Jueves, 14 de Diciembre de 2017
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Economía

Trabajo por cuenta propia: entre la ilegalidad y el fracaso

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"Soy profesora de historia, tengo un título universitario, pero soy una analfabeta en el arte de los negocios", se quejaba Miriam, una cubana que ha fracasado como tantos otros en abrirse un camino en el trabajo por cuenta propia.

Cuando sonó el disparo de arrancada en la última carrera organizada por el gobierno de Cuba para los trabajos por cuenta propia, la mayoría de los que optaron por esta modalidad laboral arrancaron al unísono con la esperanza puesta en una meta final: el éxito inmediato.

Albergaban la esperanza de que sus sueños de almohada, de tener su negocito propio, se hicieran al fin realidad. Salieron desesperadamente a pedir las licencias, pero pocos hicieron un estudio mínimo de los factores que intervenían en el éxito de una empresa, por pequeña que fuera.

Miriam fue una de esas incautas. Con los pocos ahorros que tenía, sacó una licencia para alquilar un cuarto de su apartamento para el turismo. En ello empleó los pocos ahorros que tenía. Más de 150 dólares le costaron todos los trámites necesarios para empezar.

Pensó que los turistas vendrían a alquilarse con solo ella proponérselo. No se documentó con personas que ya tenían alguna experiencia sobre los vaivenes de ese mercado, y que pudieron haberla ayudado en sus inicios.

La habitación se mantuvo vacía por espacio de tres meses, en los que estuvo pagando la licencia también de sus ahorros, a razón de 150 dólares por mes. Cuando al fin apareció el primer cliente, declinó hospedarse en la habitación por carecer esta de agua caliente. Miriam se dio cuenta que había fracasado, y desistió de seguir adelante.

Ahora que la cantidad a pagar por la licencia es mucho menor, 35 dólares al mes más el 10% de las ganancias, no quiere volver a intentarlo en el giro del arrendamiento. "Ya le puse una ducha eléctrica a la habitación, pero estoy pensando sacar una licencia para dar repasos privados. Es mucho menos dinero, pero me parece que es lo que mejor sé hacer".

Como ella, muchos han fracasado por falta de conocimientos, por falta de recursos, o por las elevadas tarifas de los impuestos, a opinión de algunos. Ella ha continuado trabajando como profesora. Uno de sus amigos también fracasó, puso un quiosquito para vender discos, pero la competencia le hizo cerrar el negocio. Ahora trabaja como posadero en una casa de alquiler. La dueña le paga dos dólares diarios por limpiar y ordenar la habitación.

Otros han optado por la vía de la ilegalidad para aumentar las ganancias. Piensan que esos negocios de poca monta que el Gobierno les ha dejado llevar, solo sirven apenas para sobrevivir.

Es el caso de Iván, un payaso autodidacta que ejerce de animador de fiestas y cumpleaños infantiles de forma ilegal. En Cuba se les conoce como los payasos intrusos. Él comenzó a ejercer como payaso intruso a finales del año 2005. En ese entonces las licencias para esta actividad estaban suspendidas.

Un año antes las habían dejado de conceder por las quejas de los payasos profesionales, y la de algunos clientes. Acusaban a los payasos intrusos de tener escasa preparación, y de denigrar la labor del payaso con espectáculos que nada tenían que ver con la sicología de los niños.

"No es mi caso. A pesar de que nuca pasé una escuela, nunca dejé de superarme. Aprendí mirando actuar a payasos profesionales. Los números de magia que hago en los cumpleaños, se los compré a magos que me vendieron sus secretos. Otros trucos los he plagiado porque son muy fáciles."

Él lleva ya algunos años "por la izquierda", como se dice en Cuba para significar que algo no se hace por los mecanismos establecidos. A pesar de que ya el Estado ha vuelto a autorizar este tipo de licencias, y de que los precios de las mismas han bajado significativamente, Iván no tiene intención ninguna de legalizarse.

"Invierto mucho en mejorar mi espectáculo. Todavía tengo que arreglar mi casa, y el dinero resultante no da para todo. La competencia ha aumentado, la economía familiar sigue en crisis, y por ende hago menos cumples que hace unos años."

Tampoco puede trabajar para una empresa artística como CARICATO, la que le daría estabilidad laboral, pues no es un payaso graduado en la escuela de circo. Tampoco puede pasar dicha escuela. Ya no cuenta con la edad requerida.

Según un funcionario de la ONAT del municipio capitalino de Centro Habana, más del 50% de los cuentapropistas no declararon ganancias el año pasado. Según él, esto puede deberse a dos cosas: o que los negocios no están marchando bien, o que los titulares de las licencias están mintiendo en su declaración jurada para aumentar sus ganancias.

Cree que el cuentapropismo actual está marcado más por la ilegalidad y el fracaso que por el verdadero éxito.

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