Viernes, 15 de Diciembre de 2017
22:48 CET.
Opinión

Si de 'conducta impropia' se trata…

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El título alude a un memorable documental que, con seguridad, muchos cubanos de todas partes hemos visto, basado en el descarnado testimonio de quienes sufrieron la arbitrariedad y el terror implantados por el castrismo en la purga desatada unos cuarenta años atrás. Conducta impropia fue una ilegal figura delictiva establecida por el régimen castrista en las décadas del 60 y el 70 del pasado siglo para reprimir lo que oficialmente se consideraran desviaciones sexuales (homosexualidad, "blandenguería"), diversionismo ideológico o todo aquello que pudiesen interpretar las autoridades como políticamente incorrecto. Bajo esa etiqueta fueron presos, defenestrados, enviados a campos de trabajos forzados o sencillamente pasados al insilio, numerosos intelectuales, artistas y gente común y corriente.

En su mayoría las víctimas anónimas de esa cacería que se erigió como política de Estado fueron hombres, por cometer el grave delito de usar melenas largas, pantalones demasiado estrechos, no incorporarse a las "zafras del pueblo" o preferir cierto tipo de música, entre otros. Nadie escapaba del riguroso escrutinio de la Inquisición verde olivo y de sus celosos comisarios; cualquiera podía caer en desgracia ante los rígidos parámetros revolucionarios.

Con el tiempo, la represión se mantuvo, pero cambiaron los métodos. Algo de lo que antes fuera condenado pasó a ser tolerado y actualmente los esquemáticos guerrilleros se han visto obligados a asumir nuevas poses y hasta a aceptar ciertas diferencias. Sin pedir disculpas por los daños causados, sin admitir aquella persecución sin precedentes ni el atentado contra derechos elementales de las personas libres, ahora ese mismo gobierno simula estar al frente de la defensa de esos derechos, y para demostrarlo promueve campañas, realiza eventos y hasta organiza marchas y festivales.

Sin embargo, a raíz del discurso pronunciado por el general-presidente en la reciente sesión de la Asamblea Nacional, en el que anunció una cruzada contra la grosería y las indisciplinas sociales y señaló la "pérdida de valores éticos y morales" que se ha enraizado en la sociedad, vuelven a correr aires de censura por nuestras calles. Algunas personas aseguran que ya se están aplicando multas a quienes profieran "malas palabras" o mantengan actitudes groseras en lugares públicos, que suban a los ómnibus por la puerta de atrás o no paguen su pasaje, que escandalicen y molesten a los vecinos, que arrojen basuras y escombros en la vía, etc. Lo cual, en principio, no estaría del todo mal si no se tratara en realidad de una campaña más, si hubiese algún cubano libre de todos estos pecados como para multar a los pecadores, o si al aplicar las medidas no se incurriese, a la vez, en la vulneración de otros derechos ciudadanos.

Por ejemplo, días atrás un adolescente habanero, que aquí llamaré Daniel, residente en el municipio Cerro, regresaba a su casa después de su acto de graduación de enseñanza secundaria. Con el desparpajo y la peculiar idea de libertad propios de su edad, sintiéndose ya sin compromisos con la escuela y bajo el sol inclemente del verano, había subido, doblándolas hasta sus rodillas, las perneras de su feo y ya desvaído pantalón de uniforme amarillo, y traía la camisa medio abierta por fuera del fajín. Despreocupado, caminaba concentrado en la música de los audífonos atronando en sus oídos, por eso lo tomó de sorpresa un hombre que lo detuvo bruscamente en plena vía y, lleno de autoridad, tras exigirle apagar la música y sacarse los audífonos, le ordenó bajarse inmediatamente las perneras del pantalón.

De momento, Daniel dudó si el sujeto estaría en su pleno juicio, así que le preguntó quién era y por qué debería hacer lo que le ordenaba. El individuo entonces se identificó, no por su nombre y apellidos, sino como "inspector de menores", lo acusó de estar usando incorrectamente el uniforme, "un símbolo de la Patria que le había entregado la Revolución" y que por esa causa sus padres podían ser multados y él retenido en un "centro de atención a jóvenes con conductas inadecuadas".

Sin dejarse impresionar demasiado, Daniel le explicó que ya ese no era su uniforme porque, de hecho, estaba regresando de su graduación de secundaria, así que no tendría que usarlo más; que ya iba para su casa y tenía mucho calor después de permanecer largo rato parado al sol en el patio de la escuela oyendo los obligados discursos antes de obtener su diploma, y que él tenía entendido que los símbolos patrios eran la bandera cubana, el escudo nacional y el himno de Bayamo, y no un viejo pantalón que —para más señas— no se lo había dado ninguna revolución sino que se lo había comprado su madre a sobreprecio en el mercado subterráneo, cuando ya no le sirvió más el que "le tocaba por el cupón" en el curso anterior. El hombre persistió en sus amenazas, le exigió su carné de identidad y hasta trató de retener a Daniel por el brazo, ante lo cual el adolescente se sacudió y, ya seriamente asustado, echó a correr hasta su casa.

El hecho, rigurosamente cierto, se basa en el testimonio directo del jovencito y de su familia. Pero en realidad, lo importante aquí no es dirimir simplemente si Daniel actuaba de manera correcta o no. Durante muchos años ha sido costumbre entre nuestros adolescentes que se gradúan de diferentes niveles de enseñanza realizar esta especie de rito de paso en el que se desacraliza el viejo uniforme, considerado por ellos —y por generaciones anteriores, ya no tan jóvenes— un símbolo del control que ejercían las instituciones educacionales sobre sus vidas. Es apenas un inocente acto de rebeldía propio de esas etapas de la vida que se traduce en disímiles formas de expresión: desde hacerse estampar sobre las camisas las firmas de los compañeros de clases hasta la rotura intencional del uniforme en tiras que dejan colgar sobre sus cuerpos, sin mayores consecuencias.

De lo que se trata aquí, en esencia, es de que ningún funcionario o agente del Gobierno puede tener la autoridad de coaccionar a un menor, sea en privado o en la vía pública, trasgrediendo tanto el derecho de ese adolescente como el de sus padres y demás familiares adultos. La gravedad del hecho es que, con otros matices y en otro escenario, aquí se repiten la impunidad oficial y la indefensión ciudadana, a contrapelo de los supuestos "cambios" que pregona el Gobierno, lo que debería disparar de inmediato las alarmas en la sociedad.

Y ya que de multas y de castigos se trata, el Gobierno no está en condiciones de tensar la cuerda. Es a los cubanos a quienes correspondería analizar por estos días qué medidas tomar por la incalificable grosería gubernamental de entrar en arreglos armamentistas con esa otra dictadura del planeta, la norcoreana, engañando al pueblo cubano y ofendiendo al mundo civilizado y a las organizaciones internacionales de las cuales somos miembros. Castro II debe explicar esta y otras muchas violaciones que delatan la falta de valores éticos y morales del Gobierno antes de pretender aplicar medidas coercitivas sobre sus "gobernados".

Habría que incluir también en el análisis la responsabilidad directa de medio siglo de abuso totalitario en la pérdida de ética y de valores morales de la sociedad, sin mencionar la violación sistemática de los derechos ciudadanos a lo largo de todo ese tiempo. Lástima que este mismo gobierno nos haya privado también, con la supresión de las instituciones cívicas, de las herramientas con las cuales pedirle cuentas y hacerle obedecer. Sin dudas, ya está siendo hora del inicio de verdaderas reformas en Cuba, comenzando por las políticas.

 

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Comentarios [ 9 ]

Imagen de Anónimo

...por que en los paises "civilizados" no hay quienes profieran "malas palabras" o mantengan actitudes groseras en lugares públicos, que suban a los ómnibus por la puerta de atrás o no paguen su pasaje, que escandalicen y molesten a los vecinos, que arrojen basuras y escombros en la vía, etc???....porque alli no se permiten ni toleran esas indisciplinas sociales y se reprimen con fuertes multas o la fuerza policial si es necesario....por que esas cosas si ocurren en cuba en donde una dictadura feroz y represora lo controla todo???...por que nos parece una barbaridad el que en cuba se intenten reprimir estas practicas con multas y otras sanciones cuando eso es lo que comunmente se hace en el mundo???....la autora dice que no hay cubano cubano libre de todos estos pecados como para multar a los pecadores y en parte tiene razon....por desgracia,en todas las epocas y en cualquier lugar donde se encuentren,hay muchos cubanos que han hecho de la groseria ,el desparpajo,el irrespeto a las costumbres y normas de convivencia y etc,etc un tipo de identidad nacional y la muestran con orgullo  en todas partes...pero se moderan cuando llegan a paises donde,bajo amenaza de multas o castigos mayores,se les hace saber que esas conductas no son aceptables...no seria lo mejor que ,desde cuba,ya se fuera educando a los cubanos y haciendolos mejores aunque sea con esos metodos ???...

Imagen de Anónimo

Sí, eso puede suceder, pero puede suceder en todas partes. Aquí en Miami me ha pasado; un policía me detubo el paso, caminando por la hacera, sin yo haber hecho algo incorrecto, y en vez de pedirme cooperación, porque estaban buscando a un individuo que vestía como yo, me preguntó qué yo hacia por allí, como si no pudiese hacerlo, y me pidio revisar el bolso de espalda que llevaba, pero de una manera coaccionante ambas cosas - tratando de meterme miedo. Yo no lo recibí con malas maneras, ni siquiera demostrando preocupación alguna, porque no estaba en algo malo, o incorrecto. A cualquier edad, semejante situación, no hace bien alguno, y no crea buenas relaciones públicas. En fin, todavía deja mucho que desear, y lo único que puedo pensar es que a veces Dios tiene sus locuras, por más que uno le pida protección. Acciones inmeresidas, son casi un regalo diario, pero a veces es demasiado.El Mirón Cubano de Matanzas  nota: en cuanto a la conducta impropia, mientras no atente en contra del bien común, y el ajeno, cada cual puede vivir su vida. Ya bastante tenemos encima, para estar con tanta intransigencia. El error colectivo, no es facil de arreglar.

Imagen de AdelaCuba

Siempre se le dan halagos a quienes escriben algo digno de ello y este articulo es ante mi humilde opinión simplemente fabuloso. ¡Felicidades!     

Imagen de Anónimo

Miriam, NO solo no han pedido disculpas sino que culpan al pueblo PICHON de todo, un ejemplo fue cuando Mariela Castro, defendiendo a su tio el cagastro, dijo: "En esa sociedad homófoba, en ese contexto de hegemonía masculina y viril, las autoridades consideraron que los homosexuales sin profesión tenían que integrar las UMAP para ser verdaderos 'hombres'"Ademas fijense como enfatiza 'sin profesion' cuando en realidad metieron a TODOS, aunque tuvieran profesion.

Imagen de Anónimo

Que bueno sería que este magistral artículo de Miriam Celaya pudiera ser leído por todos los pueblos de América que tienen presidentes inspirados en la ideología de sus amos-maestros de la Cuba castro-comunista, y mejor todavía por todos los pueblos del planeta. El artículo no contiene ninguna mentira, ni exageración, sólo hechos totalmente ciertos, y comentarios muy acertados. Generaciones de cubanos somos testigos.

Imagen de Anónimo

No se preocupen,solo hay que recojer velas durante unos dias y esconderse en una retinga de barrio,todo esto es un calenton de caballo capao,asi ha sido durante 54 años,en lo sumo dentro de quince dias "la vida sigue igual" uno de esos ultimos calentones de caballo castrao (no me refiero a  moringo,ese es un penco)fue cuando el "decubrimiento" de la moringa donde hubo hasta Maltinga y todo,aparecieron mentes mancas que llegaron a decir por radio de siembras masivas de la afrodiciaca plantuja (lo de afrodiciaca lo digo porque llegaron a decir que era tan buena que le ponia el machete a la nonagenarios como si tubieran 18 años),tranquilos que todo pasa,ya se daran cuenta que que con el populacho no se puede.Por ahora les recomiendo que hablen en letra de molde porque los naguitos en La Habana quieren ranquearse y congraciarseel bobo alipio

Imagen de Anónimo

tremendo escrito como siempre Miriam, pero eso de escribirse la camisa con las firmas de los amigos el último dia de clase no se por qué es algo VEDADO en el pais del desparpajo, eso se usa muy normalmente en todos los paises, yo creo que por casa de alguno de mis familiares todavia exista la blusa del último dia de mi Secundaria con las firmas de mis amigos de clase y que conste que peino canas y soy abuela, tambien tengo guardadas las de mis hijos como muestra de una época pasada, deberian de poner mas énfasis en las MALAS PALABRAS y la forma de hablar de muchos de los nuevos cubanos que si te pones a oirlos parece que tienen una papa trabada en la boca.....y que  conste no es crítica pero a veces le pregunto a mi esposo: yo hablo así tambien?...... es el hombre nuevo que ellos CONSTRUYERON ahora que no se quejen.

Imagen de Anónimo

Muy certero Miriam!!!––– Amadeus

Imagen de Anónimo

bravo miriam.