Sábado, 17 de Noviembre de 2018
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Huracán Sandy

Del Ike a Sandy

"Decisión del gobierno revolucionario", comenzó diciendo con voz solemne en la noche del pasado 7 de noviembre Rafael Serrano, presentador del noticiero estelar de la televisión, al dar a conocer una nota oficial anunciando que a partir de hoy, lunes 12, entre otras acciones, el presupuesto del Estado asumirá el 50% de los gastos de los damnificados por el huracán Sandy.

"Tan tarde llegará el sombrero que no encontrará cabeza", solía decir mi abuelo ante demoras desesperantes, y este parece ser el caso.

Sandy, con vientos sostenidos de 175 km/h y rachas superiores a 200, en las primeras horas de la madrugada del 25 de octubre penetró en territorio cubano por Playa Mar Verde, destruyendo Santiago de Cuba y cuanta ciudad, pueblo o villorrio encontró a su paso, hasta que, sin disminuir su intensidad, al amanecer salió de la Isla por Cabo Lucrecia, en el municipio Banes, ciudad por donde pasó el ojo del huracán. Este corresponsal se encontraba allí y pudo comprobar los destrozos.

Pero este corresponsal también pudo observar otros descalabros.

Con vientos sostenidos de 195 km/h y rachas de 261, muy superiores a los del Sandy, precisamente también por Cabo Lucrecia, hace poco más de cuatro años, el domingo 7 de septiembre de 2008, entró a suelo cubano el huracán Ike, destruyendo campos y ciudades a su paso de oriente a occidente.

A quienes el Ike no les produjo estragos, o producidos éstos consiguieron solucionarlos, felices deben sentirse.

En Cuba hay gente viviendo apretujada en la más cruel promiscuidad producto de los huracanes desde hace algunos años y, en la misma situación, ya por más de medio siglo, debido al huracán sociopolítico que no deja de azotarla.

Con todo, observemos solo cuatro años, los transcurridos entre el paso de Ike y Sandy.

Por todos son conocidos los métodos de los que se ha valido el gobierno de Raúl Castro para darle respuesta a los destrozos producidos por los huracanes en el país.

En reciente recorrido por territorios de Guantánamo y Santiago de Cuba, azotados por Sandy, el propio Castro se encargó de recordar esos procedimientos: Tal como está establecido, quienes cuentan con ingresos suficientes deben adquirir los materiales para reparar sus viviendas; en los casos que no sea así, se otorgará un crédito o se aplicará la opción del subsidio, según corresponda.

Sabido es: quienes en Cuba cuentan con ingresos suficientes, poseen casas a prueba de huracanes, y los ingresos suficientes provienen de remesas en moneda dura, negocios más o menos lícitos, o de la corrupción administrativa y popular de quienes manejan recursos que pueden robar.

Imaginar el salario promedio o los ingresos de la mayoría de las ocupaciones por cuenta propia como ingresos suficientes es un sofisma.

Luego, es notablemente inmenso el número de cubanos a quienes el gobierno atribuye ingresos suficientes que en la práctica no lo son.

Un campesino en Veguita 3 mostró a este corresponsal el esqueleto maltrecho de la techumbre de su casa. "Así está desde el Ike. Ahora el Sandy terminó de llevarse lo que quedaba", dijo.

Podíamos pensar que debido a su condición de agricultor, sin entrar en detalles de precios, mercados y obligaciones productivas con el Estado, a este campesino solo le falta laboriosidad para solucionar sus problemas. Falso. Algo similar ocurre con una persona jurídica con notables ingresos por concepto de turismo, como es el gobierno municipal de Banes, donde está el famoso complejo turístico de Guardalavaca.

"Mire en qué condiciones está nuestra bodega, así la dejó el Ike", dijo a este corresponsal un vecino de La Anita el 24 de octubre, cuando el huracán Sandy estaba por llegar.

La bodega, aunque de sólidas paredes de mampostería, carece de techo, puertas y ventanas, y los lugareños deben adquirir los comestibles en un cuartucho por cuya techumbre se filtra el agua.

Y La Anita es un espacio rural famoso. Aquí está emplazada la unidad coheteril del ejército soviético que derribó al avión de exploración norteamericano U2 cuando la Crisis de los Misiles.

La ciudad de Puerto Padre, en Las Tunas, históricamente no es menos notable. En 1898 resultó el primer puerto libre de Cuba. Con todo, bien pudiera cambiarse el nombre. ¿Alguien concibe un puerto sin muelle donde atracar las embarcaciones? Pues este es uno; en septiembre de 2008, Ike arrancó el muelle de cuajo y todavía hoy sus pilotes desnudos permanecen como los dejó el huracán.

De la misma forma que con el muelle, ocurre con la plaza. De revolución solo tiene el nombre. Hace cuatro años el Ike descuartizó la tribuna y quien pretenda pronunciar discursos allí deberá treparse sobre los escombros.

¿Pero a qué viene pronunciar discursos en Puerto Padre? Profusamente, sus calles están identificadas con nombres de héroes y mártires: Juan Alberto Gómez, Simón Bolívar, Flor Crombet, Antonio Maceo, Camilo Cienfuegos, Raimundo Castro… y en todas ellas usted encontrará gente sin techo desde hace más de cuatro años, desde que el huracán Ike pasó por aquí.

Dos viviendas, sin embargo, ilustran cómo funciona el socialismo en Cuba. La primera está situada en Juan Alberto Gómez esquina a Flor Crombet. Pertenece a una empleada del Ministerio de Justicia, casada con un oficial del Ministerio del Interior. Era de tablas carcomidas y el Ike la arrancó de cuajo. Hoy allí se levanta un estupendo chalet.

Poco más arriba, en la calle Alejo Tomás esquina a Juan Alberto Gómez, había otro caserón de madera al que también el Ike se llevó. Allí viven una mujer viuda que se gana la vida revendiendo pan y dos de sus hijos, uno músico, el otro empleado de higiene y epidemiología. Por cierto, este último, informante de la policía política. Con todo, la viuda vive en el zaguán que el Ike le dejó y el informante apenas si ha podido levantar una habitación de ladrillos.

Enhorabuena los subsidios estatales anunciados para los damnificados, pero llegan demasiado tarde. Es como si algo preocupara al general Raúl Castro en Santiago de Cuba y no en otras regiones de la Isla. Sus razones tendrá. De cualquier forma, nadie negará que tanta gente sin techo no viene sino a demostrar las lentas revoluciones de ese anticuado coche al que llaman "revolución".

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