Lunes, 11 de Diciembre de 2017
23:52 CET.
Opinión

Confieso mis intolerancias

Ahora resulta que las víctimas somos intolerantes: no aplaudimos el reformismo del castrismo tardío como solución para Cuba. Daría risa, si no fuera diabólico.

El último truco es un grotesco monumento a la astucia. Tan grotesco como los nuevos apellidos del "patriciado criollo": los Castro Espín y los Castro Soto del Valle, los Guevara, los Cienfuegos…, dignos bocados para cierto historiador heráldico, de rimbombante estilo.

Y se han lanzado con todo: cónsules dando conferencias en Miami sobre repatriaciones y compras de casas, autos e inversiones en cooperativas; giras autorizadas para disidentes, con suave aterrizaje y vigilada tolerancia; apoyo a evangelizaciones conciliatorias de la Iglesia Católica y otras congregaciones cristianas, con el "amor todo lo puede" de bandera para incautos; invitaciones a artistas, escritores y deportistas residentes en el extranjero; mensajes a Washington sobre control policíaco y mediático de las masas y seguridad caribeña contra los narcos y capitales sucios…

La élite del poder apuesta a que su continuidad parezca el menor de los males. Y lo está haciendo muy bien. Por lo pronto sus oponentes aparecemos como conservadores de una confrontación antigua, intolerantes de los nuevos tiempos, aires, arreglos jugando golf, donde tal vez hay invitaciones para apellidos llenos de pátina o riqueza: Céspedes y García Menocal, Bacardí, Saladrigas, Díaz Balart, Lobo, Zayas, Mas, Goizueta, Fanjul …

En realidad, no me gusta ni el sustantivo (tolerancia) ni el verbo (tolerar). Suelen alojar un barniz hipócrita que tapa prejuicios, dogmas, discriminaciones. Sacan una pezuña demagógica por debajo de la saya de la abuelita buena, como ahora Raúl Castro y sus "Lineamientos"; como puede leerse en el discurso de Díaz-Canel al clausurar el congreso de la Unión de Periodistas, donde repite lo de dentro de la revolución todo, es decir, un nuevo ropaje para la anciana censura, tras una poco verosímil autocrítica al Partido.

Prefiero encasquetarle el prefijo: Soy intolerante con las religiones fundamentalistas, las dictaduras y caudillos, la pederastia, el racismo, la homofobia, el sexismo en sus vertientes machistas o feministas, los fanatismos políticos de cualquier signo, las leyes injustas, las salvajes desigualdades económicas que avergüenzan al planeta. Y no me da pena, más bien todo lo contrario, defender mis tajantes intolerancias: Decir que con ellos —los Castro y su pelotón— nada.

Como apenas me represento a mí mismo, puedo darme ese lujo, por lo general no apto para políticos, empresarios, diplomáticos, funcionarios. Pago, desde luego, el precio. A veces muy caro, como el exilio cuyas letras aún me cobran.

No toleré a un viejo amigo gay, lingüista noruego, cuando comenzó a andar en Cuba con menores de edad, allá por los 90 del siglo pasado. Rompí la amistad. Pongo mis límites morales, cercas donde no dejo pasar al único partido que su misma ley autoriza, fronteras a quienes transitan a un capitalismo despiadado, sin sindicatos autónomos.

Me fui de una casa en Puebla, en México, cuando el dueño habló de los pobres como haraganes, indios churrosos y analfabetos que están así por falta de voluntad y apego a sus costumbres enfermizas. Me fui tras decirle que su punto de vista era intolerable.

No tolero en silencio el actual disfraz reformista de la dictadura cubana. Señalo a los guerrilleros sobrevivientes, generales y familia cercana, como nuevos empresarios inescrupulosos. Pero entiendo a los que por necesidad, oportunismo, creencia o ingenuidad, aceptan, sonríen o celebran el engaño final, el colofón al estilo ruso o sandinista.

¿Por qué tendríamos que creer en una rectificación de fondo, de extirpar las raíces del sistema, cuando ni siquiera ellos lo dicen? ¿Por qué aceptar una transición con los mismísimos demoledores del país? ¿Por qué en las postrimerías sí y en medio siglo no?

Soy un intolerante. No permito que me tupan las entendederas con argumentos donde al final va a resultar —como dice Raúl Castro en sus últimos discursos a públicos cautivos—que la "revolución" ha sido víctima de la ingratitud, la picardía, la vulgaridad y la siesta de los cubanos.

Ah no. Entiendo a los gobiernos que circundan a Cuba, muy en particular al de los Estados Unidos y al de México. Sus intereses —se sabe— son los suyos, incluyendo negocios turísticos, agrícolas, industriales. Razono los de la comunidad cubana de Miami, cuyos cambios sociales, económicos, demográficos y culturales en las dos últimas décadas, giran hacia el fin del embargo, constituirse en una emigración como la mexicana de Los Ángeles, de pachucos a yucas, boniatos, ñames.

Comprendo la amenaza de un baño de sangre o un éxodo masivo tras una crisis de gobernabilidad. Comprendo la miseria del arroz con averigua y el espanto de las venganzas, la diferencia entre lo real y lo anhelado. Pero me asquean las negociaciones donde tú me manipulas a mí y yo a ti, hasta que nos ponemos de acuerdo en cómo manipular a la mayoría.

Ese toma y daca recuerda el "Aé, aé, aé la Chambelona", el choteo caracterizado por Jorge Mañach que asoma en algunas estampas de Eladio Secades. Infecta, desmemoriza, se parece a aquellas historias de Inglaterra que Chesterton ridiculizara.

Va a ocurrir. Quizás ya está ocurriendo. Tal vez sea el mal menor. Pero no me pidan que calle. Mucho menos que salude. No sé jugar golf. No podría colar la bolita ni en Varadero ni en Miami Springs. Confieso un apego cariñoso, testarudo, a mis intolerancias.

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Comentarios [ 32 ]

Imagen de Anónimo

Pepe, ¡excelente! ¡Estoy totalmente de acuerdo contigo! Humberto López y Guerra

Imagen de Anónimo

Excelente articulo. Yo tambien soy intolerante. Con asesinos, intransigencia.Malabau

Imagen de Anónimo

Es evidente, Sr Sariol, que en todo ese razonamiento hay un error de calculo. Usted parte del supuesto, poco probable, que la dictadura tendria exito en su maquillaje para vendernos, a nosotros y al mundo, el mismo jarabe rancio reciclado. Comprendo sus temores, esos que no le dejan dormir hasta que todo haya terminado.: es mas seguro ganar por N KO que por puntos, porque siempre puede surgir un ultimo golpe, aquel que decidira el combate. Esa es la filosofia del aficionado al boxeo, su manera de pensar.Pero creame, no hay nada que temer. Si las projectadas reformas se hacen, estas llamaran a otras reformas, y esa cadena en forma de bola de nieve barrera el sistema. Eso es lo que ya esta sucediendo y es lo que el amigo Esopo pudiera haber querido decir. Las reformas timidas condicionaran otras reformas, porque los elementos del sistema, para que cambien y puedan interactuar como un sistema unico, tiene que ser compatibles.Si estamos deacuerdo de que no hay alternativa, que los cambios son imprescindibles para la supervivencia temporal de la dictadura, esos mismos cambios estan gestando su muerte. siempre ha sido asi, y ahora no sera diferente. Hay que aplaudir los cambios hacia la buena direccion porque es lo unico sabio que debe hacerse. Saludos

Imagen de Anónimo

Prats Sariol, entiendo tu intolerancia porque es una intolerancia distinta, a mi modo de ver, es la intolerancia contra los intolerantes, pero Pepe tenemos que comprender que Cuba está de parto y hay que hacerla pujar hasta que salga la criatura y pienso que los mejores parteros somos los que no tenemos compromiso con nadie porque vivimos de nuestras venturas y desventuras, COMENTARIO de Esopo.

Imagen de Anónimo

Yo tambien soy un intolerante como usted, Don Pepe Sariol.Saludos.Luis Casaco, desde Montevideo

Imagen de Anónimo

Si, Anónimo - 18 Jul 2013 - 7:58 pm.por supuesto que te entiendo, he conocido mucha gente como tu. Para lo de "berdugo" no hay que fijarse mucho, es una falta tan, pero tan grave, que insulta. Y claro, no es que escribas como te da la gana, sino que no puedes hacerlo de otra manera, como tampoco puedes pensar de otra manera, y a Cuba hay que pensarla de otra manera. Esto que digo aplica a los castristas y a los anticastristas. Piensa un poco, no te ofendas.

Imagen de Anónimo

Indiscutible, Pepe. Por el mismo centro. Gracias.Fèlix Luis Viera 

Imagen de padre Ignacio

Fenomenal,101/100 de acuerdo.Los cubanos decentes tenemos que estar atentos a las componendas.El caracoquismo esta en franca lucha por adaptar su imagen a los tiempos.

Imagen de Anónimo

entonces yo tambien soy un intolerante....

Imagen de Anónimo

Anónimo - 18 Jul 2013 - 6:20 pm., Me maravillan las personas como usted que se la pasan revisando la ortografia; pero no tienen una neurona para entender el contenido!.  Gracias por la leccion, eso hace ver que he perdido un 10% de mi vida por no haber aprendido un buen espanol, usted -como en el cuento de esopo- posiblemente se ahogue en otras materias, empezando porque NO puede responder a ninguno de los argumentos que le hice a no ser por lo de bergudo. Vestia usted (con V, porque me da la gana; pero me entiende igual, o NO!?) con 'muchas' neuronas para el espanol; pero sin ninguna en ideas! jajaja, jejeje, prrrrtttttrrr, chua