Sábado, 19 de Agosto de 2017
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Sociedad

Conteo regresivo

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El antiguo convento de las Siervas de María está por derrumbarse sobre quienes residen entre sus ruinas. La edificación ubicada en la calle Cuarteles no.7, entre Cuba y Chacón, en el municipio Habana Vieja, remonta su construcción a 1810.

En la década del cincuenta fue convertido en edificio de apartamentos de alquiler. Después del triunfo de la revolución, la indiferencia y el carácter desbastador del sistema contribuyeron al desastre total del inmueble.

Cuentan los vecinos del lugar que el primer paso hacia la destrucción del edificio llegó de la oficina de restauración del historiador de la ciudad.

"Quitaron toda la cerámica de la entrada para revestir la Casa de la Tinaja", recuerda una de las vecinas residente en el edificio desde 1957. "Cuando empezaron los derrumbes fue como una maldición, todo se ha venido abajo", agrega.

Hace tres años la visita de dos arquitectos españoles que pasaban un curso en La Habana, trajo la esperanza al edificio. Prometieron gestionar un presupuesto para la reconstrucción del histórico patrimonio. Durante dos meses, el optimismo de los inmersos en la tarea pareció resolver el problema. Pero cuando los extranjeros se marcharon, todo volvió a la indolente normalidad.

La alarma colectiva se hizo real cuando el desplome de una escalera dejó aislados a los residentes de uno de los apartamentos que sobreviven en la segunda planta. "Temíamos que continuara el derrumbe y esa gente sin poder bajar", explica una de las vecinas traumatizada con la catástrofe.

Dos semanas después, el gobierno local se dispuso a instalar una escalera, pero los afectados habían resuelto el problema por sus propios medios. Ante el peligro de un nuevo desplome las autoridades determinaron demoler la segunda planta del edificio, pero pasado tres años continúa el riesgo.

En respuesta a las reclamaciones de los vecinos de Cuarteles no.7 las autoridades sugieren no reparar las viviendas, prometiendo casas nuevas. Y a inicios de 2012 el Instituto de la Vivienda prohibió a los usufructuarios de viviendas realizar acciones constructivas. A quienes se mantienen en el empeño después de ser multados se les veta el derecho a convertirse en propietarios.

Para sumar problemas, las viviendas del edificio en ruinas se han visto afectadas por tupiciones en el sistema de desagüe de la zona. "La descarga de los sanitarios de las habitaciones del segundo piso terminan en el techo de la vivienda de abajo", dice uno de los afectados. Cuando evacuan los sanitarios las estancias de la planta baja, la descarga emerge por las bañaderas.

Después de dos meses de reclamaciones a las autoridades del gobierno local, la empresa Aguas Negras comenzó la reparación. Pero han tenido que romper la calle para despejar el drenaje, lo que dilatará la reparación.

Dentro del edificio, declarado inhabitable con peligro de derrumbe, viven unas siete familias en condiciones de insalubridad. De todas ellas, el caso más crítico es el de Carlos Chacón San Martin, un chofer de ómnibus jubilado.

Las habitaciones de lo que fue el apartamento de Carlos se han desplomado una tras otra hasta reducir la vivienda a un espacio que amenaza con desplomarse. El anciano de 74 años solicitó ayuda al delgado electo del Poder Popular para recoger los escombros dentro de su casa, acumulados por los continuos derrumbes.

"El delegado me dijo que cuando sacara los desechos para la calle, él mandaba un camión a recogerlos, yo no tengo salud para eso y mucho menos dinero para pagar el trabajo", explica el anciano. Carlos Chacón recibe una ayuda de Seguridad Social de 192.00 pesos (unos 7 dólares) mensuales. La Iglesia Católica le ofrece un donativo mensual de alimentos con el que sobrevive de la pobreza extrema. Carlos no recuerda haber sido censado, según él "esos trámites lo hace la vecina de al lado, yo no veo bien", padece la pérdida total de la visión de un ojo.

Los residentes del antiguo convento de las Siervas de María no se explican cómo las ruinas de un derrumbe se registran como vivienda habitada en el concluido censo de población y vivienda. Tampoco se explican qué sentido tiene el trabajo de los delegados del Poder Popular que deberían representar los intereses de la población. "Cuando vienen de la oficina del delegado lo único que hacen es prometer", denuncia uno de los vecinos que trata de resumir los comentarios del resto.

Los vecinos temen morir aplastados por un derrumbe, han escuchado suficientes historias similares como para no preocuparse. Se niegan a ser albergados, pues consideran que eso sería eternizar el problema. La causa común es lograr una vivienda decorosa como la que tenían antes que el abandono devastara el antiguo convento católico.

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