Lunes, 11 de Diciembre de 2017
23:52 CET.
Opinión

Ladrones y hombres arañas

En Cuba, aquella isla del Caribe que se llamaba Juana y tiene forma de caimán hastiado, los políticos se robaron, durante años, los presupuestos de carreteras, escuelas, hospitales, casas para pobres, asilos de ancianos, desayunos de escolares, el dinero en efectivo de los impuestos en fajos de billetes en maletas de viaje y, al final, el país entero.

Hay un panorama semejante en Venezuela, una nación rica y enorme, cuyos recursos administra ahora un grupo que los reparte entre familiares, amigos y compañeros de ideología. No se puede olvidar que antes de la llegada de Hugo Chávez y sus cuates, la corrupción era ya una realidad indignante. Y los ciudadanos soñaban con el milagro de un salvador, como lo añoraron, en su momento, los nicaragüenses obligados a vivir en un territorio que era una finca de los Somoza.

Los venezolanos pueden hallar una salida a esa cadena de saqueos que los ha convertido en marginados en una sociedad violenta, populista y caótica. Ellos tienen aún medios de prensa que funcionan con cierta libertad y una oposición viva con voz y apoyos de otros grupos políticos de la región.

La solución de los asuntos en Cuba es más compleja. El país se ha convertido en un nicho estático del folclore latinoamericano.

En estos días, al tiempo que se conoce que en enero fueron arrestados por motivos políticos 364 ciudadanos, las noticias que se publican en el exterior cuentan que el hombre araña francés subió hasta el último piso del antiguo hotel Habana-Hilton y que Fidel Castro fue a votar a unas elecciones organizadas por el Partido Comunista en las que, por supuesto, no había candidatos opositores.

Se sabe que hay un periodista preso desde septiembre del año pasado acusado de desacato por divulgar que existe en la zona de Oriente una epidemia de cólera. Sin embargo, lo que apasiona es que Diosdado Cabello y Nicolás Maduro van a ver Chávez a su hospital privado y secreto con las imágenes de unos santos.

Los responsables de este escenario son los que se llevaron el pan y las monedas de los más desfavorecidos y los que después asaltaron en pandilla la libertad. Ningún robo es pequeño.

 


Este artículo apareció en El Mundo. Se publica con autorización del autor.

Síguenos en Twitter, Facebook o Instagram. Si resides en Cuba, suscríbete a nuestro boletín con una selección de los contenidos más destacados del día. Si vives en cualquier otro punto del planeta, recibe en tu buzón de correos enlaces a lo más relevante del día.