Jueves, 14 de Diciembre de 2017
11:03 CET.
Derechos Humanos

«El consorcio sueco IKEA desconoce la realidad de Cuba»

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El fabricante sueco de muebles, IKEA, encomendó hace unos meses a la agencia de calificación de deuda Ernst & Young la realización de una investigación sobre sus vínculos con el antiguo régimen de Erich Honecker en la década de los ochenta. La pasada semana IKEA presentó en Berlín los resultados de dicha investigación. Las reacciones no se hicieron esperar: la entidad que custodia el Archivo de la Stasi —la policía política de la extinta República Democrática Alemana (RDA)—, así como la abrumadora mayoría de las asociaciones de víctimas del régimen de Berlín Oriental, expresaron su decepción por este documento, que a su juicio, no profundiza en el tema del alcance real de las relaciones entre el ejecutivo del consorcio sueco y el otrora todopoderoso régimen comunista de Alemania del Este.

El vicepresidente del grupo parlamentario democristiano en el Bundestag, diputado Arnold Vaatz, conversó con DIARIO DE CUBA sobre el informe de IKEA desde su perspectiva como político de la actual coalición gobernante en Berlín y como antiguo opositor de la ex-RDA.

Señor Vaatz, el tema del trabajo forzado en las prisiones germano-orientales ha cobrado fuerza en los medios a raíz del destape en cuanto al fabricante de muebles sueco IKEA. ¿Cree usted que ya pasó el vendaval o que se trata solo de la punta de un iceberg y que el escándalo está aún por llegar?

Antes de hablar sobre el trabajo forzado en tiempos de la extinta República Democrática Alemana, quiero mencionar la atención dispensada por los medios de comunicación al caso IKEA. Se trata de uno entre muchos otros casos de empresas occidentales que emplearon a presos para hacer productos en el antiguo bloque de Europa del Este.

El asunto no es nuevo. Desde hace tiempo se sabe que esto ocurría antes de la caída del Muro. Pero el tema cobró relevancia ahora con el escándalo de IKEA por tratarse de un consorcio, es decir, de una gran empresa. Los medios le han dado entonces bombo y platillo al asunto como si fuera algo novedoso, cuando en realidad se sabía desde hace décadas, pero hasta ahora había sido siempre ignorado. Esto es una crítica a los medios de comunicación occidentales en general y a los de Alemania en particular.

Entonces el escándalo no terminó, sino que está empezando…

IKEA no es un caso aislado, como dije anteriormente. Hay muchas empresas más sobre las que no se habla, pero que en tiempos de la Guerra Fría también fabricaron productos o componentes empleando a presos de países de Europa del Este. IKEA encara el asunto no por voluntad propia, sino porque hubo revelaciones sobre el empleo de presos políticos de la ex-República Democrática Alemana en la fabricación de muebles y componentes para el consorcio sueco. Pero por las razones que haya sido, IKEA merece nuestro respeto porque dio la cara al problema, algo que muchas otras empresas no hacen.

Lo cual no la exime de culpa. Reconocer un error es positivo, pero con eso no se zanja el asunto…

IKEA enfrenta el problema, pero la manera en que lo hace es insatisfactoria. En primer lugar, la investigación realizada sobre sus vínculos con el extinto régimen de Berlín Oriental no fue realmente independiente como afirma el fabricante de muebles, sino que Ernst & Young la hizo por encargo del consorcio sueco. En un inicio nunca se contempló la participación de asociaciones de antiguos opositores de la ex-RDA ni de víctimas del régimen germano-oriental. Esto es un aspecto negativo del informe de IKEA, que pone de manifiesto lo que dije anteriormente de que la investigación no fue en realidad independiente, como afirman los suecos.

Otra de las cuestiones que no aborda el informe es desde cuándo sabía la dirección del consorcio que en la ex-RDA se estaba empleando a presos políticos para fabricar muebles. Para resumir su pregunta, las asociaciones de antiguos opositores de la ex-RDA quieren saber, quién de la dirección del consorcio sabía de este asunto y quién de la jefatura de IKEA en aquel entonces tomó la decisión de cooperar con la policía política del régimen de Berlín Oriental. Esos dos aspectos tampoco quedan claros en el informe de IKEA.

Para finalizar deseo mencionar que el informe no hace referencia a las fuentes utilizadas en su elaboración "en atención a la ley alemana de protección de los datos individuales".

En cuanto a las relaciones entre IKEA y la empresa EMIAT del Ministerio del Interior cubano (MININT), el informe de IKEA es contundente: no hubo tales relaciones, solo se hizo un juego de muebles de prueba, que por su mala calidad llevó a la decisión de IKEA de no producir muebles en Cuba. Además, como ningún preso cubano llamó a IKEA para denunciar su caso, los suecos sacan la conclusión de que en Cuba ningún preso trabajó para ellos.

La parte relacionada con Cuba en el informe pone en evidencia el desconocimiento del consorcio IKEA sobre la realidad cubana. Si no fuera un asunto tan trágico sería motivo de risa la ocurrencia del consorcio sueco de habilitar una línea telefónica para contactar a los presos cubanos que eventualmente pudieran haber trabajado para ellos en la década de los ochenta. Pero más ridícula aún es la conclusión de Ernst & Young de que no hubo reacciones desde Cuba, pues no se recibieron llamadas telefónicas de perjudicados. Parece que ellos no saben que los cubanos no disponen de ninguna posibilidad para informarse sobre la línea telefónica habilitada por IKEA. El gobierno cubano prohíbe todo lo que pueda indicar que hubo contactos entre empresas cubanas y el consorcio sueco para producciones en la Isla. Además, ningún cubano se atrevería a llamar por teléfono a una empresa extranjera para criticar nada relacionado con el gobierno de La Habana, pues cualquiera en Cuba sabe que con eso se estaría jugando el pellejo.

Si IKEA realmente desea buscar informaciones sobre lo ocurrido en aquel entonces, no tiene más que dirigirse al gobierno cubano actual, que es el mismo que había en aquel entonces. Por supuesto que los testigos cubanos de las relaciones entre IKEA y empresas de la Isla correrían el peligro de ser liquidados por el propio gobierno, que trataría por todos los medios de evitar verse envuelto en un escándalo internacional.

Lo que le he dicho son algunas consideraciones mías para dejar claro a los lectores de DIARIO DE CUBA la estupidez de IKEA, con su idea de habilitar una línea telefónica en Alemania para recibir llamadas de cubanos desde la Isla. En Cuba persiste la misma situación que había cuando el consorcio sueco contactó a la empresa EMIAT del MININT a través de la Stasi de la extinta RDA.

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