Sábado, 21 de Julio de 2018
Última actualización: 02:34 CEST
Puerto Rico

¿De un águila las dos alas?

En medio de la ola represiva cubana del pasado mes de noviembre, pensé que todo no era más que otra patética pataleta de la policía política para distraer así la atención de la noticia de mayor impacto en el área del Caribe, acaso en nuestro hemisferio: los puertorriqueños de hoy no ven con ningún horror su anexión a los Estados Unidos de América. Al contrario, por primera vez en su historia votan en mayoría a favor de ese proceso.

Si fueran súbditos del castrismo esos electores plebiscitados el 6 de noviembre último, hoy habría 824.195 nuevos presos de conciencia en las cárceles de Cuba. Amnistía Internacional terminaría siendo una institución local enfocada solo en nuestra islita. Lo que fue una opción civilizada en Puerto Rico, en la Mayor (y Peor) de las Antillas hubiera sido fuente de una guerra civil, ganada a priori por los abusos de Estado y los saboteadores de toda espontaneidad ciudadana. Al parecer, la bota del Imperio yanqui humaniza. En cambio, la humanidad soberana de la revolución nos trajo tantas barbas como barbaries.

1. Independencia, 2. Estado Libre Asociado Soberano, 3. Estadidad número 51 de los EE UU: ni un solo acto de repudio ocurrió como consecuencia de esta consulta popular. Una más, de las muchas a las que se ha sometido el pueblo de Puerto Rico, incluido un referéndum constitucional en agosto de 2012, donde, por supuesto, se hicieron campañas de oposición en contra la intención gubernamental (que perdió, por cierto) y, para colmo de democracia, hasta los presos de aquel país pudieron participar (mientras que en Cuba son considerados cadáveres en trance de rehabilitación).

El cantinfleo de los medios de prensa cubanos (o transmisibles dentro de Cuba) me sacó más de una carcajada a pesar de los amigos presos extrajudicialmente y los teléfonos boicoteados por Cubacel, la misma empresa que nos contrata como clientes solo para estafarnos con su irresponsabilidad criminal. En escasas horas, los "talibanes totalitarios" de la internet secuestrada cubana, coordinaron una escalada mediática de injerencia ideológica contra nuestra vecina nación.

TeleSur resucitó al líder nacionalista boricua Rafael Cancel Miranda, quien entiende que toda consulta es "una entretención para engañar al mundo con una falsa democracia", pues "el derecho de los pueblos no se somete a votación". En el portal gubernamental Cubadebate, Cancel Miranda critica paradójicamente que el plebiscito no fuera vinculante de cara al gobierno de Washington, a pesar de que el suyo sea "un país secuestrado por el poder imperialista estadounidense".

El bloguero oficialista cubano Enrique Ubieta dictaminó que "los números a veces son tramposos". El propio Cubadebate citó fuentes que consideran que no hubo más que "una ficción estadística". La licenciada en periodismo Marina Menéndez desde Juventud Rebelde diagnosticó que se trataba del "resultado de la manipulación en la mente de un pueblo que se ha visto crecer 'gracias' a los vínculos con el Norte, y a quien se le ha hecho creer que no puede vivir sin ese nexo", ya que "la anexión no fue el parecer de la mayoría; aunque esa variante haya obtenido, al contarse las boletas, los mayores porcentajes".

De hecho, esta profesional se pone a sumar peligrosamente en público las boletas en blanco, más las ausencias a las urnas, más los votos anulados. Operación que, de haberla aplicado semanas atrás a las elecciones del Poder Popular en Cuba, le hubiera arrojado un escalofriante millón y tantos de desafectos cubanos a la revolución, a pesar de no contar con alternativa viable en ninguna boleta legal.

Lo cierto es que Puerto Rico es una isla abierta al mundo, sin necesidad de sermones papales a sus gobernantes. La cicatriz de los machetazos independentistas jamás ha llegado al 10% en ninguna elección. De ahí la necia necesidad de no confiar en ese tecnicismo burgués que es el sufragio popular. Más de la mitad de los puertorriqueños viven en EE UU y desde 1917 todos son ciudadanos de esa nación, sin necesidad de los oprobiosos permisos de Entrada y Salida al país (perpetuados bajo disfraz en Cuba con la reforma migratoria raulista). Sin embargo, aún no hay síntomas en absoluto de un holocausto de la identidad nacional boricua. Antes bien, los horrores de las dictaduras de derecha e izquierda latinoamericanas, para ellos son solo una lectura de clase más.

Recuerdo a propósito unas décimas impresentables de la autora del himno La Borinqueña, Lola Rodríguez de Tió (1843-1924), en ocasiones atribuidas disparatadamente a ese ubicuo Autor Intelectual que es nuestro José Martí. Aquella cantinela de infancia suena ahora demasiado subversiva (es decir, censurable) a la luz de la opción anexionista en Puerto Rico, justo cuando La Habana acumula líderes moribundos al por mayor: Cuba y Puerto Rico son / de un pájaro las dos alas, / reciben flores y balas / sobre el mismo corazón. / Qué mucho si en la ilusión / que mil tintes arrebola, / sueña la musa de Lola / con ferviente fantasía / ¡de esta tierra y la mía / hacer una patria sola!

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