Lunes, 21 de Agosto de 2017
17:49 CEST.
Educación

Más de medio siglo de experimentos pedagógicos

Para nadie es un secreto que la instrucción pública, en la etapa colonial, era un verdadero desastre: los que deseaban aprender, si sus familiares poseían recursos para ello, debían hacerlo preferentemente en las instituciones privadas existentes y, los estudios secundarios y universitarios, en los institutos, la Universidad de La Habana o en el extranjero.

Al término de la Guerra de Independencia, durante la Primera Intervención Norteamericana, se produjo un cambio total, reorganizándose y desarrollándose la enseñanza primaria, bajo la dirección del notable pedagogo norteamericano Alexis Everett Frye y del educador del mismo origen Mathew Hanna, pasando de las 904 escuelas y aulas públicas existentes a 3.567. La enseñanza secundaria y universitaria también fue totalmente reorganizada, bajo la dirección de Enrique José Varona, uno de los intelectuales cubanos más eminentes.

Durante los años de la República, este sistema de instrucción pública moderno se perfeccionó y desarrolló, lográndose que abarcara prácticamente a todo el país, con escuelas y centros de enseñanza urbanos y escuelas, aulas y maestros rurales. Debido a que la población cubana siempre fue mayoritaria en pueblos y ciudades (70%), y minoritaria en las áreas rurales (30%), se logró reducir el analfabetismo general al 23%, cuando en la mayoría de los países de América Latina era superior al 50%. A estos logros también contribuyó la enseñanza privada, cuyos centros existieron en la mayoría de las ciudades y pueblos. Todo el personal docente, a partir del año 1940, era titulado de alguna de las Escuelas Normales de Maestros o en Pedagogía, lo que aseguraba una elevada calidad de la instrucción, tanto en la primaria, como en la secundaria y universitaria. Claro está, aún todo no estaba resuelto y existían problemas y dificultades, muchos de ellos derivados de los vaivenes de la situación política, pero la instrucción, en general, se encontraba en el camino de un desarrollo sostenido, lo que hacía ocupar a Cuba uno de los primeros lugares en Latinoamérica.

Con la instauración a partir de 1959 del nuevo "modelo" económico, político y social, se produjeron grandes cambios, dirigidos más a asegurar el carácter masivo de la instrucción en plazos cortos, que la calidad. Una de las primeras medidas fue centralizar la preparación de los docentes en las montañas de la Sierra Maestra, en un lugar conocido como Minas de Frío, argumentando que al prepararse en condiciones extremas serían mejores personas y maestros, descartándose su formación en las Escuelas Normales establecidas, equipadas para ello y con años de experiencia.

Fracasado el experimento, se trasladó la preparación a las residencias abandonadas por sus dueños y ocupadas en Miramar, adaptadas aceleradamente para este fin, apareciendo las denominadas "maestras Makarenko" (por la aplicación del cuestionable método del pedagogo soviético de igual apellido). Estas maestras, unido a la eliminación de la enseñanza privada, al éxodo de docentes en desacuerdo con el "modelo" que se estaba instaurando, a la discriminación por cuestiones políticas, religiosas y de preferencias sexuales, y a la jubilación propuesta a todo maestro con más de 25 años en ejercicio, asegurándole el cobro del 100% del salario más alto recibido, "porque —según el ministro de turno— las nuevas generaciones no podían ser educadas por maestros formados en el capitalismo" (la cual fue aceptada por muchos, al sentirse menospreciados), constituyó el primer golpe mortal dado a un sistema de instrucción, que había demostrado su calidad y eficiencia, y que solamente necesitaba incrementar los recursos para su ampliación y desarrollo.

Sin lugar a dudas, en estas decisiones primaron más las conveniencias políticas e ideológicas que las docentes, tratando de crear el denominado "hombre nuevo". En estos años, es de destacar la masiva campaña de alfabetización que, en un año, concentrando grandes recursos humanos y materiales, eliminó el analfabetismo, algo que, de todas maneras, con el ritmo con el que se venía desarrollando su reducción, se hubiera producido en un plazo no superior a 10 años, sin tantos costos económicos y sociales.

Con esta fuerza docente mal preparada, independientemente de los esfuerzos y dedicación de importantes pedagogos, se promocionó el carácter masivo de la educación, pretendiendo que todos los cubanos, jóvenes o adultos, cursaran estudios universitarios, despreocupándose totalmente la enseñanza de los oficios. Además, se repitió el error de Minas de Frío, trasladando la mayoría de los centros de enseñanza secundaria y todos los de preuniversitario a zonas rurales, obligando a los estudiantes a un régimen interno de trabajo y estudio, separados de sus familiares y de su entorno social, argumentando que, en estas condiciones, "estudiarían más y mejor y aportarían a la economía".

Para tratar de fundamentar esta teoría, se estableció la obligatoriedad de alcanzar altas notas y el 100% de promoción en cada curso, lo cual trajo como consecuencias, la disminución de las exigencias en pruebas y exámenes y hasta el fraude docente, para lograrlo. En este ambiente de mentiras compartidas entre alumnos y maestros y promiscuidad (muchos profesores tenían casi la misma edad que sus alumnos), desaparecieron valores éticos y morales, y se produjo el deterioro de la conducta social, que nos acompañan hasta nuestros días.

Más recientemente, ante la carencia de maestros, por jubilación natural de los más viejos y alejamiento de otros de la docencia, debido a la pérdida de la estima social, bajos salarios, discriminaciones y difíciles condiciones laborales, se pretendió sustituirlos con maestros preparados en cursos acelerados, escogidos masivamente entre los alumnos de más bajas calificaciones en los centros educacionales (los de mejores calificaciones aspiraban a ser universitarios), los denominados "maestros emergentes" quienes, introducidos en el proceso docente, redujeron aún más la calidad de la instrucción.

Este proceso fue acompañado por la utilización de medios audiovisuales (clases grabadas transmitidas por televisión) que, como complemento a las impartidas por los maestros, hubieran resultado beneficiosas, pero como sustitutas de los mismos no funcionaron, pues los alumnos, sin ningún tipo de supervisión, les hacían caso omiso, dedicando el tiempo a otras actividades de interés personal.

La realidad existente obligó a muchos padres a tener que pagar "maestros repasadores" particulares, para asegurar que sus hijos aprobaran los cursos. Debe señalarse, que muchos de los centros docentes actuales funcionan en viejas instalaciones, afectadas por los años y la falta de mantenimiento, otros en viviendas adaptadas al efecto y algunos en instalaciones mal construidas, casi todos con deteriorado mobiliario y escasos medios auxiliares. Esta situación, como es de suponer, no se aplica a los centros donde estudian extranjeros, los cuales poseen los mejores profesores y todos los recursos necesarios, ya que, aparte de la proclamada solidaridad, responden fundamentalmente al proselitismo político. Igual sucede con los designados para mostrar a los visitantes.

En los últimos años, más por necesidad económica, ante la improductividad de las labores de los alumnos y su alto costo de mantenimiento, y el fracaso de su esgrimida razón docente, las secundarias en el campo y los preuniversitarios regresaron a los pueblos y ciudades, para beneplácito de alumnos y familiares, pero ya el mal estaba hecho: varias generaciones de cubanos fueron utilizados como conejillos de Indias en este fracasado experimento social. También, últimamente, se ha tratado de reducir el acceso a las universidades, potenciando la preparación de obreros calificados y técnicos medios necesarios al país, lo cual encuentra el rechazo de muchas familias, formadas durante años en el ideal de que sus hijos fueran universitarios, aunque después carecieran de oportunidades para aplicar los conocimientos adquiridos y tuvieran que emigrar.

Este embrollo docente, que ahora se trata de desenredar, padece del mismo mal inicial que lo generó: anteponer la política y la ideología a la docencia. Las principales autoridades de la educación, no se cansan de repetir que el objetivo de la misma es "preparar estudiantes patriotas" (entendiendo por "patriotas", a los adictos incondicionales al "modelo"), cuando en realidad el objetivo principal de la educación debiera ser preparar ciudadanos instruidos. Es cierto el carácter masivo de la educación en Cuba, pero lo de su calidad no es más que un cuento chino.

Síguenos en Twitter, Facebook o Instagram. Si resides en Cuba, suscríbete a nuestro boletín con una selección de los contenidos más destacados del día. Si vives en cualquier otro punto del planeta, recibe en tu buzón de correos enlaces a lo más relevante del día.