Miércoles, 13 de Diciembre de 2017
12:42 CET.
Sociedad

Lo amarás por sobre todas las cosas

Quizás uno de los rasgos principales de los sistemas totalitarios sea el culto a la personalidad del líder. Tal exaltación suele ocupar un lugar central en la legitimación del discurso político, declarando las ideas del protagonista del Estado un paradigma a seguir. Solo cuando en la antigua URSS comenzó el proceso de deshielo a través de la perestroika y el glasnost, los medios de comunicación se avinieron a criticar el culto a Stalin y su régimen de terror. Más allá, en la desolada Corea del Norte, Kim Il Sung, guía histórico de la dictadura, posee todavía más de 30 mil estatuas; todos los habitantes del país están obligados a rendirle pleitesía.

¿Cómo se da el culto a la personalidad en el régimen de los hermanos Castro? Ciertamente en Cuba no hay estatuas de Fidel o Raúl, ninguna ciudad o calle tienen su nombre. La veneración de los "líderes históricos" aquí se hace por otras vías, más sutiles, más refinadas.

Si se llega a cualquier centro estatal, por pequeño e insignificante que sea, basta con alzar la vista para encontrarse un retrato de Fidel. Algunas veces de perfil, otras de frente. Pero siempre mostrando su poblada barba de antaño, ya rala, y su mirada inquisitorial. En ocasiones aparecen también imágenes de Guevara o de Raúl Castro, frases suyas, consignas. (Son pocas las imágenes de Camilo Cienfuegos que aún sobreviven.)

'Somos uno'

Últimamente abundan la fraseología más reciente del mayor de los Castro, como el concepto que diera de la palabra revolución en el año 2000 y que muchos cubanos recitan casi de memoria.

Poco después de anunciarse su retirada del poder por problemas de salud, la principal avenida de la capital, la calle 23, se llenó de afiches con su figura. Una de ellas apenas mostraba el contorno de su rostro de perfil, su cara cubierta de banderas cubanas y, en letras bien gruesas, la leyenda: "Somos uno".

Un simple análisis de esta propaganda política sugiere la excepcionalidad de una figura convertida en mito, una figura que en teoría encarna las aspiraciones del pueblo y de toda la nación. También se ve diariamente dicha figura en la presentación de los noticieros de televisión, junto a la de su hermano, así como en otros espacios televisivos transmitidos con regularidad.

Un lugar donde el culto se lleva a cabo más abiertamente son las librerías. En muchas de ellas, particularmente las que venden libros usados, se encuentran ejemplares de las más largas entrevistas que ha concedido, de lo que ha pensado o escrito sobre temas tan disímiles como la ciencia, la agricultura, la educación o el deporte.

Así, Fidel Castro resulta una especie de todólogo —tal y como alguna vez lo calificó el politólogo cubanoamericano Jorge I. Domínguez—, un líder cuya opinión debe ser escuchada o llevada a la práctica en cualquier tema o materia sin la menor dilación.

Por la misma fecha en que buena parte de la población cubana ansiaba leer la novela de Leonardo Padura El hombre que amaba a los perros, de la que todavía hoy es difícil conseguir ejemplar, salían a la venta sendos libros de memorias de Fidel Castro, bellamente editados y encuadernados, con una calidad de papel rara vez vista en las ediciones de libros nacionales. En una entrevista concedida al diario español El País, Padura aseguraba que la salida de su novela se había retrasado en Cuba por falta de papel. Había pocos recursos para la demandada ficción, pero muchos para las memorias de Castro.

Alimentos, consignas, espías

La devastada economía del país llega a sustituir alimentos por consignas. En muchas de las bodegas expendedoras de alimentos racionados, en los estantes donde deberían estar los productos, se exhibe su figura o la de otro "líder histórico". En una de ellas aparecen Fidel y Raúl Castro alzando la mano sobre letras bien grandes: "La Revolución seguirá adelante pujante y victoriosa". En establecimientos en estado ruinoso, donde reina la suciedad y la falta de pintura, el cartel termina resultando una burla.

Pero a la imagen de Castro le ha surgido en los últimos años un competidor: los rostros de los cinco espías de la Red Avispa presos en EE UU ocupan un lugar cada vez más predominante en centros públicos, murales de escuelas y vallas de las principales avenidas de la capital. En su denodado esfuerzo por dar a conocer el caso a todo el que visita Cuba, los cinco agentes le roban cada vez más protagonismo iconográfico al líder máximo. Pero a pesar de la machacona propaganda, muchos cubanos no se han aprendido bien el nombre de "los cinco". Más bien al contrario: debido al bombardeo permanente, a la gente no le interesa hablar sobre el caso.

Donde el culto a la figura del mayor de los Castro encuentra mayor éxito es en el sistema educativo. En una enseñanza todavía bastante escolástica, los textos de historia hacen uso de un acoplamiento doctrinal entre la figura de José Martí, mártir de gran veneración, y Fidel Castro. Esa forzosa y construida conexión encuentra su más acabada expresión en aquellos versos de Nicolás Guillén que sentencian: "Te lo prometió Martí y Fidel te lo cumplió", obviando las grandes diferencias ideológicas que separan a estas dos figuras y acudiendo a resortes puramente nacionalistas para legitimar un régimen que en su esencia traiciona los más sagrados postulados martianos.

A pesar del afán por cincelar y mostrar una figura sin máculas, el evidente fracaso de la élite en su cada vez más desesperado esfuerzo por retrasar lo inevitable (la transición hacia un Estado de derecho) hacen que esta intensa propaganda produzca el efecto contrario. Es visible la despolitización y enajenación de una buena parte de la juventud cubana actual. Basta asomarse a la calle G o conversar con muchos de ellos para notarlo. Ese proceso habla por sí solo del futuro que le espera a los líderes históricos cuando desaparezcan definitivamente del escenario nacional.

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