Sociedad

Un drama demasiado extendido

Es el de la familia cubana: dividida en Isla y exilio, alejados padres e hijos por las tareas políticas.

Tratar de la familia, en la mayoría de los países, resulta un tema agradable. Sin embargo, en Cuba no lo es, pues conlleva una elevada dosis de tristeza.

Marta y Pedro vivían en Santos Suárez. Se habían casado a mediados de los años cincuenta y tenían dos hijos varones. Pedro trabajaba en una agencia de publicidad y Marta, aunque había estudiado secretariado, se ocupaba de la casa y hacía algunos trabajos de mecanografía, eran felices y deseaban que se fuera Batista.

Con el triunfo insurreccional de 1959, Pedro se convirtió en político de una unidad militar, mientras Marta criaba a los hijos y luchaba por el día a día, en medio de las dificultades de todo tipo que ya comenzaban a aflorar. Sus criterios divergentes sobre la situación hicieron surgir incomprensiones y los fueron distanciando y, al final de los años 60, Marta emigró ilegalmente con sus hijos.  

Pedro se quedó solo y repetía a sus vecinos, que su mujer y sus hijos habían muerto para él. 

Desde su instauración en el poder, el régimen castrista dividió a las familias, colocando de un lado a quienes lo apoyaban y, del otro, a quienes lo repudiaban. Se distanciaron los padres de los hijos, los esposos de las esposas, los hermanos entre si, los tíos, los primos y todos los parientes. La ideología y las opiniones políticas de cada quien pasaron a un primer plano, desplazando a todos los demás vínculos y sentimientos.

Esta división se exacerbó, mediante la utilización de calificativos denigrantes como "desafectos", "apátridas", "traidores", "gusanos", "mercenarios", etcétera, aplicados a quienes pensaban diferente de la línea gubernamental, y con la prohibición de mantener cualquier tipo de contacto con ellos, más aún si se pertenecía al Partido Comunista (PCC) o a la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC), se era militar o se ocupaban cargos en cualquier organismo, institución o empresa estatal.

Pedro, que además de militar era militante del PCC, cumplía al pie de la letra esa prohibición y exigía su cumplimiento por quienes lo rodeaban.

Para la mayoría de las familias, dejaron de pertenecer a ellas sus miembros que habían optado por el exilio, al menos hasta la llegada de la Comunidad, cuando muchas, principalmente por razones económicas, trataron rápidamente de restablecer los vínculos perdidos. Fueron los tiempos en que era más importante tener un familiar de la Comunidad que un militante del PCC. Para ese entonces, ya Pedro se había jubilado por enfermedad, y lo que recibía de la seguridad social no le alcanzaba para sobrevivir.

Vinieron a visitarlo sus hijos y lo ayudaron económicamente. Al principio a Pedro le costó trabajo, pero después comenzó a aceptar el dinero que estos le enviaban. Poco a poco volvió a reconocerlos y, al menos con sus amigos, comenzó a hablar de ellos y de lo que hacían, aunque manteniendo cierta distancia entre sus criterios.

Padres lejos, hijos maleducados

La familia, además de dividida, fue erosionada. Aquellas que permanecieron en su totalidad dentro del país, tuvieron que afrontar que hombres y mujeres participaran, alejados de sus hogares, en las múltiples y prolongadas movilizaciones productivas y militares, las primeras en el territorio nacional, y las segundas tanto en este como en el extranjero, durante las denominadas misiones internacionalistas, que no eran más en muchos casos que guerras en el extranjero.

Con la desaparición de la Unión Soviética, que daba el apoyo financiero y el armamento para estas aventuras, las mismas decrecieron, pero han sido sustituidas por el alquiler de profesionales a otros países, en una variante moderna del trabajo esclavo: el Estado se queda con la mayor parte del pago por el servicio prestado y el profesional recibe una ínfima cantidad.

Con sus padres ausentes la mayor parte del tiempo, los hijos se criaron, primero becados en las escuelas secundarias y preuniversitarios en el campo, donde permanecían toda la semana con autorización de salida solo al final de la misma; sometidos, además de a los estudios, a una intensa preparación política e ideológica, tratando de crear un hombre nuevo que respondiera incondicionalmente a los intereses del régimen.

Eliminado más tarde este sistema educacional, por incosteable e improductivo, la atención familiar de los adolescentes pasó a manos de los abuelos, a quienes, por sus limitadas condiciones físicas,  les cuesta asumir plenamente esta gran responsabilidad. El resultado de todos estos absurdos experimentos fallidos ha sido la pérdida de valores éticos, cívicos y morales, que tanto se critica actualmente.    

A pesar de todo este rosario de calamidades, por los golpes recibidos, la situación de pobreza existente y la necesidad de unir los esfuerzos para sobrevivir, las familias dispersas y separadas durante años se van reencontrando y hoy, poco a poco, obviando al Estado y su retórica catastrófica, vuelven a compartir espacios y a tener intereses comunes, a pesar de haber dejado en el camino partes importantes de sus vidas, que nunca podrán recuperar. 

Pedro no ha sido ajeno a esta situación y ha restablecido plenamente la relación con sus hijos. Ya tiene tres nietos, aunque el continúa viviendo en Santos Suárez, en la vieja casa familiar, y sus hijos y nietos en Estados Unidos. Marta se volvió a casar y ha hecho su nueva vida en Argentina. A través de sus hijos conoce de Pedro el cual, con el tiempo y los golpes recibidos, ha cambiado. Ya dejó de creer incondicionalmente en las autoridades y, lentamente, ha ido aceptando que perdió los mejores años de su vida y el disfrute natural de su familia.

El caso de Marta y Pedro es real. Con sus variantes y características propias, con mayor o menor grado de dramatismo, pero siempre trayendo laceraciones familiares, se ha repetido demasiado en nuestro país. Lo que está sucediendo en las familias en los últimos tiempos es solo un comienzo, pero enciende una pequeña luz de esperanza entre quienes, por encima de ideologías y políticas, sufren a Cuba y desean para ella un presente y un futuro diferente, donde todos los cubanos, sin odios ni rencores, puedan disfrutar de paz, bienestar, tranquilidad y felicidad.

Comentarios [ 13 ]

Imagen de Anónimo

Muy bueno Fernando, como bien dices hay muchos Pedros entre las familias cubanas.

Imagen de Anónimo

El tema sigue vijente y a cambiado muy poco.No entiendo porque  se habla y se discute como si fuese el pasado.LA FAMILIA CUBANA SIGUE DIVIDIA ACTUALMENTE POLITICA Y MORALMENTE, asi que no se crean cosas por los viajesitos y las reformas.

Imagen de Anónimo

Muy buen articulo. Es algo que también conozco por mi propia experiencia y que me entristece. Ya he rehecho mi vida y no tengo problemas, pero si reflexiono me duelen estas separaciones familiares, la salida del país en que nacimos y tantas cosas absurdas y dolorosas, que aunque ya han pasado, se hubieran evitado. Y todo eso a cambio de qué ? De qué sirvió todo eso y la separación de la familia ??? No creo que sea un caso único ... Enfin : ellos ganaron, y de qué les sirve ??? 

Imagen de Robustianoellibre

un verdadero drama, tremendo. Lo vivi en mi familia, hoy completamente dividida y desparramada en Cuba y otros paises. Los que vivimos fuera nos hablamos y comunicamos mucho aunque estemos lejos, los de la isla esclava ni se ven entre ellos por la falta de transporte para viajar a provincias o a la habana. una tragedia. Los de la isla esclava mendigando los dolares despues que apoyaron a fidel y comparsa. Muy duro todo.

Imagen de AdelaCuba

Cierto que ese dolor de la separacion existe en nuestras almas. Aun cuando se es feliz siempre se tiene esa pena del emigrante. El rencor a "lo que pudo ser" es fuerte y no todos podemos olvidar. Es por eso que cuando escribimos en estos sitios volcamos muchos sentimientos de distintas formas. De alguna manera para muchos es la unica manera de comunicarnos con nuestra cultura. Gracias por esciribir algo sobre este tema. El cual debemos observar si queremos conseguir paz interna.

Imagen de Anónimo

Sin comentario, todo esto solamente tiene un nombre castrismo.

Imagen de Anónimo

Le falto hablar de en que convirtieron a esas 

Niñas fundamentalmente en las escuelas en el campo y al campo.

 

Imagen de Anónimo

Estonia es verdadero pero tbn hubo otra familias que con gente fuera y dentro mantuvieron  relaciones  y formaron personas util es a la sociedad y como todo

algunos viven dentro y otros no,no se puede generalizar,en ,a Huerta del señor hay de todo,no lo olviden

Imagen de Anónimo

Los causantes de esta tragedia,los castro, siguen ahí plantados como si nada,claro su familia es la única que no se ha dividido,aunque viven en bunkers aislados del resto de la población como si estuvieran en otro pais.

Imagen de Anónimo

Ellos lo apoyaron, ellos quisieron eso para Cuba, la generacion de los 50, ahora disfruten de su sistema "justo" en una vejez mediocre haciendo colas para comprar un pan de boniato. Disfrutenlo ahora y sin chistar.