Miércoles, 12 de Diciembre de 2018
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Economía

Nueva ley tributaria: aplastar la inteligencia

"Ganamos más, pues, entonces, paguemos más", fue la frase del policía de las artes plásticas, el pintor Kcho el pasado 23 de julio. Así se refirió al gremio de artistas y escritores, como si éstos fueran la clase más acaudalada en las actuales circunstancias. Kcho se pronunciaba ante la Asamblea Nacional en nombre de una "colectividad de artistas" que no estaban presentes para afirmar o frenar la propuesta de nuevas leyes tributarias.

La génesis del asunto comenzó con la tristemente célebre "batalla de ideas", a inicios de la década pasada. Estas circunstancias parecían propicias para el optimismo, puesto que el petróleo venezolano inundaba la Isla, el turismo iba en ascenso y la Unión Europea guiñaba el ojo cómplice.

En esta época de "bonanza", amparada bajo la "protección económica venezolana", se construyeron las Escuelas de Instructores de Arte en cada provincia, así como las sedes universitarias municipales, Escuelas de Trabajadores Sociales y de Maestros Emergentes.

En el caso de la literatura, emergieron nuevas leyes para beneficios de los escritores. Se comenzaron a aplicar las resoluciones 01 y 35 del Ministerio de Cultura para el pago de conferencias y charlas; tuvo lugar un boom de eventos por parte de la Asociación Hermanos Saínz y la reafirmación de los viejos eventos culturales en la Unión de Escritores y Artistas (UNEAC).

Todo marchaba sobre ruedas hasta que en el año 2006 se comienza a perfilar la era post-Castro. Para finales de 2007, en el sector de la cultura comienza una taimada caza de brujas o de reajustes de perfiles laborales. En ese momento, los que estaban dispuestos a inmolarse en aras de un mísero salario, por no tener alternativas, acataron las nuevas restricciones. Sin embargo, para algunos fue un momento crucial de optar por hallar un camino hacia la libertad e independencia. (Entre los renegados de la nueva órbita de opresión sociocultural, estaba quien escribe estas líneas).

Luego de la llegada de Raúl Castro a la presidencia se emprendieron nuevos reajustes en el sector de la cultura. Paulatinamente, los cambios se han ido palpando en dirección de un "capitalismo disfrazado" con guantes de seda.

Entre esos reajustes vale destacar el cese de Abel Prieto como ministro de Cultura. En cuanto asumió el cargo el nuevo "ministro-economicista" Rafael Bernal, se podía oler la fetidez de un nuevo "quinquenio gris".

A mediados de este año llegaba el anuncio de que los escritores debían ingresar en el Registro del Creador Literario. Dicho ingreso otorga la condición laboral de "escritor", o sea, constituye una nueva forma de abonar dinero para su jubilación. Sin embargo, quien haya trabajado emplantillado en el sector de la cultura y, además, sea escritor, no accederá a ambas formas de jubilación. Tendrá que elegir entre ser asalariado o escritor.

Recientemente fue celebrada una reunión con la gran mayoría de escritores adscritos a la UNEAC. El tema a debate era la nueva ley tributaria y los pagos de impuestos. Las funcionarias del Ministerio de Finanzas y Precios presentes allí quedaron anonadas. El sector "más intelectual" no entendía ni una palabra de la presentación del power point donde se explicaba en argot económico cómo los escritores serían contradictoriamente bonificados y, a la misma vez, expoliados.

El punto álgido de la reunión llegó con el tema de los premios, el pago de un impuesto del 4% por cada premio obtenido, sea nacional o foráneo. Los escritores estallaron entonces en catarsis, gracias a las certeras palabras de Desiderio Navarro, que comenzó refutando las palabras de Kcho y poniendo en jaque a las funcionarias de Finanzas y Precios.

Luego habló Víctor Fowler, argumentando que los escritores, si acaso, ganan dos o tres premios en toda su vida. Ese dinero apenas alcanza para la reparación de la casa y el mantenimiento a la tecnología.

Miguel Barnet, presidente de la UNEAC, acabó sosteniendo que el gremio es el sector más pobre, pues los escritores devengan menos de 100 cuc al mes.

Por tanto, las funcionarias se llevaron un par de puntos a revisar, con los cuales los escritores reunidos expresaron su desacuerdo: la imposición de impuestos por los premios y la eliminación de varios de estos premios.

La nueva ley tributaria para el sector de la cultura pretende dinamitar las bases de subsidio y bonificaciones. Los artistas y escritores son el termómetro de la sociedad, y si además los coaccionan con recortes económicos, sin dudas las consecuencias serán nefastas.

Se escuchó decir después de la reunión a uno de los escritores presentes: "El objetivo del Gobierno ha sido siempre aplastar a la inteligencia".

Al parecer, el rebaño de la UNEAC está despertando.

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