Sábado, 16 de Diciembre de 2017
23:48 CET.
En defensa de Miami (III y final)

Silicone City

Una de las primeras imágenes que sacuden al visitante que llega al aeropuerto de Miami es el de esos promontorios gemelos que circulan por los pasillos con un carrito con maletas por delante y una mujer —grande o pequeña según el caso— detrás.

De cualquier manera este accidente geográfico no debería sorprenderlo tomando en cuenta que Miami es reconocida como el mayor yacimiento de silicona a cielo abierto del planeta. Y que posiblemente el desembarco del visitante en la ciudad está motivado por su deseo de conseguirse unos promontorios parecidos.

Lejos están los tiempos en los que la gente al llegar agradecía haber arribado a tierras de libertad. Hoy la aspiración y el deseo es tener senos "como aquella que pasó por allí" en referencia a la señora que está justo detrás del carrito de las maletas y de un par de tetas acabadas de instalar.

Con esto no quiero insinuar que Miami se haya vuelto una ciudad frívola que prefiera la silicona a la libertad. O que yo no entienda los medios que han buscado las mujeres para adaptarse al clima del lugar. "Es que esta es una ciudad veraniega —me dijo mi amiga Yarimey cuando la que interrogué al respecto— y tener un escote abultado es como tener en Nueva York una buena bufanda".

Conste que mi amiga no tiene ningún relleno artificial en la zona que ocupa la parte superior de sus camisetas. Ni siquiera natural. Es que Yarimey es medio intelectual (en su ciudad natal, Pinar del Río, era intelectual completa) y cuando Dios le dio a escoger entre relleno en la cabeza o en los ajustadores ella, pinareña al fin, prefirió tener cerebro. Así le va en la vida. Lo anterior le da más mérito a su profunda comprensión y simpatía por los esfuerzos de sus conciudadanos y conciudadanas para adaptarse al medio ambiente. Y digo de todos, hombres y mujeres, porque cuando de silicona se trata se habla de estas últimas sin tener en cuenta a los maridos que alegremente mantienen tres trabajos porque uno apenas le alcanzaría a costearle dos tercios de uno solo de los senos. ¿Quién le hubiera dicho a Marx que el principal instrumento de la explotación capitalista en el siglo XXI sería un par de tetas que rellenar de silicona o solución salina?

Es por eso que la cirugía estética en Miami debe verse no solo como atractivo turístico o impulsor de la economía sino como sustituto del maquillaje, de las dietas, el ejercicio y el tratamiento psicológico. Pienso en la gente que se atiborra de masitas de cerdo fritas y tres leches durante seis meses para al cabo bajar las libritas de más haciéndose la liposucción. O en toda la autoestima recuperada gracias a un poco de silicona de más o de grasa de menos. El único problema de autoestima que se crea es en las compañeras de trabajo o las vecinas que todavía no han reunido dinero suficiente para hacerse la operación.

Y con la fricción social que crean estos llamativos implantes entramos de lleno en la política. Porque estoy convencido que cualquier candidato presidencial que el año pasado hubiese defendido que los implantes de mama fueran cubiertos por el seguro médico habría ganado la elección en el área del condado Miami- Dade y con ello todo el estado de la Florida y quién sabe si el país completo. Basta que se presenten los implantes como una necesidad urgente de salud, como la marihuana medicinal. O como la eliminación de los vasos de soda que contengan tanto líquido como una piscina pequeña.

Ya aparecerán cálculos que demuestren que con los implantes y las liposucciones se ahorrarán billones de dólares al seguro médico en tratamientos contra la ansiedad y la depresión. Que con la silicona al alcance de todos los brassieres se eliminará una desigualdad que ya obsesionaba a nuestros padres fundadores. Con esa plataforma bastará para aplastar a cualquier candidatura contraria que apenas tendrá el consuelo de recibir el voto de mi amiga Yarimey, ya sea porque los implantes le parezcan una frivolidad o simplemente porque es pinareña. 

 

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Comentarios [ 49 ]

Imagen de Teresa Dovalpage

 ¡Buenísimo! Yo me río cantidad con los comentarios de Enrisco… y no me parecen una crítica hecha con mala intención, como las de otros detractores de Miami, sino la que se usa con la familia… tipo: “¿Te enteraste de la última barbaridad que dijo Tía Fefita? ¡Ay, esta tía!” Sobre los implantes y demás…bueno, a veces hay que ayudar a la madre naturaleza, jajaja…Yo no critico a nadie porque one never knows,. Besitos desde Taos, la Te 

Imagen de Anónimo

A Enrisco se le olvidó alertar a las aspirante ya que en Miami estan los que a falta de silicon ponen cemento Portland No. 1, que su fraguado es muy bueno para constrir pero peligroso para rellenar lo que Dios no le dió. mas seguro es lo que hacen algunas,darse su viajecito a La Habana que hasta le sale mas económico.

Imagen de Anónimo

Enrisco se te olvido mencionar que ahora van a ponerselas a La Habana que son mas baratas

Imagen de Anónimo

ENRISCO, bueno el articulo,  Los hombres latinoamericanos  prefieren tetas y  culos antes que cerebro.. son muy machistas,, despues les pegan tarros a diestra y siniestra y no se enteraaaaaaa tioooooo que no se enterannnnn  ,, porque no se quieren enterar..jjjeee

Imagen de Anónimo

Respuesta a Anónimo - 10 Sep 2013 - 11:05 pm.Esos no son latinos imbecil. Son italianos

Imagen de Anónimo

LO MALO DE LAS  TETAS PLASTICAS  ES  QUE NO S E PUEDEN ACARICIAR MUY FOGOSAMENTE, JEJEJE  SON  COMO  PIEZAS DE VIDRIERA: MIRAR Y NO TOCAR!!!!

Imagen de Joshua Ramir

nah, no esta mal la trova del enrisco, las tetas plasticas, ok es verdad y muy grande, igual se divierte uno con ellas, viva miami, viva la libertad, vivan las tetas

Imagen de Anónimo

So, Enrisco es un "escritor" que desde el pueblito de Nueva Jersey donde vive escribe sobre Miami, Madrid y Nueva York? Wow, que viva la globalización!   

Imagen de Anónimo

Si es verdad, en Miami no se lee - solamente por eso esta la Feria Int'. del Libros, unas de las mas aclamada en el mundo.

Imagen de Anónimo

Me descojo de la risa con los pujitos de Enrisco. Se me descuaja la prisa y por último me cisco.