Educación

Universidades cubanas: de la aspiración a líderes a la ronda de consuelo

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¿Qué pasa y qué debería pasar con la educación?

El anuncio reciente de que las universidades cubanas han descendido en la relación que agrupa a las mejores de América Latina debe preocupar a todos. Aunque tal descenso alarma, la lista en sí no es un referente sobre la competitividad de las instituciones del área. Por desgracia, las universidades latinoamericanas generalmente no figuran en lugares privilegiados en los dos más importantes rankings universitarios: el de Shanghái, compilado por la Universidad Jiao Tong, de esa ciudad china, y el del Suplemento de Educación Superior del diario británico The Times. En la más reciente edición de este último, por ejemplo, la primera universidad de Iberoamérica enlistada, la de Sao Paulo, aparece solo en el puesto 158.

Brasil ha emergido como una potencia educacional gracias a un modelo que prioriza la investigación por sobre la docencia, similar a varias fórmulas exitosas que repiten universidades norteamericanas, europeas y las del emergente sector asiático. Sin embargo, otras instituciones todavía no han encontrado una solución eficiente para articular una mejor relación entre la formación profesional de los estudiantes y el perfil de investigación de los profesores. En la Isla, este también constituye uno de los problemas actuales del sector.

En la enseñanza superior cubana muchos programas de estudio todavía se rigen por criterios desfasados que apuntan a debates ontológicos y epistemológicos ya superados en el mundo occidental y hasta en Iberoamérica. A la academia cubana, al parecer, le ha costado superar el shock filosófico que trajo aparejada la caída del socialismo y, sobre todo, en las Ciencias Sociales y Humanísticas, la única solución ha sido la vuelta al pasado, al punto de no retorno que significó el año 1989. Solo que el impasse ya dura dos décadas y media, tiempo suficiente para haberse puesto al día. Hay que destacar que algunas carreras cuentan con profesores interesados en los fundamentos actuales de sus respectivas especialidades; no obstante, tales enseñanzas no se traducen bien en materia de investigación. Basta toparse con obras ensayísticas publicadas en fecha reciente, que basan la mayor parte de su argumento en teorías y autores previos a 1989 e ignoran la lectura crítica de tales representantes hecha por otros más contemporáneos, incluso del ámbito regional.

Otro ejemplo que desconcierta es el de la presencia online de las universidades criollas. Ocurre como en la gran mayoría de webs institucionales de la Isla, que no acaban de entender que un sitio digital implica mucho más que repetir el concepto del "mural del sindicato", si es que estos existen hoy en los centros laborales o casas de altos estudios. La información en internet sobre las universidades resulta elemental y básica, además de estática, lo que dificulta entender cuán activa e interactiva es determinada facultad, determinado claustro.

En un artículo publicado en el rotativo británico The Guardian, el profesor Leandro Tessler, de la Universidad Estatal de Campinas, cita la necesidad del uso del idioma inglés como uno de los factores a considerar por las instituciones latinoamericanas para aspirar a mejores puestos en los rankings mundiales. En su análisis, Tessler critica la confusión entre educación superior y educación universitaria y el hecho de que la gran mayoría de universidades se definan como centros de investigación, aunque muy pocas realicen investigaciones relevantes.

Según el profesor brasileño, América Latina continúa siguiendo el modelo propio del siglo XIX, basado en la tradición europea del entrenamiento profesional. Cualquier intento por cambiar tal filosofía ha sido notablemente rechazado por los sectores más conservadores de las sociedades latinoamericanas, no siempre vinculados a la Iglesia Católica, aunque el número de instituciones que aún conservan en su nombre epítetos como Pontificia o Católica, podría justificar lo contrario. Tal vez no pocos rectores latinoamericanos se hayan familiarizado a fondo con las particularidades del Proceso de Bolonia, sin embargo, las discusiones sobre cómo se adaptaría el mercado universitario a esta y otras iniciativas globales, marchan con demasiada lentitud, o aún no han aparecido.

Menciono todas estas características del ámbito académico latinoamericano porque las universidades de la Isla pecan igualmente de tal conservadurismo y, como bien comenta Tessler, deberían también asumir el inglés como lengua franca si en realidad desean aumentar la competitividad a escala regional. Pero el uso del idioma no puede quedarse en la versión criolla del "me defiendo", sino dirigirse hacia un entrenamiento más abarcador que incluya la impartición de cursos en inglés en todas las especialidades, el acceso a bibliografía especializada (casi siempre en ese idioma) y la publicación de los resultados de investigación en revistas académicas indexadas, mayoritariamente disponibles en inglés. Esto último, lo de las publicaciones, validará el potencial e impacto de las investigaciones cubanas, pues por norma los artículos se revisan y discuten por colegas científicos en una tradición que, pese a no pocas críticas (sobre todo en cuanto a la disponibilidad y al acceso posterior de los autores a sus textos), sobrepasan a las publicaciones latinoamericanas,  que no siempre se conciben según los mismos estándares.

Hacia la rigidez y el estancamiento

En Cuba, las universidades han mantenido la herencia que critica Tessler y que impone límites al conocimiento, no solo debido al lógico adoctrinamiento ideológico sino a las relaciones de poder propias del entorno universitario en el que profesores y catedráticos acumulan demasiada autoridad tanto en la producción como en la distribución del saber. Hay que reconocer que la codiciada plaza de profesor difiere un poco de lo que en Norteamérica se denomina el tenure (profesor titular) y se asemeja más al modelo ibérico en el que los académicos terminan instalados en los puestos "de por vida", como si se tratara de un funcionario público más. No en balde resulta tan difícil lograr una plaza a contrato permanente en España, Italia o Portugal, pues amén de las complicadas e inflexibles leyes laborales, es preciso esperar porque los "sembrados" decidan jubilarse o fallezcan, para que un joven graduado o un ya avezado investigador-profesor se adueñe de sus plazas.

En la Isla, el panorama es similar, máxime si con el ejemplo cercano de la gerontocracia partidista, los viejos profesores están en todo el derecho a no acogerse a la jubilación. No ocurre así en el Reino Unido, Australia, Escandinavia y, en menor medida, en otras naciones de la Unión Europea (Alemania, BENELUX, Austria y Francia), donde el mercado laboral académico aparenta una mayor movilidad y no es casual que en el espacio de una década, un profesor-investigador se haya movido por al menos tres o cuatro instituciones.

La gran mayoría de las universidades cubanas se definen como centros de investigación, aunque pocas han logrado mantenerse como proveedores de tecnología y avances para la región, las provincias en las que se ubican, o para todo el país. Parte de la responsabilidad estriba en la difícil relación entre universidades y Gobierno, en teoría el máximo beneficiario del capital humano formado en la Educación Superior. Las autoridades, incluso en la época de relativa bonanza económica en los 80, nunca concibieron una estrategia eficiente y duradera de I+D. Este limitado apoyo estatal no obedece solamente a la férrea guía ideológica, aunque en las universidades, como en cualquier otra institución de la Isla, el PCC determina y rige. Sin embargo, en el actual contexto, en medio de reformas que prometen, pero que se suceden de modo muy lento, mejorar posiciones en los rankings universitarios no es una prioridad gubernamental. Al menos en apariencia, las autoridades siguen apostando por una solución integral salvadora que nunca emergió en 1994 y que hoy, al cabo de casi dos décadas, resulta difícil que aparezca.

En esos mismos veinte años, las facultades cubanas han ido formando, siempre en la medida de sus posibilidades, a profesionales a quienes les resulta difícil insertarse en la depauperada economía nacional. A mediados de los 90, con la flexibilización de las restricciones migratorias, muchos graduados en esa década y en las anteriores, descubrieron las posibilidades de formación en otros países y emigraron en un viaje muchas veces sin retorno. Otros optaron por el atractivo de nuevos sectores como el turismo y las empresas mixtas. En la actualidad, el MINTUR forma a su personal en escuelas especializadas, por lo que a cualquier graduado de otra especialidad no afín le será más difícil entrar al sector que en otras épocas. Eso, suponiendo que —profesional al fin y al cabo— se desentienda de modos más oscuros de acceder a plazas, pues con toda la retórica anticorrupción reinante en la altas esferas, no hay que desestimar la idea de empleados corruptos prometiendo villas y castillas hoteleras. De no contar con tales prospectos, muchos graduados universitarios terminarán ingresando en el creciente y más lucrativo sector del trabajo por cuenta propia. Sin embargo, tal elección terminará por justificar cualquier decisión relativa a no optar por una carrera universitaria en los jóvenes que ahora cursan el preuniversitario, pues, como si no fuera suficiente la desmotivación a la cual conducen los actuales programas de estudio, ayuda menos pensar que cinco años más de instrucción no garantizarán un empleo estable y gratificante.

El actual modelo de especialidades ha cambiado poco en cuanto a la oferta en los últimos treinta años. Cada cierto tiempo aparecen carreras nunca antes estudiadas en el programa de las facultades y muchos adolescentes de preuniversitario se entusiasman por tales novedades. Mas, tales experimentos carecen de una continuidad y de un plan a largo plazo que también contribuya a un buen futuro profesional. Ha habido otras experimentaciones también lamentables como las derivadas de la "masivización de la enseñanza", proyecto que creó filiales universitarias en todos los municipios del país sin las condiciones materiales para ello. Siempre será difícil justificar tal diseminación, sin bases materiales e infraestructura, en una movida que ni los países desarrollados se aventuran a realizar. Por el contrario, las discusiones sobre el crecimiento institucional en Occidente, por lo general comienzan por debatir si en realidad el número de universidades debe aumentarse o reducirse.

Universidad para todos… los que puedan

Tal vez vaya siendo hora de remover todo el sistema de empleo derivado de aquellos planes quinquenales, que nunca aportaron demasiado, y promover a la universidad como un centro de formación diverso, con menos restricciones. Los límites los impone el Ministerio del Trabajo, comprometido por su "política" de garantizar a toda costa una ubicación laboral a cada graduado, algo que, aunque se logre en teoría, no entraña necesariamente una correspondencia entre puesto laboral y especialidad universitaria cursada. Ejemplos sobran y cada año incrementan el anecdotario colectivo sobre ese período improductivo y mal remunerado que todavía llaman Servicio Social, cuando los graduados terminan en lugares que poco o nada tienen que ver con lo estudiado.

Existe un modo más bien creativo de solucionar tal problema, como ocurre en el mundo occidental donde el Estado no determina la ubicación, una vez terminada la universidad. Corresponde a los egresados de las facultades procurarse un puesto en el siempre competitivo y despiadado mercado laboral. Ello conlleva a que los profesionales adopten un modelo más flexible en cuanto a combinar lo estudiado con la práctica, siempre y cuando las habilidades aprendidas se adapten a las exigencias del puesto laboral. No se trata de que un ingeniero agrónomo ejerza como neurocirujano, pero sí de buscar experiencias comunes.

Por tradición, en la Isla han sido más estrictos a la hora de permitir semejantes desvíos de la norma. Tanto el modelo de ubicación como el de formación, resultan demasiado inamovibles para los estándares internacionales, impedimentos que se justifican únicamente debido a patrones culturales. Para la retórica institucional, por ejemplo, solo alguien con una formación rectilínea en Arquitectura puede ejercer de profesor de tal especialidad. Las trayectorias menos directas se rechazan, digamos la de un graduado de Física que decidió especializarse en materiales de construcción y luego en Ingeniería Civil. La sabiduría popular tampoco es menos sentenciosa y abundan críticas al estilo de "¿cómo me va a enseñar Historia si ese lo que estudió fue Lengua Inglesa?".

En su estrategia para el futuro, las universidades cubanas deben contemplar soluciones que garanticen una formación continua. Muchas la previeron a inicios de los 90, cuando aparecieron innumerables cursos de maestrías a los que entusiastas licenciados e ingenieros se apuntaron, tal vez imaginándolas como boleto hacia una situación laboral más prometedora. Tampoco uno podía culparlos, eran los tiempos de la inversión extranjera y la colaboración económica, y las posiciones en aquellas "gerencias" y empresas mixtas precisaban de postgraduados "competentes". Además, también florecieron los convenios entre universidades locales y foráneas, gracias a los cuales educarse no solo implicaba el acercamiento a otros enfoques y modelos tecnológicos, sino también rebasar las siempre intimidantes fronteras territoriales de la Isla.

Una institución más flexible y abocada a la formación continuada garantizará un mejor uso de la enseñanza superior y su futuro. Con una estrategia a tal efecto, las universidades podrán concentrarse mejor en establecer vínculos regionales y con otras instituciones extranjeras, en explotar mejor el capital humano, eliminar la desigualdad social imperante y, sobre todo, contribuir al desarrollo sostenible del país, un objetivo que parece haber abandonado el discurso oficial que en otro tiempo lo tenía como bandera y consigna.

Para llegar allí será necesario derribar no pocas barreras culturales, una vez que en el futuro la ideología pierda la influencia abarcadora que tiene hoy. Y recalco en el adjetivo culturales, porque todavía priman aseveraciones con poca o ninguna base científica que impiden un desarrollo mayor. Por ejemplo, la concepción de que un universitario al terminar domina todos los aspectos de su especialidad y, por tanto, no precisa de superación. Si en las anteriores generaciones muchos, por voluntad propia, se animaban a postgrados y diplomados, en la actualidad aquellos que decidan optar por una especialidad universitaria, merecen un premio mayor que el título que conseguirán al cabo de cinco años, pues solo ellos y sus padres pueden comprender lo que supone vencer el desalentador panorama educacional de la Isla. Para que estos graduados continúen luego con la voluntad de superarse, se precisará de poco menos que un milagro.

A menos que contemplen la idea de emigrar, la situación económica actual les deja pocas esperanzas para ejercer como profesionales. Mientras las autoridades sigan empeñadas en priorizar reclamos al estilo de la "defensa de la patria" o la "supervivencia de la revolución", quienes se gradúen en las universidades criollas seguirán condenados a imaginar un contexto diferente, léase otra isla, en la que pongan a prueba los conocimientos adquiridos. Cuesta creer que el discurso de la plaza sitiada de los iniciales años 90, luego de la desaparición del campo socialista, haya cambiado tan poco en más de dos décadas, pero ahí está, atentando contra la posibilidad de todo un país de salir adelante.

 

Comentarios [ 24 ]

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Si los que entran a la Universidad tienen la cultura general que aquí se muestra, ya podemos imaginarnos los resultados finales.

http://www.youtube.com/watch?v=XZqhtK9KxE4

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Pareciera que finalmente "el mito" se desmorona y se desploma por si mismo como si fuera un castillo de "naipes" que el viento al soplar con su tremenda fuerza comienza  lentamente , despues de tanto tiempo (decadas) a destruir. Era como un corrillo que rodaba de "boca en boca" propagado por "radio bemba" a vox-populi pero en "voz baja" como todo lo de Cuba que "en silencio ha tenido que ser" , y  que todos los alumnos y profesores vivian en un "largo- contubernio" de "vacilon" y  relajo, el mas  largo "fraude" que haya existido en la historia de la educacion de un pais , y que habia nacido con los comienzos de la "criatura" en los albores de 1959, tanto  los maestros como los alumnos ,  lo mismo el de una secundaria en el campo como el de la ciudad vivian el "largo romance" amamantados y "mimados" por el "papa-ESTADO" . Y es ahora despues de MEDIO SIGLO de la "GRAN ESTAFA" que comienzan los "espectadores" a dar sus propios testimonios,  a "dar fe" como dirian esos religiosos dogmaticos que te tocan a la puerta en medio de la man`ana de un Domingo primaveral y te despiertan  para hablarte de Jehova` (ojo no tengo nada en contra de Dios , lo unico que yo no le llamo Jehova` ) y ha comenzado el "descenso de un gigante de PAPEL" , la famosa y tan cacareada EDUCACION DE LA CUBA REVOLUCIONARIA Y SOCIALISTA !. Dicen que mas tarde o mas temprano la verdad sale a la LUZ !, porque la mentira "tiene patas" y camina. Gracias,..., Rudy

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Le ronca ir de Cochabamba a estudiar Ingenieria en Ladrillos a Ceiba Mocha y aun escribir: "rasón".

El Mongo

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Jajajajaja... Anónimo de 7:04 pm, amigo boliviano, te has convertido en otro ejemplo de la ineficiencia educacional. Podrás ejercer "buenamente" tu profesión, siempre y cuando tengas un diccionario a tu lado. Tienes una ortografía casi tan mala como el "filogogo" de las 6:34 pm. 

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Lo que no se entiende es porqué la cojen con las universidades cubanas, ahora. Los foreros que escriben critican y critican y sínceramente, no hay rasón. Soy boliviano y estudíe en La Habana, y hoy ejerxo mi profeción muy buenamente en Cochabamba.

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Para Anónimo - 18 Jun 2013 - 3:19 am: Compadre, el problema es que ninguna universidad es tan estupida de dar un "tenure" a un auxiliar. Ese privilegio solo lo reciben los mas destacados, los cuales en general no son instructores.

KT

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Esto es lo que puede esperar un estudiante de 12 grado en cuba si no vive en la ciudad sino en un pueblo de campo: No pueden pasar el pre-universitario y en su lugar tienen que optar por carreras de tecnico medio, que en cuba son muy exoticas. Por ejemplo, peluqueria, cocina, arreglar equipos. No hay Pre-Universitario para los estudiantes que no tienen el pre- en su ciudad.

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Una vez mas, los cancerberos cibernéticos castristas vencen en este foro con su manida técnica de echar la cortina de humo y desviar el "debate" del tema principal hacia otras cosas mas o menos cercanas, pero no exactamente aquella que ocupa la noticia. Curioso, los cubanos de castro en 54 años no han conseguido producir absolutamente nada, aparte miserias e injusticias, pero "chimbatientes" de todos los campos que viven gracias al dinero no solo que les paga su amo, sino al que enviamos a nuestras familias quienes somos el objetivo y diana de sus ataques, son expertos en "chimbatear" que no combatir. 

Es que tiene que haber un juicio de Nüremberg en Cuba si la democracia y la dignidad vuelven alguna vez a ese pais.

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Simplemente es el resultado de cerrarse al mundo, no abrir nuevos corredodres de información que permitan actualizar la actividad profesional. Lo más patético (y vergonzoso, para los que aún conservamos algo de decencia) es ver llegar a países de América Látina a nuestros pseudoprofesionales fanfarroneando de ser mejores que los locales "porque vienen de Cuba". Especialmente cuando los lugareños pueden actualizar sus conocimientos y, en muchos casos, la como señala el autor; han superado hace mucho los debates epistemológicos en que aún se consume la academia, si es que así podemos llamarle, cubana.

Valga citar al anónimo de las 6:34 pm que dice ser filólogo y escribe con una ortografía  menos que deplorable.

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El autor indentifica equivocadamente el término "tenure" con profesor titular. Esto es incorrecto. "Tenuere" sólo singnifica que el contrato laboral es por tiempo indefinido o permanente. "Tenure" puede ser la posición de un instructor o de cualquier profesor asistente, asociado o titular.

En cualquier universidad de este mundo, hay que esperar a que se retiren los viejos para que los más jóvenes ocupen esas plazas, o que se abran plazas nuevas porque entre más dinero en la universidad.

Finalmente, la calidad de la educación universitaria de pregrado ha decaído no sólo en Cuba, sino en todo el mundo. El modelo de universidad estadounidense convierte a la universidad en un centro comercial que vende educación para poder autofinanciarse. Como resultado, los programas educativos se ajustan para graduar más estudiantes y generar los ingresos que necesita la universidad para funcionar.

Los rankings universitarios son números que legitimizan la preferencia por la marca comercial que representa el nombre de la universidad en el mercado de la educación.

AAA