Sábado, 16 de Diciembre de 2017
01:31 CET.
Opinión

El inventor y el capataz

Los agarraron en el canal de Panamá con las manos en los misiles. El castrismo no cambia. La complicidad de Cuba con Corea del Norte lo demuestra. Lo había advertido en La Habana el jefe del Estado Mayor norcoreano, el general Kim Kyok Sik: "Visito a Cuba para encontrarme con los compañeros de la misma trinchera, que son los compañeros cubanos". Dios nos coja confesados.

Además, Raúl Castro está muy molesto. El país es un desastre. Lo dijo públicamente hace unos días. Los cubanos son ladrones y vulgares, especialmente los jóvenes, que  sólo se dedican a perrear y al reguetón. Había prometido que todo el mundo se podría tomar un vaso de leche y no lo ha conseguido. Ni siquiera eso.

Hay menos huevos, menos carne, menos pollo. No hay manera de acabar con el racionamiento ni de ponerle fin al truco de las dos monedas. El Estado paga con la mala, la que no tiene valor, y vende en la buena, la que vale mucho. Raúl Castro sabe que perpetra una estafa de juzgado de guardia, pero se resiste a ponerle fin al delito.

Nada de esto es nuevo. Hace unos 25 años, Raúl Castro comenzó a darse cuenta de que el comunismo cubano era radicalmente improductivo. Fue entonces cuando mandó a algunos de sus oficiales a tomar cursos de gerencia en varios países capitalistas. Creía que era un problema administrativo. Acababa de leer Perestroika, el libro de Gorbachov, y estaba deslumbrado.  

En ese momento, todavía Raúl no era capaz de entender que el marxismo era una disparatada teoría que siempre conducía a la catástrofe. Fidel agravaba el problema con su ridículo voluntarismo, su inflexibilidad, sus iniciativas absurdas y su ausencia de sentido común, pero no generaba el desastre. El mal comenzaba en las premisas teóricas.

Hoy es diferente. A estas alturas, Raúl Castro, que ya no teme a Fidel y ha eliminado de su entorno a todos los acólitos de su hermano, con siete años de experiencia como gobernante, ya sabe que las recetas colectivistas y la cháchara del materialismo dialéctico solo sirven para mantenerse en el poder.

Pero aquí viene la paradoja. A pesar de esa certeza, Raúl Castro quiere salvar un sistema en el que ya no creen ni él ni ninguno de sus más próximos subordinados. ¿Por qué ese contrasentido? Porque no se trata de una batalla teórica. Cuando Raúl declaró que no llegaba a la presidencia para enterrar el sistema, realmente lo que quería decir era que no sustituía a su hermano para perder el poder.

En todo caso, ¿cómo Raúl pretende salvar a su régimen? Lo ha dicho: cambiando la forma de producir. Inventando un robusto tejido empresarial socialista que sea eficiente, competitivo y esté escrupulosamente manejado por unos cuadros comunistas transformados en gerentes honrados que trabajarán incansablemente sin buscar ventajas personales. Ya que no ha podido crear hombres nuevos, Raúl quiere crear burócratas nuevos.   

O sea, estamos ante una variante de los delirios desarrollistas de su hermano Fidel. Mientras Fidel era el inventor genial, siempre a la búsqueda de una vaca lechera prodigiosa alimentada de moringa con la que solucionaría todos los problemas, Raúl es el capataz riguroso, convencido de que es un tipo pragmático, organizado y con la mano dura, que puede darle la vuelta a la tortilla a base de controles y vigilancia.    

Ese vigoroso aparato estatal raulista coexistiría junto a un débil y vigilado sector privado —"empresas bonsai" les llama el economista Oscar Espinosa Chepe—, cuya función sería prestar pequeños servicios y ser el desaguadero de la mano de obra excedente del sector público. Ahora los cuentapropistas están bajo ataque porque algunos, supuestamente, ahorran y se hacen ricos. Raúl quiere un capitalismo sin capital. Algo así como pretender que la madama sea virgen y pudorosa.

¿Cuánto tiempo demorará Raúl Castro en descubrir que su reforma tampoco funcionará porque es tan irreal como las locuras agropecuarias de su hermano? A Gorbachov le tomó unos cinco años admitir que el sistema no era reformable y no había otro camino que demolerlo. A Raúl, aunque es duro de entendederas, eventualmente, le ocurrirá lo mismo. Su hermano Fidel siempre lo decía, como reveló el padre Llorente, maestro de ambos: este muchacho no es muy brillante.

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Comentarios [ 54 ]

Imagen de cheito

Como estan los chivas y los secuaces del dictador en este sitio !! Hay que ver las cosas que pueden hacer un viajecito a Cuba (con mulatos y jineteras menores de edad incluidos) en estos tipejos anonimos que tratan de tapar los crimenes de la familia Castro.

Imagen de Anónimo

Excelente CAM , bravo !!!

Imagen de Anónimo

Pobre Dilla, marxista trasnochado, ideólogo del socialismo del siglo 21 (ver sus dos libros publicados en Venezuela, en 2001 y 2002 -con Hugo Chávez en el poder- , en una editorial que publica a los marxistas e izquierdistas que forman parte del canon ideológico cubano:  la matriz de la matriz bolivariana). Pobre Haroldo Dilla, supino agente,  que repite las consignas con la pañoleta de pionero: "Seremos como el Che Guevara, marxistas, ¡socialismo o muerte!", quien se sitúa incluso más a la izquierda de Raúl Castro, a quien acusa de volver al capitalismo con métodos autoritarios, y de no implementar el "socialismo revolucionario y democrático". Haroldo Dilla es un dinosaurio ideológico, a quien incluso el comunista en su tiempo de Gorbachov, cuando hacía la perestroika, hubiese pedido que fuese apartado del camino. Haroldo Dilla es un  agente de influencia del socialismo del siglo 21, y repito, más a la izquierda de Raúl Castro.

Imagen de Anónimo

Pobre Montaner, tan ambicioso y con tan pocos chances. Se ha quedado con una gavilla de seguidores aun menos letrados que el, todos revolcados en la ignorancia supina del ideologismo mas feroz. graznidos, muchos graznidos

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Ayyyyy por favor no le hagamos más caso al franchute que intenta el pobre escribir en español, hagamos mejor una cosa, dejarlo hablando solo jejeje, así se le avinagrará más el hígado y terminará por irse.

Imagen de Anónimo

Aguanten, que ahora viene lo mejor. Dilla sobre el actual régimen en Cuba, que impide que un "mundo mejor" pueda "emerger dentro del sistema existente en Cuba": "Creo que se trata de un proyecto de poder burocrático-militar que prepara la restauración capitalista por la vía autoritaria, y que aún, cuando hipotéticamente, hubiera alguna voluntad de cambio socialista y democrático, el sistema es tan rígido y corrupto que colapsaría". Es decir, Haroldo Dilla está a la izquierda del actual régimen de Raúl Castro en la isla.En ese artículo, Dilla critica mucho a Yoani Sánchez (más ironías con su esposo, Reynaldo Escobar, de quien dice que hizo un "gesto teatral") porque Yoani criticó esa carta.  Señala Dilla como críticas a Yoani Sánchez su mesianismo y su sentido de la predestinación, se burla de ella como el Blog-en-Jefe, y la descalifica endilgándole una "prepotencia mesiánica".

Imagen de Anónimo

El 3 de enero de 2010 Haroldo Dilla publicó en 7días un artículo "Y sin embargo, Cuba se mueve", sobre una carta publicada en Observatorio crítico, firmada, entre otras, por 5 organizaciones emergentes, algunas vinculadas a la Asociación Hermanos Saíz, como la Cátedra Haydée Santamaría. Para Dilla, están "todas comprometidas con un futuro socialista y democrático para la sociedad" (cubana). Dice sobre los autores de la carta: "Creo que no se equivocan cuando piensan que, nada es más revolucionario y socialista en Cuba que la maduración de la autonomía social, y que si existe alguna oportunidad de renovación socialista, ella pasa por la auton0mía de los individuos y las organizaciones en el propio control de sus vidas cotidianas y en la producción de la política". Ah, dígame usted, la política se produce. Dice que coincide personalmente con los autores de la carta a cómo imaginar un mundo mejor, pero "discrepa sobre la posibilidad de que ese mundo mejor pueda emerger dentro del sistema existente en Cuba". (Continuará).

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En ese artículo a favor de la inmigración haitiana, Dilla se refiere a "pequeños partidos de alquiler", que existen "para mal de la sociedad" (uno se imagina cuáles pueden ser), "pero que hay que tolerar que existan en nombre de la democracia". Es decir, a Dilla el pluralismo no le parece algo consustancial y necesario, sino un mal que hay que tolerar (sic) en nombre de la democracia. Menos mal. Pero, ¿qué sucede con los socialistas cuando no viven como Dilla en un país democrático, donde escribe columnas como esa? Continúa Dilla: "Respetemos esas opiniones como costo inevitable del pluralismo y la democracia. Pero no permitamos que sigan siendo nortes de políticas estatales". Si se respetan esas opiniones (ah, pero eso es lo que cuesta la democracia), ¿por qué entonces llamar a que no continúen guiando una política estatal que se hace en nombre de esas opiniones?

Imagen de Anónimo

Señores, hay que desmayar el tabaco con Haroldo Dilla, que se la agarró con Montaner desde el punto de vista del marxismo y el socialismo. Entrando en su columna en el sitio de Rep.Dominicana 7días (artículos que no se han publicado en CE), uno se encuentra con  cosas trasnochadas como "militancia (de la Iglesia Católica) con los desposeídos, lo que ha producido las mejores utopías de la izquierda y la fraternidad". Dice Dilla que esto es lo que necesita la sociedad. En "Un compromiso nuevo para un futuro mejor" (sic), toma el partido de la inmigración haitiana en Rep. Dominicana, ya que, entre otras cosas, hay que "rendir culto a la dignidad plena de las personas", bueno, puede ser muy bien. Pero a continuación dice que todo lo que se opone a la inmigración haitiana es porque responde a la institucionalidad y prácticas que están ideologizadas, por ideologías chovinistas y atrasadas. Es decir, un asunto de inmigración para Dilla es un asunto de ideología.

Imagen de Anónimo

Anónimo 6:04, jajajjajaja, muy bueno tu comentario!