Miércoles, 23 de Agosto de 2017
02:02 CEST.
Sociedad

Un pueblo 'a medio camino'

En la provincia Mayabeque, a 50 kilómetros de La Habana y a casi 90 de Matanzas, Santa Cruz del Norte se halla a medio camino entre la capital y el mayor polo turístico de Cuba. Esto debería ser un privilegio. Sin embargo, el pueblo se mueve entre utopías y contradicciones.

En los alrededores se ha desarrollado la industria del gas y el petróleo. Desde la Vía Blanca se observa la construcción de fábricas y nuevas carreteras ubicadas en la zona de Boca de Jaruco, hechas por convenios de Cubapetróleo con la empresa canadiense Sherrit.

También hay cierto desarrollo en el ámbito residencial. En el pueblo, los vecinos se empeñan en la construcción de chalets adornados con temas marinos, exóticos. Sin embargo —y a pesar del dinero en circulación—, las arduas trabas burocráticas que mantienen las autoridades lo sumen todo en la lentitud, la parsimonia y la indiferencia comunal.

En la zona de edificios del pueblo, la falta de agua es recurrente. Las autoridades no explican las razones. Y para asombro de todos, también hay cortes de electricidad, a pesar de la cercanía de la célebre termoeléctrica y su fálica torre de 27 metros.

Hay una pequeña eclosión de negocios, pequeños y medianos. Si antes en el pueblo apenas existía la Paladar de Celino, ahora hay pizzerías, cafeterías, dulcerías, locales de servicios técnicos a móviles y PCs. Hay vida, trapicheo de vianderos apostados en la esquina de la Cadeca, y también vendedores de misceláneas y bisutería. Desde luego, se respira "un poquito de aire". Se ha abierto un bar/restaurante llamado Los Amigos, descrito como "uno de los mejores de Cuba", en el que visitantes de todas partes del mundo dejan billetes firmados, recomendando visitar este paraíso escondido en Santa Cruz.

La cultura, el gran problema

Pero la cultura local sigue de capa caída. Hace unos años, la Casa de Cultura, ubicada en una de las esquinas más céntricas del pueblo, fue cerrada por inhabitable. La gente del ramo se desplazó por diferentes áreas, acabó recalando por varios años en un antiguo calabozo de la época batistiana. A partir de 2007, y por diferentes motivos, la cultura santacruceña fue perdiendo a sus líderes, gestores y emprendedores.

En la actualidad solo queda el Sectorial de Cultura con su hálito de tristeza y soledad. En sus locales se palpan el deterioro y desmantelamiento que se ha sufrido a lo largo del último quinquenio. A muy pocos funcionarios les importa su trabajo; ha habido descontrol, y ahora enfrentan una auditoría que trata de esclarecer una gran cantidad de "faltante" en moneda nacional.

Santa Cruz del Norte bien podría ser un centro turístico y artístico. Hay maravillas que deberían ser reconstruidas, remodeladas y dotadas de otras funciones, como el Central Hershey, hoy fantasmagórico y renombrado Camilo Cienfuegos. Sería saludable rescatar el Hotel Riomar y el Motel La Presa, programar espectáculos artísticos con los talentos locales.

Una de las tradiciones que debería ser rescatada es la subida de la cruz a la loma Jijira, y retomar la "Fiesta del Mar" con sus componentes tantos católicos como paganos.

Hay un sinnúmero de problemas semiolvidados por dirigentes y pobladores. Sin embargo, las herramientas están a la vista y los recursos podrían crearse y ponerse en función de una iniciativa a través de la cual comenzaran a realizarse estos sueños.

Mientras tanto, Santa Cruz del Norte seguirá siendo un pueblo a medio camino. De día las calles se animan, pero de noche se vuelven marchitas.

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