Miércoles, 13 de Diciembre de 2017
21:01 CET.
Política

Un esfuerzo de imaginación

El comportamiento del gobierno venezolano en los últimos tiempos lo decía todo. La ocultación del líder y la gestión del caos, el puente aéreo La Habana-Caracas, el silencio y aún más las declaraciones: todo hablaba de un capitán que agonizaba y un barco que hacía aguas. El empeño en aparentar lo contrario no hacía más que reforzar lo evidente: se moría el hombre de los cien mil barriles diarios de petróleo a Cuba. Un atributo sin el cual el socialismo del siglo XXI, la utopía continental bolivariana y el propio chavismo parecen condenados a navegar al pairo.

Aunque estrechamente relacionadas, una cosa es el chavismo y otra el proyecto bolivariano. Una cosa es la administración de un Estado con magníficas rentas petroleras, que han sido redistribuidas aplicando políticas sociales populistas, sin el calado estructural necesario para generar desarrollo y propiciando el surgimiento de una nueva élite política, militar y empresarial; y otra cosa es la subvención de un proyecto utópico con vocación universal, centrado en un discurso historicista y antiimperialista. En fin, una cosa es el futuro de las Misiones Barrio Adentro y el destino de los boliburgueses, y otra la suerte de Petrocaribe y el ALBA.

En ausencia del líder y en medio de una situación económica compleja, el entramado de intereses nacionales creados por el chavismo tendrá que gestionar su supervivencia. La cuestión es si podrá hacerlo sin afectar a esa otra red de intereses regionales, creada por unas alianzas que dependen más del combustible fósil que de su fidelidad a un proyecto ideológico fosilizado. Ahora muchos se preguntan  qué futuro les espera a estos engendros políticos creados por un caudillo irremplazable.

Después de designar a un sucesor y ponerse en manos de los poderes mágicos de La Habana, el de Sabaneta desapareció del aire, y desde entonces la restructuración de la cúpula chavista trae de cabeza a los castros, los cabellos y los maduros. La escena es patética y abundan las mentiras, manipulaciones y melodramas. Todo envuelto en un culto a la personalidad tan grotesco, como delirantes los discursos del nuevo liderazgo. Se trata de un escenario previsto en el plan B de burro; diseñado en La Habana para mantener a salvo ese gran proyecto bolivariano que, paradójicamente, podría morir a manos del propio chavismo.

Cuba, la campeona de la soberanía, ha estado moviendo los hilos del poder venezolano de una forma que escandalizaría a medio mundo si tamaña injerencia se produjera, por ejemplo, entre EE UU y un tercer país. El poder ejecutivo, el ejército, los servicios secretos, todas las administraciones sensibles están repletas de asesores cubanos; pero el futuro de la llamada Cubazuela está pendiente de que los nuevos jefes del chavismo profesen la misma fe del líder. Una fe ciega en la simbiosis de ambos Estados, como única forma de vida de unos gobiernos incapaces de subsistir sin los recursos del otro, ya sea el petróleo, o esa presunta legitimidad que confiere la unión simbólica con una mítica revolución socialista. Una legitimidad que adquiere un halo sagrado, tras el que se esconde el know how del gobierno cubano para convertirse en proyecto político hegemónico, reducir a cero a los adversarios y perpetuarse en el poder.

Cuba aporta esto último al proyecto bolivariano y, a cambio, obtiene los cien mil barriles de marras. El carisma, la oratoria y la misión histórica del comandante presidente no habrían pasado de ser atributos anecdóticos sin el combustible que destinaba para mantener a flote la colapsada economía de una reliquia del mundo bipolar. Una isla que, gracias a su conflicto de medio siglo con el Imperio, ha labrado una reputación, un discurso y una supuesta superioridad moral que transfería a su mecenas en forma de un poder intangible que complementaba su estrategia de poder duro en la región.

Un cambio que no ha hecho más que comenzar

Sin una conciencia clara del fatal desenlace de esta historia, en Cuba no se habrían tomado esas medidas que ahora suponen ciertas molestias al régimen, y que han abierto la puerta a un incipiente cuestionamiento de su autoridad (con el Hombre en Miralbueno, no andaría tanto "escuálido" insular viajando por el mundo, conferenciando sobre derechos y democracia). A pesar del oscurantismo, era evidente que algo muy gordo estaba sucediendo y el nerviosismo delataba la llegada de nuevos tiempos: un cambio que no ha hecho más que comenzar, en el que también ha sido decisivo el papel de la sociedad civil cubana, y que parece inevitable si el régimen cubano no apela al recurso de ejercer una violencia cada vez mayor.

Precisamente, nuevas manifestaciones de esta violencia vienen detectándose desde que se empezó a tratar la enfermedad del mandatario venezolano en La Habana en 2011. Si en junio este era operado de un "absceso pélvico" en un exclusivo hospital de La Habana, en octubre y en otro hospital bien distinto, moría Laura Pollán, reconocida opositora, líder de las Damas de Blanco, movimiento que ostenta el Premio Sajarov del Parlamento Europeo. Aunque su muerte, según el parte oficial, se debió a un paro cardíaco luego de una insuficiencia respiratoria, son varias las voces que manifiestan sus dudas y hacen caer sobre el Gobierno cubano la sospecha de haber propiciado un repentino e inexplicable deterioro de su salud. Las sospechas sobre la "inoculación del cáncer" manifestadas por Maduro no son otra cosa que ideas inoculadas por quienes históricamente han solucionado sus problemas por macabras vías.

Al mismo tiempo, el Gobierno ha llevado adelante un asedio de baja intensidad a los grupos de opositores y miembros de la incipiente y crítica sociedad civil. En vez de juicios y condenas como las de antes, a estos luchadores por los derechos humanos se les organizan actos de repudio en los que "el pueblo" les insulta y les agrede. Por su parte, las fuerzas represoras los detienen y los mantienen incomunicados por unos días para amedrentarlos con amenazas y golpizas, o para impedir que realicen ciertas actividades, pero sin presentar cargos ni dejar constancia de estos actos. Sin embargo, la Comisión Cubana de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional tiene registrado estos casos y desde entonces viene alertando a la comunidad internacional del peligro de estas acciones, que ponen en evidencia a unas autoridades cuyo temor crece con los días ante la ineficacia de sus escarmientos.

El último indicio de esta desesperación que engendra nuevas formas de violencia, se puede encontrar en los hechos que rodean al sospechoso incidente en el que murieron Oswaldo Payá y Harold Cepero, más conocido como caso Carromero. El líder del Movimiento Cristiano Liberación, y también Premio Sajarov, moría luego de un supuesto accidente en carretera, cuya responsabilidad hizo caer el gobierno cubano en el conductor del vehículo, el político español Ángel Carromero. La instrucción del caso, el juicio y el acuerdo al que llegaron las autoridades cubanas y españolas, dejan abiertas muchas interrogantes que, a pesar de compartir una lógica propia de teorías conspirativas, también encierran buena cantidad de dudas razonables que deberían despejarse desde una lógica imparcial, es decir, mediante una investigación internacional.

Tampoco en este caso hacía falta una fantasía desbordada para entrever lo que podría ser otro asesinato político, tal y como ha venido denunciando la familia de Oswaldo Payá. Y por si quedaba margen de dudas, finalmente ocurrió lo que muchos suponían: Ángel Carromero concedió una entrevista a The Washington Post, y contó la versión que la policía política le hizo callar con amenazas, narcóticos y tortura psicológica. Una versión que contradice a la que "oficialmente" elaboró el régimen totalitario cubano y que cuenta con el visto bueno del gobierno español. Una versión de los hechos que podría cuestionar la versión oficial, si se llegasen a practicar unas debidas diligencias de las cuales el gobierno de España se desentiende, en un ejercicio que deshonra las instituciones de un Estado democrático y de derecho.

Descorridos los velos del poder en Venezuela y Cuba, y visto el espectáculo de sus miserias, queda poco margen para seguir jugando a la mentira, a la momificación y al ilusionismo barato. El espacio de maniobra se reduce en un mundo en el que ya no funcionan las estrategias de perpetuación en el poder de regímenes sátrapas y totalitarios; un mundo que se vuelve cada vez más complejo de gobernar, incluso al interior de las propias democracias. Se acorta el espacio-tiempo de las dictaduras y otras formas de gobierno personalistas propias de una cultura política caciquil y autocrática. Mucho más ahora, que la región latinoamericana, empieza a cobrar protagonismo en la gobernabilidad de un mundo que plantea nuevos desafíos, a los que busca soluciones creativas cada vez más alejadas de dogmatismos ideológicos y prácticas antidemocráticas, centrada en su desarrollo y su bienestar.

El necesario esfuerzo de imaginación que este momento reclama es el de pensar, diseñar y visualizar el futuro de estos países; y el de construir el relato de esa visión de manera que la comunidad internacional perciba y entienda la importancia de implicarse en la recuperación de la normalidad de estas sociedades. Una labor trascendental para el futuro de la gobernabilidad democrática en la región, que recae en los propios cubanos y venezolanos, pero que necesita de la ayuda de otros actores involucrados en la región. De momento, el gobierno español, inmerso como está en sus diversas crisis, parece no darse cuenta de lo que pasa ni de cómo reaccionar. Si piensa promocionar la "marca España" comportándose como el avestruz en casos y momentos como estos, le sucederá lo que le ha enseñado la historia y parece no acabar de comprender: que la lengua, la cultura y la historia compartidas no forjan vínculos eternos y absolutos, mucho menos cuando los pueblos se deciden a buscar y conquistar su libertad.

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Comentarios [ 6 ]

Imagen de Anónimo

Este artículo de Joaquín Gómez Capdevila es sumamente instructivo y aclaratorio. Es lo mejor que leído últimamente y hay que recomendar su lectura a todos, y sobre todo a aquellos que por ignorancia y románticamente apoyan o simpatizan con la dictadura comunista que oprime al pueblo de Cuba.

Imagen de Anónimo

Cuba es un barco que se está hundiendo, el problema es cuanto tiempo se va a demorar en llegar al fondo y cuanto tiempo se tardará en subir a la superficie. Yo personalmente no tengo el tiempo suficiente, para estar dentro de Cuba y asistir a esos eventos. Mis amigos y yo desde hace mucho tiempo decidimos, luchamos o sobrevivimos fuera. Digan que es cobardía, pero la situación dentro de Cuba es tan difícil que quedarse y asistir o cooperar para el cambio requiere de tiempo y juventud. No tengo ni lo uno ni lo otro. Veré el toro desde las gradas y asistiré a una piñata que no es diferente a la de muchos países latinoamericanos. 

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Juaquíntu análisis es muy objetivo y serio relacionando la problemática Cuba/ Venezuela vinculada a la desaparición física de Oswaldo Payá Sardiñas y Laura Pollán, a mi modo de ver, tu análisis establece pautas para la democratización de Cuba en contraposición al artículo de Miguel Fernández-Díaz que constituye una afrenta al sentido común y una falta de respeto a los lectores y a los foristas que participamos en el debate, COMENTARIO de Esopo.

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Pensar que la dictadura asesin'o a Pollan y Paya es ignorancia supina de c'omo act'ua y trabaja. Aqu'i tenemos otro consuelo frente a la frustraci'on y el rensentimiento que generan mas de medio siglo de dictadura sin que la disidencia pueda ganarse al pueblo

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jajaja Anónimo 9:43, me encanta como pedimos q otros hagan huelga de hambre, venga hombre, es igualito q el sacrificio q por 54 años nos han pedido los Castro, sacrificio q ellos no hacen. Ponte en huelga de hambre tu y quizás algunos sigamos tu ejemplo, se predica con el ejemplo amigo mío, es muy fácil empujar al otro si uno sabe q no se va a caer.

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 los disidentes no entienden que mientras sigan permitiendo que España y otros países sigan invirtiendo y financiando al régimen a escondidas seguirán haciéndose los tontos con las sinverguenzuras de los castros, esto solo terminaría cuando exista una protesta seria frente a la embajada, en lugar visible dentro de Cuba o  en la propia  España u otro país con exigencias serias...ejemplo: huelga de hambre exigiendo que se retiren todas las inversiones extranjeras mientras no puedan invertir los cubanos o no se ratifiquen en las leyes los pactos de derechos humanos firmados hipócritamente por el régimen en la ONU.