Miércoles, 13 de Diciembre de 2017
21:45 CET.
Periodismo

La cara oculta de la Facultad de Comunicación

En su tesis de licenciatura, Lázaro Carrasco, estudiante de quinto año de periodismo, escribe gratuitamente, sin guía metodológica alguna que lo exija, una carta a Reinaldo Arenas donde revela, entre otras cosas, que en la Facultad de Comunicación (FCOM) del 2013 no dejan imaginar demasiado.

Como respuesta, su tribunal esgrimió el pasado martes 11 de junio, durante el ejercicio de defensa, un argumento que parecía irrebatible. Meses antes, el estudiante había propuesto su tema, la comisión pertinente lo había aprobado, y finalmente iba a graduarse con una serie de productos comunicativos bastante controversiales: crónicas y entrevistas sobre el cruising. Esto es: los sitios de La Habana donde los gays —con su tradición subversiva y periférica— practican el sexo abiertamente. Carrasco no tenía entonces por qué acusar a la institución, magnánima y tolerante, de literal y ortodoxa.

Que la Facultad de Comunicación aceptara semejante atrevimiento, y no censurase un ejercicio de búsqueda en zonas moralmente heréticas y políticamente incorrectas, era ya un privilegio insospechado que él debía tener en cuenta, y, por tanto, no portarse demasiado mal. El tribunal nunca lo dijo, pero le reprochó su ingratitud e inconsciencia. Carrasco no debía olvidar que por cosas menores Arenas había ido a prisión, y que él estuviese allí, defendiendo su tesis, treinta y tantos años después, era una evidencia innegable de progreso.

Sin embargo, pagó demasiado caro el tema. Es preferible que la Facultad se siga reconociendo como lo que es, un escenario poco conflictivo, antes que fomente el riesgo y lo deje correr, para luego —pacata y prejuiciada— perpetrar en la hora final un acto de vejación francamente imperdonable. Si la confesión de Carrasco a Arenas no parecía a priori más que un mea culpa imposible de sostener con pruebas físicas, concluido su acto de defensa resultaba todo lo contrario: una dolorosa premonición. Al estudiante le otorgarían cuatro puntos justamente porque se había largado a imaginar, porque había metido las manos en lo sucio, y estaba en el sitio equivocado para ello.

Cuatro puntos no parecerá una nota muy alarmante para alguien que desconozca los mecanismos internos de FCOM, donde, al menos en periodismo, solo las tesis extremadamente defectuosas no terminan con la máxima calificación. Cada año, decenas de estudiantes reciben cinco puntos, casi porque sí, sin mucho preámbulo ni brete, con temas infames, temas inventados, investigaciones sin vida real, análisis de asuntos que no merecen un mínimo acercamiento por una sencilla razón: no existen.

Cada año, además, otra decena de estudiantes toma sus títulos, incluso con sellos de oro, solo por haberse adentrado en temáticas dóciles, o políticamente incentivadas, no sé, la cobertura de AP durante la Crisis de los Misiles, la campaña mediática de El País contra La Habana, el uso del lead en las noticias de agricultura, y nunca, por ningún lugar, el papel reaccionario del periódico Granma, o del Noticiero Nacional de Televisión dentro de la sociedad cubana, no digamos ya la subordinación total de la prensa al Estado y al Partido. Nadie ve eso nunca (salvo Julio García Luis). La Facultad se lava sus manos y acumula en su biblioteca tesis que solo serán referentes de otras tesis, y estas, a su vez, de otras tesis, sin aplicaciones de los resultados; simplemente estudios de la academia y para la academia, la seudo-teoría por la seudo-teoría, así hasta el infinito o hasta que venga el orden y mande a detener semejante cadáver.

Obviamente, si esta es la norma de los cinco puntos, resulta indiscutible que algunas malas notas suponen más mérito que cualquier congratulación. Como me dijera hace poco un maestro que ya se ha ido: "en mis tiempos era casi glorioso recibir cuatro puntos por una tesis dizque disidente".

De ahí que el problema no sea la calificación final otorgada a Lázaro Carrasco. Su nota es más digna que cualquier cinco de mi año (incluido el mío, que, perdónenme, es un cinco muy digno). La verdadera injuria, desde mi punto de vista, fueron los métodos de la oponencia y la posición del tribunal.

No hagamos el cuento largo. Carrasco había asomado la cabeza en un sitio peligroso, donde no la asoma ninguno de los estudiantes ni de los periodistas cubanos de hoy. Había una intención y esa intención, que supera todos nuestros provincianos límites, merecía por sí sola cinco puntos, un reconocimiento al esfuerzo. Por si fuera poco, Carrasco escribió con arte, logró testimonios impactantes, husmeó, importunó, partió de cero y regresó con una trama, con una historia.*

No había un referente, un método o una experiencia anterior a la que pudiera asirse. En Cuba no existe el periodismo contrahegemónico, no hay nadie que lo haga, podemos pasar lista en nuestras redacciones y el resultado será nulo, todos acumularán una larga experiencia en coberturas protocolares. Carrasco improvisó, salió a flote, trajo algo para mostrar, y si hubo tal mención por parte de sus jueces, entre tantos errores metodológicos señalados, fue tan insignificante que seguramente ninguno de los presentes en su defensa la recordará.

Tras varios cambios inconcebibles, le designaron un oponente experto en sexualidad, pero sin mínima idea de periodismo literario. Seguimos creyendo que el contenido es una cosa y la forma otra. Seguimos creyendo que la forma es secundaria, por eso no tenemos contenido. Las negligencias y la injusticia fueron tantas que terminaron reprochándole cuestiones ridículas. Digamos: no devolverle a los entrevistados las grabaciones. Yo quisiera saber qué tradición periodística exige eso, porque ni siquiera la tradición de la Facultad.

Casi al final, Carrasco se arrebujó en su silla y respondió, asustado, sin fuerzas, las preguntas inquisidoras del oponente. La oponencia exigía que respondiera sí o no, con monosílabos, e iba mencionando leyes (¿cuántas leyes, me pregunto, habrá violado Gunter Walraff?**), una tras otra, casi imparablemente. Por un momento llegamos a pensar que Carrasco iría preso. Era mucho el tema, y es mucho el prejuicio de los que se reconocen desprejuiciados.

No asistieron, al acto de defensa, los contumaces blogueros de la Facultad, no tenían por qué estar allí. Sin embargo, la noticia, el chisme, se ha regado como pólvora por los pasillos de Bohemia. Ojalá me equivoque, pero ninguno de los estudiantes hablará, ninguno buscará a fondo e intentará reconocer las claves del incidente más allá del morbo. Ninguno describirá los rostros indignos que puede mostrar FCOM. Andan demasiado entretenidos con la ocupación en Siria, o con los post mal escritos de Yoani Sánchez. Hablan de vejación y no reconocen la vejación y el engaño delante de sus narices.

Pero no me alarma: mi principal problema con Cuba, lo inconcebible, no es que no me entienda con sus mayores, sino que no me entiendo un carajo con la gente de mi generación. Yo ya me gradué, en semanas me largo, y durante cinco años no hice casi nada por cambiar el sino de la Facultad. Me alejé de ella, la di por perdida, sus problemas me parecieron menores, pero este no ha sido un problema menor, y he creído imprescindible mencionarlo. Le entrego, con gusto, mi cinco, mi título y mis elogios a Lázaro Carrasco, todo a cambio de su cuatro, y seguro salgo ganando.

En la Facultad hay grandes profesores, hay grandes seres humanos, pero no hay una articulación determinante de sus fuerzas. Hay estudiantes que quieren decir, pero primero, antes de ganarse cualquier nombre, antes de contar los comentarios y las visitas a sus blogs, antes de creerse que están cambiando la realidad cubana, deberán denunciar los pequeños atracos de los cuales son víctimas sus colegas de oficio y generación. Yo he llegado a pensar, tristemente, que la inmensa mayoría de los estudiantes o los recién graduados de periodismo escriben para mirarse el ombligo, o para caerle en gracia a alguien.

Hay más que una Copa de Cultura o unos Juegos Caribe en la universidad. No se puede estar todo el tiempo mirando hacia los lados, distraídos con la floritura. Si la Facultad no redimiese lo sucedido el pasado 11 de junio, si sus profesores o sus dirigentes no llamasen a Lázaro Carrasco y revisasen el tema, si los estudiantes no se agruparan y protestaran, todos, absolutamente todos, nos habremos hundido un poco más. Decenas de graduados seguirán abandonando los periódicos, y los profesores valiosos —bien que los conozco— acabarán un tanto más frustrados.

Los reductos de luz que sobreviven en Bohemia, no debieran permitir que les arrebaten de sus manos las pocas tesis valiosas, ni que el atrevimiento parezca un pecado. Deberán, con arte y sutileza, luchar contra esa otra zona y reducirla, un cónclave poblado de personas que no saben siquiera que lo pueblan, los conciliadores en su peor versión: el conservadurismo que se cree revolucionario. Yo, con el perdón de mis amigos, o más bien en nombre de mis amigos, en nombre de los profesores que se quedan, y que se baten únicamente con fe, no puedo hacer otra cosa que desearles suerte para que ganen el pulso. Al menos desde septiembre de 2008, hasta junio de 2013, la ortodoxia fue la maza, y fue el poder.


* Lo acompañó en el trayecto, justo señalarlo, su tutor Jesús Arencibia.

** El bien de social de las investigaciones de Wallraff, bien lo dijo el sabio de Daniel Salas en las clases de periodismo investigativo, era mucho mayor que el mal de las violaciones legales, por lo que sus encubrimientos son, quién lo duda, éticamente permisibles e irreprochables.

 


Este artículo apareció en el blog El Microwave. Se reproduce con autorización del autor.

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Comentarios [ 22 ]

Imagen de Anónimo

Anonimos 2:27, 3:32, 3:39 y 2:42. En sus comentarios reflejan tanta ignorancia, odio y homofobia que dan pena. No expresan argumento alguno en contra de lo escrito, solo confirman que son procastristas, estoy segura que solo por ello Mariela Castro apruebe esos homofobicos comentarios y no pierdan su javita de aseo del mes. 

Imagen de Anónimo

Que se ha dicho en la Escuela de Periodismo acerca de la NOTICIA "Hundieron el remolcador '13 de Marzo'", o cual periodista ilustre_mente gubernamental investigo y denuncio la muerte, el asesinato de los 26 enfermos del Infierno de Mazorra.Tenemos a cirqueros y malabaristas, tarugos del peor circo, como Juan Varela Perez, Doctor Honoris Causa del periodismo sumiso y miserable, destacado embutidor de tontos  y estupidos que aun escribe sobre la inexistente zafra azucarera y hace el cuento de la Buena Pipa una y otra vez cada vez que no hay nada que publicar en el Granma.

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Carlos Manuel mijo , de que profesores valiosos tu hablas ?. Que periodista oficialista es valioso?. Para mi tienen mas valor como periodistas -y como seres humanos tambien- los que reportan cuando hay una epidemia o cuando le dan una entrada de palos a cualquier infeliz y no se esconden para denunciar una injusticia , esos son periodistas , aunque tengan tantas faltas de ortografia como yo. Los otros son una pila de adocenados que tratan de escalar posiciones , pero con la lengua a la sombrita ; para decirtelo en guajiro , UNA CATERVA DE PENCOS .

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El autor de la tesina deberia abrir una pagina en crowfunding y nosotros cooperar para su publicacion. Esto le ha dolido un poco a los chivatientes de por aqui. Han movilizado a cuanto huele culo estaba de descanso hoy para atacar esta noticia.KT

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nada que como dijo marti trincheras de ideas pueden mas que trincheras de piedra, una sopita de su propio chocolate.estaria bueno empetarnos con esa tesis.

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PARA anonimo 25 juni 3.21............No existe nada mas retrogrado y canson que el sistema periodistico pro castrista que dura ya mas de 50 años.......la prensa en Cuba NO DICE NADA, y pobre del que se atreva a querer cambiar las reglas del juego. YOANI SANCHEZ tiene mas merito en lo que escribe, que ese ejercito de mudoperiodistas que su mision es alabar, y apuntalar a un regimen miltar desgastado, homofobico, esbirroide, asesino y cruel. Ustedes los trolles que escriben aqui, no son mas que lamebotas del tirano, la peor parte en la triste historia del sufrimiento cubano. los que mas tendran que responder al NUREMBERG cubano, que sin dudas, algun dia llegara.......ABAJO FIDEL Y RAUL Y TODOS LOS QUE LOS APOYEN

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Yo quiero un pueblo que reia y que cante. Yo quiero un pueblo mixto. Yo quiero un pueblo que se exprese sentimental, corporal y sexualmente como le venga en ganas. 

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LECTOR707:Desde luego que les ha dolido el artículo. Miren como se ha movilizado la brigada de respuesta rápida a criticarlo porque saben que en Cuba desde 1959 lo que se hace es publicidad y el marketing y la propaganda es lo que ha pasado por “periodismo” en todos estos años.

Imagen de Anónimo

En Cuba no hay periodismo, punto.Pero muchos muchachos que estan hoy estudiando y graduandose en esa facultad , al menos tratan de mover las piedras que sepultan el periodismo cubano, sea cual sea el tema, sea cual sea el punto de vista que expresen, si es verídico, si lleva al debate, si refleja la realidad y se aleja de de la complacencia, para mí,vale. De Carlos Manuel Alvares hay muchos y muy buenos artículos, la envidia a hablado en muchos de los comentarios, que pena de tantos Salieris.

Imagen de Anónimo

El contundente MENSAJE de este artículo, salido de El Microwave ha rebotado en DDC y ya trasciende los linderos del feudo de los hermanitos Castro. Ya nada pueden hacer quienes apuntan y disparan contra el MENSAJERO sus impotentes carabinas, con sus babosos y súpergastados balines de descrédito. Y Yoani, hablando de lo mismo que la machaca cada día -como a tanta gente- sigue siendo demoledora, como nadie.