Martes, 12 de Diciembre de 2017
22:53 CET.
Reformas Económicas

Se pone a prueba el cuentapropismo

Desde hace años, específicamente a partir de 1997, cuando tuvo lugar la primera campaña de la Declaración Jurada de ingresos personales, los meses de enero, febrero y marzo en Cuba conllevan un ajetreo adicional para todos los actores implicados en el trabajo por cuenta propia, desde las distintas instancias de la Oficina Nacional de Administración Tributaria (ONAT), hasta los contribuyentes.

Sin embargo, la campaña del pasado año y la que transcurre en estos días han revestido connotaciones especiales debido a efectuarse en el contexto de la actualización del modelo económico, el cual, según las propias autoridades, contempla aumentar las facilidades para que más cubanos se dediquen a esta modalidad de empleo.

A decir verdad, no todos los cuentapropistas percibieron el alcance de dichas facilidades al iniciarse el 2012. Es cierto que se incrementó la lista de actividades a ser ejercidas por cuenta propia, así como se reanudó la entrega de licencias en modalidades que estaban congeladas —como la elaboración de alimentos y el transporte de pasajeros—, pero los contribuyentes se toparon con que tenían que pagar dos impuestos adicionales: el 10 % de las ventas o los servicios prestados, y el aporte a la seguridad social.

Este porcentaje a pagar mensualmente sobre las ventas o los servicios creó más de un dolor de cabeza, lo mismo a las oficinas receptoras del impuesto, que a los cuentapropistas. Al parecer, las autoridades tributarias se creyeron el cuento de que Cuba es un país alfabetizado totalmente, y con un alto grado de instrucción y, en consecuencia, refrendaron la resolución del 10 % sin ofrecer una capacitación previa a los contribuyentes. Y la realidad demostró que una cantidad nada despreciable de trabajadores por cuenta propia no saben cómo calcular el tanto por ciento de un número, y aun cuando poseían la intención de pagar correctamente los impuestos, empezaron a tributar cualquier cantidad por ese concepto.

Por ejemplo, hubo cafeterías que vendían mensualmente miles de pesos, y pagaban 10 pesos por el acápite del 10 %. Eso significaba que, implícitamente, declaraban tan solo 100 pesos de ingresos brutos. ¡Un verdadero caos tributario!  Hasta donde conozco, los casos más desproporcionados fueron llamados por la ONAT para que pagaran retroactivamente la diferencia; y en otros, por ser la primera vez, se decidió dejar las cosas como estaban.

Para este año 2013 se presenta la novedad de la exoneración de los primeros 10 mil pesos del ingreso bruto a la hora de calcularse el impuesto a pagar por un cuentapropista en la Declaración Jurada de ingresos personales. Es indudable que esa especie de "gracia fiscal" hará que disminuyan los ingresos presupuestarios; pero parece ser que la prioridad, en este momento, es que los cuentapropistas ganen confianza y declaren realmente los ingresos obtenidos. Para nadie es un secreto, y mucho menos para las autoridades, que la subdeclaración de ingresos por parte de los cuentapropistas ha sido uno de los lastres que ha exhibido el trabajo por cuenta propia desde el mismo momento de su instauración.

Cólera y cuentapropismo

Si hablamos de confianza por parte de los cuentapropistas hay que decir que ese sentimiento enfrenta por estos días una prueba de fuego con motivo de la epidemia de cólera surgida en el municipio habanero de El Cerro. Las autoridades de Salud Pública visitaron las cafeterías y paladares de ese territorio, y les comunicaron a sus propietarios que debían cerrar inmediatamente los establecimientos. Tanto esos propietarios, como los empleados contratados, se quedaron de momento sin fuentes de ingreso, y sin saber cuándo podrían reabrir los locales.

Al cabo de tres semanas de cierre, el Ministerio de Trabajo y la ONAT en El Cerro citaron a los cuentapropistas a una reunión, y les comunicaron que se crearía una comisión para visitar cada establecimiento, y evaluar si existían las condiciones para reanudar el servicio. Claro, les reafirmaron algunas disposiciones que tendrían que cumplirse invariablemente: prohibida la venta de dulces con crema y alimentos con salsa, obligada la separación de alimentos crudos y alimentos cocinados, y extremos cuidados con los líquidos a ofertar (preferentemente mediante el uso de agua hervida o clorada).

Todo hace indicar que la referida comisión ya está ejecutando su labor, pues alguna que otra cafetería va reabriendo sus puertas. Les han manifestado a esos cuentapropistas que se les exonerará del pago del impuesto correspondiente al mes de enero. No obstante, más de una interrogante flota en el ambiente cada vez que conversamos con algunos de esos trabajadores por cuenta propia: ¿recibirán algún tipo de compensación monetaria por el tiempo que estuvieron cerrados por causas ajenas a su voluntad? ¿El aporte que todos realizan a la seguridad social, uno de los impuestos adicionales que pagan desde el año pasado, podría servir para esa compensación?

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