Miércoles, 23 de Agosto de 2017
02:02 CEST.
Estados Unidos: Elecciones

'La reelección de Obama da esperanzas al arribo de la libertad y la democracia en Cuba'

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Rafel Campoamor 

La reelección de Obama tiene un gran significado para nosotros. La coyuntura sigue siendo especial, Obama ha logrado lo que no hicieron Sarkozy en Francia, Brown en el Reino Unido o Zapatero en España: ganar la reelección a pesar de una crisis económica que provoca un porcentaje de desempleo del 7,9; es decir, altísimo en EE UU.

Con este segundo mandato, si logra cumplir sus promesas y convencer a la mayoría silenciosa de que la deuda la pagaran todos, no solo los ricos, Barack Obama puede entrar en la historia como un gran presidente americano.

Obama tendrá que decidir muy pronto quién se hará cargo de la política exterior norteamericana. Si la también afrodescendiente Susan Rice se convierte en secretaria de Estado, entonces tendremos por primera vez a dos afrodescendientes en las más altas esferas del país más poderoso del mundo. Eso no va a gustar mucho en Miami, pero tendrán que aceptar que los tiempos cambian. Sin lugar a dudas el pueblo americano está diciendo bien alto que para tener responsabilidades en este país, el color de la piel influye, pero no determina.

En Cuba, al contrario, el color influye y determina.

En Cuba, de tanto querer ignorar el color de la piel, de tanto repetir a José Martí con eso de que "hombre es más que blanco, más que mulato", la cúpula castrista no ha tenido nunca una verdadera política racial. Tienen dormido a todo el mundo mientras han creado una casta familiar y militar, mientras siguen queriendo hacernos pensar que Obama es un accidente en el Norte "racista, revuelto y brutal".

Todavía es muy temprano para hacer una correcta evaluación del impacto en Cuba de esta reelección, pero ya podemos afirmar que tendrán lugar ciertos cambios, ya sea en el contenido o en la forma de tratar el tema. Ya en septiembre pasado, tratando de anticipar la agenda, el gobierno organizó en La Habana un encuentro entre intelectuales y líderes afrodescendientes de Latinoamérica, con la intención de constituir una Red de Articulación Regional Afrodescendiente en América Latina, el Caribe y la Diáspora (RAA).

Es muy posible que en un futuro próximo veamos más afrodescendientes leales al gobierno, hablando de progreso y de evolución gracias a la generosidad y al humanismo del "proyecto revolucionario", mientras que el gobierno y sus medios de propaganda intensifican sus ataques al presidente norteamericano reelecto, haciéndole la competencia a Donald Trump y a otros enemigos del inquilino negro de la Casa Blanca.

Darsi Ferrer 

La reelección de Obama consolida el avance de vanguardia mundial alcanzado por la sociedad estadounidense, donde factores como los prejuicios raciales o el racismo, aunque aún presentes, ya no son determinantes en las decisiones de la mayoría de la población. En estas elecciones los votantes no estuvieron influenciados por el color de la piel, sino que entregaron su mandato a quien consideraron más capacitado para ejercer el cargo de presidente y actuar en beneficio de la nación y de sus intereses particulares.

Este resultado deja un claro mensaje al pueblo cubano, pues rompe con la propaganda manipuladora del régimen. Durante décadas el gobierno de los Castro apeló a descalificar a EE UU, tildándolo de ser una de las sociedades más racistas del mundo, asegurando que el sector demográfico de los negros —por demás una minoría que no llega al 20 % de la población—, sufría las consecuencias de la marginación, la exclusión, el racismo. Dice, el castrismo, que este sector es el más desafortunado del pueblo americano, pues exhibe los peores índices sociales, una alta tasa de pobreza, constituye la mayoría de la población penal y que acumula los peores indicadores de salud.

No cuesta trabajo darse cuenta de que es en Cuba donde el racismo constituye un verdadero azote de consecuencias dramáticas para la inmensa mayoría de la sociedad, mixta en su composición, con similar proporción de blancos, negros y mestizos.

Durante este último medio siglo, la situación de los afrodescendientes cubanos se ha deteriorado. Hoy son mayoría en las villas-miseria, en la población penal, en los trabajos peor remunerados; se les asocia de modo oficial con la criminalidad, están prácticamente ausentes en los cargos políticos o gerenciales, y los medios de comunicación, todos en manos del gobierno, preconizan paradigmas de belleza y prosperidad ligados a rasgos fenotípicos caucásicos.

Con este resultado electoral, los cubanos consolidan las evidencias de que el discurso y la propaganda castrista no se ajusta a la realidad, que tienen un sesgo manipulador y mal intencionado. Por suerte, ya el castrismo solo logra engañar a muy pocos. Queda a la vista el anacronismo del modelo totalitario y la falta de correspondencia entre lo que se impone en la Isla mediante el uso de la fuerza y la represión y los intereses y expectativas del sufrido pueblo cubano.

En resumen, la ratificación de Obama en la presidencia de EE UU se suma a los factores que contribuyen a fortalecer las esperanzas del indetenible arribo de la libertad y la democracia en Cuba.

Luis Felipe Rojas

Estas elecciones son un referente innegable para la cúpula gobernante cubana. Los arreglos por decreto para que en las estructuras de poder haya negros, mujeres o descendientes de "las capas más humildes" se dan de bruces con el empoderamiento de los individuos, como es el caso del ascenso, reelección y apoyo masivo que ha logrado el actual presidente norteamericano, Barack Obama.

El ejercicio democrático que acaba de realizarse todavía es un sueño para los afrodescendientes cubanos, radicados a uno y otro lado del estrecho de Florida. Romper con la barrera de la marginación es hoy un punto primordial en la minoría racial cubana, antes incluso que las aspiraciones de empoderamiento. En Cuba, la negación de la participación en las formas de gobierno golpea a todos, si miramos que 53 años han lastrado las aspiraciones de participación verdadera en los designios de la nación.

Las últimas semanas, acabado de llegar a Estados Unidos, me han hecho gozar de un verdadero ejercicio democrático, la ausencia de grupos de poder ejerciendo presión y violencia sobre los electores y la falta de amenazas contra los que no participan. Es la Cuba que sueño.

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