Martes, 23 de Enero de 2018
10:13 CET.
Opinión

Resignados, bien resignados

Archivado en

Resignación parece el sustantivo clave con que cerró el 2012 para los cubanos. Con resignación empezamos el 13 —número poco lisonjero. Cae como una vieja máquina de escribir lanzada desde una azotea.

Resignados estamos, somos los campeones mundiales del aguante. A mí me da vergüenza —me hiere la pregunta— contestar la cantidad de años que llevan los Castro en el Poder: más de medio siglo. Callo cuando sonríen y comentan que los cubanos sabemos resistir. Callo y bajo la cabeza. A veces hasta pienso que el mayor enemigo de los cubanos somos los cubanos…

Resignados, sobre todo, a las mentiras. Son tantas que se atropellan, como las penas del bolero La tarde, de Sindo Garay… Creen que por repetirlas —como les enseñó Goebbels— se van a transformar en radiantes verdades:

Dicen que la corrupción se ha frenado gracias a las nuevas fiscalizaciones, a severas normativas instauradas por la Contraloría, bajo la mirada "capaz" de Gladys Bejerano y su guardia de contadores incorruptibles.

Dicen que la canasta básica de alimentos se ha diversificado y que el abaratamiento está tan cerca como la desaparición de la doble moneda. Porque una mayor previsión e integralidad en los planes garantizará el desayuno, el almuerzo, la comida cada tarde para cada cubano.

Dicen que ahora sí está listo el relevo de la generación "histórica", porque al fin están cediendo esferas de poder a los menos viejos, que el límite de dos períodos de mandato traerá frutos juveniles para el 2020, horita mismo.

Dicen que la formación de cooperativas en sectores como la construcción solucionará el déficit y deterioro de las viviendas, que habrá ladrillos y cemento a precios asequibles, cucharas de albañil en las ferreterías.

Dicen que la calidad de los servicios de educación y salud se recupera del Período Especial, que pronto ni habrá que llevar sopa, jabón y sábanas a los hospitales; ni que contratar a repasadores para aprobar exámenes de ingreso al Pre o a las universidades…

Por decir no ha quedado. Ni los más feroces utópicos podrían competir con el Granma o con la Mesa Redonda Informativa. El viejo cuento de cuando Castro le reprocha a Napoleón haber perdido en Waterloo, y Napoléon le contesta que de haber tenido un diario como Granma, nadie se hubiera enterado de aquella derrota.

La resignación es el más exacto augurio para este 2013. Y no solo ante las mentiras burdas, inverosímiles, carentes de imaginación y hasta de aquella astucia que durante décadas las hizo exitosas.

De alguna forma la cúpula del Poder, en particular Raúl Castro, ha comprendido que con la ayuda de que estamos en un "valle de lágrimas" puede edulcorarse el cada día de penurias y miserias. Teología del conformismo. Pasar la esperanza para la próxima encarnación o sencillamente tildar de ilusos a los que alguna vez ellos mismos ilusionaron.

También ha comprendido que dejar espacios limitados a la crítica favorece la desesperanza. Las críticas son como un aguacero, luego escampa, se seca la ropa y a esperar la mañana siguiente y la otra, mientras los cambios se montan en una tortuga artrítica, de grueso carapacho.

De ahí el resignarse —una suerte de "nuevo realismo"— a que Cuba es un país pobre, de escasos recursos naturales, con una fuerza laboral que tiende al carnaval aguardientoso y a la siesta innombrable.

Lo peor: que a pesar de tener hace más de cincuenta estirados años el raro privilegio de dirigentes honrados y capaces, brillantes economistas y de decisiones meditadas, la clase obrera cubana, el campesinado y el amplio sector profesional, lejos de comportarse a la altura de sus líderes lo que ha hecho es defraudarlos, enlodecerlos, conducirlos al ridículo internacional, a una fama de ineptos que no merecen.

¡Bien resignados estamos!

Lo casi dos millones de cubanos expulsados debemos resignarnos a que apenas podríamos aspirar a regresar con una pensión de jubilados o de visita en las navidades, como los salvadoreños, mexicanos, dominicanos… Con la certeza de que el sueño anexionista del siglo XIX y de algunos hasta finales del pasado siglo XX, ha quedado tan anticuado —ante la globalización e internet— como la carta nacionalista de los demagogos, la telegrafía, las cañoneras yanquis, la guerra fría, el comunismo, las teorías económicas del Che Guevara…

¿Quién en su sano juicio podría querer hacerse con la Cuba devastada del 2013? ¿Qué cubano de adentro puede creer en el Partido Comunista o en el Poder Popular, en la Constitución actual o en la probidad de los generales y sus familiares? ¿Cuál cubano de afuera puede soñar que el fin del embargo arreglará al país con la rapidez de una o dos décadas, aunque signifique, desde luego, una progresiva mejoría? ¿Acaso un radical cambio político no tendrá que enfrentarse a actitudes cotidianas determinadas por el tan enraizado paternalismo estatal y la boca abierta hacia la ayuda foránea?

¿Queda qué?

Resignación… Incluyo —desde luego— la alteración en el orden de las letras, llamada metátesis por los lingüistas, forma de metaplasmo picaresco: Basta la ene antes de la ge

Pero la dura resignación del fin de año y "letra" del nuevo apenas se presta para el choteo que Jorge Mañach caracterizara en su conferencia de 1928. Quizás para un guaguancó descorazonado o letra de reguetón que los medios considerarán inmoral.

Aunque quizás a partir de ella podamos sacudirnos y empezar otra vez. No por optimismo, no por tanta hojarasca triunfalista, sino sana, empecinadamente, porque no hay otra opción.

Síguenos en Twitter, Facebook o Instagram. Si resides en Cuba, suscríbete a nuestro boletín con una selección de los contenidos más destacados del día. Si vives en cualquier otro punto del planeta, recibe en tu buzón de correos enlaces a lo más relevante del día.