Miércoles, 23 de Agosto de 2017
02:02 CEST.
Elecciones Poder Popular

Procurar unas verdaderas elecciones

Desde que era pequeño me llamó la atención la política. Disfrutaba, por ejemplo, de la atención que generaba en todo el mundo la campaña electoral de EE UU. Recuerdo que el maestro de primaria siempre estaba pendiente de quién saldría electo y nos decía cosas como éstas: "Si sale Fulano, hay que ver. Pero si sale el otro, ese sí nos mete mano".

Yo no entendía bien qué significaba aquello, pero él se refería seguramente al inicio de una guerra contra nosotros o algo por el estilo. En una ocasión, aun sin llegar al sexto grado le pregunté a mi padre cuándo eran las elecciones aquí. Para entonces, él era militar y también del PCC. Recuerdo que me dijo: "Pronto, ya verás cuando seas grande como podrás votar".

Inmediatamente le disparé la segunda pregunta obligatoria: ¿Y por qué siempre sale Fidel?" Esta me la respondió con una "muela" de más de una hora y no le entendí ni en ese momento ni después. De veras esperé con ansia ese día, el de poder ejercer mi voto. Lo que jamás imaginé entonces es que la cosa aquí sería muy diferente, y ahora entiendo por qué en Cuba se presta más atención a las elecciones en cualquier otro país que a las propias.

Pero no pretendo explicar aquí la broma que resultan ser las elecciones en Cuba. Ya sobre eso se ha escrito mucho, y el que no esté consciente de la incapacidad que tiene el pueblo de modificar su panorama político con el actual sistema eleccionario es porque es vago para pensar. Quiero más bien centrarme en la figura y en la extraña gestión del presidente.

Fíjense que digo el presidente, no Raúl. Porque no es la persona la que me interesa, a la persona no la conozco. Estoy seguro de que no soy el único que se pregunta qué hace el presidente de este país, cuál es su compromiso con Puerto Padre o con El Yarey de Vázquez, mi campito natal. ¿A qué se dedica todos los días en que no sale en televisión ni se le ve por ningún lado? ¿Cuál es su opinión sobre los temas que discutimos los cubanos sobre el presente y el futuro del país? ¿En qué momento el presidente habla con la gente? ¿Cómo escucha sus problemas?

Si alguien lo ha visto por ahí en estos días que me disculpen, pero yo jamás he tenido esa suerte, ni nadie que conozca tampoco. Este señor no se comporta como un presidente y más grave aún, admitámoslo de una vez, tampoco nosotros nos comportamos como un pueblo.

Los pueblos vibran, protestan, reclaman, obligan, ponen y quitan poderes y facultades, premian y sancionan a quienes ayudan o entorpecen su desarrollo y bienestar. Nosotros no hacemos nada de eso. Al contrario, permitimos el evidente y penoso grado de aislamiento que tienen nuestras "figuras públicas".

Estos señores dirigen el país desde la impunidad del anonimato. A veces tengo la certeza de que al presidente de este país no le gusta ser presidente, no lo disfruta tanto como el anterior, no es un líder de nada ni tiene ideas propias que realizar, mucho menos una visión novedosa del futuro para compartirla con su pueblo. A lo sumo, es un "cuadro", que tal vez goza de respeto entre su círculo cercano, pero jamás es presidente, y no lo sería en ningún país con elecciones reales. Si las raras veces en que lo podemos ver se traba constantemente leyendo un papel ensayado, no me imagino lo que sería un debate frente a todo un pueblo con un oponente serio y preparado.

Por estos días andan por todas partes invitando a participar en las "elecciones". Ya les he dicho a los que corresponde que hasta que yo no pueda votar por el presidente no voto, no puedo formar parte de algo tan contrarrevolucionario como ayudar a mantener infinitamente lo mismo.

Aun cuando llegue el día en que pueda votar por el presidente y también por las máximas figuras de todos los poderes, no seré complaciente, no confiaré en cualquiera, no votaré por una marioneta del capital o de otras cosas, no votaré por un comunista-muelero-izquierdoso-improductivo-aspirante eterno. En fin, no votaré por mucha gente, pero votaré, sé que habrá cubanos y cubanas que sepan ganarse el voto, y se los daré con gusto, porque todavía sigo esperando el día de ejercer mi derecho, aunque también estoy convencido de que ese día no va a llegar por sus propios pies, sino que hay que traerlo a hombro, con inteligencia y determinación.

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