Lunes, 18 de Diciembre de 2017
00:36 CET.
Opinión

Apuntes para la transición

El panorama político de la Isla se ha dinamizado en los últimos tiempos. En la arena internacional el hecho de mayor impacto ha sido sin dudas la muerte de Hugo Chávez y su sucesión materializada en Nicolás Maduro, un hombre con muy pocas herramientas políticas, que a pesar de muchos pronósticos ha logrado, por ahora, mantener cierto equilibrio. Sin embargo, la difícil situación económica por la que atraviesa Cuba y el incierto escenario chavista, hacen que el totalitarismo cubano evite apostar todas sus cartas a Venezuela.

Para la elite en el poder, el tiempo, como parte de la ecuación política, se convierte en la variable más importante. El relanzamiento de su posición en la arena internacional pasa a ser parte de sus prioridades. Mostrar un nuevo momento en las relaciones con Europa y Estados Unidos se vuelve vital en la búsqueda de nuevos socios económicos y políticos que le brinden estabilidad y legitimidad.

En el interior de la Isla, las transformaciones en el sector económico no generan una nueva impronta dado los años de estatismo acumulado, la descapitalización y la precaria situación de múltiples sectores. Un proceso de verdaderas reformas implicaría acciones más profundas que dinamicen una realidad que ya se anuncia como desastre social, reconocido incluso por Raúl Castro en su última intervención. Pero el miedo a perder el control se convierte en obsesión y principal obstáculo.

La posibilidad de viajar de algunos opositores representa en este sentido el paso más audaz que ha dado la elite en el poder, una clara apuesta a mejorar su imagen en el exterior y sacudirse el estigma de la falta de libertad de movimiento. Es muy probable que esta movida esté manejada bajo el presupuesto de que algunos tragos amargos no serán más que eso, que la realidad seguirá metida en su habitual camisa de fuerza, porque los opositores no pasaremos del nivel mediático y al regresar a Cuba, el control absoluto de la Seguridad del Estado y la falta de articulación social, mantendrán todo en su lugar.

Ante este escenario se hacen necesarias algunas preguntas: ¿Está la sociedad cubana en condiciones de pujar por mayores espacios de libertad e independencia? ¿Puede la oposición capitalizar políticamente sus viajes? Entiéndase por capitalizar nuestra capacidad de articularnos y proyectarnos dentro y fuera de la Isla como fuerzas prodemocráticas con un peso cívico o político en cada caso. Proyección que nos permita también terminar con el nefasto juego de gato y ratón con el que la Seguridad del Estado, como brazo del sistema, nos ha mantenido ineficientemente ocupados. Se vuelve entonces imprescindible madurar como oposición y sociedad civil, lograr expandir las grietas de un sistema agotado que sostiene el control y el ejercicio de la violencia de Estado como elementos de contención social.

La experiencia de múltiples transiciones muestra la importancia de comprender el momento del cambio como un paso dentro del proceso de reconstrucción nacional, visto como un punto de inflexión no discontinuo. En un escenario extremo como el que enfrentamos, una transición exitosa implicará necesariamente la activa participación de capital humano preparado, con un fuerte compromiso social y una clara visión de la nación que desea construir.

Sin un tejido social que represente cuando menos un microcosmos del meso y macrocosmos que visualizamos, será muy difícil edificar una democracia funcional. Los ejemplos fallidos son abundantes y resulta irresponsable omitirlos. La conocida "primavera árabe", devenida "invierno", es el caso más reciente que muestra que la instauración de un sistema político necesita un proceso de maduración y articulación de su sociedad civil. Imaginar el cambio y la reconstrucción de un país roto, fragmentado, no solo en el aspecto físico sino también en su dinámica social e individual, resulta ejercicio primordial si pretendemos la construcción de una democracia que contenga los ingredientes de toda nación moderna.

Como oposición debemos romper con paradigmas que impliquen regresión y copia de lo que se ha vivido, en el que símbolos gloriosos, épicos y personalismos juegan un papel significativo. Un imaginario que cifra demasiadas esperanzas en una "chispa" expansiva y que suele aplazar un trabajo efectivo con vistas al mediano y largo plazo.

Sería saludable igualmente reajustar una idea que ha dominado nuestras mentes durante más de medio siglo postrepublicano: la anhelada unidad de la oposición como única vía de presión efectiva para promover el cambio. Consideramos que el protagonismo principal de la transición debe recaer sobre la sociedad civil, mientras la oposición, como actor político, con un discurso y una acción coherente, debe pujar porque su representatividad tenga el alcance y la penetración necesaria.  

El viejo Hegel llevaba razón al afirmar que "todo lo que un día fue revolucionario se vuelve conservador". Las palabras pierden su sentido original y se resemantizan al cambiar el contexto que las alimentó y sostuvo, tan es así que la propia lógica de las revoluciones se vuelve en su contra.

El acto verdaderamente revolucionario es un gesto brusco, un momento de ruptura que trastoca el orden establecido. Las revoluciones todas, incluyendo las científicas, están diseñadas para transformar,  socavar las bases del modelo o paradigma anterior y, de esa manera, echarlo abajo.

Entonces, lo novedoso en nuestros días es entender esa posible brusquedad como un instante dentro de un proceso, que debe estar permeado de los ingredientes que conforman las sociedades modernas, el conocimiento, la información, el pensamiento, el arte, la tecnología. La revolución es un momento de la evolución, pero no a la inversa.

En la segunda década del presente siglo no podemos pensar en ningún proceso social sin tomar en cuenta el carácter transnacional de los mismos. En nuestro caso sería imposible analizar un tránsito a la democracia y un proceso de reconstrucción sin involucrar a la diáspora y al exilio con sus actores políticos. Si bien ellos no están anclados en la cotidianeidad de la Isla, son elementos vivos de la nación y como tal gravitan en ella. En eso el cubano de a pie no se equivoca. En el imaginario del cubano una parte importante de la solución de nuestros problemas está en Miami (como genéricamente se define a la diáspora). La visión moderna de las sociedades contemporáneas debe llegar y, en nuestro caso, componerse en gran medida a través de una constante retroalimentación entre la Isla y su diáspora. La oposición y el exilio deben ser, justamente, la bisagra que haga posible tal articulación.

Y este es, a nuestro modo de ver, el otro elemento que terminaría encuadrando el escenario cubano: cómo se imbrica en lo adelante la oposición con una sociedad civil transnacional de tal modo que la lógica binaria de lo interno y lo externo, de las figuras del "cubano de adentro" y del "cubano de afuera" llegue a su fin, para lo cual no es suficiente con reconocer, en un plano discursivo (como también lo hace el régimen) que no hay diferencias entre nosotros, que somos iguales, etc. Es algo más: somos un solo e indivisible cubano y ese único cubano debe tener su derecho a ejercer el voto y a influir en el presente y el futuro político de su país no importa en qué lugar del planeta se encuentre o resida. Se trata, para la oposición y el propio exilio, no solo de un problema político, sino conceptual.

Como actores políticos debemos mostrar que somos una opción de gobernabilidad, exponer el capital humano del que disponemos, la capacidad que poseemos de generar un entramado político y jurídico capaz de llenar el posible vacío que dejaría la nomenclatura unipartidista; demostrar que podríamos garantizar la seguridad no solo para el país sino para toda la región y por último, aunque no menos importante, la capacidad para rebasar las campañas de los castristas en eventuales elecciones libres.

Este sería, quizás, el escenario más deseable en términos de expansión de la sociedad civil transnacional y del correlativo constreñimiento del Estado totalitario. Estemos, pues, alertas para no confundir sucesión con transición; aprendamos a vernos y sentirnos como cubanos a secas y exijamos nuestros plenos derechos civiles y políticos, económicos, sociales y culturales como aparecen reflejados en ambos pactos de la ONU. Admitamos que para la transición es tan necesario el capital humano disperso por las instituciones del Estado como las habilidades, el conocimiento y capital financiero de aquellos que han tenido que crecer lejos ―aunque no fuera― de su patria.

El problema de la nación cubana es hoy el problema de la transición y la reconstrucción democrática, proceso que será posible solo si se involucra al mayor número de cubanos, vivan donde vivan. No decimos que la patria es de todos, lo cual es una declaración de jure; decimos que todos, juntos, hacemos la nación cubana, lo cual es ya una declaración de facto.

 

Síguenos en Twitter, Facebook o Instagram. Si resides en Cuba, suscríbete a nuestro boletín con una selección de los contenidos más destacados del día. Si vives en cualquier otro punto del planeta, recibe en tu buzón de correos enlaces a lo más relevante del día.

Comentarios [ 29 ]

Imagen de Anónimo

Yo lo que no acabo de ver es como le van a trasmitir eso a la mayoria de las personas que tienen que sobrevivir y ver cada dia que poner en su plato...no se si ya tienen un proyecto de este tipo: enseñar a las personas a ser autonomas economicamente (desde las condiciones actuales) ir supliendo sus necesidades economicas, luego van a necesitar ir supliendo las necesidades espirituales.  No se si me hago entender.  Enseñar a la gente a pensar como empresario y no como empleado.  Entiendase empresario no el concepto que tiene generalmente el cubano de director con coche, secretaria y oficina...si no  que vean al empresario como el "luchador" el emprendedor que se vale por si mismo, a su cuenta y riesgo da igual vendiendo chicles, pastelitos o con un paladar de lujo.  Politica y Economia van de la mano. 

Imagen de Anónimo

esto no dice nada. somos los mismos, 'capitalizar' los viajes proyectandonse al interior, en fin, cosas que todos saben. El PROBLEMA es ponerle el cascabel al gato. Todos sabemos que debemos hacer. El problema es hacer.

Imagen de Anónimo

Muy bueno Rodiles, siempre le he admirado por su dedication al proyecto Cuba libre, creo que usando el internet pudieramos hacer una votacion, de Cubanos dispuestos a decir su nombre y apellidos,  como lo hizo puerta a puerta el señor Paya con dos preguntas a la nacion Cubana:1- Desearia una socied plural no de partido unico si o no2- Desearia una economia de mercado si o noYo creo que con estas dos preguntas serian suficiente para presentarlas a la Asamblea Popular, porque tanto derecho tiene el cubano que lleva un gusano lleno de mercancias a Cuba como el pobre negro que no tiene ni un centavo en Cuba y todavia vive en solares esperando que el Estado le resuelva el problema, basada en esos numeros podriamos echar andar, recuerde que con un solo punto se puede mover el mundo, no pretendamos resolver todos los problemas al mismo tiempo.Muchas gracias

Imagen de Anónimo

Palabras y palabras pero poca accion. El pueblo muerto porque lo han matado a lo largo de medio siglo.

Imagen de Anónimo

Cada dos cubanos hay tres partidos políticos radicalmente diferentes y enfrentados entre sí, lo cual desgraciadamente sirve para sustanciar la ofensiva frase p olítica de que "castro ha sido el único cubano capaz de imponerse y hacer callar a todos los demas". Terrible, pero cierto. Incluso proyectos tan interesantes como el Varela, tenía grandes "agujeros negros" respecto a la participación de los cubanos del exilio. Por supuesto que todos los cubanos de dentro y fuera deberian tomar parte en la reconstrucción de la isla, por muchas razones; primero porque son/mos cubanos y todos los paises normales y democraticos del mundo dan a sus ciudadanos el derecho de participar de la democracia, por ejemplo, hay ciudadanos españoes den argentina y mexico que a pesar de no haber nacido en  esos paises, tienen derecho a voto en las elecciones españolas como si vivieran en la península; un poco rara la sensación, pero si es lo que establece el juego democrático, se ha de cumplir; segundo, porque los exiliados cubanos a lo largo de este medio siglo hemos mantenido al pueblo de dentro de la isla con cifras recientes a los 1500 millones de dolares anuales en efectivo y 5 mil en productos, que constituyen el 2do renglón de importancia de la economía cubana, o sea el vinculo nunca ha desaparecido. Por eso, simplemente. En cualquier caso, dudo que nada suceda, aparte de una transición a "la russe", con los mismos de hoy de ministros mañana.

Imagen de Anónimo

Menos mal que alguien le pone moropo al asunto, porque el resto de la tropa, desde Oriente hasta Occidente, y desde el blog de la Yoa-Súper-Estar hasta las calles, está que da pena...

Imagen de Anónimo

Es imprescindible la participacion de los cubanos emigrados en la mencionada transicion. Los cubanos que van quedando dentro de cuba son una especie cubensis distinta, son aquellos donde el sistema ha hecho mas danno, los conformistas, cambiacasacas y oportunistas, los que se "adaptan" a cualquier cosa con tal de sobrevivir aunque sea con minimo nivel de vida, los que gritan de alegria cuando viene la luz despues del apagon pero ni protestan cuando el apagon llega. La falta de informacion y la presion estatal ha viciado los enfoques de casi todos los intelectuales que quedan alla. Rodiles es una digna excepcion. Coincido con otros comentaristas que han dicho que necesitamos una guia de accion que unifique y conglomere las ideas y las acciones. Todos queremos la libertad de Cuba pero hay que trabajar coordinadamente para ello!

Imagen de Anónimo

ami manera de ver las cosas sin unidad no hay, ni habra libertad en cuba ya es horas de hablar de lideres en la opocision con nombre y apellidos y dedicar los recursos economico que llegan a cuba por diferentes via en darlos a conocer en cuba por que muchos ya en el mundo son muy conocidos pienso en un rodiles , yoani sanches , eliecer ,ecct yo creo que es hora de concentrar recursos en estas persona que son los mas preparados hasta ahora para aglomerar la mayor cantidad de cubanos en la isla.

Imagen de Anónimo

Magnífico artículo de Rodiles. La única posibilidad de "capitalizar los viajes de la oposición" es tener medios de comunicación libres que ofrezcan a los cubanos la información de manera directa y no manipulada. Mientras que todo esté controlado por el estado castrista, hay poco que hacer. Respecto de los cambios económicos, sin una reforma en profundidad del sistema de derechos de propiedad, el estado mantendrá el control totalitario de la economía. Soy pesimista, dada la situación descrita, pero la gente como Rodiles es necesaria para que Cuba abrace la causa de las libertades.

Imagen de Anónimo

El artículo no hace una referencia directa a lo que sería el único motor de una transición democrática en Cuba: la desobediencia civil, para no hablar de insubordinación, rebelión y otros métodos más eficaces. Para lograr eso sería necesario la unidad y la creación de una coalisión o plataforma de intereses. La existencia de personas como Yoani Sánchez o Payá, son una pérdida lamentable de esfuerzos que sólo se reducen a dar a conocer la causa de Cuba en el exterior, pero que no cambiarán el panorama local, ya que no tienen un nivel de aceptación en la población, ya sea por la falta de información de los cubanos, la disidia o el miedo. Por otra parte tampoco existe el interés por parte de la disidencia de aunar esfuerzos, de cooperar estrecha y activamente o aglutinarse, como lo ha demostrado la historia en los procesos de democratización de las sociedades. Mientras nada de esto ocurra, el régimen seguirá permitiendo el "márgen de tolerancia" que le permitirá sostenerse dentro de ese espacio que reza: "Juegue usted con la cadena, pero no con el mono" –––– Amadeus.