Sábado, 21 de Julio de 2018
Última actualización: 02:34 CEST
Opinión

La cara de América

Como muestra de su aguzada visión política y de su preocupación por ofrecer un testimonio claro de su perfil democrático, la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe (Celac) va a elegir a finales de este mes al general Raúl Castro Ruz como presidente para el periodo de trabajo de los próximos 12 meses.

La institución, integrada por 33 países de la región, designará al gobernante cubano para el cargo durante una reunión con la Unión Europea (UE) que se celebrará el lunes en la capital chilena. El anfitrión de la cita, Sebastián Piñera, pasará la presidencia a Castro, que en el 2014 la entregará a la señora Laura Chinchilla en Costa Rica.

Con esta decisión, la Celac ha querido, seguramente, enseñar su diversidad, su tolerancia y la vocación unitaria de las naciones de esa parte del mundo. Al mismo tiempo, pretende aclarar que sus mandatos originales no pueden ser un estorbo a la hora de encarar las tareas en una realidad tan compleja como la que vive hoy la Humanidad.

Fundada en México hace dos años con el objetivo de "reafirmar la preservación de la democracia y de los valores democráticos y la vigencia de las instituciones y el Estado de Derecho", la Celac nombra al jefe del régimen de la Isla al culminar el año 2012 durante el que se duplicó la cifra de los presos políticos (hay ahora unos 90) y se realizaron 550 arrestos arbitrarios por mes a los representantes de la oposición pacífica y las Damas de Blanco.

La organización, promovida con fervor por Hugo Chávez para debilitar la Organización de Estados Americanos (OEA) y sacar del juego a EE UU y Canadá, tendrá el rostro del jefe de un país en el que no hay elecciones desde la década del 40 del siglo pasado y el periodismo libre es el oficio de una minoría de hombres y mujeres marginados y sin recursos.

El nombramiento de Castro como presidente de la Celac es otra seña del recorrido todavía triunfal del populismo en el continente. Un timbre del poder de maniobra de los mentores del socialismo del siglo XXI, sus aliados y de los que se dejan querer con la mano extendida hacia el dinero de Venezuela. Y un retrato de la hipocresía, el oportunismo y la demagogia de quienes duermen con un cartel de demócratas a los pies de la cama y a la vera de la caja de caudales.

 


Este artículo apareció en El Mundo. Se reproduce con autorización del autor.