Cuba es una buena muestra de los efectos positivos de la integración. Al comprometerse con intereses comerciales y diplomáticos de Europa y América Latina, La Habana se ve obligada a tomar distancia de las posiciones más extremistas a nivel global.

Esa manera de enfrentar el dilema entre comercio y democracia es la que ha predominado en la decisión de revisar la política europea y la que anima la carta abierta del 19 de mayo, que más de 40 líderes norteamericanos y cubanoamericanos enviaron al presidente Obama. En caso improbable de que se logre alguna flexibilización concreta del embargo, antes de que culmine la segunda administración, el Gobierno intentará, como hasta ahora, presentar mediáticamente el gesto como un triunfo moral de la "Revolución". Pero en la práctica, como ese mismo Gobierno sabe, se habrá producido un nuevo capítulo en el desmontaje del orden social creado, en Cuba, tras la llegada de Fidel Castro al poder.

No creo que ante las nuevas demandas de flexibilización del embargo, por parte de sectores económicos y políticos en Estados Unidos, que nunca han integrado el lobby antiembargo oficial, la mejor actitud de la oposición y el exilio sea el rechazo y, mucho menos, la acusación a sus promotores de "complicidad" o "colaboracionismo" con el régimen. Entiendo que hay sectores que no quieren suscribir esas demandas de mayor intercambio y diálogo porque las perciben en sintonía con la agenda gubernamental, en el corto plazo, pero la fabricación de un consenso proembargo, entre asociaciones y líderes de la oposición y el exilio, a estas alturas, me parece un error político, cuyos peores efectos podrían sentirse en pocos años, cuando al actual descenso de la presión internacional siga un aumento de la presión interna, favorable a la democratización.

Tampoco me parece correcto que se prejuzgue la idea de apoyar a pequeños empresarios de la Isla, con capitales cubanoamericanos, dando por descontado que la misma será instrumentada por el régimen para favorecer a sus elites o para crear un seudocapitalismo. Los promotores de la iniciativa no son ingenuos, ni cínicos: apuestan a una ventana de oportunidades que tendría que abrirse con una nueva plataforma jurídica de inversiones y créditos que, desde luego, deberá construirse con plenas garantías para las partes involucradas. Se trata, además, de un proyecto que, como otros en el pasado reciente de la oposición y el exilio, posee una dimensión simbólica que no debería ser subestimada o descartada a la ligera. Parte de esa dimensión simbólica tiene que ver, por ejemplo, con el malestar que la iniciativa está generando en las zonas más intransigentes de la Isla y el exilio.

Lo que podría estarse incubando con el rechazo de líderes opositores y exiliados a la flexibilización del embargo es una fractura mayor dentro de la sociedad civil de la Isla y la diáspora, aprovechable por los sectores inmovilistas del Gobierno que, a juzgar por sus publicaciones electrónicas, ya se alistan a boicotear cualquier normalización de relaciones entre Estados Unidos y Cuba que no se desentienda de los derechos humanos. A dos años del fin del segundo mandato de Barack Obama y del inicio de una sucesión presidencial en Cuba, parece haber llegado el momento idóneo para abrir la puerta a la derogación del embargo y para concentrar todos los esfuerzos en una democratización soberana del sistema político de la Isla. Pero, a juzgar por las reacciones de los últimos días, tal vez estemos en presencia de una nueva oportunidad perdida.

Comentarios [ 107 ]

Imagen de Anónimo

Hola Rafael Rojas, siempre le he leido, pero estoy en desacuardo con levantar el embargo, pues si no ha funcionado porque levantarlo? recuerdo muy bien todos los trucos de los Castros, desde que convirtieron al pais es una finca, Barian se hizo isla, sabe usted que el ministro socialista Solchaga tuvo un plan para Cuba del cual se rieron, lea el Libro Cuba Economia y poder editado en los 80 por Alianza Editorial y se dara cuenta que levantar el embargo es un viejo truco disfrazado de reformas. Que tiene que ver el embargo cuando usted limita la renta a la tierra por 5 hectareas solamente, como puede prosperar un campesino que el solo suministrador es el Estado, hasta que Cuba no haga una reforma economica y garantize el derecho procesal y cuando el estado deje de ser la Santisima Trinidad, Padre, Hijo y espiritu santo, entonces creere, dice un viejo campesino a un ciruelo que nunca dio frutos pero lo regalaron para imagen de santo: Ciruelo de mi caballo, pecevere te conoci, los milagros que tu hagas que me los claves aqui.

Imagen de Fidel pro-democracy

Carlos de la Torre, con quien comparti su amistad, siempre me decia "la experiencia, es la basura mas grande que existe, cuando la necesitas no la tienes, cuando la tienes no la necesitas y no se la puedes regalar a nadie porque nadie escucha a un viejo cagalitroso" Las inversiones y aperturas no son mas que lo mismo de siempre, hasta que aparezca otro bobo a quien chulear, una busqueda simple en la internet, revela cientos de "inversionistas" que han perdido su fortuna en Castro-Cuba, recientemente en Canada el ministro de comercio menciono cautela con respecto al caso (Canada nunca a roto relaciones con Cuba, nunca ha parado de inventir) de dos empresarios Canadienses presos en Castro-Cuba por "corrupcion". Yo quisiera ver el levantamiento del embargo, pero mis razones son distintas, EEUU es "the land of the free" y debe incluir e implicar eso, si invierten en Castro-Cuba o le prestan dinero, bueno ya lo dije en le principio, la experiencia es una basura.

Imagen de Anónimo

Remesas no es lo mismo que inversiones y créditos. Las remesas tienen un límite, que Obama subió un poco, pero son eso, remesas. Lo que proponen estos empresarios es apertura de líneas de crédito e inversiones directas de capital en pequeñas empresas en la isla.

Imagen de Anónimo

Nada impide actualmente que un cubano exilado envíe dinero para ayudar a un cuentapropistas. Sólo que no pasa a menudo a no ser que sea a un familiar en ellos en Cuba. En adición si es a un familiar es legal de acuerdo a la ley en USA.

CastrosCuba necesita dinero. Si Ud se lo quiere mandar, pues nada se lo impide. Claro que esto no cambiara el carácter totalitario del régimen.

Imagen de Anónimo

Excelente artículo de Rafael Rojas, con algunos magníficos comentarios de gente que lo apoya, como el de Anónimo - 24 Mayo 2014 - 3:22 am. My takeaway is: la irreversibilidad erosiona el estancamiento. Y como bien dice el autor: "La oposición y el exilio se imaginan más solos de lo que realmente están". El que tenga oídos, que oiga.

Imagen de Anónimo

Esta inversión de capitales sería distinta porque involucra personalidades del medio empresarial cubanoamericano que también están a favor de la democracia y que exigen ciertas garantías jurídicas. La diferencia esta vez es que los capitales pueden provenir de gente que también quiere libertades en Cuba. 

Imagen de Anónimo

Cuba lleva anios permitiendo la inversión de capitales extranjeros sin que eso haya significado algún avance en el tema de los derechos humanos y políticos. Igual arrastran de  manera salvaje a mujeres, a pleno día, del conocimiento de todos.

En qué va a ser diferente si el dinero invertido viene de los EEUU?

Imagen de Anónimo

Quien se tome el trabajo de leer esta larga cantidad de comentarios comprobará que la mayoría de los que comentan ni se leyeron bien la carta del Cuba Study Group a Obama ni el artículo de Rojas. Ni una ni otra proponen una componenda con el régimen. Espero que haya lectores de esta página más razonables y que se tomen el trabajo de leer antes de comentar porque si nos guiamos por los comentarios se puede llegar fácilmente a la conclusión de que no hay remedio para los cubanos. Entre ellos parece predominar el prejuicio, el brete, la frustración, el rencor, la rivalidad y la envidia.

Imagen de Anónimo

Para anónimo de las 4: 11. Dónde en este artículo se propone "negociar con el régimen"? Este artículo es sencillamente una defensa de la legitimidad de la Carta del 19 de Mayo, en el mismo sentido que hace Montaner en los primeros párrafos de su artículo, que tampoco es un proyecto de negociación con el régimen. Fíjese si ese proyecto no es una negociación con el régimen que está dirigido a Obama, no a Raúl Castro, como equivocadamente le reclama Andrés Reynaldo. Rojas tiene razón, no hay que escoger entre capitales y libertades, hay que llevar capitalismo y democracia a Cuba y para eso hacen falta dos cosas: flexibilización del embargo, para que los cubanoamericanos puedan invertir en la pequeña y mediana empresa, y movilización de la oposición y la ciudadanía a favor de la democracia.

Imagen de Anónimo

Dices lo mismo que dice el autor. Este artículo dice exactamente que no hay que escoger entre capitales y libertades. Que hay que democratizar y capitalizar Cuba, a la vez.