Miércoles, 13 de Diciembre de 2017
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Opinión

Metáforas lumínicas

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Hugo Chávez "tiene una sonrisa y una mirada 'llena de luz', con 'una iluminación' especial en sus pensamientos", proclamó el presidente venezolano en funciones Nicolás Maduro, en Caracas, al regreso de una de las peregrinaciones que realizó a La Habana a finales de enero.

Desde que en 1920 Lenin promulgara la célebre fórmula de que "el comunismo es el poder soviético más la electrificación de todo el país", sus epígonos se han apuntado a las metáforas lumínicas. A principios del siglo XX, la preferencia iba hacia las imágenes eléctricas, porque la teleología bolchevique estaba asociada entonces a la fe en la ciencia y el desarrollo tecnológico. En los últimos años, las figuras retóricas apuntan más a la luz solar, en consonancia con la moda ecológica y el evidente fracaso del modelo industrial socialista.

Esta tendencia a la imagen reverberante se agudiza cuando los líderes, máximos o mínimos, sufren enfermedades, accidentes u otros contratiempos que ponen de manifiesto su condición humana, en contraste con la índole semidivina que la propaganda les atribuía. En lugar de una cortina de humo, los turiferarios alzan una barrera de luz. A la plebe, deslumbrada o sujeta al alumbrón, solo le queda cerrar los ojos y aplaudir rabiosamente. O, en el caso de Chávez, rezar, que para eso el "socialismo del siglo XXI" ha incorporado una buena dosis de beatería, validando de la manera más insólita la definición marxista del "opio del pueblo".

La metáfora incandescente es como un reflejo pavloviano que se activa ante la infección, el cáncer o el tropiezo. Si el perrito de Pavlov salivaba cada vez que le encendían la bombilla, aunque no tuviera delante el plato de piltrafa, los escribas y apologistas del socialismo segregan tópicos fulgurantes en cuanto la sombra del dolor o la muerte acecha a sus amos.

En 2004 Fidel Castro tropezó y se rompió la rótula al terminar un discurso en la ciudad de Santa Clara. Con motivo del percance, el Poeta Nacional Pablo Armando Fernández le dedicó un poema titulado "Cantar por fe (para Fidel)" que el diario Granma (palabra que como sabemos, en inglés se emplea coloquialmente para designar a la abuela) recogió en primera plana en la edición del 10 de noviembre de 2004.

Entre los hallazgos estéticos más rutilantes, los versos proclaman:

"Suele la Luz exigir/ de quienes ella ha tocado/ con el don de difundir/ su lumbre atención, cuidado/ de átomos que representan/ su divinidad/…/ Al caer no hubo tropiezo,/ ni resbalón, fue advertencia./ No te es dable descender/ contigo todo es ascenso…"

Según los versos de Fernández, el que tiene el don de difundir la lumbre es, no faltaba más, el Comandante Único. En represalia, el poeta repentista Michel Ventas, habanero de pro y amigo mío por más señas, le dedicó estas décimas:

"Pablo Armando, la espinela/ que publicó la Abuelita/ es solo prosa marchita./ Para honrar la choquezuela/ del César que periclita/ te sacaste del tras(t)ero/ un quintal de naftalina/ pero se te ve el plumero/ con tanta elogio insincero/ con tanta alabanza fina".

"Querías darle en la vena/ del gusto al viejo tirano/ pero se te fue la

mano/ y tu abyección te condena./ Ahora dan vergüenza ajena/ esos ripios

que compones/ inclinando la testuz/ pues le ronca los cojones/ que con

tantos apagones/ digas que Castro da luz".

Ventas me contó en nuestra última conversación telefónica que próximamente verá la luz una oda satírico-filosófica que ha escrito en honor a Hugo Chávez, en la que Maduro y el decrépito ex presidente cubano desempeñan papeles estelares. Le prometí que, en cuanto reciba tan ilustre poema, lo haré publicar urbi et orbi.

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