Viernes, 15 de Diciembre de 2017
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Opinión

Carromero, Gross y los cubanos

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La diplomacia internacional podría fortalecer el movimiento democrático en Cuba si tuviese como prioridad los derechos humanos.

Tras 54 años de castrismo, la necesidad de cambiar la estrategia política de Estados Unidos hacia Cuba es evidente. El peligro está en cambiarla para convertirnos en rehenes de un gobierno arbitrario, que no responde a las necesidades de su pueblo. Los cubanos necesitamos democracia, esto es lo que se está olvidando en las nuevas vías propuestas para tratar casos como la liberación del contratista norteamericano Alan Gross o del político español Angel Carromero.

Se dice que el trabajo de la diplomacia española es un modelo a seguir, pues Carromero está ya en Madrid, lo mismo que decenas de ex presos políticos cubanos, desterrados por oscuros acuerdos entre el régimen y el anterior gobierno español. La realidad es que los cubanos están más lejos de sus derechos gracias a las concesiones políticas otorgadas por Madrid a La Habana: la posición común europea está en cuestionamiento, los opositores pacíficos siguen sin ser invitados a encuentros en la embajada española, quedan en segundo plano el futuro del Movimiento Cristiano Liberación y de la familia Payá Acevedo.

Si la diplomacia internacional continúa cayendo en las emboscadas castristas, se le dará a los Castro la capacidad de lograr cualquier objetivo mediante chantajes y secuestros.

Alan Gross trabajaba para llevar internet y conectividad a Cuba, Carromero para llevar democracia; el primero fue condenado a 15 años de prisión, el segundo a cuatro. Claro que Carromero no fue acusado de promover la disidencia en la Isla, sino de una supuesta conducción negligente que ocasionó el no esclarecido fallecimiento de los opositores Harold Cepero y Oswaldo Payá. Esto refleja las arbitrariedades e intenciones del régimen cubano, cuyo carné de sobrevivencia siempre ha sido mantener un antagonismo político con Estados Unidos. 

Los derechos humanos primero

Por otra parte, una de las nuevas estrategias propuestas por organizaciones de la propia diáspora cubana pretende promover una Cuba de microempresas a través, también, de pactos con el régimen. Esto sería loable si existiese un ambiente legal y justo para los emprendedores, además de libertad de asociación, expresión, educación, etc. Pero es que el régimen ha demostrado su inmensa y siempre renovada corrupción interna, acompañada por su irrespeto a los derechos de los emprendedores y de los cubanos en general, al no permitirles inversiones de envergadura en su propia tierra. Por tanto, el dinero que se invierta en esta Cuba controlada por el régimen terminará siempre en manos de la oligarquía política.

Es difícil, pero posible, un escenario donde no tengamos que elegir entre liberar a Gross, a Carromero, o a los cubanos mediante el desarrollo de un capitalismo estatal. Solo que para esto es necesario un compromiso total de la diplomacia de las grandes democracias. Empezando, que se retire toda ley que afecte a la sociedad civil indirectamente, como es el embargo norteamericano. Necesitamos negociar de forma directa con los demócratas en la Isla los asuntos que afectan a los cubanos, reconociéndolos como representantes del pueblo.

Al mismo tiempo, se deben hacer permanentes las demandas de transparencia al régimen en foros democráticos. Dijo Martin Luther King Jr. que "la injusticia en cualquier parte es una amenaza a la justicia de cualquiera": nos toca a nosotros, exiliados, defender los derechos de los cubanos en la Isla como si nuestros propios derechos estuviesen en riesgo.

Este es el camino en el cual toda dictadura queda desmoralizada ante el mundo y ante su pueblo.

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