Miércoles, 13 de Diciembre de 2017
00:34 CET.
Sociedad

¿Y después del tío Hugo, qué?

Si el populismo chavista será capaz de sobrevivir a la desaparición de Hugo Chávez es la interrogante que hoy impide conciliar el sueño a Raúl y Fidel Castro, y a toda la cúpula dictatorial cubana.

Resulta que la historia de América Latina muestra que, con excepción del peronismo en Argentina —debido a su asombrosa heterogeneidad—, ningún otro movimiento populista en la región ha logrado permanecer en el poder tras la salida de la escena política de su líder natural, bien por la vía democrática, la muerte o el derrocamiento militar.

El fin del nacional-populismo del "Estado Novo" autoritario de Getulio Vargas en Brasil, el de Velasco Alvarado en Perú, el de Víctor Paz Estenssoro y su Movimiento Nacionalista Revolucionario en Bolivia, el de Jacobo Árbenz en Guatemala, el de José María Velasco Ibarra en Ecuador, el de Omar Torrijos en Panamá y otros muchos, así lo revelan.

Todos esos "fenómenos políticos" basados en medidas populares de gobierno destinadas a ganar la simpatía de la población mientras se erosionaba la democracia, sus instituciones, y se establecía una mayor intervención socializante del Estado en la economía, se apagaron con la desaparición de sus respectivos caudillos, todos ellos hombres carismáticos que ejercieron el poder de forma paternalista y muy personal.

Eso lo saben en La Habana, como también saben que solo un milagro permitiría a Chávez asumir la presidencia de Venezuela, según le confesó el gobierno cubano al enviado especial de la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff. Es por ello que la junta militar castrista amarra febrilmente todos los cabos para que el sindicalista Nicolás Maduro —ese Raúl Castro venezolano, designado por Chávez como su sucesor— pueda asumir sin contratiempos la presidencia de la nación petrolera, la formidable "gallina de los huevos de oro" del régimen cubano.

Pero surge entonces otra pregunta que también causa insomnio a los Castro: sin la astucia de Chávez para "conectarse con las masas", y sobre todo, sin el consenso total de las Fuerzas Armadas y de sus principales rivales, el Presidente de la Asamblea Nacional Diosdado Cabello (teniente golpista junto a Chávez en 1992), y Rafael Ramírez, todopoderoso ministro de Energía que reparte el dinero del petróleo, ¿logrará Maduro consolidarse en el poder?

Otra interrogante, tal vez la más inquietante, causa escalofríos a los jerarcas cubanos. Asumiendo que Maduro lograse sortear todos los obstáculos y se afianzase como jefe de Estado, ¿permanecerá intacto el drenaje financiero que fluye del Tesoro de Venezuela hacia Cuba, y la graciosa entrega de 37 millones de barriles de petróleo anuales?

Es comprensible el nerviosismo castrista, pues desde mediados del siglo XX la economía de la Isla es altamente parasitaria y solo se ha mantenido a flote con el dinero de algún "tío rico". Por sí misma, es incapaz de ofrecer alimentos, vivienda, salud, educación, transporte y seguridad social a ancianos y jubilados.

Durante 30 años, el soviético "tío Boris" se hizo cargo de todo y además regaló armamentos de todo tipo. Economistas cubanos en el exilio, entre ellos el profesor Carmelo Mesa-Lago, calculan que entre 1960 y 1990 Cuba recibió de Moscú entre $65.000 y $100.000 millones de dólares. A eso hay que agregar la entrega de unos 970 millones de barriles de petróleo, 82.900 tractores, 63.800 camiones, etc. Aquel financiamiento ruso, para disponer de una plataforma de expansión comunista en las Américas, sobrepasó el Plan Marshall para Europa al terminar la Segunda Guerra Mundial.

En los años 80 los soviéticos pagaban a Cuba entre 45 y 46.7 centavos de dólar la libra de azúcar, mientras el precio en el mercado mundial oscilaba entre 5 y 8 centavos por libra. Así, al desintegrarse la URSS, el Producto Interno Bruto (PIB) de la Isla cayó en un 35% y los cubanos nos hundimos en la peor crisis económica desde la época colonial.

El nuevo 'tío rico'

Sin embargo, fallecido el mecenas soviético, apareció un nuevo tío dadivoso, esta vez venezolano. Economistas prestigiosos sitúan en unos $10.000 millones anuales el volumen de las subvenciones venezolanas a la Isla.

Una expresión de la total dependencia de Venezuela la dio Antonio Carricarte, viceministro de Comercio Exterior de Cuba (MINCEX), quien informó a la agencia noticiosa AFP que casi dos tercios de los ingresos de divisas de la Isla en 2011 correspondieron a los servicios profesionales (léase subsidios) que prestan 45.000 cubanos en esa nación sudamericana, y admitió que la exportación de bienes nacionales solo sumó $2,700 millones. Esa cifra fue tres veces inferior a los $9.109 millones exportados en bienes por Bolivia, uno de los países más pobres del continente, y 30 veces menor que los $80.586 millones exportados en productos por Chile, cuyo PIB en 1958 era igual al de Cuba.

Carricarte no aclaró que de cada 100 dólares generados por el turismo unos 62 vuelven al extranjero, pues ese es el componente importado del costo de operación de la industria turística cubana, que llega al límite de tener que adquirir frutas y vegetales frescos de República Dominicana. Tampoco mencionó los $2.200 millones recibidos en remesas enviadas por los emigrados cubanos.

Sin los subsidios venezolanos, la economía castrista, tal y como ocurrió cuando se desintegró la URSS, quedaría al desnudo, incapaz de sustentar las necesidades más elementales de la sociedad.

Por ejemplo, si Cuba dejase de recibir los 100.000 barriles diarios de petróleo (65% del consumo nacional) que le obsequia Caracas, tendría que gastar más de 3.000 millones de dólares para adquirirlos en el mercado internacional. A eso añádase que el país tiene que importar alimentos por $1.700 millones para evitar hambrunas masivas. ¿De dónde sacaría el gobierno esos $4.700 millones únicamente para comprar combustible y alimentos?

Posible crisis

El problema grave es que, incluso como presidente, Maduro, delfín de los Castro, estaría bajo muy fuerte presión dentro de las propias filas del chavismo para al menos reducir la desmesurada cuantía de los subsidios a la Isla y dedicarlos a Venezuela. Y solo con que los subsidios fuesen reducidos a la mitad (unos $5.000 millones) se produciría un tsunami económico que hundiría a Cuba en una nueva crisis similar o peor a la desatada en 1991, cuando desapareció la URSS.

No son pocos los generales y coroneles chavistas que se autodefinen como nacionalistas, no como socialistas, y que rechazan el modelo estatista cubano. Además, hay malestar entre los militares venezolanos por el protagonismo de los generales cubanos en Caracas. Solo Chávez, con su gran arraigo en los círculos castrenses, pudo imponer una injerencia extranjera de tal magnitud.

En fin, que rezar porque un milagro le prolongue la vida a Chávez es irónicamente la principal tarea que tienen en este momento los ateos hermanos Castro, el generalato y toda la nomenklatura cubana. Todos están conscientes de que si Venezuela les falla, esta vez ya no habrá sombrero mágico en el mundo del que pueda salir otro tío rico que los mantenga.

Por eso no logran dormir bien últimamente.

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