Miércoles, 23 de Agosto de 2017
02:02 CEST.
Sociedad

Trabajar

Cuando una ve las paradas llenas de gente que madruga para ir al trabajo en Cuba, se pregunta qué magnetismo puede provocar tal flujo a pesar de años de salarios "simbólicos".

Incluso con el sentido de culpa que se nos inculcó a los nacidos en los 70 y 80 con respecto al dinero —culpa que todavía se explota cuando se trata de azuzarnos contra los inconformes políticos)—, una lógica elemental nos hace relacionar trabajo-salario-precios. Y la vida se encarga de demoler, de golpe o de a poco, el exceso de idealismo.

Claro, entre aquellos que llenan las guaguas al amanecer están quienes reciben parte de su mensualidad en divisas, que nunca son suficientes pero algo alivian. Y los que compensan las cifras que faltan al jornal sustrayendo recursos cuya prolijidad depende de su falta de escrúpulos.

Los motivos por los que la gente mantiene un empleo estatal van del "privilegio" de acceder a internet, un horario abierto que les permite alternar con funciones más lucrativas, a la mera inercia o el miedo a no tener pensión en la vejez, por más que en las calles la visión de maltrechos ancianos vendiendo bagatelas o incluso mendigando, nos recuerden el resultado de décadas de trabajo.

Sé de una enfermera, amante de su profesión y querida por todos sus pacientes, que se retiró, entre otras causas, porque sobre ella recaía la responsabilidad de comprar el detergente con que lavar el material de la enfermería. Cuando no pudo asumir el gasto y le expresó a un paciente su imposibilidad de atenderlo por no tener jeringuillas estériles, la reacción de sus superiores fue prácticamente estigmatizarla. Delatar ante la población las deficiencias internas del sistema de salud es visto como una traición política.

Sé de un maestro que dejó su profesión por lo "simbólico" e inoperante de su sueldo. Viendo las recientes reformas salariales para los deportistas, una se pregunta por qué los docentes y el personal de salud no son incluidos en esta nueva estrategia.

¿No bastan para clasificar como reformables el imparable éxodo en ambas funciones, o el patente deterioro de la educación y la salud pública?

Pero lo más asombroso es chocar en la prensa, en la televisión, en respuestas "oficiales", con un enfoque nuevo y recurrente. La urgencia de iniciar alternativas empresariales, pues "ya es hora de dejar de ser una carga para el Estado".

La independencia es el precio primero de la dignidad, es cierto. Ahora, en qué momento de la historia de este país la población entregó de forma espontánea su autonomía económica. En qué acto masivo donde no estuve, los cubanos dijimos que no queríamos ser independientes. 

Así como se nos recalcaba el valor de la soberanía, paradójicamente se daba por sentado que el Estado monopolizaba empresas y ministerios porque era el administrador de nuestros intereses. Porque el Estado representaba al pueblo. Y estaba tan intrínsecamente unido al Gobierno o a la revolución que no había modo de diferenciarlos. Detalle que tampoco importaba porque el primer requisito para ser revolucionario, y por extensión cubano, era la confianza.

De las clases de historia o los intentos de aproximación al marxismo, todavía recuerdo la demonización del concepto de empresa privada. Crecí convencida de que negociante era sinónimo de delincuente.

De pronto se produce una escisión (por demás cuestionable) entre Gobierno y Estado, se redime la privatización, y la prosperidad tan tabú se promueve hasta en el desfile por el Primero de Mayo.

Pero además se nos apremia a volar, ¡ya! No importa si no hemos desarrollado las plumas, si nuestras alas están atrofiadas. No importa si el mismo Estado que reclama nuestra responsabilidad no se responsabiliza de garantizar insumos en la aventura cuentapropista.

Sin embargo, una vez más, el pueblo reacciona a la altura de las expectativas que se le imponen. El cómo es irrelevante, éste siempre ha sido un país surrealista. Se abren nuevos y más llamativos negocios, se ahonda más la brecha entre las ya visibles clases sociales.

Los precios en comercios, taxis, espectáculos culturales —las  reglas para ser respetado, que incluyen como primer paso tener un teléfono móvil—, todo se va poniendo a tono con esta sociedad triunfal que se filtra en la vieja, acaparando más y más espacio.

No importa los que queden rezagados. Los que no reciben remesas, o no consiguieron a tiempo un trabajo "lucrativo", o les sobran los escrúpulos. O los que los sorprendió el ocaso entre uno y otro camino, y carecen de fuerzas y hasta salud para comenzar de cero.

El feroz capitalismo del que les alertaron siempre y contra el que lucharon tanto, les pasará por encima.

Así que mientras se activan los rescoldos del pudor al dinero para demonizar a los periodistas independientes, no pagados por el Estado, se precipita al vacío de una improvisada libre empresa a jóvenes y viejas generaciones.

Los que no tengan cómo dar ese salto, y mientras no entren en la terrible categoría de "disponibles", seguirán aferrados al pedacito que tienen, seguirán corriendo a las paradas al despuntar el día. Y el futuro los sorprenderá en las calles vendiendo bolsas de nailon, o con la mano extendida, o con la mirada opaca en algún lóbrego inmueble.

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Comentarios [ 7 ]

Imagen de Anónimo

Chicho dice:Sin generalizar, desde mi punto de vista creo que hay cubanos de la isla se han acostumbrado a la dependencia eterna a lo que caiga de afuera y a hacerle el juego a la fiera y su secta. Afuera hay muchos que nunca la han cogido viviendo de la seguridad social y del invento del cual estaban ya viciados. Y esto no pasa solamente en Miami, madrid, Estocolmo, sino en cada ciudad donde viven cubanos ves a ese grupo de hombres nuevos para los cuales el valor del trabajo no les dice nada, muchas veces los ves viajando 3-4 veces al solar cargados de pacotillas y los ves en los actos convocados por los consulados gritandoles loas a la fiera y su sequito. Ultimamente he visto videos de la juventud clamando por la posibilidad de una visa para salir y ver la acera del frente, pero no he visto a nadie pidiendo por un salario bruto verdadero donde se vean todas las deduccciones hechas al obrero cubano y tampoco nadie dice que es de alli de donde realmente se pagan los servicios sociales, asi que hay que hacerle ver a todos que lo gratuito de esos servicios es un guayabon que les han introducido en los cerebros desde la mas tierna infancia.

Imagen de Joshua Ramir

Anónimo - 28 Nov 2013 - 4:26 am.100% de acuerdo con usted. En ese cubano que le averguenza vivir de la seguridad social (a mi me paso al perder mi empleo cuando la crisis del 2008 y salvo mi esposa y ahora Uds. nadie se entero) está la prueba del espiritu de progreso de un pueblo, el que a pesar del ataque frontal, no han podido eliminar y que nos va a garantizar la pronta reconstruccion de Cuba. No nos preocupemos por los vicios presentes porque son impuestos, Cuba se los sacudirá y bien rapido. Siempre pienso que la reconstruccion de Cuba sera nuestra victoria definitiva sobre el castrismo.

Imagen de AdelaCuba

Lo que más me saca de mis cabales de este escrito; es como mis compatriotas se adaptan a vivir sin caridad para con la gente que comparte el mismo sitio. Algo que se destaca en la comunidad del exilio es como tenderle la mano a quien más necesitado este. Los cubanos de los últimos años no tienen eso dentro de ellos quieren pero no dan de regreso. No hablo de devolver a quienes les extiende la mano pero en general. Realmente no les veo con mucho ánimo de trabajar tampoco y hablan mucho de cómo en Cuba se vive sin trabajar. Eso no puede ser bueno. Lo que si me queda claro que la ética laboral se fue de nuestra cultura; tal como lo plantearon los tiranos castristas.

Imagen de Anónimo

El cubano no es vago y afirmar esto,  ademas de una superficialidad, es un insulto y grave. Cierto que existen vagos entre los cubanos como cualquier lugar del mundo. Pero en escencia el cubano es muy trabajador, lo que sucede es que no a todos aceptamos trabajar a cambio de nada en un estado de semi-esclavitud. La mayoría cuando emigramos doblamos el lomo y no le hacemos ascos a ningún trabajo por el que nos paguen.Algo que he notado es que cuando emigramos, los cubanos no somos dados a vivir de la seguridad social y los que lo hacen, prefieren ocultarlo porque les averguenza.

Imagen de Anónimo

El trabajo ha perdido sentido para algunas generaciones de cubanos. Es la consecuencia de no ser retribuido justamente y de que las personas hayan tenido que recurrir a la ilegalidad para poder subsistir. Decir que los cubanos son haraganes es una superficialidad, solo lo puede haber dicho alguien que no ha pasado por los hospitales donde hay medicos que trabajan muy duro y en condiciones dificiles, con mala alimentacion. Es justo que se retribuya el trabajo y sobre todo NECESARIO. El resultado de las politicas salariales estatales ha empujado a la miseria a la poblacion y a la destruccion de empresas logicamente.

Imagen de Anónimo

el cubano de hoy en dia es HARAGAN, viven del cuento o de la familia que los mantiene desde fuera, es una VERGUENZA para un pais donde sus nacionales prefieren pasar trabajo antes de DOBLAR EL LOMO, despues llegan a los paises NORMALES y se pasa n la vida ciriticando porque aqui SE TRABAJA.

Imagen de Anónimo

El análisis sería más suculento si se comparara donde trabajan los cubanos.En las empresas mixtas y sucursales radicadas, sólo los que tienen vínculos familiares o de amistad con la jerarquía partidaria. Son los que acceden a sueldos en divisas. Al igual que aquellos que operan en sedes diplomáticas.Es la neoburguesía raulista, que goza de prerrogativas de todo tipo.