Miércoles, 23 de Agosto de 2017
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Educación

De Varona, solo el nombre

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Un librito de unas cinco pulgadas de ancho y poco más de seis de alto, apenas 33 lecciones y un apéndice, cumple este octubre 110 años sin penas ni gloria.

Pese al olvido, otros fueran los destinos de esta Isla si en el último medio siglo se hubiera permitido a los maestros cubanos asomarse a sus páginas e inculcar a sus alumnos preceptos tan ineludibles.

Pero aunque los doctores Fidel Castro Ruz y Armando Hart Dávalos, Primer Ministro el uno, ministro de Educación el otro, desde sus más tempranos años escolares debieron formarse según tales lecciones, una vez conseguido sus ministerios en 1959, reacomodaron el sistema de enseñanza prescindiendo de, al menos, la actualización de tan preciada obra.

Tal vez pensaron en la inconveniencia de tal librito para cuando las palmas dejasen de ser verdes y se tornaran rojas: justo a partir de la página 88, el autor describe el totalitarismo comunista como si, en lugar de vivir a caballo entre los siglos XIX y XX, formara parte de la sociedad cubana actual.

Principios de moral e instrucción cívica se titula la obra de Rafael Montoro. Es el volumen II de la colección "Biblioteca del maestro cubano".

El doctor Carlos de la Torre y Huerta la adaptó para la enseñanza. El prefacio es del doctor Enrique José Varona, a quien por la entereza de su carácter y conducta inmaculada José Martí llamó "flor de mármol".

La obra está fechada en La Habana el primero de octubre de 1902. Fue impresa en los talleres de La Moderna Poesía, en Obispo 135. Fue premio en la exposición de París.

El tomito dice de la libertad, del concepto del deber, del bien y del mal, del egoísmo y del altruismo, de la soberbia, la ira y el odio.

Dice de la envidia, la avaricia y de la venganza. Y dice cómo las cualidades morales son eficaces correctivos de los vicios y purifican las pasiones.

Ilustra el librito cómo el patriotismo y el valor nos liberan del egoísmo y la cobardía, diciéndonos cómo el apego del hombre al trabajo lo libra de la indolencia.

Explica cómo el poder legislativo, el judicial y el ejecutivo se complementan para hacer fuerte la democracia de un país. Y nos hace reflexionar cómo el buen o mal desempeño de la prensa marca el destino de la vida pública de una Nación.

Dice tanto este libro, prologado por Enrique José Varona 110 años atrás, que casi seguro no está al alcance de los alumnos de la Universidad Pedagógica que lleva su nombre, por considerarse subversivo.

Acaso duerme este libro un sueño de más de medio siglo en la Biblioteca Nacional. Pero un libro de esta naturaleza no está hecho para dormitar. Suele ser peligroso: su ausencia suele despertar a todo un pueblo de mal humor cada mañana.

De los niños decía el doctor Varona en el prólogo, editado a menos de cinco meses de fundarse la república el 20 de mayo de 1902, para que los maestros contribuyeran a formar ciudadanos responsables para con su país: "Bien disciplinados moralmente, nada menos dificultoso que adaptarlos a la funciones cívicas".

¿En Cuba funciones cívicas? ¡Vamos!

Sabido es, hoy la nación vive una crisis moral como nunca antes en su historia y esa, y no otra, es la razón de su estancamiento cívico.

Refiriéndose a la hipocresía para el ejercicio del cubano como ciudadano y no como mero caminante, Rafael Montoro escribía: "No basta parecer bueno, es preciso serlo en espíritu y en verdad".

El mayor crimen de la actual autocracia no es la premeditación y la alevosía empleados para hacerse con el poder. Incluso, no es la corrupción del sistema en sí mismo, sino llevar a la descomposición de la sociedad toda.

Llevado a los calabozos el pasado septiembre por represión al ejercicio periodístico, en las celdas tuve oportunidad de conversar con jóvenes que poco tiempo atrás se encontraban coreando el lema "Pioneros por el comunismo, seremos como el Che".

Uno de ellos, de poco más de 20 años, me confesó cómo él y su hermano menor aprendieron a robar enseñados por su padre cuando aún no habían cumplido doce años.

Hoy el joven se considera un experto en desvalijar casas mientras sus moradores duermen.

"¿Y si se despiertan?", le pregunté.

"Bueno, en ese caso vamos preparados, y uno de ellos, o de nosotros, sobra en este mundo", contestó el joven con la fría serenidad del asesino convicto.

También en los calabozos me encontré con cinco jóvenes santiagueros, tres hombres y dos mujeres, que venían asolando la ciudad de Las Tunas con sus robos con violencia e intimidación a las personas.

Uno de ellos ya llevaba 16 años en prisión cuando, a raíz de la visita del Papa a Cuba, fue amnistiado. Salir de la cárcel y organizar su banda de asaltantes callejeros fueron tareas ejecutadas al unísono.

La integrante más joven de la banda solo tiene 22 años. Mi compañero de calabozo me dijo que la muchacha era hermana de un teniente coronel del Ministerio del Interior.

¿A dónde se encamina la sociedad cubana?, se preguntará el lector. La respuesta la dio el doctor Varona hace 110 años: "Bien disciplinados moralmente, nada menos dificultoso que adaptarlos a las funciones cívicas".

Pero los cubanos, en lugar de ocuparse de funciones cívicas, nos ocupamos de otros menesteres. Cuba posee hoy más académicos que nunca. Pero son catedráticos de opereta. Abocetados permanecen en sus cátedras, mientras simulan su magisterio y la sociedad cubana se hunde moralmente

¡Qué le importa al régimen la prostitución, el robo y la corrupción!

También como nunca antes, hoy en Cuba hay jueces, fiscales, policías y cárceles dedicados a reprimir con eficacia a quienes delinquen, pero solo si a ellos le conviene.

De eso se trata: Que los cubanos se ocupen de cualquier cosa, menos de comportarse como ciudadanos, valga decir, como hombres libres en ejercicio de sus deberes y derechos cívicos.

Mientras, que la Universidad de Ciencias Pedagógicas lleve el nombre de Varona aunque la Biblioteca Nacional amordace sus palabras.

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