Sábado, 16 de Diciembre de 2017
07:08 CET.
Opinión

A un año del cadalso

Esperé hasta el final de la cola, tras cientos de dolientes que desfilaban ante su ataúd, bajo el altar mayor. Era un mes de julio caluroso hasta lo criminal. Y en la parroquia El Salvador del Mundo, en el municipio Cerro de Ciudad de la Habana, velaban al fundador del Movimiento Cristiano Liberación (MCL): Oswaldo Payá, 1952-2012.

Me doblé sobre el vidrio de la humilde caja. Allí estaba la bandera nacional, con su geometría siempre represiva de barrotes azules y blancos, y ese triángulo rojo con la estrella como un ojo rapaz. El olor a flores muertas era insoportable, también el incienso hipócrita de una Iglesia cuyo Cardenal es hoy casi un ministro del Gobierno comunista ya cincuentenario, dando la espalda a sus fieles como otras tantas veces en la historia nacional.

Miré la cara de Oswaldo Payá. Tenía un moretón en la mejilla izquierda. En el exilio cubano, se le acusó de castrista por pretender una transición pacífica hacia la democracia que fuera de la ley a la ley, para que resultase redentora de verdad y no terminase en el cambio-fraude de un caudillo militar por otro con traje y corbata. En las filas de la oposición, recibió críticas de autoritarismo por la virtuosa vehemencia de sus convicciones. La soledad de aquel cadáver reciente era la típica de nuestros mártires.

Pensé en que junto a él habían segado la vida de un joven líder del MCL llamado Harold Cepero. Y en este punto fue como si Oswaldo Payá me mirase con culpa, sin necesidad de abrir sus párpados pesados como telones.

En ese instante tuve una visión arrasadora, cuyo fondo era la alocución radial que acababa de oír en la voz de su aún más joven hija, Rosa María Payá, quien anunció con dolor pero muy ecuánime al mundo que, después de décadas de vigilancia y amenazas constantes, su padre había sufrido un atentado, tal como lo demostraban los sms enviados a Suecia y España por los dos extranjeros sobrevivientes al "accidente".

En mi visión, Oswaldo Payá era sacado del auto de turismo en que viajaba y juzgado in situ por un tribunal militar, que lo condenaba a muerte sin darle la palabra, para cumplir así la vieja venganza personal del Comandante en Jefe de la Revolución, que jamás le perdonó ser un hombre libre y feliz dentro de Cuba, capaz de reunir más de 25.000 firmas en su contra, de hablar sin miedo pero sin odio el corazón al recibir el premio Sajarov del Parlamento europeo, y de estar a punto de obtener un merecidísimo premio Nobel de la Paz (título que Fidel Castro siempre ansió para él).

Entonces, un hilillo de sangre comenzó a manar de la oreja izquierda de Oswaldo Payá, surcándole el cuello hasta depositarse en el bolsillo de su camisa. Nadie más lo veía en la iglesia abarrotada de opositores, prensa extranjera y agentes secretos infiltrados (todos indistinguibles en más de un sentido). Sin darme cuenta comencé a llorar. Las lágrimas caían mansas por mis mejillas, sin poder controlarlas. Me llamaban del extranjero y yo les reportaba llorando, aunque ni siquiera me sentía triste. Estaba simplemente arrasado. Lo que comenzó con unos guerrilleros que fusilaban sin juicio desde mucho antes de 1959, ahora terminaba con un asesinato de Estado, mientras los inversionistas del mundo libre cuentan ya sus monedas para invertir y verse investidos como los salvadores de la última utopía totalitaria en la Tierra.

El Proyecto Varela del MCL, la idea de reducir a la tiranía al emplazarla a cumplir con su propia legislación, sigue vigente hoy, y ningún funcionario cubano (ni hoy ni mañana) tendrá legitimidad hasta tanto la Asamblea Nacional del Poder Popular no cumpla con lo estipulado, y reconozca a esta petición ciudadana que se le entregó dentro del marco constitucional. Ese legado de Oswaldo Payá sí sobrevivirá a los hermanos Castro. Incluso al capitalismo sin derechos humanos que hoy ya se ensaya para entronizarlo después de los Castro.

Es muy posible que el crimen quede impune en términos judiciales. Pero las vidas de Harold Cepero y Oswaldo Payá (hayan sido arrancadas como en mi visión o de cualquiera otra cruel manera) son ya un evangelio vivo, patrimonio de todos los cubanos, para que la violencia de Estado sea incinerada en Cuba junto al último de los uniformes verde-verdugo de la Seguridad del Estado.

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Comentarios [ 20 ]

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Miguel Fernández Díaz, tu retrato de Ana Botella es tan inexacto que estás hablando de otra política. Estás tan perdido en el tema que no vale la pena seguir discutiendo contigo.  En cuanto a los dos calificativos que tanto te hirieron, lo de obsesivo es innegable. ¿Tengo que citar algunas de tus obsesiones? Proyecto Varela, Oswaldo Payá, Brian Latell, Rafael Rojas...En cuanto a lo de miserable, eres un polemista miserable. Has caricaturizado a Payá y al Proyecto Varela, te la pasas polemizanco con Rojas sin siquiera nombrarlo — en el peor estilo de Granma— y, por citar un ejemplo, en este artículo tuyo te refieres varias veces a la opinión de otro como "bullshit". Ese comportamiento intelectual es miserable y chusma."Para remachar con bullshit Hernández Busto presentó la tesis expuesta por Rojas como si resolviera esta disyuntiva", escribes."Sin embargo, reducir el mundo a referencias bibliográficas juegos conceptuales no es bullshit tan peligrosa como predeterminar las citas citables", escribes.http://eichikawa.com/2008/09/historia-bullshit-y-solapin.html

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Usted terminó su comentario diciéndome que yo era miserable y obsesivo. Eso nade tiene que ver con las ideas. Para polemizar y discutir no hay que referirse a las personas, sino a sus ideas. Botella ha querido perfil bajo con Carromero, pero bailaría en una pata si este hace un buen ademán contra Castro. De la Aguirre ni hablemos: fue la primera que sugirió que lo habían drogado, sin que se les ocurriera hacerle un examen toxicológico, porque saben que no fue así. Para eso tienen al cónsul que vio a Carromero y a quien este no contó nada.Y eso de apartarse de lo que dijo en el juicio de Bayamo, cuando debió haberlo dicho todo allí, porque sabía perfectamente que iba a cumplir la sanción en España dijera lo que dijera, es precisamente lo que pone a Carromero en la posición de embustero.Vamos a ver: tenemos a un político español que va a un periódico de Washington a sostener algo que no quiere sostener en la Audiencia Nacional. Eso es pura farándula. Decirlo así, con brocha gorda, no.

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Miguel Fernández, supongo que para polemizar y discutir hay que referirse a las personas. Otra cosa es que hayan ataques ad hominen, pero en mi comentario anterior dirigido a Ud. no hay nada de eso: me ocupo de sus opiniones. Hablo de sus opiniones sobre política, no de su persona, porque no lo conozco, sino que lo leo por aquí y por allá repitiendo siempre lo mismo. Opino de lo que hace Ud., igual que Ud. se ocupa de lo hecho por Payá o el MCL, así que deje la moralina tonta.En cuanto a Carromero, abunda en su ignorancia. Veo que sabe muy poco de las tensiones entre PP madrileño y PP nacional. Ana Botella, la alcadesa de Madrid, ha querido perfil bajo para Carromero. Mientras que Esperanza Aguirre (a quien supongo que en su desconocimiento se refiere como alcaldesa) ha utilizado a Carromero para amagar en su lucha contra el PP nacional, pero encontró prudente no ir más allá.Y Carromero, que no tendría vida fuera de las Nuevas Generaciones del PP, obedece. Sin embargo, se ha apartado de su versión en el juicio de Bayamo. La "prueba" de que no ha ido a juicio se le deshace a Ud. cuando Carromero tampoco se ha conformado con el juicio en Bayamo. ¿Qué lo hace negar esa culpabilidad pero le impide ir a juicio ahora?Los manejos de la política española que Ud. con su brocha gorda no alcanza a describir. A eso, a ignorar y alardear de saber, es lo que se le llama faranduleo intelectual, que es lo suyo. 

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Anónimo 3:01Llamo anticastrismo farandulero a la manía de levantar contra Castro alborotos contraproducentes. Nunca me refiero a las personas, como hace usted, y he dicho que Payá merece honor por haberse opuesto a Castro, pero hasta ahí.Su único argumento en medio del ataque personal es infundado. Carromero no pierde su puesto en Madrid por acudir a los tribunales a demandar al gobierno de Cuba por haberlo forzado a declarar y demostrar así la acusación de asesinato político. La alcaldesa de Madrid bailaría en una pata si eso sucede. Solo que Carromero no puede hacerlo porque lo aplastarían en juicio.Ahí tiene un ejemplo de anticastrismo farandulero: dar entrevista al Washington Post y abstener de jugar al duro en los tribunales. Lo mismo que recoger firmas antes que votos y así por el estilo. 

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Miguel Fernández, supongo que sea Ud. quien responde a las 2:36. Reconozco en su comentario esa insolencia que lo caracteriza para hablar de la disidencia (farandulera, la llama). Parece ser que una de sus diversiones es denunciar una y otra vez en el mismo artículo que escribe siempre las fallas de Payá. Supongamos que fuesen fallas de estrategia política y supongamos también que sus herederos y familia fallan conduciendo las cosas como las llevan. Tal vez se equivocan, pero solamente alguien con tan baja catadura moral como Ud. puede calificar esto de farándula y show.Siempre sus escritos destilan algo que también puede encontrarse en personaje tan abyecto como Norberto Fuentes: la admiración por quien tiene el poder. Ud. adora a quienes detentan la dictadura porque les parecen exitosos. Así que es Ud. el farandulero, es Ud. el de los shows. Podría extenderme sobre su poca comprensión de los resortes de la política; porque sus alardes de conocimiento y su regodeo en resaltar las fallas de los demás hasta burlarse de ellas no van acompañados de verdadero discernimiento.¿Le parece enigmático que Carromero no vaya a los tribunales? Será porque no alcanza a comprender algo tan sencillo como que Carromero no está dispuesto a sacrificar su puesto en el PP local de Madrid. En fin, no vale la pena pedirle que sea menos miserable y obsesivo, pero por lo menos demuestre algo más de inteligencia.

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Anónimo de 5:58:Yo no propongo ningún curso de acción. Simplemente me afilio a la misma conclusión a que arribó la gente de la CIA en 1962 tras disolverse la crisis de los misiles: si no es así, file and forget. Todos tienen derecho a disidentir como les dé la gana, y yo creo que así no llegarán a nada, como no han llegado jamás a nada en décadas de "oposición pacífica." Y en cuanto al cuento del asesinato político de Payá y Cepero, tengo la prueba de que el único testigo en contra, Ángel Carromero,  no acaba de ir a los tribunales españoles, que es la única forma de abordar el asunto, porque eso de andar solicitando por ahí "investigación internacional" es otra de las variantes provincianas del anticastrismo farandulero: la gira del circo.

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Miguel Fernández, usted que es un realista en política propone un curso de acción imposible, utópico, completamente irrealizable. A falta de esas medidas drásticas, que por cierto, no estoy seguro que acabarían con malanga, los individuos que conforman la disidencia, desde los homosexuales hasta los blogueros, han conseguido un respiro, un break, con pegatinas y consignas. Presentarse delante de congresos y de organismoa internacionales y denunciar el régimen. No está nada mal. En mi época por eso te guardaban de por vida. En cuanto a Payá y Harold, no sé cómo puede estar usted tan ciego como para no ver la mano del G2 en el asunto, ni entiendo por qué se empeña en negarlo y creer que el régimen no es capaz de hacer un trabajo chapucero, cuando hay innumerables instancias de trabajitos sucios y mal hechos por todas partes, sin consideración para el qué dirán. Gracias por su respuesta.

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Para el anónimo de 1:50 am. Para acabar con el castrismo hay que aplicar el embargo a rajatabla, cerrar todas las empresas de viajes, remesas y paquetes a Cuba; anular el ajuste cubano y cancelar los acuerdos migratorios, más todos los intercambios académicos y culturales. Si no se aboga por eso, sólo queda espacio para la hipocresía y el anticastrismo farandulero. Yo no soy árbitro de nada.  Simplemente creo que para pillos y habilidosos, ya tenemos bastante con Fidel Castro. Y como decía el agente de la CIA y plomero de Nixon, Howard Hunt, si no van a hacer lo que se debe, sino recoger firmas, lanzar fuegos artificiales, imprimir pegatinas y caerse a mentiras o soltar galimatías sobre las racionalidades, lo mejor que puede hacerse con Castro es file and forget.

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Gracias Orlando por este articulo. Los hombres como Oswaldo y Harold no mueren, son el alma de los pueblos. Que sus vidas den frutos de verdad para nuestro pais. Mi mas profundo respeto y admiracion para ellos y sus familias.

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Miguel Fernández es el árbitro del castrismo, desde su despacho de Penbroke Pines dilucida las tecnicalidades de nuestra situación política con ánimo sombrío y mala leche. Pero olvida que para refutar el castrismo se requiere la sustitución de la racionalidad oficial (no voy a decir "legalidad") por otra, nueva, en algún paso de sus silogismos sobreviene una falla, porque parte de premisas falsas. Así deja al castrismo intacto, ateniéndose siempre a la propia lógica del régimen. Todo está bien, todo perfecto, todo cuadra en el libro caballeroso del Earl of Pembroke Pines. Lástima que la misma persona de OLPL y su denuncia sean un poco la negación de los Miguel Fernández.