Lunes, 11 de Diciembre de 2017
17:45 CET.
Política

Los candidatos del pueblo

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He leído, haciendo un gran acopio de resistencia, las biografías estudiantiles-laborales-políticas de cada uno de "los candidatos del pueblo" a las próximas elecciones de la Asamblea Nacional del Poder Popular, publicadas en la prensa oficial. Como se repiten hasta la monotonía los mismos indicadores, todas se parecen, independientemente del centro estudiantil, laboral o político donde haya actuado cada individuo.

Salta a la vista que todos, sin excepción, están activamente integrados al "modelo", habiendo sido preparados, entrenados, escogidos y promovidos para ejercer funciones en escuelas, institutos, universidades, empresas industriales, granjas agrícolas, cooperativas, administraciones, sindicatos, organizaciones políticas y de masas, grupos religiosos y en otras áreas, principalmente por su fidelidad política e ideológica.

No aparece, por ningún lugar, alguien que piense diferente o tenga una propuesta distinta a la oficial para la solución de los grandes problemas económicos, políticos y sociales que enfrenta el país.

Se obvian, y no se encuentran representados, los cerca de dos millones de ciudadanos con derecho a voto que en el último simulacro de elecciones, de una u otra forma —no asistiendo a votar, anulando la boleta o dejándola en blanco—, mostraron su rechazo; ni aquellos que, votando, lo hicieron más por temor a perder los estudios, el empleo o determinadas posiciones que por convicción, bien conocidos en cada barrio estos últimos, por no tener el menor empacho en manifestarlo ante familiares y amigos. Para las autoridades, los primeros no forman parte del pueblo: pertenecen a la categoría de las no personas.

La camisa de fuerza electoral garantiza que en el redil no existan ovejas negras, que puedan cuestionar la unanimidad histórica de la Asamblea Nacional. Algunos nombres se sustituyen por otros, que actuarán de forma idéntica a los sustituidos: el método garantiza que todo seguirá igual. Lo de opiniones distintas, respetar diferencias, diversidad, tolerancia, crítica, etcétera, está bien para los discursos, no para aplicar en la realidad.

Esto quiere decir que en 2013, si no ocurre un milagro, continuaremos teniendo más de lo mismo, pues no se ha tocado ni se tocará la estructura económica, política y social vigente, principal causa de nuestros fracasos y de la prolongada crisis nacional.

Hasta que no tengamos una Asamblea Nacional en la que estén representados todos los sectores sociales, con sus diferencias, complejidades y problemas, una Asamblea que sustituya a la actual, con porcientos predeterminados de blancos, mestizos, hombres, mujeres, viejos, jóvenes, obreros, campesinos, intelectuales, religiosos, etc, nunca se producirá un cuestionamiento, un voto en contra o una abstención a lo que proponga el Gobierno. La unanimidad continuará asegurada para unas autoridades que son incapaces de gobernar sin ella.

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